{"id":10698,"date":"2013-12-20T19:49:11","date_gmt":"2013-12-21T01:49:11","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=10698"},"modified":"2025-08-26T20:23:54","modified_gmt":"2025-08-27T02:23:54","slug":"el-cocodrilo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/el-cocodrilo\/","title":{"rendered":"El cocodrilo"},"content":{"rendered":"<p>Este cuento del uruguayo <a href=\"https:\/\/web.archive.org\/web\/20180329210205\/http:\/\/www.felisberto.org.uy\/\">Felisberto Hern\u00e1ndez<\/a> (1902-1964) se puede encontrar <a href=\"http:\/\/cvc.cervantes.es\/literatura\/escritores\/fhernandez\/obra\/obra_05.htm\">en muchos lugares de la red<\/a>, pero no importa: alguna vez deb\u00eda aparecer aqu\u00ed, como muestra de la obra de un autor extraordinario. La situaci\u00f3n misteriosa, vagamente grotesca en la que se ve envuelto el narrador de la historia &#8211;pianista como lo fue el mismo Hern\u00e1ndez&#8211; hace preguntarse por el motivo \u00abreal\u00bb de sus acciones: como esa pregunta no puede responderse dentro de los l\u00edmites del cuento, permanece, se vuelve memorable, y le da a todo el texto su potencia.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00abEl cocodrilo\u00bb apareci\u00f3 por primera vez en la revista <em>Marcha<\/em> en 1949 y ha sido reimpreso en numerosas ocasiones desde entonces (incluyendo sus muchas ediciones digitales).<\/p>\n<p><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/12\/felisberto.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"10699\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/el-cocodrilo\/felisberto\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/12\/felisberto.jpg\" data-orig-size=\"650,400\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}\" data-image-title=\"Felisberto Hern\u00e1ndez\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/12\/felisberto.jpg\" class=\"aligncenter size-full wp-image-10699\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/12\/felisberto.jpg\" alt=\"Felisberto Hern\u00e1ndez\" width=\"650\" height=\"400\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/12\/felisberto.jpg 650w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/12\/felisberto-300x184.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 650px) 100vw, 650px\" \/><\/a><\/p>\n<p><strong>EL COCODRILO<br \/>\nFelisberto Hern\u00e1ndez<\/strong><\/p>\n<p>En una noche de oto\u00f1o hac\u00eda calor h\u00famedo y yo fui a una ciudad que me era casi desconocida; la poca luz de las calles estaba atenuada por la humedad y por algunas hojas de los \u00e1rboles. Entr\u00e9 a un caf\u00e9 que estaba cerca de una iglesia, me sent\u00e9 a una mesa del fondo y pens\u00e9 en mi vida. Yo sab\u00eda aislar las horas de felicidad y encerrarme en ellas; primero robaba con los ojos cualquier cosa descuidada de la calle o del interior de las casas y despu\u00e9s la llevaba a mi soledad. Gozaba tanto al repasarla que si la gente lo hubiera sabido me hubiera odiado. Tal vez no me quedara mucho tiempo de felicidad. Antes yo hab\u00eda cruzado por aquellas ciudades dando conciertos de piano; las horas de dicha hab\u00edan sido escasas, pues viv\u00eda en la angustia de reunir gentes que quisieran aprobar la realizaci\u00f3n de un concierto; ten\u00eda que coordinarlos, influirlos mutuamente y tratar de encontrar alg\u00fan hombre que fuera activo. Casi siempre eso era como luchar con borrachos lentos y distra\u00eddos: cuando lograba traer uno el otro se me iba. Adem\u00e1s yo ten\u00eda que estudiar y escribirme art\u00edculos en los diarios.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Desde hac\u00eda alg\u00fan tiempo ya no ten\u00eda esa preocupaci\u00f3n: alcanc\u00e9 a entrar en una gran casa de medias para mujer. Hab\u00eda pensado que las medias eran m\u00e1s necesarias que los conciertos y que ser\u00eda m\u00e1s f\u00e1cil colocarlas. Un amigo m\u00edo le dijo al gerente que yo ten\u00eda muchas relaciones femeninas, porque era concertista de piano y hab\u00eda recorrido muchas ciudades: entonces, podr\u00eda aprovechar la influencia de los conciertos para colocar medias.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El gerente hab\u00eda torcido el gesto; pero acept\u00f3, no s\u00f3lo por la influencia de mi amigo, sino porque yo hab\u00eda sacado el segundo premio en las leyendas de propaganda para esas medias. Su marca era \u00abIlusi\u00f3n\u00bb. Y mi frase hab\u00eda sido: \u00ab\u00bfQui\u00e9n no acaricia, hoy, una media Ilusi\u00f3n?\u00bb. Pero vender medias tambi\u00e9n me resultaba muy dif\u00edcil y esperaba que de un momento a otro me llamaran de la casa central y me suprimieran el vi\u00e1tico. Al principio yo hab\u00eda hecho un gran esfuerzo. (La venta de medias no ten\u00eda nada que ver con mis conciertos: y yo ten\u00eda que entend\u00e9rmelas nada m\u00e1s que con los comerciantes). Cuando encontraba antiguos conocidos les dec\u00eda que la representaci\u00f3n de una gran casa comercial me permit\u00eda viajar con independencia y no obligar a mis amigos a patrocinar conciertos cuando no eran oportunos. Jam\u00e1s hab\u00edan sido oportunos mis conciertos. En esta misma ciudad me hab\u00edan puesto pretextos poco comunes: el presidente del Club estaba de mal humor porque yo lo hab\u00eda hecho levantar de la mesa de juego y me dijo que habiendo muerto una persona que ten\u00eda muchos parientes, media ciudad estaba enlutada. Ahora yo les dec\u00eda: estar\u00e9 unos d\u00edas para ver si surge naturalmente el deseo de un concierto; pero le produc\u00eda mala impresi\u00f3n el hecho de que un concertista vendiera medias. Y en cuanto a colocar medias, todas las ma\u00f1anas yo me animaba y todas las noches me desanimaba; era como vestirse y desnudarse. Me costaba renovar a cada instante cierta fuerza grosera necesaria para insistir ante comerciantes siempre apurados. Pero ahora me hab\u00eda resignado a esperar que me echaran y trataba de disfrutar mientras me duraba el vi\u00e1tico.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;De pronto me di cuenta que hab\u00eda entrado al caf\u00e9 un ciego con un arpa; yo le hab\u00eda visto por la tarde. Decid\u00ed irme antes de perder la voluntad de disfrutar de la vida; pero al pasar cerca de \u00e9l volv\u00ed a verlo con un sombrero de alas mal dobladas y dando vuelta los ojos hacia el cielo mientras hac\u00eda el esfuerzo de tocar; algunas cuerdas del arpa estaban a\u00f1adidas y la madera clara del instrumento y todo el hombre estaban cubiertos de una mugre que yo nunca hab\u00eda visto. Pens\u00e9 en m\u00ed y sent\u00ed depresi\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando encend\u00ed la luz en la pieza de mi hotel, vi mi cama de aquellos d\u00edas. Estaba abierta y sus varillas niqueladas me hac\u00edan pensar en una loca joven que se entregaba a cualquiera. Despu\u00e9s de acostado apagu\u00e9 la luz pero no pod\u00eda dormir. Volv\u00ed a encender\u00eda y la bombita se asom\u00f3 debajo de la pantalla como el globo de un ojo bajo un p\u00e1rpado oscuro. La apagu\u00e9 en seguida y quise pensar en el negocio de las medias pero segu\u00ed viendo por un momento, en la oscuridad, la pantalla de luz. Se hab\u00eda convertido a un color claro; despu\u00e9s, su forma, como si fuera el alma en pena de la pantalla, empez\u00f3 a irse hacia un lado y a fundirse en lo oscuro. Todo eso ocurri\u00f3 en el tiempo que tardar\u00eda un secante en absorber la tinta derramada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al otro d\u00eda de ma\u00f1ana, despu\u00e9s de vestirme y animarme, fui a ver si el ferrocarril de la noche me hab\u00eda tra\u00eddo malas noticias. No tuve carta ni telegrama. Decid\u00ed recorrer los negocios de una de las calles principales. En la punta de esa calle hab\u00eda una tienda. Al entrar me encontr\u00e9 en una habitaci\u00f3n llena de trapos y chucher\u00edas hasta el techo. S\u00f3lo hab\u00eda un maniqu\u00ed desnudo, de tela roja, que en vez de cabeza ten\u00eda una perilla negra. Golpe\u00e9 las manos y en seguida todos los trapos se tragaron el ruido. Detr\u00e1s del maniqu\u00ed apareci\u00f3 una ni\u00f1a, como de diez a\u00f1os, que me dijo con mal modo:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfQu\u00e9 quieres?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfEst\u00e1 el due\u00f1o?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No hay due\u00f1o. La que manda es mi mam\u00e1.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfElla no est\u00e1?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Fue a lo de do\u00f1a Vicenta y viene en seguida.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Apareci\u00f3 un ni\u00f1o como de tres a\u00f1os. Se agarr\u00f3 de la pollera de la hermana y se quedaron un rato en fila, el maniqu\u00ed, la ni\u00f1a y el ni\u00f1o. Yo dije:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Voy a esperar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La ni\u00f1a no contest\u00f3 nada. Me sent\u00e9 en un caj\u00f3n y empec\u00e9 a jugar con el hermanito. Record\u00e9 que ten\u00eda un chocolat\u00edn de los que hab\u00eda comprado en el cine y lo saqu\u00e9 del bolsillo. R\u00e1pidamente se acerc\u00f3 el chiquil\u00edn y me lo quit\u00f3. Entonces yo me puse las manos en la cara y fing\u00ed llorar con sollozos. Ten\u00eda tapados los ojos y en la oscuridad que hab\u00eda en el hueco de mis manos abr\u00ed peque\u00f1as rendijas y empec\u00e9 a mirar al ni\u00f1o. \u00c9l me observaba inm\u00f3vil y yo cada vez lloraba m\u00e1s fuerte. Por fin \u00e9l se decidi\u00f3 a ponerme el chocolat\u00edn en la rodilla. Entonces yo me re\u00ed y se lo di. Pero al mismo tiempo me di cuenta que yo ten\u00eda la cara mojada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sal\u00ed de all\u00ed antes que viniera la due\u00f1a. Al pasar por una joyer\u00eda me mir\u00e9 en un espejo y ten\u00eda los ojos secos. Despu\u00e9s de almorzar estuve en el caf\u00e9; pero vi al ciego del arpa revolear los ojos hacia arriba y sal\u00ed en seguida. Entonces fui a una plaza solitaria de un lugar despoblado y me sent\u00e9 en un banco que ten\u00eda enfrente un muro de enredaderas. All\u00ed pens\u00e9 en las l\u00e1grimas de la ma\u00f1ana. Estaba intrigado por el hecho de que me hubieran salido; y quise estar solo como si me escondiera para hacer andar un juguete que sin querer hab\u00eda hecho funcionar, hac\u00eda pocas horas. Ten\u00eda un poco de verg\u00fcenza ante m\u00ed mismo de ponerme a llorar sin tener pretexto, aunque fuera en broma, como lo hab\u00eda tenido en la ma\u00f1ana. Arrugu\u00e9 la nariz y los ojos, con un poco de timidez para ver si me sal\u00edan las l\u00e1grimas; pero despu\u00e9s pens\u00e9 que no deber\u00eda buscar el llanto como quien escurre un trapo; tendr\u00eda que entregarme al hecho con m\u00e1s sinceridad; entonces me puse las manos en la cara. Aquella actitud tuvo algo de serio; me conmov\u00ed inesperadamente; sent\u00ed como cierta l\u00e1stima de m\u00ed mismo y las l\u00e1grimas empezaron a salir. Hac\u00eda rato que yo estaba llorando cuando vi que de arriba del muro ven\u00edan bajando dos piernas de mujer con medias \u00abIlusi\u00f3n\u00bb semibrillantes. Y en seguida not\u00e9 una pollera verde que se confund\u00eda con la enredadera. Yo no hab\u00eda o\u00eddo colocar la escalera. La mujer estaba en el \u00faltimo escal\u00f3n y yo me sequ\u00e9 r\u00e1pidamente las l\u00e1grimas; pero volv\u00ed a poner la cabeza baja y como si estuviese pensativo. La mujer se acerc\u00f3 lentamente y se sent\u00f3 a mi lado. Ella hab\u00eda bajado d\u00e1ndome la espalda y yo no sab\u00eda c\u00f3mo era su cara. Por fin me dijo:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfQu\u00e9 le pasa? Yo soy una persona en la que usted puede confiar&#8230;<br \/>\nTranscurrieron unos instantes. Yo frunc\u00ed el entrecejo como para esconderme y seguir esperando. Nunca hab\u00eda hecho ese gesto y me temblaban las cejas. Despu\u00e9s hice un movimiento con la mano como para empezar a hablar y todav\u00eda no se me hab\u00eda ocurrido qu\u00e9 podr\u00eda decirle. Ella tom\u00f3 de nuevo la palabra:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Hable, hable nom\u00e1s. Yo he tenido hijos y s\u00e9 lo que son penas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Yo ya me hab\u00eda imaginado una cara para aquella mujer y aquella pollera verde. Pero cuando dijo lo de los hijos y las penas me imagin\u00e9 otra. Al mismo tiempo dije:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Es necesario que piense un poco.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ella contest\u00f3:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014En estos asuntos, cuanto m\u00e1s se piensa es peor.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;De pronto sent\u00ed caer, cerca de m\u00ed, un trapo mojado. Pero result\u00f3 ser una gran hoja de pl\u00e1tano cargada de humedad. Al poco rato ella volvi\u00f3 a preguntar:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014D\u00edgame la verdad, \u00bfc\u00f3mo es ella?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al principio a m\u00ed me hizo gracia. Despu\u00e9s me vino a la memoria una novia que yo hab\u00eda tenido. Cuando yo no la quer\u00eda acompa\u00f1ar a caminar por la orilla de un arroyo -donde ella se hab\u00eda paseado con el padre cuando \u00e9l viv\u00eda- esa novia m\u00eda lloraba silenciosamente. Entonces, aunque yo estaba aburrido de ir siempre por el mismo lado, condescend\u00eda. Y pensando en esto se me ocurri\u00f3 decir a la mujer que ahora ten\u00eda al lado:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ella era una mujer que lloraba a menudo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Esta mujer puso sus manos grandes y un poco coloradas encima de la pollera verde y se ri\u00f3 mientras me dec\u00eda:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ustedes siempre creen en las l\u00e1grimas de las mujeres.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Yo pens\u00e9 en las m\u00edas; me sent\u00ed un poco desconcertado, me levant\u00e9 del banco y le dije:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-Creo que usted est\u00e1 equivocada. Pero igual le agradezco el consuelo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y me fui sin mirarla.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al otro d\u00eda, cuando ya estaba bastante adelantada la ma\u00f1ana, entr\u00e9 a una de las tiendas m\u00e1s importantes. El due\u00f1o extendi\u00f3 mis medias en el mostrador y las estuvo acariciando con sus dedos cuadrados un buen rato. Parec\u00eda que no o\u00eda mis palabras. Ten\u00eda las patillas canosas como si se hubiera dejado en ellas el jab\u00f3n de afeitar. En esos instantes entraron varias mujeres; y \u00e9l, antes de irse, me hizo se\u00f1as de que no me comprar\u00eda, con uno de aquellos dedos que hab\u00edan acariciado las medias. Yo me qued\u00e9 quieto y pens\u00e9 en insistir; tal vez pudiera entrar en conversaci\u00f3n con \u00e9l, m\u00e1s tarde, cuando no hubiera gente; entonces le hablar\u00eda de un yuyo que disuelto en agua le te\u00f1ir\u00eda las patillas. La gente no se iba y yo ten\u00eda una impaciencia desacostumbrada; hubiera querido salir de aquella tienda, de aquella ciudad y de aquella vida. Pens\u00e9 en mi pa\u00eds y en muchas cosas m\u00e1s. Y de pronto, cuando ya me estaba tranquilizando, tuve una idea: \u00ab\u00bfQu\u00e9 ocurrir\u00eda si yo me pusiera a llorar aqu\u00ed, delante de toda la gente?\u00bb. Aquello me pareci\u00f3 muy violento; pero yo ten\u00eda deseos, desde hac\u00eda alg\u00fan tiempo, de tantear el mundo con alg\u00fan hecho desacostumbrado; adem\u00e1s yo deb\u00eda demostrarme a m\u00ed mismo que era capaz de una gran violencia. Y antes de arrepentirme me sent\u00e9 en una sillita que estaba recostada al mostrador; y rodeado de gente, me puse las manos en la cara y empec\u00e9 a hacer ruido de sollozos. Casi simult\u00e1neamente una mujer solt\u00f3 un grito y dijo: \u00abUn hombre est\u00e1 llorando\u00bb. Y despu\u00e9s o\u00ed el alboroto y pedazos de conversaci\u00f3n: \u00abNena, no te acerques\u00bb&#8230; \u00abPuede haber recibido alguna mala noticia\u00bb&#8230; \u00abReci\u00e9n lleg\u00f3 el tren y la correspondencia no ha tenido tiempo\u00bb&#8230; \u00abPuede haber recibido la noticia por telegrama\u00bb&#8230; Por entre los dedos vi una gorda que dec\u00eda: \u00abHay que ver c\u00f3mo est\u00e1 el mundo. \u00a1Si a m\u00ed no me vieran mis hijos, yo tambi\u00e9n llorar\u00eda!\u00bb. Al principio yo estaba desesperado porque no me sal\u00edan l\u00e1grimas; y hasta pens\u00e9 que lo tomar\u00edan como una burla y me llevar\u00edan preso. Pero la angustia y la tremenda fuerza que hice me congestionaron y fueron posibles las primeras l\u00e1grimas. Sent\u00ed posarse en mi hombro una mano pesada y al o\u00edr la voz del due\u00f1o reconoc\u00ed los dedos que hab\u00edan acariciado las medias. \u00c9l dec\u00eda:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Pero compa\u00f1ero, un hombre tiene que tener m\u00e1s \u00e1nimo&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Entonces yo me levant\u00e9 como por un resorte; saqu\u00e9 las dos manos de la cara, la tercera que ten\u00eda en el hombro, y dije con la cara todav\u00eda mojada:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Pero si me va bien! \u00a1Y tengo mucho \u00e1nimo! Lo que pasa es que a veces me viene esto; es como un recuerdo&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A pesar de la expectativa y del silencio que hicieron para mis palabras, o\u00ed que una mujer dec\u00eda:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Ay! Llora por un recuerdo&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Despu\u00e9s el due\u00f1o anunci\u00f3:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Se\u00f1oras, ya pas\u00f3 todo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Yo me sonre\u00eda y me limpiaba la cara. En seguida se removi\u00f3 el mont\u00f3n de gente y apareci\u00f3 una mujer chiquita, con ojos de loca, que me dijo:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Yo lo conozco a usted. Me parece que lo vi en otra parte y que usted estaba agitado.<br \/>\nPens\u00e9 que ella me habr\u00eda visto en un concierto sacudi\u00e9ndome en un final de programa; pero me call\u00e9 la boca. Estall\u00f3 conversaci\u00f3n de todas las mujeres y algunas empezaron a irse. Se qued\u00f3 conmigo la que me conoc\u00eda. Y se me acerc\u00f3 otra que me dijo:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ya s\u00e9 que usted vende medias. Casualmente yo y algunas amigas m\u00edas&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Intervino el due\u00f1o:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No se preocupe, se\u00f1ora \u2014y dirigi\u00e9ndose a m\u00ed: \u2014Venga esta tarde.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Me voy despu\u00e9s del almuerzo. \u00bfQuiere dos docenas?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No, con media docena&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La casa no vende por menos de una&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Saqu\u00e9 la libreta de ventas y empec\u00e9 a llenar la hoja del pedido escribiendo contra el vidrio de una puerta y sin acercarme al due\u00f1o. Me rodeaban mujeres conversando alto. Yo ten\u00eda miedo que el due\u00f1o se arrepintiera. Por fin firm\u00f3 el pedido y yo sal\u00ed entre las dem\u00e1s personas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pronto se supo que a m\u00ed me ven\u00eda \u00abaquello\u00bb que al principio era como un recuerdo. Yo llor\u00e9 en otras tiendas y vend\u00ed m\u00e1s medias que de costumbre. Cuando ya hab\u00eda llorado en varias ciudades mis ventas eran como las de cualquier otro vendedor.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Una vez me llamaron de la casa central \u2013yo ya hab\u00eda llorado por todo el norte de aquel pa\u00eds\u2013, esperaba turno para hablar con el gerente y o\u00ed desde la habitaci\u00f3n pr\u00f3xima lo que dec\u00eda otro corredor:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Yo hago todo lo que puedo; \u00a1pero no me voy a poner a llorar para que me compren!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y la voz enferma del gerente le respondi\u00f3:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Hay que hacer cualquier cosa; y tambi\u00e9n llorarles&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El corredor interrumpi\u00f3:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Pero a m\u00ed no me salen l\u00e1grimas!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y despu\u00e9s de un silencio, el gerente:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfC\u00f3mo, y qui\u00e9n le ha dicho?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1S\u00ed! Hay uno que llora a chorros&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La voz enferma empez\u00f3 a re\u00edrse con esfuerzo y haciendo intervalos de tos. Despu\u00e9s o\u00ed chistidos y pasos que se alejaron.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al rato me llamaron y me hicieron llorar ante el gerente, los jefes de secci\u00f3n y otros empleados. Al principio, cuando el gerente me hizo pasar y las cosas se aclararon, \u00e9l se re\u00eda dolorosamente y le sal\u00edan l\u00e1grimas. Me pidi\u00f3, con muy buenas maneras, una demostraci\u00f3n; y apenas acced\u00ed entraron unos cuantos empleados que estaban detr\u00e1s de la puerta. Se hizo mucho alboroto y me pidieron que no llorara todav\u00eda. Detr\u00e1s de una mampara, o\u00ed decir.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ap\u00farate, que uno de los corredores va a llorar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfY por qu\u00e9?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Yo qu\u00e9 s\u00e9!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Yo estaba sentado al lado del gerente, en su gran escritorio; hab\u00edan llamado a uno de los due\u00f1os, pero \u00e9l no pod\u00eda venir. Los muchachos no se callaban y uno hab\u00eda gritado: \u00abQue piense en la mamita, as\u00ed llora m\u00e1s pronto\u00bb. Entonces yo le dije al gerente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Cuando ellos hagan silencio, llorar\u00e9 yo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00c9l, con su voz enferma, los amenaz\u00f3 y despu\u00e9s de algunos instantes de relativo silencio yo mir\u00e9 por una ventana la copa de un \u00e1rbol \u2013est\u00e1bamos en un primer piso\u2013, me puse las manos en la cara y trat\u00e9 de llorar. Ten\u00eda cierto disgusto. Siempre que yo hab\u00eda llorado los dem\u00e1s ignoraban mis sentimientos; pero aquellas personas sab\u00edan que yo llorar\u00eda y eso me inhib\u00eda. Cuando por fin me salieron l\u00e1grimas saqu\u00e9 una mano de la cara para tomar el pa\u00f1uelo y para que me vieran la cara mojada. Unos se re\u00edan y otros se quedaban serios; entonces yo sacud\u00ed la cara violentamente y se rieron todos. Pero en seguida hicieron silencio y empezaron a re\u00edrse. Yo me secaba las l\u00e1grimas mientras la voz enferma repet\u00eda: \u00abMuy bien, muy bien\u00bb. Tal vez todos estuvieron desilusionados. Y yo me sent\u00eda como una botella vac\u00eda y chorreada; quer\u00eda reaccionar, ten\u00eda mal humor y ganas de ser malo. Entonces alcanc\u00e9 al gerente y le dije:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No quisiera que ninguno de ellos utilizara el mismo procedimiento para la venta de medias y desear\u00eda que la casa reconociera mi&#8230; iniciativa y que me diera exclusividad por alg\u00fan tiempo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Venga ma\u00f1ana y hablaremos de eso.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al otro d\u00eda el secretario ya hab\u00eda preparado el documento y le\u00eda: \u00abLa casa se compromete a no utilizar y a hacer respetar el sistema de propaganda consistente en llorar&#8230;\u00bb Aqu\u00ed los dos se rieron y el gerente dijo que aquello estaba mal. Mientras redactaban el documento, yo fui pase\u00e1ndome hasta el mostrador. Detr\u00e1s de \u00e9l hab\u00eda una muchacha que me habl\u00f3 mir\u00e1ndome y los ojos parec\u00edan pintados por dentro.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfAs\u00ed que usted llora por gusto?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Es verdad.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Entonces yo s\u00e9 m\u00e1s que usted. Usted mismo no sabe que tiene una pena.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al principio yo me qued\u00e9 pensativo; y despu\u00e9s le dije:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Mire: no es que yo sea de los m\u00e1s felices; pero s\u00e9 arreglarme con mi desgracia y soy casi dichoso.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mientras me iba \u2013el gerente me llamaba\u2013 alcanc\u00e9 a ver la mirada de ella: la hab\u00eda puesto encima de m\u00ed como si me hubiera dejado una mano en el hombro.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando reanud\u00e9 las ventas, yo estaba en una peque\u00f1a ciudad. Era un d\u00eda triste y yo no ten\u00eda ganas de llorar. Hubiera querido estar solo, en mi pieza, oyendo la lluvia y pensando que el agua me separaba de todo el mundo. Yo viajaba escondido detr\u00e1s de una careta con l\u00e1grimas; pero yo ten\u00eda la cara cansada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;De pronto sent\u00ed que alguien se hab\u00eda acercado pregunt\u00e1ndome:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfQu\u00e9 le pasa?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Entonces yo, como el empleado sorprendido sin trabajar, quise reanudar mi tarea y poni\u00e9ndome las manos en la cara empec\u00e9 a hacer los sollozos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ese a\u00f1o yo llor\u00e9 hasta diciembre, dej\u00e9 de llorar en enero y parte de febrero, empec\u00e9 a llorar de nuevo despu\u00e9s de carnaval. Aquel descanso me hizo bien y volv\u00ed a llorar con ganas. Mientras tanto yo hab\u00eda extra\u00f1ado el \u00e9xito de mis l\u00e1grimas y me hab\u00eda nacido como cierto orgullo de llorar. Eran muchos m\u00e1s los vendedores; pero un actor que representara algo sin previo aviso y convenciera al p\u00fablico con llantos&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Aquel nuevo a\u00f1o yo empec\u00e9 a llorar por el oeste y llegu\u00e9 a una ciudad donde mis conciertos hab\u00edan tenido \u00e9xito; la segunda vez que estuve all\u00ed, el p\u00fablico me hab\u00eda recibido con una ovaci\u00f3n cari\u00f1osa y prolongada; yo agradec\u00eda parado junto al piano y no me dejaban sentar para iniciar el concierto. Seguramente que ahora dar\u00eda, por lo menos, una audici\u00f3n. Yo llor\u00e9 all\u00ed, por primera vez, en el hotel m\u00e1s lujoso; fue a la hora del almuerzo y en un d\u00eda radiante. Ya hab\u00eda comido y tomado caf\u00e9, cuando de codos en la mesa, me cubr\u00ed la cara con las manos. A los pocos instantes se acercaron algunos amigos que yo hab\u00eda saludado; los dej\u00e9 parados alg\u00fan tiempo y mientras tanto, una pobre vieja \u2013que no s\u00e9 de d\u00f3nde hab\u00eda salido\u2013 se sent\u00f3 a mi mesa y yo la miraba por entre los dedos ya mojados. Ella bajaba la cabeza y no dec\u00eda nada; pero ten\u00eda una cara tan triste que daban ganas de ponerse a llorar&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El d\u00eda en que yo di mi primer concierto ten\u00eda cierta nerviosidad que me ven\u00eda del cansancio; estaba en la \u00faltima obra de la primera parte del programa y tom\u00e9 uno de los movimientos con demasiada velocidad; ya hab\u00eda intentado detenerme; pero me volv\u00ed torpe y no ten\u00eda bastante equilibrio ni fuerza; no me qued\u00f3 otro recurso que seguir; pero las manos se me cansaban, perd\u00eda nitidez, y me di cuenta de que no llegar\u00eda al final. Entonces, antes de pensarlo, ya hab\u00eda sacado las manos del teclado y las ten\u00eda en la cara; era la primera vez que lloraba en escena.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al principio hubo murmullos de sorpresa y no s\u00e9 por qu\u00e9 alguien intent\u00f3 aplaudir, pero otros chistaron y yo me levant\u00e9. Con una mano me tapaba los ojos y con la otra tanteaba el piano y trataba de salir del escenario. Algunas mujeres gritaron porque creyeron que me caer\u00eda en la platea; y ya iba a franquear una puerta del decorado, cuando alguien, desde el para\u00edso, me grit\u00f3:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Cocodriiilooooo!!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;O\u00ed risas; pero fui al camer\u00edn, me lav\u00e9 la cara y aparec\u00ed en seguida y con las manos frescas termin\u00e9 la primera parte. Al final vinieron a saludarme muchas personas y se coment\u00f3 lo de \u00abcocodrilo\u00bb. Yo les dec\u00eda:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014A m\u00ed me parece que el que me grit\u00f3 eso tiene raz\u00f3n: en realidad yo no s\u00e9 por qu\u00e9 lloro; me viene el llanto y no lo puedo remediar, a lo mejor me es tan natural como lo es para el cocodrilo. En fin, yo no s\u00e9 tampoco por qu\u00e9 llora el cocodrilo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Una de las personas que me hab\u00edan presentado ten\u00eda la cabeza alargada; y como se peinaba dej\u00e1ndose el pelo parado, la cabeza hac\u00eda pensar en un cepillo. Otro de la rueda lo se\u00f1al\u00f3 y me dijo:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Aqu\u00ed, el amigo es m\u00e9dico. \u00bfQu\u00e9 dice usted, doctor?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Yo me qued\u00e9 p\u00e1lido. \u00c9l me mir\u00f3 con ojos de investigador policial y me pregunt\u00f3:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014D\u00edgame una cosa: \u00bfcu\u00e1ndo llora m\u00e1s usted, de d\u00eda o de noche?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Yo record\u00e9 que nunca lloraba en la noche porque a esa hora no vend\u00eda, y le respond\u00ed:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Lloro \u00fanicamente de d\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No recuerdo las otras preguntas. Pero al final me aconsej\u00f3:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No coma carne. Usted tiene una vieja intoxicaci\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A los pocos d\u00edas me dieron una fiesta en el club principal. Alquil\u00e9 un frac con chaleco blanco impecable y en el momento de mirarme al espejo pensaba: \u00abNo dir\u00e1n que este cocodrilo no tiene la barriga blanca. \u00a1Caramba! Creo que ese animal tiene papada como la m\u00eda. Y es voraz&#8230;\u00bb<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al llegar al Club encontr\u00e9 poca gente. Entonces me di cuenta que hab\u00eda llegado demasiado temprano. Vi a un se\u00f1or de la comisi\u00f3n y le dije que deseaba trabajar un poco en el piano. De esa manera disimular\u00eda el madrug\u00f3n. Cruzamos una cortina verde y me encontr\u00e9 en una gran sala vac\u00eda y preparada para el baile. Frente a la cortina y al otro extremo de la sala estaba el piano. Me acompa\u00f1aron hasta all\u00ed el se\u00f1or de la comisi\u00f3n y el conserje; mientras abr\u00edan el piano -el se\u00f1or ten\u00eda cejas negras y pelo blanco- me dec\u00eda que la fiesta tendr\u00eda mucho \u00e9xito, que el director del liceo -amigo m\u00edo- dir\u00eda un discurso muy lindo y que \u00e9l ya lo hab\u00eda o\u00eddo; trat\u00f3 de recordar algunas frases, pero despu\u00e9s decidi\u00f3 que ser\u00eda mejor no decirme nada. Yo puse las manos en el piano y ellos se fueron. Mientras tocaba pens\u00e9: \u00abEsta noche no llorar\u00e9&#8230; quedar\u00eda muy feo&#8230; el director del liceo es capaz de desear que yo llore para demostrar el \u00e9xito de su discurso. Pero yo no llorar\u00e9 por nada del mundo\u00bb.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hac\u00eda rato que ve\u00eda mover la cortina verde; y de pronto sali\u00f3 de entre sus pliegues una muchacha alta y de cabellera suelta; cerr\u00f3 los ojos como para ver lejos; me miraba y se dirig\u00eda a m\u00ed trayendo algo en una mano; detr\u00e1s de ella apareci\u00f3 una sirvienta que la alcanz\u00f3 y le empez\u00f3 a hablar de cerca. Yo aprovech\u00e9 para mirarle las piernas y me di cuenta que ten\u00eda puesta una sola media; a cada instante hac\u00eda movimientos que indicaban el fin de la conversaci\u00f3n; pero la sirvienta segu\u00eda habl\u00e1ndole y las dos volv\u00edan al asunto como a una golosina. Yo segu\u00ed tocando el piano y mientras ellas conversaban tuve tiempo de pensar: \u00ab\u00bfQu\u00e9 querr\u00e1 con la media?&#8230; \u00bfLe habr\u00e1 salido mala y sabiendo que yo soy corredor&#8230;? \u00a1Y tan luego en esta fiesta!\u00bb<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Por fin vino y me dijo:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Perdone, se\u00f1or, quisiera que me firmara una media.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al principio me re\u00ed; y en seguida trat\u00e9 de hablarle como si ya me hubieran hecho ese pedido otras veces. Empec\u00e9 a explicarle c\u00f3mo era que la media no resist\u00eda la pluma; yo ya hab\u00eda solucionado eso firmando una etiqueta y despu\u00e9s la interesada la pegaba en la media. Pero mientras daba estas explicaciones mostraba la experiencia de un antiguo comerciante que despu\u00e9s se hubiera hecho pianista. Ya me empezaba a invadir la angustia, cuando ella se sent\u00f3 en la silla del piano, y al ponerse la media me dec\u00eda:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Es una pena que usted me haya resultado tan mentiroso&#8230;, deb\u00eda haberme agradecido la idea.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Yo hab\u00eda puesto los ojos en sus piernas; despu\u00e9s los saqu\u00e9 y se me trabaron las ideas. Se hizo un silencio de disgusto. Ella, con la cabeza inclinada, dejaba caer el pelo; y debajo de aquella cortina rubia, las manos se mov\u00edan como si huyeran. Yo segu\u00eda callado y ella no terminaba nunca. Al fin la pierna hizo un movimiento de danza, y el pie, en punta, calz\u00f3 el zapato en el momento de levantarse, las manos le recogieron el pelo y ella me hizo un saludo silencioso y se fue.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando empez\u00f3 a entrar gente fui al bar. Se me ocurri\u00f3 pedir whisky. El mozo me nombr\u00f3 muchas marcas y como yo no conoc\u00eda ninguna le dije:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014D\u00e9me de esa \u00faltima.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Trep\u00e9 a un banco del mostrador y trat\u00e9 de no arrugarme la cola del frac. En vez de cocodrilo deb\u00eda parecer un loro negro. Estaba callado, pensaba en la muchacha de la media y me trastornaba el recuerdo de sus manos apuradas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Me sent\u00ed llevado al sal\u00f3n por el director del liceo. Se suspendi\u00f3 un momento el baile y \u00e9l dijo su discurso. Pronunci\u00f3 varias veces las palabras \u00abavatares\u00bb y \u00abmenester\u00bb. Cuando aplaudieron yo levant\u00e9 los brazos como un director de orquesta antes de \u00abatacar\u00bb y apenas hicieron silencio dije:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ahora que deb\u00eda llorar no puedo. Tampoco puedo hablar y no puedo dejar por m\u00e1s tiempo separados los que han de juntarse para bailar \u2014y termin\u00e9 haciendo una cortes\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Despu\u00e9s de mi vuelta, abrac\u00e9 al director del liceo y por encima de su hombro vi la muchacha de la media. Ella me sonri\u00f3 y levant\u00f3 su pollera del lado izquierdo y me mostr\u00f3 el lugar de la media donde hab\u00eda pegado un peque\u00f1o retrato m\u00edo recortado de un programa. Yo me sent\u00ed lleno de alegr\u00eda pero dije una idiotez que todo el mundo repiti\u00f3:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Muy bien, muy bien, la pierna del coraz\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sin embargo yo me sent\u00ed dichoso y fui al bar. Sub\u00ed de nuevo a un banco y el mozo me pregunt\u00f3:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfWhisky Caballo Blanco?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y yo, con el adem\u00e1n de un mosquetero sacando una espada:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Caballo Blanco o Loro Negro.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al poco rato vino un muchacho con una mano escondida en la espalda:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014El Pocho me dijo que a usted no le hace mala impresi\u00f3n que le digan \u00abCocodrilo\u00bb.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Es verdad, me gusta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Entonces \u00e9l sac\u00f3 la mano de la espalda y me mostr\u00f3 una caricatura. Era un gran cocodrilo muy parecido a m\u00ed; ten\u00eda una peque\u00f1a mano en la boca, donde los dientes eran un teclado; y de la otra mano le colgaba una media; con ella se enjugaba las l\u00e1grimas.<br \/>\nCuando los amigos me llevaron a mi hotel yo pensaba en todo lo que hab\u00eda llorado en aquel pa\u00eds y sent\u00eda un placer maligno en haberlos enga\u00f1ado; me consideraba como un burgu\u00e9s de la angustia. Pero cuando estuve solo en mi pieza, me ocurri\u00f3 algo inesperado: primero me mir\u00e9 en el espejo; ten\u00eda la caricatura en la mano y alternativamente miraba al cocodrilo y a mi cara. De pronto y sin haberme propuesto imitar al cocodrilo, mi cara, por su cuenta, se ech\u00f3 a llorar. Yo la miraba como a una hermana de quien ignoraba su desgracia. Ten\u00eda arrugas nuevas y por entre ellas corr\u00edan las l\u00e1grimas. Apagu\u00e9 la luz y me acost\u00e9. Mi cara segu\u00eda llorando; las l\u00e1grimas resbalaban por la nariz y ca\u00edan por la almohada. Y as\u00ed me dorm\u00ed. Cuando me despert\u00e9 sent\u00ed el escozor de las l\u00e1grimas que se hab\u00edan secado. Quise levantarme y lavarme los ojos; pero tuve miedo que la cara se pusiera a llorar de nuevo. Me qued\u00e9 quieto y hac\u00eda girar los ojos en la oscuridad, como aquel ciego que tocaba el arpa.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un cuento cl\u00e1sico del gran narrador uruguayo Felisberto Hern\u00e1ndez (1902-1964).<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":13315,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":true,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"El #cuento del mes en Las Historias: \"El cocodrilo\" de Felisberto Hern\u00e1ndez.","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[4],"tags":[22,2703,2343,664,2702,2855,2291,360],"class_list":["post-10698","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-cuento","tag-el-cocodrilo","tag-el-cuento-del-mes","tag-escritores-uruguayos","tag-felisberto-hernandez","tag-literatura","tag-literatura-de-imaginacion","tag-literatura-fantastica"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/12\/54063facde990.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-2My","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/10698","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=10698"}],"version-history":[{"count":12,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/10698\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16978,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/10698\/revisions\/16978"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/13315"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=10698"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=10698"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=10698"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}