{"id":10655,"date":"2013-11-30T11:11:36","date_gmt":"2013-11-30T17:11:36","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=10655"},"modified":"2025-08-25T23:24:51","modified_gmt":"2025-08-26T05:24:51","slug":"la-mosca","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/la-mosca\/","title":{"rendered":"La mosca"},"content":{"rendered":"<p>\u00bfQu\u00e9 tanto puede decir de la \u00e9poca actual un cuento publicado en 1922? \u00bfQu\u00e9 tan pertinente puede ser? La respuesta es \u201cmucho\u201d, si se trata de un cuento como \u00e9ste.<br \/>\n<a href=\"http:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Katherine_Mansfield\">Katherine Mansfield<\/a>, la gran narradora de origen neozeland\u00e9s, escribi\u00f3 \u201cLa mosca\u201d pensando en los numerosos muertos de la Primera Guerra Mundial y, como se ver\u00e1, en sus padres, que los vieron ir a morir al frente y los sobrevivieron. Pero el centro de la narraci\u00f3n es el de mucho de lo que nos preocupa en la actualidad: la capacidad humana para la crueldad y la violencia; la culpa, que siempre llega demasiado tarde, y tambi\u00e9n el c\u00f3mo se logra continuar \u2013o no\u2013 tras horrores y p\u00e9rdidas indecibles.<br \/>\n\u201cThe Fly\u201d se public\u00f3 en el semanario <em>The Nation &amp; Athenaeum<\/em> en 1922 y despu\u00e9s apareci\u00f3 en <em>The Dove\u2019s Nest and Other Stories<\/em>.<\/p>\n<figure id=\"attachment_16951\" aria-describedby=\"caption-attachment-16951\" style=\"width: 1200px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/11\/katherine-mansfield.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"16951\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/la-mosca\/katherine-mansfield\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/11\/katherine-mansfield.jpg\" data-orig-size=\"1200,801\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"katherine-mansfield\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"&lt;p&gt;Katherine Mansfield (&lt;a href=&quot;https:\/\/revistaral.cl\/el-mundo-de-katherine-mansfield\/&quot;&gt;fuente&lt;\/a&gt;)&lt;\/p&gt;\n\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/11\/katherine-mansfield-1024x684.jpg\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/11\/katherine-mansfield.jpg\" alt=\"\" width=\"1200\" height=\"801\" class=\"size-full wp-image-16951\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/11\/katherine-mansfield.jpg 1200w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/11\/katherine-mansfield-300x200.jpg 300w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/11\/katherine-mansfield-1024x684.jpg 1024w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/11\/katherine-mansfield-600x400.jpg 600w\" sizes=\"auto, (max-width: 1200px) 100vw, 1200px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-16951\" class=\"wp-caption-text\">Katherine Mansfield (<a href=\"https:\/\/revistaral.cl\/el-mundo-de-katherine-mansfield\/\">fuente<\/a>)<\/figcaption><\/figure>\n<p><strong>LA MOSCA<br \/>\nKatherine Mansfield<\/strong><\/p>\n<p>\u2014Pues s\u00ed que est\u00e1 usted c\u00f3modo aqu\u00ed \u2014dijo el viejo se\u00f1or Woodifield con su voz de flauta. Miraba desde el fondo del gran butac\u00f3n de cuero verde, junto a la mesa de su amigo el jefe, como lo har\u00eda un beb\u00e9 desde su cochecito. Su conversaci\u00f3n hab\u00eda terminado; ya era hora de marchar. Pero no quer\u00eda irse. Desde que se hab\u00eda retirado, desde su&#8230; apoplej\u00eda, la mujer y las chicas lo ten\u00edan encerrado en casa todos los d\u00edas de la semana excepto los martes. El martes lo vest\u00edan y lo cepillaban, y lo dejaban volver a la ciudad a pasar el d\u00eda. Aunque, la verdad, la mujer y las hijas no pod\u00edan imaginarse qu\u00e9 hac\u00eda all\u00ed. Supon\u00edan que incordiar a los amigos&#8230; Bueno, es posible. Sin embargo, nos aferramos a nuestros \u00faltimos placeres como se aferra el \u00e1rbol a sus \u00faltimas hojas. De manera que ah\u00ed estaba el viejo Woodifield, fum\u00e1ndose un puro y observando casi con avidez al jefe, que se arrellanaba en su sill\u00f3n, corpulento, rosado, cinco a\u00f1os mayor que \u00e9l y todav\u00eda en plena forma, todav\u00eda llevando el tim\u00f3n. Daba gusto verlo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Con melancol\u00eda, con admiraci\u00f3n, la vieja voz a\u00f1adi\u00f3:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Se est\u00e1 c\u00f3modo aqu\u00ed, \u00a1palabra que s\u00ed!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014S\u00ed, es bastante c\u00f3modo \u2014asinti\u00f3 el jefe mientras pasaba las hojas del <em>Financial Times<\/em> con un abrecartas. De hecho estaba orgulloso de su despacho; le gustaba que se lo admiraran, sobre todo si el admirador era el viejo Woodifield. Le infund\u00eda un sentimiento de satisfacci\u00f3n s\u00f3lida y profunda estar plantado ah\u00ed en medio, bien a la vista de aquella figura fr\u00e1gil, de aquel anciano envuelto en una bufanda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Lo he renovado hace poco \u2014explic\u00f3, como lo hab\u00eda explicado durante las \u00faltimas, \u00bfcu\u00e1ntas?, semanas\u2014. Alfombra nueva \u2014y se\u00f1al\u00f3 la alfombra de un rojo vivo con un dibujo de grandes aros blancos\u2014. Muebles nuevos \u2014y apuntaba con la cabeza hacia la s\u00f3lida estanter\u00eda y la mesa con patas como de caramelo retorcido\u2014. \u00a1Calefacci\u00f3n el\u00e9ctrica! \u2014con ademanes casi euf\u00f3ricos indic\u00f3 las cinco salchichas transparentes y anacaradas que tan suavemente refulg\u00edan en la placa inclinada de cobre.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero no se\u00f1al\u00f3 al viejo Woodifield la fotograf\u00eda que hab\u00eda sobre la mesa. Era el retrato de un muchacho serio, vestido de uniforme, que estaba de pie en uno de esos parques espectrales de estudio fotogr\u00e1fico, con un fondo de nubarrones tormentosos. No era nueva. Estaba ah\u00ed desde hac\u00eda m\u00e1s de seis a\u00f1os.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Hab\u00eda algo que quer\u00eda decirle \u2014dijo el viejo Woodifield, y los ojos se le nublaban al recordar\u2014. \u00bfQu\u00e9 era? Lo ten\u00eda en la cabeza cuando sal\u00ed de casa esta ma\u00f1ana \u2014las manos le empezaron a temblar y unas manchas rojizas aparecieron por encima de su barba.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pobre hombre, est\u00e1 en las \u00faltimas, pens\u00f3 el jefe. Y sinti\u00e9ndose bondadoso, le gui\u00f1\u00f3 el ojo al viejo y dijo bromeando:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ya s\u00e9. Tengo aqu\u00ed unas gotas de algo que le sentar\u00e1 bien antes de salir otra vez al fr\u00edo. Es una maravilla. No le har\u00eda da\u00f1o ni a un ni\u00f1o.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Extrajo una llave de la cadena de su reloj, abri\u00f3 un armario en la parte baja de su escritorio y sac\u00f3 una botella oscura y rechoncha.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00c9sta es la medicina \u2014exclam\u00f3\u2014. Y el hombre de quien la adquir\u00ed me dijo en el m\u00e1s estricto secreto que proced\u00eda directamente de las bodegas del castillo de Windsor.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al viejo Woodifield se le abri\u00f3 la boca cuando lo vio. Su cara no hubiese expresado mayor asombro si el jefe hubiera sacado un conejo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Es whisky, \u00bfno? \u2014dijo d\u00e9bilmente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El jefe gir\u00f3 la botella y cari\u00f1osamente le ense\u00f1\u00f3 la etiqueta. En efecto, era whisky.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Sabe \u2014dijo el viejo, mirando al jefe con admiraci\u00f3n\u2014, en casa no me dejan ni tocarlo \u2014y parec\u00eda que iba a echarse a llorar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ah, ah\u00ed es donde nosotros sabemos un poco m\u00e1s que las se\u00f1oras \u2014dijo el jefe, dobl\u00e1ndose como un junco sobre la mesa para alcanzar dos vasos que estaban junto a la botella del agua, y sirviendo un generoso dedo en cada uno\u2014. B\u00e9baselo, le sentar\u00e1 bien. Y no le ponga agua. Ser\u00eda un sacrilegio estropear algo as\u00ed. \u00a1Ah! \u2014se tom\u00f3 el suyo de un trago; luego se sac\u00f3 el pa\u00f1uelo, se sec\u00f3 apresuradamente los bigotes y le hizo un gui\u00f1o al viejo Woodifield, que a\u00fan saboreaba el suyo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El viejo trag\u00f3, permaneci\u00f3 silencioso un momento, y luego dijo d\u00e9bilmente:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Qu\u00e9 fuerte!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero lo reconfort\u00f3; subi\u00f3 poco a poco hasta su entumecido cerebro&#8230; y record\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Eso era \u2014dijo, levant\u00e1ndose con esfuerzo de la butaca\u2014. Supuse que le gustar\u00eda saberlo. Las chicas estuvieron en B\u00e9lgica la semana pasada para ver la tumba del pobre Reggie, y dio la casualidad que pasaron por delante de la de su chico. Por lo visto quedan bastante cerca la una de la otra.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El viejo Woodifield hizo una pausa, pero el jefe no contest\u00f3. S\u00f3lo un ligero temblor en el p\u00e1rpado demostr\u00f3 que estaba escuchando.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Las chicas estaban encantadas de lo bien cuidado que est\u00e1 todo aquello \u2014dijo la vieja voz\u2014. Lo tienen muy bonito. No estar\u00eda mejor si estuvieran en casa. \u00bfUsted no ha estado nunca, verdad?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1No, no! \u2014por varias razones el jefe no hab\u00eda ido.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Hay kil\u00f3metros enteros de tumbas \u2014dijo con voz tr\u00e9mula el viejo Woodifield\u2014 y todo est\u00e1 tan bien cuidado que parece un jard\u00edn. Todas las tumbas tienen flores. Y los caminos son muy anchos \u2014por su voz se notaba cu\u00e1nto le gustaban los caminos anchos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hubo otro silencio. Luego el anciano se anim\u00f3 sobremanera.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfSabe usted lo que les hicieron pagar a las chicas en el hotel por un bote de confitura? \u2014dijo\u2014 \u00a1Diez francos! A eso yo le llamo un robo. Dice Gertrude que era un bote peque\u00f1o, no m\u00e1s grande que una moneda de media corona. No hab\u00eda tomado m\u00e1s que una cucharada y le cobraron diez francos. Gertrude se llev\u00f3 el bote para darles una lecci\u00f3n. Hizo bien; eso es querer hacer negocio con nuestros sentimientos. Piensan que porque hemos ido all\u00ed a echar una ojeada estamos dispuestos a pagar cualquier precio por las cosas. Eso es \u2014y se volvi\u00f3, dirigi\u00e9ndose hacia la puerta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Tiene raz\u00f3n, tiene raz\u00f3n! \u2014dijo el jefe. Aunque en realidad no ten\u00eda idea de sobre qu\u00e9 ten\u00eda raz\u00f3n. Dio la vuelta a su escritorio y siguiendo los pasos lentos del viejo lo acompa\u00f1\u00f3 hasta la puerta y se despidi\u00f3 de \u00e9l. Woodifield se hab\u00eda marchado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Durante un largo momento el jefe permaneci\u00f3 all\u00ed, con la mirada perdida, mientras el ordenanza de pelo canoso, que lo estaba observando, entraba y sal\u00eda de su garita como un perro que espera que lo saquen a pasear.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;De pronto:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No ver\u00e9 a nadie durante media hora, Macey \u2014dijo el jefe\u2014. \u00bfHa entendido? A nadie en absoluto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Bien, se\u00f1or.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La puerta se cerr\u00f3, los pasos pesados y firmes volvieron a cruzar la alfombra chillona, el fornido cuerpo se dej\u00f3 caer en el sill\u00f3n de muelles y ech\u00e1ndose hacia delante, el jefe se cubri\u00f3 la cara con las manos. Quer\u00eda, se hab\u00eda propuesto, hab\u00eda dispuesto que iba a llorar&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Le hab\u00eda causado una tremenda conmoci\u00f3n el comentario del viejo Woodifield sobre la sepultura del muchacho. Fue exactamente como si la tierra se hubiera abierto y lo hubiera visto all\u00ed tumbado, con las chicas de Woodifield mir\u00e1ndolo. Porque era extra\u00f1o. Aunque hab\u00edan pasado m\u00e1s de seis a\u00f1os, el jefe nunca hab\u00eda pensado en el muchacho excepto como un cuerpo que yac\u00eda sin cambio, sin mancha, uniformado, dormido para siempre. \u00ab\u00a1Mi hijo!\u00bb, gimi\u00f3 el jefe. Pero las l\u00e1grimas todav\u00eda no acud\u00edan. Antes, durante los primeros meses, incluso durante los primeros a\u00f1os despu\u00e9s de su muerte, bastaba con pronunciar esas palabras para que lo invadiera una pena inmensa que s\u00f3lo un violento episodio de llanto pod\u00eda aliviar. El paso del tiempo, hab\u00eda afirmado entonces, y as\u00ed lo hab\u00eda asegurado a todo el mundo, nunca cambiar\u00eda nada. Puede que otros hombres se recuperaran, puede que otros lograran aceptar su p\u00e9rdida, pero \u00e9l no. \u00bfC\u00f3mo iba a ser posible? Su muchacho era hijo \u00fanico. Desde su nacimiento el jefe se hab\u00eda dedicado a levantar este negocio para \u00e9l; no ten\u00eda sentido alguno si no era para el muchacho. La vida misma hab\u00eda llegado a no tener ning\u00fan otro sentido. \u00bfC\u00f3mo diablos hubiera podido trabajar como un esclavo, sacrificarse y seguir adelante durante todos aquellos a\u00f1os sin tener siempre presente la promesa de ver a su hijo ocupando su sill\u00f3n y continuando donde \u00e9l hab\u00eda abandonado?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y esa promesa hab\u00eda estado tan cerca de cumplirse. El chico hab\u00eda estado en la oficina aprendiendo el oficio durante un a\u00f1o antes de la guerra. Cada ma\u00f1ana hab\u00edan salido de casa juntos; hab\u00edan regresado en el mismo tren. \u00a1Y qu\u00e9 felicitaciones hab\u00eda recibido por ser su padre! No era de extra\u00f1ar; se desenvolv\u00eda maravillosamente. En cuanto a su popularidad con el personal, todos los empleados, hasta el viejo Macey, no se cansaban de alabarlo. Y no era en absoluto un mimado. No, \u00e9l siempre con su car\u00e1cter despierto y natural, con la palabra adecuada para cada persona, con aquel aire juvenil y su costumbre de decir: \u00ab\u00a1Sencillamente espl\u00e9ndido!\u00bb.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero todo eso hab\u00eda terminado, como si nunca hubiera existido. Hab\u00eda llegado el d\u00eda en que Macey le hab\u00eda entregado el telegrama con el que todo su mundo se hab\u00eda venido abajo. \u00abSentimos profundamente informarle que&#8230;\u00bb Y hab\u00eda abandonado la oficina destrozado, con su vida en ruinas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hac\u00eda seis a\u00f1os, seis a\u00f1os&#8230; \u00a1Qu\u00e9 r\u00e1pido pasaba el tiempo! Parec\u00eda que hab\u00eda sido ayer. El jefe retir\u00f3 las manos de la cara; se sent\u00eda confuso. Algo parec\u00eda que no funcionaba. No estaba sinti\u00e9ndose como quer\u00eda sentirse. Decidi\u00f3 levantarse y mirar la foto del chico. Pero no era una de sus fotograf\u00edas favoritas; la expresi\u00f3n no era natural. Era fr\u00eda, casi severa. El chico nunca hab\u00eda sido as\u00ed.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En aquel momento el jefe se dio cuenta de que una mosca se hab\u00eda ca\u00eddo en el gran tintero y estaba intentando infructuosamente, pero con desesperaci\u00f3n, salir de \u00e9l. \u00a1Socorro, socorro!, dec\u00edan aquellas patas mientras forcejeaban. Pero los lados del tintero estaban mojados y resbaladizos; volvi\u00f3 a caerse y empez\u00f3 a nadar. El jefe tom\u00f3 una pluma, extrajo la mosca de la tinta y la deposit\u00f3 con una sacudida en un pedazo de papel secante. Durante una fracci\u00f3n de segundo se qued\u00f3 quieta sobre la mancha oscura que rezumaba a su alrededor. Despu\u00e9s las patas delanteras se agitaron, se afianzaron y, levantando su cuerpecillo empapado, empez\u00f3 la inmensa tarea de limpiarse la tinta de las alas. Por encima y por debajo, por encima y por debajo pasaba la pata por el ala, como lo hace la piedra de afilar por la guada\u00f1a. Luego hubo una pausa mientras la mosca, aparentemente de puntillas, intentaba abrir primero un ala y luego la otra. Por fin lo consigui\u00f3, se sent\u00f3 y empez\u00f3, como un diminuto gato, a limpiarse la cara. Ahora uno pod\u00eda imaginarse que las patitas delanteras se restregaban con facilidad, alegremente. El horrible peligro hab\u00eda pasado; hab\u00eda escapado; estaba preparada de nuevo para la vida.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero justo entonces el jefe tuvo una idea. Hundi\u00f3 otra vez la pluma en el tintero, apoy\u00f3 su gruesa mu\u00f1eca en el secante y mientras la mosca probaba sus alas, una enorme gota cay\u00f3 sobre ella. \u00bfC\u00f3mo reaccionar\u00eda? \u00a1Buena pregunta! La pobre criatura parec\u00eda estar absolutamente acobardada, paralizada, temiendo moverse por lo que pudiera acontecer despu\u00e9s. Pero entonces, como dolorida, se arrastr\u00f3 hacia delante. Las patas delanteras se agitaron, se afianzaron y, esta vez m\u00e1s lentamente, reanud\u00f3 la tarea desde el principio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Es un diablillo valiente \u2013pens\u00f3 el jefe\u2013 y sinti\u00f3 verdadera admiraci\u00f3n por el coraje de la mosca. As\u00ed era como se deb\u00edan de acometer los asuntos; \u00e9sa era la actitud. Nunca te dejes vencer; s\u00f3lo era cuesti\u00f3n de&#8230; Pero una vez m\u00e1s la mosca hab\u00eda terminado su laboriosa tarea y al jefe casi le falt\u00f3 tiempo para recargar la pluma, y descargar otra vez la gota oscura de lleno sobre el reci\u00e9n aseado cuerpo. \u00bfQu\u00e9 pasar\u00eda esta vez? Sigui\u00f3 un doloroso instante de incertidumbre. Pero \u00a1atenci\u00f3n!, las patitas delanteras volv\u00edan a moverse; el jefe sinti\u00f3 una oleada de alivio. Se inclin\u00f3 sobre la mosca y le dijo con ternura: \u00abAh, astuta cabroncita\u00bb. Incluso se le ocurri\u00f3 la brillante idea de soplar sobre ella para ayudarla en el proceso de secado. Pero a pesar de todo, ahora hab\u00eda algo de t\u00edmido y d\u00e9bil en sus esfuerzos, y el jefe decidi\u00f3 que \u00e9sta tendr\u00eda que ser la \u00faltima vez, mientras hund\u00eda la pluma hasta lo m\u00e1s profundo del tintero.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Lo fue. La \u00faltima gota cay\u00f3 en el secante empapado y la extenuada mosca qued\u00f3 tendida en ella y no se movi\u00f3. Las patas traseras estaban pegadas al cuerpo; las delanteras no se ve\u00edan.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Vamos \u2014dijo el jefe\u2014. \u00a1Espabila! \u2014y la removi\u00f3 con la pluma, pero en vano. No pas\u00f3 nada, ni pasar\u00eda. La mosca estaba muerta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El jefe levant\u00f3 el cad\u00e1ver con la punta del abrecartas y lo arroj\u00f3 a la papelera. Pero lo invadi\u00f3 un sentimiento de desdicha tan agobiante que verdaderamente se asust\u00f3. Se inclin\u00f3 hacia delante y toc\u00f3 el timbre para llamar a Macey.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Tr\u00e1igame un secante limpio \u2014dijo con severidad\u2014 y dese prisa \u2014y mientras el viejo perro se alejaba con un paso silencioso, empez\u00f3 a preguntarse en qu\u00e9 hab\u00eda estado pensando antes. \u00bfQu\u00e9 era? Era&#8230; Sac\u00f3 el pa\u00f1uelo y se lo pas\u00f3 por delante del cuello de la camisa. Aunque le fuera la vida en ello no se pod\u00eda acordar.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un cuento de la gran Katherine Mansfield (1888-1923) sobre la violencia, la crueldad y la culpa.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":13314,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":true,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"En Las Historias, un cuento muy actual sobre la violencia por Katherine Mansfield: \"La mosca\". http:\/\/wp.me\/pjEhq-2LR","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[4],"tags":[22,2343,185,1028,2694,2692,2693,2855],"class_list":["post-10655","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-cuento","tag-el-cuento-del-mes","tag-escritoras","tag-escritores-en-lengua-inglesa","tag-escritores-neozelandeses","tag-katherine-mansfield","tag-la-mosca","tag-literatura"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2013\/11\/Katherine-Mansfield-criticism_500.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-2LR","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/10655","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=10655"}],"version-history":[{"count":7,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/10655\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16952,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/10655\/revisions\/16952"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/13314"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=10655"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=10655"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=10655"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}