{"id":997,"date":"2008-09-09T19:27:53","date_gmt":"2008-09-10T01:27:53","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?page_id=997"},"modified":"2017-12-13T10:24:01","modified_gmt":"2017-12-13T16:24:01","slug":"shante","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/textos\/shante\/","title":{"rendered":"Shant\u00e9"},"content":{"rendered":"<h1>SHANT\u00c9<\/h1>\n<p><em>Este fragmento pertenece a la novela corta del mismo t\u00edtulo, publicada en el libro <\/em>\u00c9stos son los d\u00edas<em> (2004); su primera versi\u00f3n se public\u00f3 en <\/em>El hombre en las dos puertas<em> (2002), un volumen colectivo en homenaje al escritor estadounidense Philip K. Dick. La revista francesa Retors.net public\u00f3 una versi\u00f3n completa biling\u00fce (franc\u00e9s\/espa\u00f1ol, en dos partes: <a href=\"http:\/\/retors.net\/spip.php?article158\">1<\/a> y <a href=\"http:\/\/retors.net\/spip.php?article160\">2<\/a>) con traducci\u00f3n de Iv\u00e1n Salinas.<\/p>\n<p>En una ciudad, miles de mujeres se han vuelto adictas al uso del escoto, un objeto misterioso cuyos efectos sobre el cuerpo y la mente no son del todo claros. Beatriz, quien se niega a utilizar el escoto, se angustia cuando Elena, de quien est\u00e1 enamorada, pierde su trabajo a causa de la adicci\u00f3n y no quiere dejarla.<\/em><\/p>\n<div align=center>*<\/div>\n<p>(&#8230;)<\/p>\n<p>&#8211;A lo mejor, no s\u00e9, se puede hablar con alguien de m\u00e1s arriba que Mendiola&#8230; Podemos, no s\u00e9, decirles de todas las veces que \u00e9l se ha, que has hecho su trabajo y que no te, no te ha dado cr\u00e9dito.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;\u00bf Esa es tu gran idea?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Beatriz baja la vista.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;\u00bfY a qui\u00e9n le vamos a decir? Todos son iguales. Adem\u00e1s te digo que no quiero. \u00bfQu\u00e9 es muy dif\u00edcil de entender?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Elena no es tonta: ya debe saber que como Beatriz vive lejos, acostumbra llegar a su propia casa despu\u00e9s de medianoche.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero ninguna de las dos dice nada m\u00e1s mientras Elena se arrebuja en las s\u00e1banas y saca, del caj\u00f3n de la mesa de noche, la caja de cart\u00f3n. La abre.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El escoto es un cilindro de madera, largo y curvado. Ahora que lo ve por primera vez, Beatriz recuerda todas las comparaciones habituales; a ella, sin embargo, le parece el remate de un bast\u00f3n, de los que se usaban antes. La superficie de la madera es muy porosa. Beatriz sabe que se usa poni\u00e9ndolo en la palma de la mano.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;Nada m\u00e1s hay que apretarlo &#8211;le dijo Elena, el d\u00eda que lo compr\u00f3&#8211; y pedir un deseo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;\u00bfUn deseo?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;No es cierto, Beatriz &#8211;se ri\u00f3 Elena.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ahora Beatriz pregunta:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;\u00bfDe d\u00f3nde viene ese nombre de \u00abescoto\u00bb?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;No s\u00e9.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;\u00bfNo dec\u00edan que los fabricaban en Ir\u00e1n, o en Cuba?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;\u00bfQu\u00e9?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;Sali\u00f3 en el noticiero.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;\u00bfTambi\u00e9n dec\u00eda que eran obra del diablo?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;No, vaya, no &#8211;Elena se recuesta en el colch\u00f3n&#8211;. Pero \u00bfno te, no te has puesto a pensar que, carajo, Ely, s\u00ed sabes que s\u00f3lo funciona con mujeres?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;Como las toallas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;No, Ely, en serio, \u00bfno se te hace raro? S\u00ed has visto, \u00bfno? Que a los hombres no les hace efecto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Elena recarga su cabeza en la almohada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;S\u00ed, Beatriz, s\u00ed he visto. \u00bfQu\u00e9 importancia tiene? Al menos una cosa que no es versi\u00f3n femenina de otra hecha para hombres&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;\u00bfQu\u00e9 vas a hacer? &#8211;pregunta Beatriz, mientras se aproxima hasta la cabecera de la cama y se inclina, cada vez m\u00e1s, hacia Elena.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ella, despu\u00e9s de un momento, alza una mano y toca la mejilla de Beatriz. Sus dedos son fr\u00edos y la empujan. Beatriz se aparta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;Bety, te agradezco mucho que hayas venido, en serio. S\u00e9 que, bueno, que me aprecias, y que ahorita esto debe ser&#8230; Yo te estimo mucho. No puedo demostrarlo como t\u00fa quisieras, y lo siento. No puedo. Pero&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;Yo te quiero mucho &#8211;dice Beatriz.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;Yo tambi\u00e9n te tengo cari\u00f1o &#8211;dice Elena, y tiende su mano para tocar el hombro de Beatriz. Lo aprieta. Beatriz siente el contacto y piensa que deber\u00eda apartarse, pero no se mueve&#8211;. Voy a estar bien. No te preocupes. Ahorita quisiera&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;\u00bfTienes, c\u00f3mo se llaman, dolores de abstinencia, algo as\u00ed?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;Ay, amiga, c\u00f3mo eres pendeja.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hace meses, en alguna ocasi\u00f3n en la que Elena estaba enferma (tal vez, piensa ahora, no estaba enferma: tal vez fue una de las primeras veces que us\u00f3 el escoto), Beatriz, despu\u00e9s de pensar y dudar mucho, fue sola, despu\u00e9s del trabajo, a un antro. Hasta el nombre le era extra\u00f1o: no hab\u00eda pisado un bar ni una discoteca desde su adolescencia, y se qued\u00f3 ante una mesa en un rinc\u00f3n, durante muchas horas, observando a la gente bailar, tomar, besarse. Alguien lleg\u00f3 hasta ella y le habl\u00f3, le propuso&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ella se levant\u00f3 y sali\u00f3 corriendo. Quiso salir: le reclamaron, en la puerta, el pago de una sola cerveza, que se hab\u00eda entibiado en su botella sin que Beatriz la probara. Pag\u00f3, pero sinti\u00f3 todas las miradas sobre ella y tuvo la impresi\u00f3n de haber hecho algo terrible.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ahora, se yergue y dice:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;S\u00ed, de veras soy pendeja. Estoy aqu\u00ed perdiendo el tiempo, y todo el d\u00eda me la pas\u00e9, todo el d\u00eda sinti\u00e9ndome culpable, toda atorment\u00e1ndome porque no me atrev\u00eda a salirme y venir&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;\u00bfTodo el d\u00eda estuviste&#8230;?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;\u00a1Pens\u00e9 que te hab\u00eda pasado algo!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;\u00bfY te hubieras ido de la oficina as\u00ed nada m\u00e1s? &#8211;Elena se yergue&#8211; Es decir, no, en serio. \u00bfTe hubieras metido en problemas por m\u00ed? \u00bfCon lo mam\u00f3n que es el Mierdola?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;No sab\u00eda, ya te dije, no sab\u00eda si te hab\u00eda pasado, no sab\u00eda&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;Ay, amiga, perd\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Elena vuelve a tomarla del brazo, pero ahora la atrae hacia as\u00ed. La abraza, muy fuerte, y cuando Beatriz responde, tambi\u00e9n la aprieta. Beatriz no quisiera soltarla. Lo hace, sin embargo, cuando Elena afloja un poco la presi\u00f3n de sus brazos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;Eres &#8211;dice Elena&#8211; la mejor&#8230;, de las mejores amigas que he tenido&#8230; No pens\u00e9 que estuvieras tan preocupada. Mira: no voy a salir. No me va a pasar nada. Te prometo que voy a pararle para comer. En serio. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bfS\u00ed?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Beatriz vuelve a sentarse en la cama. No sabe qu\u00e9 hacer.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;Es m\u00e1s, te propongo una cosa: ll\u00e1mame cuando quieras, y si no te contesto&#8230; \u00bfViste d\u00f3nde puse las llaves? Ll\u00e9vatelas. Tengo copia. Ven cuando quieras. No toques ni nada, nom\u00e1s entra.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Beatriz no dice nada. Elena parece a punto de tomar el escoto, pero en vez de hacerlo dice:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;Ay, Beatriz, \u00bfno me entiendes? Es que&#8230; Ay, mira. Vamos a hacer otra cosa. Vamos a hablar, pero m\u00e1s tarde. Primero&#8230;, primero habla con otra persona.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;\u00bfQui\u00e9n?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;La voy a llamar. Se llama Shant\u00e9.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;\u00bfC\u00f3mo?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;Ya sabes qui\u00e9n es, pero creo que no han hablado. Voy a estar bien, \u00bfeh? Te lo prometo. \u00bfHas visto que tenga aspecto de&#8230;, no s\u00e9, de pacheca, de coca?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;No. \u00bfPero a qu\u00e9 viene&#8230;?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;Quiero que te tranquilices. No pasa nada. Espera un momento y la vas a o\u00edr tocar la puerta &#8211;dice Elena, toma el escoto y lo aprieta en su mano derecha.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Su cabeza cae en la almohada y sus ojos se cierran. Beatriz se inclina sobre ella. Los ojos permanecen cerrados, pero se mueven, bajo los p\u00e1rpados, cada vez m\u00e1s r\u00e1pido.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;\u00bfEly? &#8211;dice Beatriz, asustada&#8211; Elena. \u00a1Elena!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Toca su mejilla. Elena no reacciona. Levanta su mano izquierda y la deja caer. Est\u00e1 a punto de ensayar una bofetada, o de intentar levantar a su amiga, tomarla de los hombros, tal vez sacarla de la cama, cuando se oye el timbre. Beatriz respinga, sobresaltada. Se levanta. Nerviosa, camina hasta la sala y se queda a varios pasos de la puerta. No se anima a ver por la mirilla. Vuelven a tocar: es un solo timbrazo r\u00e1pido, como si la persona que toca no tuviese prisa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;\u00bfQui\u00e9n, qui\u00e9n es? &#8211;dice Beatriz.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;Buenas noches &#8211;dice una voz de mujer&#8211;. Mi nombre es Shant\u00e9. Elena acaba de hablarle de m\u00ed.<br \/>\n(&#8230;)<br \/>\n<strong>Copyright \u00a9 Alberto Chimal, M\u00e9xico, 2004<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SHANT\u00c9 Este fragmento pertenece a la novela corta del mismo t\u00edtulo, publicada en el libro \u00c9stos son los d\u00edas (2004); su primera versi\u00f3n se public\u00f3 en El hombre en las dos puertas (2002), un volumen colectivo en homenaje al escritor estadounidense Philip K. Dick. 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