{"id":102,"date":"2006-08-07T08:55:03","date_gmt":"2006-08-07T12:55:03","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/blog\/?p=115"},"modified":"2016-10-26T10:24:52","modified_gmt":"2016-10-26T15:24:52","slug":"la-ultima-bola","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/la-ultima-bola\/","title":{"rendered":"La \u00faltima bola"},"content":{"rendered":"<p>(<em>Esta peque\u00f1a cr\u00f3nica, parte de una serie en la que varios escritores recordaban sus dieciocho a\u00f1os, fue publicada hace un par de d\u00edas en el diario <\/em>El Financiero<em>.)<\/em><\/p>\n<div align=\"center\"><\/div>\n<p><!--more-->Todos tem\u00edamos que nos tocara bola blanca en el sorteo y nos forzaran a hacer el servicio militar. Yo pensaba en cortes casi al rape, en largas sesiones de correr y saltar, en lemas como los que gritaban los soldados &#8211;\u00abya menos que humanos\u00bb, como hab\u00eda le\u00eddo no s\u00e9 en donde&#8211; de <em>Pelot\u00f3n<\/em> o <em>Cara de guerra<\/em>\u2026 Y a la vez, desde luego, todos sab\u00edamos que las probabilidades de que nos tocara bola blanca eran muy pocas; as\u00ed, la ma\u00f1ana del primer registro, que hicimos ante oficiales de la zona militar en un parque de Toluca, fue menos trepidante que cordial y menos cordial que aburrida. Hab\u00eda uno o dos amigos con los que no pude hablar y muchos desconocidos; todos \u00edbamos vestidos m\u00e1s o menos igual, peinados a la moda de los \u00faltimos ochenta, envidiando a los pocos afortunados que ten\u00edan un reproductor de cassette y que al ostentarlo se ganaban miradas reprobatorias de sargentos y tenientes.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los seguimos envidiando a la semana siguiente, ya en el estadio donde se hab\u00eda citado a toda mi generaci\u00f3n &#8211;un par de miles, con cassette y sin \u00e9l, de escuelas privadas y p\u00fablicas, vestidos a la a\u00f1os ochenta o de manera mucho m\u00e1s pobre&#8211; mientras se llevaba a cabo el sorteo propiamente dicho. Estuvimos all\u00ed desde las ocho de la ma\u00f1ana, sentados en las gradas, mirando a un oficial sacar las bolas de una urna y cantando una blanca por cada diez o veinte negras. Todo fue bien hasta pasado el mediod\u00eda, cuando dejaron de aparecer bolas blancas. Pasaron varias horas. Un sargento, acucarachado sobre el pasto, contaba y recontaba; otro iba cantando los nombres de los que se salvaban; otro repet\u00eda que faltaba una blanca, nom\u00e1s una. Todos nos pusimos a bromear y a gritarles. Yo estaba harto y no pens\u00e9 siquiera en los grandes igualadores: el sol y la edad y el azar y las autoridades, que jam\u00e1s volver\u00edan a caer al mismo tiempo sobre todos nosotros.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A las tres, o quiz\u00e1 a las cuatro, decidieron meter mano en la urna, sacar la \u00faltima bola (que en efecto estaba sepultada hasta el fondo) y ponerla otra vez pero \u00abm\u00e1s arribita\u00bb. La igualdad termin\u00f3 para siempre: el pobre tonto a quien al fin le toc\u00f3 hacer el servicio recibi\u00f3 trompetillas de un estadio completo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(Esta peque\u00f1a cr\u00f3nica, parte de una serie en la que varios escritores recordaban sus dieciocho a\u00f1os, fue publicada hace un par de d\u00edas en el diario El Financiero.)<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":true,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":false,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[1520],"tags":[2856],"class_list":["post-102","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cuaderno","tag-publicaciones"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-1E","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/102","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=102"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/102\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":12985,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/102\/revisions\/12985"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=102"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=102"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=102"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}