{"id":104,"date":"2006-08-10T06:19:03","date_gmt":"2006-08-10T10:19:03","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/blog\/?p=110"},"modified":"2016-10-26T10:24:52","modified_gmt":"2016-10-26T15:24:52","slug":"el-nombre-del-barco-el-amor-loco","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/el-nombre-del-barco-el-amor-loco\/","title":{"rendered":"El nombre del barco: El amor loco"},"content":{"rendered":"<div align=\"center\">&nbsp;<br \/><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/blog\/wp-content\/amorloco.jpg\" alt=\"El amor loco\" style=\"float:none;\" \/><br \/>\n<br \/><em>Andr\u00e9 Breton, <\/em>El amor loco<em>.<br \/> M\u00e9xico, Alianza, 2004. Traducci\u00f3n de Juan Malpartida.<\/em><\/div>\n<p><em>(Este texto apareci\u00f3 en <\/em>Arena<em> en 2004 y luego en <\/em>La materia no existe<em>)<\/em><\/p>\n<p>Se sabe c\u00f3mo funciona la m\u00e1quina de los homenajes. Por ejemplo, dentro de unos veinte a\u00f1os, cuando se cumpla el centenario del primer <em>Manifiesto Surrealista<\/em> (1924), muchas personas a quienes jam\u00e1s ha importado el surrealismo cambiar\u00e1n de parecer, cuando menos, el tiempo necesario para escribir un art\u00edculo o discutir en una mesa redonda. Contra semejante costumbre, este a\u00f1o se puede pensar en otro aniversario a\u00fan menos llamativo: el sexag\u00e9simo noveno de <em>El amor loco<\/em> (1937), uno de los dos libros m\u00e1s importantes &#8211;el otro es <em>Nadja<\/em>, con centenario hasta 2028&#8211; de Andr\u00e9 Breton.<br \/>\n<!--more-->&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Leer ese libro ahora implica al menos tres grandes dificultades. La primera: hasta hace poco el texto, imposible de llamar obra marginal o de autor ignoto, no se pod\u00eda conseguir en espa\u00f1ol. Juan Malpartida hall\u00f3 solamente una edici\u00f3n previa, mexicana y de 1967, antes de la traducci\u00f3n que \u00e9l mismo realiz\u00f3 y fue publicada en 2000 (y apenas reimpresa) por Alianza. Esto significa que el t\u00edtulo, cuando no una menci\u00f3n veloz en un libro de texto, ha sido durante d\u00e9cadas una idea vaga, de las que se invocan en las canciones de moda y son exactamente tan intensas como una invitaci\u00f3n a bailar o un reproche tenaz. Su influencia, innegable, ha estado entre nosotros s\u00f3lo como un reflejo, lo que sin duda provocar\u00e1 sorpresa entre quienes efectivamente lo lean.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La segunda dificultad: no estamos ya acostumbrados (mejor a\u00fan decirlo as\u00ed: no estamos ya dispuestos) a los textos \u00abfuera de g\u00e9nero\u00bb como <em>El amor loco<\/em>, que participa lo mismo del ensayo que de la narrativa o de la poes\u00eda sin fijarse en los bordes de cada uno. En un tiempo como el nuestro, que apenas responde a nada que no est\u00e9 dentro de dos o tres categor\u00edas bien promovidas y dispuestas para su venta, no pod\u00eda ser de otro modo. En realidad, quienes retoman actualmente el gozo y la provocaci\u00f3n de Breton al discurrir libremente, sin atender a las limitaciones que los estudiosos formulan como hip\u00f3tesis y terminan convertidas en leyes &#8211;como Heriberto Y\u00e9pez, digamos, en su hermosa y dislocada <em>El matasellos<\/em>&#8211;, deben aceptar que muchos de sus lectores se quedar\u00e1n perplejos en la superficie del texto, o peor, de la forma del texto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La tercera: por las vueltas extra\u00f1as de la historia, y una vez m\u00e1s con la ayuda de una lectura descuidada, las reivindicaciones de la moral m\u00e1s conservadora &#8211;junto con el autoritarismo, el fanatismo, las supersticiones y todos los otros males que se ven como bendiciones en tiempos de crisis&#8211; podr\u00edan parecer afines a la idea de la monogamia y a otras que Breton discute en varios momentos del libro, aunque <em>El amor loco<\/em> parte de Engels y pasa por Freud (o por una versi\u00f3n de Freud) y llega a sus propias formulaciones \u00e9ticas y a momentos de enorme sutileza, en los que ninguna sentencia clara podr\u00eda penetrar y que no pueden reducirse a consignas ni a prohibiciones: \u00abDe un amor muerto s\u00f3lo puede surgir la primavera de una an\u00e9mona. S\u00f3lo el precio de una herida, exigida por los poderes adversos que gobiernan al hombre, triunfa el amor vivo\u00bb. A la vez, otros lectores no entender\u00e1n que las ideas de Breton se finquen igual en el amor cort\u00e9s de la Edad Media que en una forma elevada de lo transitorio: la rectificaci\u00f3n de un ideal por aproximaciones sucesivas, la b\u00fasqueda constante&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero no importa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00abBasta (&#8230;) con unir cualquier sustantivo a cualquier otro para que un mundo de representaciones nuevas surja s\u00fabitamente\u00bb, observa Breton (Borges lo ley\u00f3), y lo mismo se puede decir de su libro, con el que los lectores presentes no dejan de tener posibilidades de contacto. Cuando menos, Eros (la idea, la imagen, sus posibilidades, sus impulsos e invitaciones) sigue aqu\u00ed, y aunque est\u00e9 enmascarado, vuelto capricho de neur\u00f3ticos o motivo de contemplaci\u00f3n distante o risa nerviosa, nos sigue haciendo falta, para realizar ese acto de \u00abver y leer\u00bb a trav\u00e9s de sus ojos. (Breton supo que actuar as\u00ed hace falta para restaurar el equilibrio \u00abroto en provecho de la muerte\u00bb en los tiempos aciagos; ahora se podr\u00eda agregar que los primeros y mejores agentes del desequilibrio son los hip\u00f3critas que todos conocemos, por m\u00e1s que digan con frecuencia la palabra \u00abvida\u00bb.)<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Por cierto: uno o dos cin\u00e9filos podr\u00edan recordar tambi\u00e9n a <em>El amor loco<\/em> por el nombre de uno de los barcos atracados en el puerto de Veracruz en <em>Danz\u00f3n<\/em> (1989) de Mar\u00eda Novaro. La menci\u00f3n es trivial, desde luego, aunque algo de lo mejor de la cinta de Novaro est\u00e1 contenido en Breton, en el inter\u00e9s del escritor por el cine desde <em>La edad de oro<\/em> de Luis Bu\u00f1uel, y en los pasajes que parten del acto de ver, de la percepci\u00f3n subjetiva, y avanzan hacia otro lugar:<\/p>\n<blockquote><p>La lecci\u00f3n de Leonardo, obligando a sus alumnos a reproducir en sus cuadros seg\u00fan lo que vieran pintarse (&#8230;) contemplando largamente un viejo muro, est\u00e1 lejos a\u00fan de haber sido comprendida. (&#8230;) Toda vida comporta estos conjuntos homog\u00e9neos de hechos de aspecto agrietado, nuboso, que cada uno debe limitarse a contemplar fijamente para leer su propio destino.<\/p><\/blockquote>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Andr\u00e9 Breton, El amor loco. M\u00e9xico, Alianza, 2004. Traducci\u00f3n de Juan Malpartida. 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