{"id":14604,"date":"2018-08-27T12:04:40","date_gmt":"2018-08-27T17:04:40","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?page_id=14604"},"modified":"2018-08-27T12:04:40","modified_gmt":"2018-08-27T17:04:40","slug":"historia-de-la-eternidad","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/textos\/historia-de-la-eternidad\/","title":{"rendered":"Historia de la eternidad"},"content":{"rendered":"<h1>Historia de la eternidad<\/h1>\n<p style=\"text-align: right;\">Alan Moore, <em>Jerusalem<\/em>. Nueva York, Liveright, 2016. 1280 pp.<\/p>\n<p>Este libro reciente no se ver\u00eda fuera de lugar entre las novelas \u201ctotales\u201d del siglo XX. Es una narraci\u00f3n de muy largo aliento, densa y repleta de personajes, acontecimientos y reflexiones, con inter\u00e9s en numerosos periodos hist\u00f3ricos y en grandes temas de su propio tiempo, que examina desde muchos puntos de vista para intentar grandes conclusiones: una visi\u00f3n coherente de la existencia humana.<\/p>\n<p>M\u00e1s todav\u00eda, esa visi\u00f3n incluye la historia y la pol\u00edtica, la cultura \u201cpopular\u201d y la otra; recurre a pastiches de numerosos estilos literarios y a crear decenas de voces diferentes; tiene algunas porciones de autoficci\u00f3n o al menos de autobiograf\u00eda ficcionalizada; tiene tambi\u00e9n largas tramas que exploran nada menos que el sentido \u00faltimo de la vida y su valor en el universo.<\/p>\n<p>Y pr\u00e1cticamente todo ocurre en un \u00fanico escenario: el barrio pobre de los Condados (Boroughs) de la ciudad inglesa de Northampton, en la que su autor, Alan Moore, naci\u00f3 en 1953 y vive todav\u00eda. Pasado, presente y futuro se resumen en esa \u00e1rea, de poco m\u00e1s de un kil\u00f3metro cuadrado, en la que numerosas vidas comienzan y terminan sin consecuencias aparentes, pero en la que (tambi\u00e9n) se entrev\u00e9 una cosmogon\u00eda visionaria, fant\u00e1stica. El universo de Moore es la <em>everness<\/em> de John Wilkins y de Borges: nada se pierde pues todo suceso, por nimio que sea, se guarda, o mejor dicho est\u00e1 prefijado \u2013existe de manera incesante\u2013 en la eternidad. La realidad es comprensible s\u00f3lo desde esa dimensi\u00f3n sin tiempo, superpuesta al mundo f\u00edsico, que puede ser intuida por videntes y locos y est\u00e1 regida por criaturas inauditas. En ella, los vivos y los muertos repetimos una y otra vez nuestros momentos de torpeza, de horror o de felicidad.<\/p>\n<p>La ambici\u00f3n de <em>Jerusalem<\/em> ser\u00eda inusitada hasta en una \u00e9poca menos hostil a las obras enormes. Est\u00e1 en su imaginaci\u00f3n impresionante, la amplitud de su investigaci\u00f3n hist\u00f3rica, la originalidad de sus puntos de vista y hasta sus tropiezos (ocasionalmente Moore es pomposo, no todos sus experimentos formales tienen \u00e9xito y su representaci\u00f3n de la violencia de g\u00e9nero deja que desear). Pero esa desmesura es una medida de su valor: es una de \u201clas grandes obras, imperfectas, torrenciales, las que abren caminos en lo desconocido (\u2026) los combates de verdad\u201d de los que escribi\u00f3 Bola\u00f1o en <em>2666<\/em>, su propia obra desbordada e inabarcable. Una narraci\u00f3n espectacular, compasiva, amarga, vertiginosa sobre los despose\u00eddos: sobre la mayor\u00eda de nosotros.<\/p>\n<p>Rese\u00f1as tempranas de <em>Jerusalem<\/em> quer\u00edan enlazarla con el trabajo de Moore como guionista de c\u00f3mic, por el que goza de fama mundial desde hace treinta a\u00f1os. Desde luego, muchos temas centrales de la novela son los de la obra entera de Moore, que tambi\u00e9n abarca performance, poes\u00eda y cine experimental y ha utilizado en repetidas ocasiones el homenaje literario, la idea de la predestinaci\u00f3n, los m\u00e9todos de la novela hist\u00f3rica y la experiencia visionaria. Pero tambi\u00e9n se debe considerar la parentela novelesca del libro, desde <em>Lanark<\/em> de Alasdair Gray o <em>Diccionario j\u00e1zaro<\/em> de Milorad Pavic hasta <em>La casa de hojas<\/em> de Mark Z. Danielewski: textos intrincados que responden no s\u00f3lo a aspiraciones est\u00e9ticas sino al reconocimiento, por parte de sus creadores, de la posici\u00f3n peculiar que cada uno ocupa en el espacio, en el tiempo y en la sociedad en los que viven. Para Moore, en los Condados est\u00e1n su propia vida, su crianza en una familia proletaria y la memoria de la comunidad entera, menospreciada por la historiograf\u00eda de los encumbrados o los poderosos debido a su pobreza: a su falta de influencia en los \u201cgrandes sucesos\u201d. En <em>Jerusalem<\/em> aparecen Oliver Cromwell, Lucia Joyce (la hija de James, que muri\u00f3 en un hospital psiqui\u00e1trico de Northampton) y otros famosos, pero el lugar de privilegio lo ocupan los propios habitantes del barrio: mujeres y hombres que deben afanarse todos los d\u00edas para ganarse la vida, son v\u00edctimas de enfermedades y accidentes y al observar su entorno concluyen, de manera bastante razonable, que nada puede cambiar. El fatalismo de <em>Jerusalem<\/em> es el producto de generaciones de postergamiento: de progreso material que siempre beneficia m\u00e1s a otros y de promesas siempre incumplidas por parte del poder.<\/p>\n<p>Los actos de reivindicaci\u00f3n de una novela no son m\u00e1s que literatura, evidentemente, pero en <em>Jerusalem<\/em> tambi\u00e9n buscan reclamar, como m\u00ednimo, la capacidad creadora: el derecho a la propia representaci\u00f3n \u2013y a la propia representaci\u00f3n inventiva, poderosa\u2013 que muchos suponen confinado a las \u00e9lites.<\/p>\n<p>El episodio inicial de la novela ocurre en el siglo XIX: Ernest Vernall, un trabajador analfabeto, enloquece al encontrarse con un \u00e1ngel y, adem\u00e1s de terminar en la ruina, aprende a escribir una sola palabra misteriosa, cuyo sentido se revelar\u00e1 cientos de p\u00e1ginas m\u00e1s tarde. El \u00e1ngel dice palabras como estas:<\/p>\n<blockquote><p><em>Theis whille beye veery haerdt foure yew<\/em><\/p><\/blockquote>\n<p>Es f\u00e1cil leer y hallar un sonido semejante al de la oraci\u00f3n inglesa \u201cThis will be very hard for you\u201d (Esto ser\u00e1 muy dif\u00edcil para ti), pero inmediatamente despu\u00e9s el texto revela que las palabras se desdoblan, se amplifican en la mente del escucha, y terminan convertidas en un pasaje mucho m\u00e1s extenso y complejo sobre el impacto destructivo que el descubrimiento de lo trascendente puede tener en la conciencia humana, al confrontarla con sus limitaciones y la certidumbre de la muerte. Algo, en efecto, muy dif\u00edcil.<\/p>\n<p>En la ficci\u00f3n popular que Alan Moore conoce tan bien, es habitual que una narraci\u00f3n retome detalles de otras previamente publicadas y los reinterprete en un nuevo contexto, en el que son \u201cexplicados\u201d de formas imprevistas por sus creadores originales. <em>Jerusalem<\/em> hace esto \u2013pobres de quienes tengan la tarea de traducirlo a otros idiomas\u2013 con el idioma experimental de <em>Finnegans wake<\/em>, repleto de <em>portmanteaus<\/em> con m\u00faltiples sentidos. Aquella habla sint\u00e9tica y alarmante resulta haber sido, <em>siempre<\/em>, el idioma de los \u00e1ngeles: siempre parte del universo inventado, o vislumbrado, por un intruso en la fiesta de post\u00edn de la literatura.<\/p>\n<p><em>[Esta rese\u00f1a apareci\u00f3 en 2017 en la revista <\/em>Letras Libres<em>]<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Historia de la eternidad Alan Moore, Jerusalem. Nueva York, Liveright, 2016. 1280 pp. Este libro reciente no se ver\u00eda fuera de lugar entre las novelas \u201ctotales\u201d del siglo XX. Es una narraci\u00f3n de muy largo aliento, densa y repleta de personajes, acontecimientos y reflexiones, con inter\u00e9s en numerosos periodos hist\u00f3ricos y en grandes temas de&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":14606,"parent":6609,"menu_order":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","template":"","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"jetpack_post_was_ever_published":false,"footnotes":""},"class_list":["post-14604","page","type-page","status-publish","has-post-thumbnail","hentry"],"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/PjEhq-3Ny","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/14604","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/pages"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/page"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=14604"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/14604\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":14607,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/14604\/revisions\/14607"}],"up":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/6609"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/14606"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=14604"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}