{"id":11056,"date":"2014-04-24T18:20:55","date_gmt":"2014-04-24T23:20:55","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=11056"},"modified":"2025-08-25T22:47:47","modified_gmt":"2025-08-26T04:47:47","slug":"las-formas-del-fuego","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/las-formas-del-fuego\/","title":{"rendered":"Las formas del fuego"},"content":{"rendered":"<p>La obra del venezolano <a href=\"http:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Jos%C3%A9_Antonio_Ramos_Sucre\">Jos\u00e9 Antonio Ramos Sucre<\/a> (1890-1930) suele estar clasificada como poes\u00eda en prosa. Sin embargo, sus textos pueden leerse, en la actualidad, de una forma distinta: como precursores de la minificci\u00f3n (o el microrrelato). Sobre todo, las casi-narraciones de Ramos Sucre se asemejan a algunas de las corrientes m\u00e1s experimentales de la narrativa brev\u00edsima que actualmente se encuentran en internet. Ramos Sucre se adelanta a los microrrelatistas actuales en el inter\u00e9s por evocar im\u00e1genes poderosas con un m\u00ednimo de recursos, en el hacer referencias a conocimientos y tradiciones compartidas m\u00e1s all\u00e1 del propio texto, y sobre todo en la manera en la que hace a un lado la b\u00fasqueda de la tensi\u00f3n dram\u00e1tica, propia del cuento cl\u00e1sico, y usa la prosa en cambio para crear atm\u00f3sferas sugerentes, acontecimientos que parecen quedar suspendidos antes de cualquier resoluci\u00f3n posible y tambi\u00e9n otros que se siguen unos a otros sin atender a la l\u00f3gica estricta de la causalidad&#8230;, como los sue\u00f1os, pero tambi\u00e9n como en el caos del mundo cotidiano. Ya se sabe que en la escritura breve los g\u00e9neros tradicionales se difuminan y se superponen.<br \/>\nReproduzco aqu\u00ed la selecci\u00f3n de textos de <em>Las formas del fuego<\/em> (1929) realizada por Katyna Henr\u00edquez para la colecci\u00f3n <a href=\"http:\/\/www.materialdelectura.unam.mx\/index.php?option=com_content&amp;task=view&amp;id=316&amp;Itemid=31\">Material de Lectura<\/a> de la UNAM.<\/p>\n<figure id=\"attachment_16945\" aria-describedby=\"caption-attachment-16945\" style=\"width: 1697px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/04\/JoseAntonioRamosSucre.webp\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"16945\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/las-formas-del-fuego\/joseantonioramossucre\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/04\/JoseAntonioRamosSucre.webp\" data-orig-size=\"1697,1697\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"Jos\u00e9 Antonio Ramos Sucre\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"&lt;p&gt;Jos\u00e9 Antonio Ramos Sucre (&lt;a href=&quot;https:\/\/www.firmamentoeditores.com\/jose-antonio-ramos-sucre\/&quot;&gt;fuente&lt;\/a&gt;)&lt;\/p&gt;\n\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/04\/JoseAntonioRamosSucre-1024x1024.webp\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/04\/JoseAntonioRamosSucre.webp\" alt=\"\" width=\"1697\" height=\"1697\" class=\"size-full wp-image-16945\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/04\/JoseAntonioRamosSucre.webp 1697w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/04\/JoseAntonioRamosSucre-300x300.webp 300w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/04\/JoseAntonioRamosSucre-1024x1024.webp 1024w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/04\/JoseAntonioRamosSucre-150x150.webp 150w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/04\/JoseAntonioRamosSucre-400x400.webp 400w\" sizes=\"auto, (max-width: 1697px) 100vw, 1697px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-16945\" class=\"wp-caption-text\">Jos\u00e9 Antonio Ramos Sucre (<a href=\"https:\/\/www.firmamentoeditores.com\/jose-antonio-ramos-sucre\/\">fuente<\/a>)<\/figcaption><\/figure>\n<p><strong>LAS FORMAS DEL FUEGO (selecci\u00f3n)<br \/>\nJos\u00e9 Antonio Ramos Sucre<\/strong><\/p>\n<p><strong>El mandar\u00edn<\/strong><br \/>\nYo hab\u00eda perdido la gracia del emperador de China.<br \/>\nNo pod\u00eda dirigirme a los ciudadanos sin advertirles de modo expl\u00edcito mi degradaci\u00f3n.<br \/>\nUn rival me acus\u00f3 de haberme sustra\u00eddo a la visita de mis padres cuando pulsaron el t\u00edmpano colocado a la puerta de mi audiencia.<br \/>\nMis criados me negaron a los dos ancianos, caducos y desdentados, y los despidieron a palos.<br \/>\nYo me prostern\u00e9 a los pies del emperador cuando bajaba a su jard\u00edn por la escalera de granito. Recuper\u00e9 el favor comparando su rostro al de la luna.<br \/>\nMe confi\u00f3 el develamiento y el gobierno de un distrito lejano, en donde hab\u00edan sobrevenido des\u00f3rdenes. Aprovech\u00e9 la ocasi\u00f3n de probar mi fidelidad.<br \/>\nLa miseria hab\u00eda soliviantado los nativos. Agonizaban de hambre en compa\u00f1\u00eda de sus perros furiosos. Las mujeres abandonaban sus criaturas a unos cerdos horripilantes. No era posible roturar el suelo sin provocar la salida y la difusi\u00f3n de miasmas pestilentes. Aquellos seres lloraban en el nacimiento de un hijo y ahorraban escrupulosamente para comprarse un ata\u00fad.<br \/>\nYo restablec\u00ed la paz descabezando a los hombres y vendiendo sus cr\u00e1neos para amuletos. Mis soldados cortaron despu\u00e9s las manos de las mujeres.<br \/>\nEl emperador me honr\u00f3 con su visita, me subi\u00f3 algunos grados en su privanza y me prometi\u00f3 la perdici\u00f3n de mis \u00e9mulos.<br \/>\nSonri\u00f3 dichosamente al mirar los brazos de las mujeres convertidos en bastones.<br \/>\nLas hijas de mis rivales salieron a mendigar por los caminos.<\/p>\n<p><strong>La verdad<\/strong><br \/>\nLa golondrina conoce el calendario, divide el a\u00f1o por el consejo de una sabidur\u00eda innata. Puede prescindir del aviso de la luna variable.<br \/>\nSeg\u00fan la ciencia natural, la belleza de la golondrina es el ordenamiento de su organismo para el vuelo, una proporci\u00f3n entre el medio y el fin, entre el m\u00e9todo y el resultado, una idea socr\u00e1tica.<br \/>\nLa golondrina salva continentes en un d\u00eda de viaje y ha conocido desde anta\u00f1o la medida del orbe terrestre, anticip\u00e1ndose a los dragones infalibles del mito.<br \/>\nUn astr\u00f3nomo desvariado cavilaba en su isla de pinos y roquedos, presente de un rey, sobre los anillos de Saturno y otras maravillas del espacio y sobre el esp\u00edritu elemental del fuego, el f\u00f3sforo inquieto. Un prejuicio teol\u00f3gico le hab\u00eda inspirado el pensamiento de situar en el ruedo del sol el destierro de las almas condenadas. Recuper\u00f3 el sentimiento humano de la realidad en medio de una primavera tibia. Las golondrinas habituadas a rodear los monumentos de un reino difunto, erigidos conforme una aritm\u00e9tica primordial, subieron hasta el clima riguroso y dijeron al o\u00eddo del sabio la soluci\u00f3n del enigma del universo, el secreto de la esfinge imp\u00fadica.<\/p>\n<p><strong>El raj\u00e1<\/strong><br \/>\nYo me extravi\u00e9, cuando era ni\u00f1o, en las vueltas y revueltas de una selva. Quer\u00eda apoderarme de un ant\u00edlope recental. El rugido del elefante salvaje me llenaba de consternaci\u00f3n. Estuve a punto de ser estrangulado por una liana florecida.<br \/>\nM\u00e1s de un \u00e1rbol se parec\u00eda al asceta insensible, cubierto de una vegetaci\u00f3n par\u00e1sita y devorado por las hormigas.<br \/>\nUn viejo solitario vino en mi auxilio desde su pagoda de nueve pisos. Recorr\u00eda el continente dando ejemplos de mansedumbre y montado sobre un b\u00fafalo, a semejanza de Lao-Ts\u00e9, el maestro de los chinos.<br \/>\nPretendi\u00f3 guardarme de la sugesti\u00f3n de los sentidos, pero yo me rend\u00eda a los intentos de las ninfas del bosque.<br \/>\nEl anciano hab\u00eda rescatado de la servidumbre a un joven fiel. Lo compadeci\u00f3 al verlo atado a la cola del caballo de su se\u00f1or.<br \/>\nEl joven lleg\u00f3 a ser mi compa\u00f1ero habitual. Yo me divert\u00eda con las f\u00e1bulas de su ingenio y con las memorias de su tierra natal. Le promet\u00ed conservarlo a mi lado cuando mi padre, el rey juicioso, me perdonase el extrav\u00edo y me volviese a su corte.<br \/>\nMi desaparici\u00f3n abrevi\u00f3 los d\u00edas del soberano. Sus mensajeros dieron conmigo para advertirme su muerte y mi elevaci\u00f3n al solio.<br \/>\nOlvid\u00e9 f\u00e1cilmente al amigo de antes, secuaz del eremita. Me abord\u00f3 para lamentarse de su pobreza y declararme su casamiento y el desamparo de su mujer y de su hijo.<br \/>\nLos cortesanos me distrajeron de reconocerlo y lo entregaron al mordisco sangriento de sus perros.<\/p>\n<p><strong>R\u00fanica<\/strong><br \/>\nEl rey inmoderado naci\u00f3 de los amores de su madre con un monstruo del mar. Su voz detiene, cerca de la playa, una orca alimentada del tributo de cien doncellas.<br \/>\nSe abandona, durante la noche, al frenes\u00ed de la embriaguez y sus leales juegan a herirse con los aceros afilados, con el dardo de cazar jabal\u00edes, pendiente del cinto de las estatuas \u00e9picas.<br \/>\nEl rey incontinente se apasiona de una joven acostumbrada a la severidad de la pobreza y escondida en su caba\u00f1a de piedras. Se embellec\u00eda con las flores del matorral de \u00e1spera crin.<br \/>\nLa joven es asociada a la vida orgi\u00e1stica. Un cortesano dicaz a\u00f1ade una acusaci\u00f3n a su gracejo habitual. El rey interrumpe el fest\u00edn y la condena a morir bajo el tumulto de unos caballos negros.<br \/>\nLa v\u00edctima duerme bajo el h\u00famedo musgo.<\/p>\n<p><strong>La caza<\/strong><br \/>\nLa duquesa guarda, montada a caballo, una actitud pudorosa y gentil. Increpa al azor aferrado en el pu\u00f1o y lo despide en seguimiento de un ave indistinta.<br \/>\nEl azor dibuja un vuelo indeciso y acierta con el rumbo.<br \/>\nLa belleza de la se\u00f1ora me distrae de seguir el curso de la caza. Resalta de lleno en el campo uniforme.<br \/>\nYo recojo del suelo y oculto recatadamente un chap\u00edn de cordob\u00e1n, escapado de su pie.<br \/>\nLa duquesa nota la p\u00e9rdida en una tregua de la activa diversi\u00f3n.<br \/>\nMe abstengo de contestar sus preguntas inquietas, donde se traspinta el enfado. Un paje saca a plaza la verg\u00fcenza de mi hurto.<br \/>\nLa duquesa r\u00ede donosamente al adivinar la se\u00f1al de una pasi\u00f3n en el m\u00e1s intonso de sus villanos.<\/p>\n<p><strong>El reino de los cabiros<\/strong><br \/>\nUnas aves negras y de ojos encarnizados se alojaban entre los m\u00e1rmoles derruidos. Inflig\u00edan la afrenta de las harp\u00edas soeces. Andaban a saltos menudos y alzaban un vuelo inelegante.<br \/>\nLa vega de la ciudad abundaba en arbustos malignos citados, para memoria de la venganza y de la amargura, en m\u00e1s de un libro sapiencial.<br \/>\nUn busto de mirada absorta, ce\u00f1ido de una guirnalda de yedra, se alzaba a cada momento sobre su pedestal roto. El suelo de los jardines violados hab\u00eda dado albergue, un siglo antes, a las v\u00edctimas de una hist\u00f3rica epidemia.<br \/>\nLa luz del d\u00eda regurgitaba de una rotura del globo del sol, y la noche, duradera cual las del invierno, estaba a cargo de un astro, de orbe incompleto y de trav\u00e9s.<br \/>\nUnos hombrecillos deformes brotaban del suelo, en medio del sopor nocturno. Sal\u00edan por una apertura semejante al escotill\u00f3n de un tablado. Sus ojos eran oblicuos y el cabello lacio y espeso invad\u00eda la angosta zona de la frente. Respondieron a mi interpelaci\u00f3n vali\u00e9ndose de un gesto l\u00fabrico y hube de asestarles el pu\u00f1o sobre la faz dura, como de piedra. La mano me sangra todav\u00eda.<br \/>\nYo no contaba otra amistad sino la de una mujer desconsolada, atenta a mi bien y a las memorias de un mundo superior. No sabr\u00eda decir su nombre. Yo olvidaba, en el principio de cada ma\u00f1ana, su discurso.<br \/>\nElla misma me puso en el camino del mar y me se\u00f1al\u00f3 una estrella sin ocaso.<br \/>\nA poco de soltar las velas al viento pr\u00f3spero, vi alzarse, desde el sitio donde me hab\u00eda despedido con lamentos, una interminable espiral de humo.<\/p>\n<p><strong>La ciudad de las puertas de hierro<\/strong><br \/>\nYo rastreaba los dudosos vestigios de una fortaleza edificada, tres mil a\u00f1os antes, para dividir el suelo de dos continentes. Las torres se elevaban muy poco sobre las murallas, conforme la costumbre asi\u00e1tica. La antig\u00fcedad de aquella arquitectura se declaraba por la ausencia del arco.<br \/>\nEl paso de Alejandro, el vencedor de los persas, hab\u00eda difundido en aquel pa\u00eds un rumor imperecedero.<br \/>\nYo observ\u00e9, desde un mirador de las ruinas, la disputa de Sergio y de Miguel, dos haraganes de origen ruso. Se les acusaba de haber asesinado y despojado a un caballero, cuando lo guiaban a trav\u00e9s de un p\u00e1ramo. Se apropiaban las reses heridas por los cazadores del vecindario. Superaban la perfidia del jud\u00edo y del armenio.<br \/>\nMiguel se retir\u00f3 despu\u00e9s de infligir a su adversario un golpe funesto y se encerr\u00f3 en la hoster\u00eda donde yo me hab\u00eda alojado. Ninguna otra persona se hab\u00eda dado cuenta del caso.<br \/>\nEl herido muri\u00f3 la noche de ese mismo d\u00eda, profiriendo injurias y maldiciones. Miguel no pod\u00eda, a tan larga distancia, conciliar el sue\u00f1o y llamaba a voces los compa\u00f1eros de alojamiento para salvarse de alucinaciones constantes. Yo contribu\u00ed a serenarlo y lo persuad\u00ed a esperar, sin temor, hasta la ma\u00f1ana.<br \/>\nLo dejamos solo cuando empezaba a dormirse.<br \/>\nVolvimos a su presencia despu\u00e9s de entrado el d\u00eda. Lo encontramos ahogado por unas manos f\u00e9rreas, distintas de las suyas.<\/p>\n<p><strong>Carnaval<\/strong><br \/>\nUna mujer de facciones imperfectas y de gesto apacible obsede mi pensamiento. Un pintor septentrional la habr\u00eda situado en el curso de una escena familiar, para distraerse de su genio melanc\u00f3lico, asediado por figuras macabras.<br \/>\nYo hab\u00eda llegado a la sala de la fiesta en compa\u00f1\u00eda de amigos turbulentos, resueltos a desvanecer la sombra de mi tedio. Ven\u00edamos de un lance, donde ellos hab\u00edan arriesgado la vida por mi causa.<br \/>\nLos enemigos travestidos nos rodearon s\u00fabitamente, despu\u00e9s de cortarnos las avenidas. Admiramos el asalto bravo y obstinado, el pu\u00f1o firme de los espadachines. Multiplicaban, sin decir palabra, sus golpes mortales, evitando declararse por la voz. Se alejaron, rotos y moh\u00ednos, dejando el reguero de su sangre en la nieve del suelo.<br \/>\nMis amigos, seducidos por el bullicio de la fiesta, me dejaron acostado sobre un div\u00e1n. Pretendieron alentar mis fuerzas por medio de una poci\u00f3n estimulante. Inger\u00ed una bebida malsana, un licor salobre y de verdes reflejos, el sedimento mismo de un mar gemebundo, frecuentado por los albatros.<br \/>\nEllos se perdieron en el giro del baile.<br \/>\nYo divisaba la misma figura de este momento. Sufr\u00eda la pesadumbre del artista septentrional y notaba la presencia de la mujer de facciones imperfectas y de gesto apacible en una tregua de la danza de los muertos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Textos brev\u00edsimos de J. A. Ramos Sucre (1890-1930), poeta, precursor de la minificci\u00f3n.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":13310,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":true,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"Una selecci\u00f3n de textos breves de Jos\u00e9 Antonio Ramos Sucre, poeta y precursor de la minificci\u00f3n.","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[4],"tags":[2343,190,2762,2760,2763,2761,397,440],"class_list":["post-11056","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-el-cuento-del-mes","tag-escritores-en-espanol","tag-escritores-venezolanos","tag-jose-antonio-ramos-sucre","tag-katyna-henriquez","tag-las-formas-del-fuego","tag-minificcion","tag-poesia"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/04\/Ramos-Sucre-D02.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-2Sk","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11056","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=11056"}],"version-history":[{"count":11,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11056\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16946,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11056\/revisions\/16946"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/13310"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=11056"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=11056"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=11056"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}