{"id":2868,"date":"2009-04-17T14:48:18","date_gmt":"2009-04-17T19:48:18","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?page_id=2868"},"modified":"2016-10-26T10:18:44","modified_gmt":"2016-10-26T15:18:44","slug":"al-otro-lado-del-muro-cuento","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/poe-2009\/al-otro-lado-del-muro-cuento\/","title":{"rendered":"Al otro lado del muro (cuento)"},"content":{"rendered":"<p>Este cuento de Ulises Paniagua se presenta como un homenaje literario a Edgar Allan Poe. Quienes conozcan la obra de \u00e9ste encontrar\u00e1n todos sus puntos de contacto con la historia que sigue.<\/p>\n<blockquote><p><strong>AL OTRO LADO DEL MURO.<br \/>\nUlises Paniagua<\/strong><\/p>\n<p>I <\/p>\n<p>      El hueco en el muro apareci\u00f3, sin previo aviso, un d\u00eda como cualquier otro. Apenas un boquete m\u00ednimo, al agujero no le confer\u00ed, en un inicio, un mayor valor que el que puedo concederle a una silla o a una p\u00e9sima cuarta de forros. Me di cuenta de que hasta ese momento ni siquiera hab\u00eda contemplado la remota posibilidad de que existiera una habitaci\u00f3n contigua a la que yo moraba. Todo el tiempo que viv\u00ed y trabaj\u00e9 en la bodega llevando el inventario de los libros, supuse que m\u00e1s all\u00e1 de aquel emplasto de tabiques y mortero s\u00f3lo reinaba lo desconocido, algo remoto cuya existencia no me concern\u00eda. Por eso, cuando al arrastrar uno de los pesados libreros, descubr\u00ed por descuido aquel oscuro boquete, mis preocupaciones comenzaron.  <\/p>\n<p>     En su origen, el agujero en la pared no despert\u00f3 m\u00e1s all\u00e1 de una simple inquietud, una curiosidad malsana que, a pesar de su insistencia, me era imposible satisfacer. Fue un efecto dif\u00edcil de describir: algo en aquel boquete me llamaba, pero al mismo tiempo me imped\u00eda acercarme; imagino que desde el inicio de los tiempos, el temor a lo desconocido,  a todo lo ajeno a nuestros sencillos campos de apreciaci\u00f3n, despierta zozobra. Es extra\u00f1o, sucede como con los extensos territorios que conforman la Tierra; una llanura donde se asienta una meseta apacible posee cierta unidad y conformidad, es un espacio amable a nuestros ojos por lo casual que resulta; puede tratarse de una media luna o de una franja eterna al costado de un r\u00edo que no implica una ruptura, un impedimento; pero cuando en dicha llanura, un d\u00eda soleado cualquiera, un grupo de hombres aparece para dividir el territorio en dos partes desiguales, quiero decir, cuando a cualquier hijo de vecina se le ocurre imponer una frontera, la cosa cambia: la meseta se vuelve un signo indescifrable al otro costado del mundo, un monumento fant\u00e1stico que representa aventura o peligro de muerte; es como si el planeta se partiera en dos por la intervenci\u00f3n m\u00ednima de una valla. Un sentimiento similar ofrec\u00eda para m\u00ed aquel hueco. No puedo precisar c\u00f3mo me impuse una tarea tan in\u00fatil, pero la tarde entera la pas\u00e9 sentado frente al hoyo, acurrucado junto a una pila de libros de hojas amarillas y polvorientas, temiendo que en cualquier momento pudiera asomar la cabeza un rat\u00f3n curioso o uno de esos perros de raza <em>terrier escoc\u00e9s<\/em> que tanto repudio me despiertan. Por la noche, sin embargo, pude distraerme un poco leyendo algunos estudios ligeros  de Geograf\u00eda y Bot\u00e1nica, hasta que despu\u00e9s, pasada la medianoche, harto de mantener mi atenci\u00f3n en ese vac\u00edo inamovible, decid\u00ed dormir un poco. <\/p>\n<p>      La ma\u00f1ana siguiente mis peores temores se confirmaron. La pas\u00e9 al borde de un ataque de ansiedad. Empec\u00e9 a escuchar voces del otro lado, murmullos mon\u00f3tonos y apagados sin ninguna malicia ni inflexi\u00f3n particular que, sin embargo, me hicieron sentir desconfianza. Intent\u00e9 aguzar el o\u00eddo mientras permanec\u00eda quieto, con las manos en acecho sobre la pasta dura del tomo s\u00e9ptimo de la Enciclopedia Espa\u00f1ola; pude comprobar entonces, bajo un absoluto silencio, que la lengua de los vecinos era distinta a la m\u00eda. Hablaban un poco aprisa, pero su acento era m\u00e1s bien musical, las vocales parec\u00edan suavizarse cuando su conversaci\u00f3n manten\u00eda un tono cotidiano; en contraste, la dureza de las consonantes se impon\u00eda en momentos \u00e1lgidos. Supe en ese momento que bastaba acercarme, colocar mi o\u00eddo sobre el encalado de la pared, e iniciar, como quien no quiere la cosa, una conversaci\u00f3n casual con las personas que se hallaban a escasos metros, al otro lado; sin embargo, la idea de parecer rid\u00edculo a los desconocidos por  la rudeza de mi idioma me imped\u00eda cualquier intento por establecer un v\u00ednculo verbal. No sab\u00eda con qui\u00e9n estaba tratando, no sab\u00eda qu\u00e9 podr\u00edan contestar. Quiz\u00e1s se tratara de un grupo de personas descorteses y majaderas que se reir\u00edan de mis palabras. Tal vez me contestara el l\u00edder espiritual de alguna secta in\u00e9dita. Peor a\u00fan: podr\u00eda haber alguna t\u00eda lejana en aquel cuarto, quien estuviera tratando de jugarme una mala broma, y el hecho de que pudiera, mediante la mofa, enterarse de mi vergonzosa labor en la bodega de libros, no era algo que me entusiasmara mucho. Reflexionando un poco para  armarme de valor, decid\u00ed que seguro ninguna de las personas que viv\u00edan al otro lado estaba contenta con el boquete; que era muy probable que experimentaran la misma sensaci\u00f3n de abandono y alarma que yo, aunque pudieran fingir de maravilla vali\u00e9ndose de un tono despreocupado e impersonal; m\u00e1s a\u00fan, que tal vez el motivo de los ligeros desacuerdos en su conversaci\u00f3n fuera la incomodidad de mi presencia una vez que, al mover el librero, destru\u00ed la fr\u00e1gil distancia que permit\u00eda sentirnos ajenos al otro. Una hora o dos los escuch\u00e9, intentando deducir alg\u00fan vocablo que brindara una pista sobre su misteriosa nacionalidad, pero el tono  sosegado que adquirieron a partir de mi silencio me imped\u00eda descifrar cualquier palabra. Entonces, en un giro inesperado, una de los voces emiti\u00f3 una especie de protesta, un suave desacuerdo, y ante mi asombro, pude escuchar sus pasos apresurados abandonando la habitaci\u00f3n. Me qued\u00e9 sentado algunos minutos, evidentemente en desconcierto, un poco intimidado ante la posibilidad de que s\u00f3lo pudieran estar fingiendo la huida, mientras me espiaban complacidos a trav\u00e9s de la rendija min\u00fascula; o lo que era peor, me aterraba el riesgo de que derribaran a patadas, y de repente, la puerta de mi departamento, para reclamarme en su lengua perturbadora la imperdonable invasi\u00f3n a su hogar. Despu\u00e9s de esperar un buen rato, pude darme cuenta de que ninguna de las dos situaciones tendr\u00eda lugar, as\u00ed que, liberando un poco la tensi\u00f3n del acercamiento, me di a la tarea de leer uno o dos cap\u00edtulos sobre el nacimiento y desarrollo de la numerolog\u00eda occidental, en un follet\u00edn de no m\u00e1s de cincuenta p\u00e1ginas. <\/p>\n<p>      Por la tarde, en un intento desesperado por superar aquello que ya alcanzaba tintes obsesivos, coloqu\u00e9 la silla de mi escritorio para quedar de espaldas al hueco. De esta manera pod\u00eda ignorarlo. Pero pronto este gesto me pareci\u00f3 insuficiente; as\u00ed que, lentamente, decid\u00ed trasladar mi escritorio hasta la otra esquina de la bodega. Lo \u00fanico que pod\u00eda contemplar en esta posici\u00f3n eran las obras completas de un tal Archiduque de Wellington, que pese a las circunstancias, no me despertaba inter\u00e9s alguno. S\u00f3lo as\u00ed me sent\u00ed reconfortado; s\u00f3lo as\u00ed pude concentrarme en mis labores. Entre el acomodo met\u00f3dico de los  tratados  de Arist\u00f3teles  en una repisa al alcance de mi mano, y los ensayos de Camus, cronol\u00f3gicamente ordenados, consegu\u00ed distraerme. <\/p>\n<p>     Por un tiempo, una semana o dos, logr\u00e9 controlar la inquietud; pero un lunes muy temprano, cuando me preparaba a iniciar la jornada, me percat\u00e9 de que el boquete era m\u00e1s grande, y que si me esforzaba lo suficiente pod\u00eda tenderme sobre la alfombra y descubrir en plenitud el espacio cotidiano que conten\u00edan las paredes del edificio vecino. La sola idea, por supuesto, me produjo una repulsi\u00f3n incontrolable.  Justo en medio de mi desasosiego, una m\u00fasica suave y pla\u00f1idera comenz\u00f3 a emerger del hueco. Algunos acordes de un vals repetitivo. Acompa\u00f1ando el ritmo de la m\u00fasica, un olor inc\u00f3modo aunque familiar  se adentr\u00f3 a la bodega. Un olor fresco y persistente, de aceite para limpiar muebles, invadi\u00f3 mi intimidad. Mientras la m\u00fasica continuaba su marcha decidida a trav\u00e9s de los lambrines y las repisas de la bodega, una serie de pasos presurosos y cortos me indicaron que alguien del otro lado estaba dejando la habitaci\u00f3n. Imagin\u00e9, fuera de control y en un lapso no mayor  a un minuto, un pozo sin fondo donde el vac\u00edo se lo tragaba todo; una mancha oscura donde la vida no podr\u00eda germinar; un caracol con las paredes tapiadas; un t\u00fanel de subterr\u00e1neo sin salida posible; una bifurcaci\u00f3n interminable de pasillos sordos y enmohecidos que conduc\u00edan ante una enorme tapia carente de significado.  <\/p>\n<p>     Tom\u00e9, en ese momento, una determinaci\u00f3n desesperada que cre\u00ed no hab\u00eda manera de revocar: busqu\u00e9, debajo de una horrible edici\u00f3n empastada de Las trampas de la fe, un martillo despostillado que utilizaba para destrozar las obras prohibidas, y arrancando un pedazo de madera de una repisa vieja, del que colgaban un  par de clavos romos, me decid\u00ed a cerrar el hueco. Con los instrumentos necesarios, di media vuelta y enfrent\u00e9 el boquete, dispuesto a todo. <\/p>\n<p>II <\/p>\n<p>      Hace d\u00edas que no he vuelto a la bodega; hace d\u00edas que no como ni duermo bien, apretando los dientes entre las s\u00e1banas rasposas de un sucio motel. Hoy, humillado por mi cobard\u00eda, le ped\u00ed a algunos amigos de la infancia que hace a\u00f1os no buscaba, me ayuden con la mudanza de los anaqueles y los libros. Todav\u00eda, en un gesto t\u00edmido, sin acceder a la satisfacci\u00f3n de su curiosidad, le ped\u00ed a uno de ellos que llevara consigo martillo y clavos para concluir una labor que yo hab\u00eda dejado pendiente. <\/p>\n<p>     Me hicieron muchas preguntas acerca de mis tareas en la bodega y el por qu\u00e9 de mis estremecimientos s\u00fabitos. No quise explicar nada, y ellos, leales como lo han sido durante toda la vida, no insistieron en interrogarme. Sin embargo, temo que puedan molestarse un tanto conmigo cuando, despu\u00e9s de subir la escalera y llegar al tercer piso, yo invente cualquier excusa est\u00f9pida para no tener que asomarme por la puerta, y de esta manera evitar cualquier posibilidad de enfrentarme al hueco inexplicable. Pero no importa, el rato embarazoso que me espera se ver\u00e1 m\u00e1s que recompensado cuando deje de una vez por todas la habitaci\u00f3n reducida y su inquietante misterio. Espero pronto, despu\u00e9s de la mudanza apresurada, establecerme en un espacio menos adverso, un lugar donde no haya necesidad de tolerar boquetes en la pared ni escuchar los restos de una conversaci\u00f3n ininteligible y aterradora. Aunque reconozco, en el colmo de la verg\u00fcenza, que nada me sorprender\u00eda m\u00e1s que enterarme, por boca de mis amigos y una vez que hayamos subido al tercer piso, que de la misma manera inexplicable como fue abierto, el hueco pudiera aparecer ante sus ojos, tapiado con una plasta de cemento fresco y pulido, que impida cualquier asomo hacia la habitaci\u00f3n vecina. <\/p>\n<p><strong>&copy; Ulises Paniagua, 2006<\/strong><\/p><\/blockquote>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Este cuento de Ulises Paniagua se presenta como un homenaje literario a Edgar Allan Poe. Quienes conozcan la obra de \u00e9ste encontrar\u00e1n todos sus puntos de contacto con la historia que sigue. AL OTRO LADO DEL MURO. Ulises Paniagua I El hueco en el muro apareci\u00f3, sin previo aviso, un d\u00eda como cualquier otro. 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