{"id":14285,"date":"2017-12-14T17:13:33","date_gmt":"2017-12-14T23:13:33","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?page_id=14285"},"modified":"2017-12-14T17:25:58","modified_gmt":"2017-12-14T23:25:58","slug":"generacion-z-lo-que-no-y-lo-que-nunca","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/textos\/generacion-z-lo-que-no-y-lo-que-nunca\/","title":{"rendered":"Generaci\u00f3n Z: lo que no y lo que nunca"},"content":{"rendered":"<h1>GENERACI\u00d3N Z: LO QUE NO Y LO QUE NUNCA<\/h1>\n<p>Este ensayo se public\u00f3 en el libro <em>La generaci\u00f3n Z<\/em> (2012) y recibi\u00f3 una posdata adicional para aparecer <a href=\"http:\/\/www.fronterad.com\/?q=generacion-z-en-mexico-lo-que-no-y-lo-que-nunca\">en el portal <em>FronteraD<\/em><\/a><em>.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<p><span class=\"cap\">E<\/span>l nombre de <em>generaci\u00f3n Z,<\/em> pensado para cierto grupo de autores mexicanos, no tiene nada que ver con el narcotr\u00e1fico. Es un juego m\u00e1s que una marca y tiene que ver con los zombis: con la figura del zombi, o tal vez con su esp\u00edritu.<\/p>\n<p>La explicaci\u00f3n se divide en dos partes (y tiene un ep\u00edlogo completado en 2013):<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>1. Melanc\u00f3lica<\/strong><\/p>\n<p align=\"left\">Hace falta todav\u00eda contar una historia de los escritores, y en especial los narradores, de mi edad: los que se acercaban a los treinta a\u00f1os cuando comenz\u00f3 el siglo. Hace unos a\u00f1os hubo cierta pol\u00e9mica alrededor de nosotros; no se enter\u00f3 casi nadie m\u00e1s all\u00e1 de los propios colegas, como suele suceder en M\u00e9xico, pero la discusi\u00f3n gir\u00f3 alrededor de algunos libros de entonces, su m\u00e9rito o su falta de m\u00e9rito, lo poco que se parec\u00edan a una obra maestra como las de las grandes figuras, y lo que esto implicaba para la <em>generaci\u00f3n<\/em>. Este t\u00e9rmino se volvi\u00f3 mala palabra. Muchas personas hablaban de la <em>generaci\u00f3n<\/em> s\u00f3lo para recalcar que no estaban en la <em>generaci\u00f3n<\/em> y casi nadie fue m\u00e1s all\u00e1 de parecidas observaciones enojadas o despectivas: nadie se refiri\u00f3 jam\u00e1s, por ejemplo, a <em>La idea de las generaciones,<\/em> aquel ensayo famoso de Ortega y Gasset sobre el asunto. La invitaci\u00f3n a vernos como el peri\u00f3dico de ayer o los coches del a\u00f1o pasado fue la crisis de los cuarenta que nos regalaron, sobre todo, amigos y conocidos de edad ligeramente menor.<\/p>\n<p align=\"left\">Hubo, sin embargo, una afirmaci\u00f3n\u00a0 interesante que se repiti\u00f3 varias veces. La gente de la <em>generaci\u00f3n<\/em>, se dec\u00eda, no tiene una propuesta com\u00fan. Los textos que han publicado no comparten una po\u00e9tica. Todos est\u00e1n, en fin, dispersos: desunidos cuando, supuestamente, los de otras generaciones habr\u00edan escrito de modo m\u00e1s concertado y esto habr\u00eda sido mejor. La idea ya se hab\u00eda usado para hablar de autores apenas un poco mayores \u2013nacidos en la segunda mitad de los a\u00f1os sesenta\u2013 en el pr\u00f3logo de la antolog\u00eda <em>Dispersi\u00f3n multitudinaria<\/em>, compilada por Roberto Max y Leonardo Da Jandra y publicada en 1997; diez a\u00f1os despu\u00e9s la imagen de la <em>generaci\u00f3n<\/em> dispersa se repiti\u00f3 en muchas ocasiones y se volvi\u00f3 popular.<\/p>\n<p>La imagen, por otro lado, es falsa.<\/p>\n<p align=\"left\">En los mismos a\u00f1os noventa hubo una tendencia que siguieron muchos narradores principiantes de la <em>generaci\u00f3n<\/em>: una m\u00e1s popular que cualquier otra de su momento. Los libros que le sirven ahora de testimonio comenzaron a aparecer precisamente alrededor de 1997: eran novelas y colecciones de cuentos publicados por personas nacidas en los primeros a\u00f1os de los setenta o un poco antes; en general apenas hab\u00eda quien rebasara la treintena. Casi todos esos libros fueron publicados por editoriales independientes, casi subterr\u00e1neas, o bien por el estado; s\u00f3lo unos pocos aparecieron en los cat\u00e1logos de empresas como Planeta, Plaza y Jan\u00e9s, Oc\u00e9ano u otras. En su momento, los lectores simplemente no percibimos que todos compart\u00edan varios rasgos comunes: narradores pasivos y contemplativos, tramas casi desprovistas de acontecimientos \u2013aunque algunas de sus premisas iniciales fueran estramb\u00f3ticas o escandalosas\u2013, un ambiente urbano y contempor\u00e1neo visto de manera no desapasionada pero s\u00ed distante y, sobre todo, una sensaci\u00f3n de desencanto: profunda melancol\u00eda que desembocaba en amargura, en efusiones sentimentales o en observaciones c\u00ednicas sobre una realidad hostil.<\/p>\n<p align=\"left\">Este grupo de textos afines apareci\u00f3, simplemente, sin que mediara ning\u00fan plan ni manifiesto. Algunos tend\u00edan a lo experimental, otros se centraban en la exploraci\u00f3n de personajes, otros en tramas entendidas de manera m\u00e1s convencional, pero los temas centrales eran siempre dos: el tiempo y la memoria, y todas las historias desembocaban en la misma idea de un da\u00f1o o una p\u00e9rdida: en angustia ante el existir en un mundo donde ya nada es posible y s\u00f3lo se puede repasar lo que fue, lo ya irremediable, <em>lo que no y lo que nunca<\/em>.<\/p>\n<p align=\"left\">Abundaban ejemplos de la voz narrativa que no pod\u00eda comenzar a contar su historia, de modo an\u00e1logo al del narrador de <em>El libro vac\u00edo,<\/em> de Josefina Vicens; hab\u00eda personajes vueltos caricatura en bares (con ecos de John Fante o de Charles Bukowski) o dedicados a repetir la misma serie de consideraciones sobre la desesperaci\u00f3n o el abandono; hab\u00eda tambi\u00e9n tramas que optaban por la violencia o la sordidez constantes, o bien que reduc\u00edan al m\u00ednimo su propio peso al contarse como largos pasajes retrospectivos que despu\u00e9s eran cuestionados o matizados por sus propios narradores. Tal vez sin que sus autores los hubiesen le\u00eddo, muchos recordaban tambi\u00e9n a libros como <em>Los largos d\u00edas,<\/em> de Joaqu\u00edn Armando Chac\u00f3n, o <em>Ahora que me acuerdo,<\/em> de Agust\u00edn Ramos, que intentaron articular la decepci\u00f3n de quienes hab\u00edan vivido las luchas pol\u00edticas de los a\u00f1os sesenta tras la masacre de Tlatelolco en 1968 y el comienzo de la \u201cguerra sucia\u201d mexicana en los a\u00f1os setenta. No todos escrib\u00edamos este tipo de narraciones, y m\u00e1s de uno entre quienes escrib\u00edamos algo distinto las miraba con desconfianza, pero \u00e9ramos \u2014evidente, visiblemente\u2014 una minor\u00eda.<\/p>\n<p align=\"left\">Pienso ahora que este grupo no llam\u00f3 la atenci\u00f3n como podr\u00eda haberlo hecho por dos razones. Por un lado, los textos eran parte del esp\u00edritu de la \u00e9poca. El <em>fin de siglo,<\/em> con sus asociaciones apocal\u00edpticas, se hab\u00eda puesto de moda gracias a los medios y se explotaba en ellos de muchas formas; a la vez, tras la ca\u00edda del Muro de Berl\u00edn y de la mayor\u00eda de los reg\u00edmenes comunistas en los tempranos noventa, otra noci\u00f3n popular era la del <em>fin de la historia, <\/em>a partir del libro del polit\u00f3logo estadounidense Francis Fukuyama, muy discutido en ese tiempo aunque casi nadie lo hubiera le\u00eddo. La burgues\u00eda m\u00e1s o menos ilustrada a la que pertenec\u00eda el grueso de los escritores que \u00e9ramos j\u00f3venes entonces se hab\u00eda quedado sin asidero ideol\u00f3gico, o por lo menos sin sustento para una serie de ideas fr\u00edvolas y optimistas sobre el futuro que hab\u00edan sido parte de nuestra educaci\u00f3n sentimental y de la cultura popular desde nuestra infancia. Hab\u00edamos heredado estas ideas de la contracultura de los a\u00f1os sesenta y hab\u00edamos reflexionado tan poco sobre ellas como sobre el libro de Fukuyama o las profec\u00edas de Nostradamus.<\/p>\n<p align=\"left\">Adem\u00e1s, segu\u00edamos resintiendo el golpe de la crisis econ\u00f3mica y pol\u00edtica de finales de 1994: a pesar del entusiasmo que todav\u00eda provocaba el movimiento del EZLN (Ej\u00e9rcito Zapatista de Liberaci\u00f3n Nacional) en Chiapas, el \u00e1nimo general se encontraba en un estado semejante al descrito por <em>Generaci\u00f3n X,<\/em> de Douglas Coupland, aquel libro ya olvidado pero que tanto influy\u00f3, tambi\u00e9n, en el imaginario de la \u00e9poca. Las promesas del futuro hab\u00edan resultado ser mentiras; nuestras <em>posibilidades de desarrollo<\/em> no eran mayores sino menores que las que hab\u00edan tenido nuestros padres; hab\u00edamos llegado tarde a la historia que pod\u00edamos comprender y lo que se vislumbraba no era claro ni reconfortante.<\/p>\n<p align=\"left\">La narrativa del tiempo y la memoria documenta, siempre, sufrimientos y pareceres individuales alrededor de esta visi\u00f3n de lo incierto y de la desorientaci\u00f3n de un momento en el que \u2013de modo muy semejante a como sucedi\u00f3 en Europa en el periodo entre las dos guerras mundiales\u2013 los valores y el pensamiento tradicionales estaban en crisis. El cinismo del temprano siglo XXI tiene su precursor en la perplejidad y el desconsuelo de muchas historias de este momento, cuyos personajes ensayan con frecuencia, mediante prueba y error, formas de articular su pasado (aunque sea para descubrir que es irrecuperable) o de resignarse y soportar su presente.<\/p>\n<p align=\"left\">Por otra parte, las historias de ese momento y ese \u00e1nimo apenas dejaron huella. La causa fue, sobre todo, que la mayor\u00eda de los textos apenas se difundieron. Durante los noventa hubo un gran auge de la publicaci\u00f3n <em>no comercial<\/em> de escritores j\u00f3venes, al amparo de proyectos independientes o contraculturales o de iniciativas del estado como el <a href=\"http:\/\/www.conaculta.gob.mx\/\">Conaculta<\/a>, pero el aumento en la publicaci\u00f3n no estuvo acompa\u00f1ado por nuevas formas de distribuci\u00f3n que le permitieran llegar m\u00e1s all\u00e1 de unos pocos lectores: todo esto ocurri\u00f3 justamente <em>antes<\/em> de que las tecnolog\u00edas de internet se volvieran populares y modificaran por completo, como lo han hecho, las alternativas de la edici\u00f3n independiente en el pa\u00eds. Para ser precisos, de hecho, la mayor\u00eda de los textos del tiempo y la memoria no aparecieron siquiera en libros, sino en revistas: publicaciones de tirada diminuta, casi invariablemente de corta vida, con nombres como <em>Ostraco<\/em>, <em>Pedimos la palabra<\/em> o <em>Cuadernos del canguro bols\u00f3n<\/em>, o bien en colecciones de<em> plaquettes<\/em>. Y los libros ten\u00edan, en general, los mismos problemas que estas publicaciones. Aunque en algunas hemerotecas se pueden encontrar ejemplares de revistas y <em>plaquettes<\/em> y tambi\u00e9n documentos acerca de la recepci\u00f3n y cr\u00edtica de muchos libros \u2013rese\u00f1as, noticias de presentaciones, etc\u00e9tera\u2013 lo cierto es que casi todos los tirajes quedaron sin leerse m\u00e1s all\u00e1 del c\u00edrculo muy reducido de los conocidos de sus autores y el <em>medio<\/em> literario en el que se desenvolvieran. De esta manera se encontr\u00f3 mi <em>generaci\u00f3n <\/em>con el problema de la ausencia de grandes masas de lectores, que es de todo occidente desde comienzos del siglo XX pero m\u00e1s agudo en un pa\u00eds como M\u00e9xico, con el sistema educativo en crisis perpetua que tenemos.<\/p>\n<p align=\"left\">Hay que agregar, por supuesto, que la <em>calidad<\/em> de lo publicado era irregular, como cab\u00eda esperar, y en general no muy elevada. De los libros, quedan pocos siquiera con alg\u00fan inter\u00e9s hist\u00f3rico y s\u00f3lo un pu\u00f1ado de ellos merece releerse y reconsiderarse; entre esos pocos textos rescatables estar\u00edan <em>Marcos\u2019 fashion<\/em> (1997), de Edgardo Bermejo \u2013cuyo subt\u00edtulo podr\u00eda haber sido un lema: \u201cde c\u00f3mo sobrevivir al derrumbe de las ideolog\u00edas sin perder el estilo\u201d\u2013; <em>Tr\u00e1nsito obligatorio<\/em> (1995), de Alejandra Bernal; <em>Los extraditables<\/em> (1999), de Marcela Rodr\u00edguez Loreto, y los que me parecen los tres mejores de todo ese movimiento virtual, descentrado pero no inexistente: <em>No volver\u00e1n los trenes<\/em> (1998), de Andr\u00e9s Acosta; <em>La risa de las azucenas <\/em>(1997), de Socorro Venegas, e <em>Y por qu\u00e9 no tenemos otro perro<\/em> (1997), de Jos\u00e9 Ram\u00f3n Ruis\u00e1nchez.<\/p>\n<p align=\"left\">Un resumen de la narrativa de mi <em>generaci\u00f3n<\/em> hecho en ese momento y centrado en los textos del tiempo y la memoria, como si \u00e9stos fueran todo lo que hubi\u00e9semos podido producir, ser\u00eda injusto, evidentemente, pero no es posible negar que, a pesar de muchos momentos estimables e incluso brillantes, ninguno de estos libros podr\u00eda considerarse la mejor obra de sus autores ni un libro central de la narrativa mexicana.<\/p>\n<p align=\"left\">En los primeros a\u00f1os del siglo XXI, la narrativa del tiempo y la memoria desapareci\u00f3.<\/p>\n<p align=\"left\">Ahora da la impresi\u00f3n de que ocurri\u00f3 de la noche a la ma\u00f1ana: el <em>grupo<\/em> del tiempo y la memoria, que no hab\u00eda terminado de destacarse ni ofrecido una obra maestra, dej\u00f3 de representar una tendencia mayoritaria porque la mayor\u00eda de sus autores, simplemente, dej\u00f3 de escribir. <em>\u00c9sta<\/em>, y no las que le han colgado luego, es la derrota de la narrativa de mi <em>generaci\u00f3n<\/em>: todas se desgastan, por supuesto, y en ese desgaste todas demuestran la necesidad de la persistencia (la verdad de la imagen de la escritura literaria como una carrera de resistencia), pero lo sucedido fue el equivalente de una extinci\u00f3n en masa: probablemente el fin de miles de carreras y proyectos. \u00bfQu\u00e9 produjo el desencanto de tantas personas? Adem\u00e1s de las razones individuales de cada autor, que rara vez podr\u00e1n determinarse, los \u00faltimos a\u00f1os del siglo XX y los primeros del XXI fueron de pasmo y desconcierto general: a las convulsiones locales se agregaron cambios violentos en el mundo entero que no s\u00f3lo fueron profundos sino que llegaron muy r\u00e1pidamente, uno tras otro, durante a\u00f1os. El presente comenz\u00f3 a cambiar muy velozmente cuando \u2013pienso\u2013 todav\u00eda no nos acostumbr\u00e1bamos como <em>generaci\u00f3n<\/em> a las circunstancias que parec\u00edan habernos tocado a comienzos de los a\u00f1os noventa, o peor todav\u00eda: cuando muchos escritores ya hab\u00edan fijado sus temas y sus obsesiones. \u00c9stas se volvieron obsoletas: la reflexi\u00f3n sobre el tiempo y la memoria dej\u00f3 de tener sentido antes de que hubiese podido dar sus mejores frutos. A todo lo que ya se hab\u00eda vivido se agreg\u00f3 la popularizaci\u00f3n del uso de internet (que ahora parece un cambio mucho m\u00e1s profundo que los otros), el surgimiento del <em>nuevo orden mundial<\/em> y, en M\u00e9xico, el paso a una nueva etapa de nuestra lent\u00edsima transici\u00f3n democr\u00e1tica, que no s\u00f3lo no se aceler\u00f3 sino que ha terminado por desembocar, como sabemos, en un grav\u00edsimo deterioro del tejido social. El sentido de nuestra \u00e9poca \u2013de lo que podr\u00eda haber sido nuestra \u00e9poca\u2013 cambi\u00f3 r\u00e1pidamente y varias veces antes de que pudi\u00e9ramos terminar de asirlo. Ya he mencionado la sensaci\u00f3n de <em>llegar tarde<\/em> a la que se refieren muchos textos del tiempo y la memoria: en los noventas debo haber le\u00eddo al menos una docena de veces, en cuentos y novelas, la frase \u201cla fiesta comenz\u00f3 sin nosotros\u201d u otras muy parecidas, y es muy triste constatar que los autores se refer\u00edan a la vida de sus padres o sus hermanos mayores: los grandes acontecimientos de los a\u00f1os sesenta y de sus primeros a\u00f1os de infancia, y no a lo que pasaba realmente entonces, ante sus narices. Llegaron tarde \u2013llegamos tarde\u2013 dos veces.<\/p>\n<p align=\"left\">No es imposible que en el futuro se pueda escribir todav\u00eda un testimonio de esto: un relato de este v\u00e9rtigo, estas incertidumbres, esta ceguera y esta frustraci\u00f3n, capaz de poner en perspectiva el trabajo de tantas personas y lo que vivieron. De momento ese texto no existe. En eso, por lo dem\u00e1s, la \u00e9poca se parece a otras. No hay todav\u00eda una novela definitiva sobre los movimientos sociales de 68, por ejemplo, ni sobre las transformaciones de los a\u00f1os ochenta, de las que los terremotos de 1985 podr\u00edan ser, a\u00fan, una met\u00e1fora poderosa.<\/p>\n<p align=\"left\">Entretanto la impresi\u00f3n que queda es, desde luego, de vac\u00edo. El que una poblaci\u00f3n viva tiempos interesantes no quiere decir que deba o pueda estar a la altura de sus circunstancias. La narrativa del tiempo y la memoria seguir\u00e1 siendo invisible. La palabra <em>generaci\u00f3n<\/em> seguir\u00e1,\u00a0 al menos por un tiempo, cargada de esas connotaciones desagradables.<\/p>\n<p align=\"left\"><strong>2. Zombi<\/strong><\/p>\n<p align=\"left\">Para precisar o matizar lo anterior, hay que agregar lo siguiente: no todos en la <em>generaci\u00f3n<\/em> hemos muerto, ni de veras ni para la literatura. No todos escribimos entonces, ni ahora, de esos temas dolorosos y melanc\u00f3licos. Y la perplejidad, la desorientaci\u00f3n y la frustraci\u00f3n no s\u00f3lo fueron experiencias de escritores. Y adem\u00e1s est\u00e1n los zombis.<\/p>\n<p align=\"left\">Lo primero: todos los mexicanos que hoy est\u00e1n alrededor de los cuarenta tuvieron, en general, el mismo problema y cometieron las mismas faltas que los escritores del tiempo y la memoria. \u00c9sta es la generaci\u00f3n, no literaria sino de verdad, que se ha ensimismado en contemplar y sacarle brillo a su pasado; \u00e9sta es la generaci\u00f3n que ha perpetuado la sumisi\u00f3n a la televisi\u00f3n y su realidad fabricada; \u00e9sta es la generaci\u00f3n que, tras haberse criado en la suposici\u00f3n de que era progresista, de que defend\u00eda las mejores causas de la historia nacional y del mundo, opt\u00f3 en cuanto le fue posible por un conservadurismo grit\u00f3n, ignorante, mucho peor que el de los <em>abuelos<\/em> contra los que hab\u00eda luchado la contracultura de los a\u00f1os sesenta. Ning\u00fan fracaso literario podr\u00eda ser mayor que \u00e9ste; de hecho, alguien deber\u00eda contar y dar sentido a <em>ese<\/em> fracaso, m\u00e1s que al otro.<\/p>\n<p align=\"left\">Segundo: al contrario de la mayor\u00eda de sus <em>compa\u00f1eros de ruta,<\/em> los autores del tiempo y la memoria que publicaron en los noventa y mencion\u00e9 por nombre anteriormente han seguido escribiendo, y por lo menos dos libros recientes de ellos: <em>Nada cruel<\/em> (2008), de Jos\u00e9 Ram\u00f3n Ruis\u00e1nchez, y <em>La noche ser\u00e1 negra y blanca<\/em> (2009), de Socorro Venegas, son obras muy superiores a su trabajo temprano pero que <em>contin\u00faan<\/em> el desarrollo de los temas del tiempo y la memoria: que los tratan con mayor sutileza. Venegas y Ruis\u00e1nchez (junto con unos pocos m\u00e1s) est\u00e1n alcanzando el periodo de su madurez creativa y, con \u00e9l, el de sus mejores obras; si en ellos el tema que podr\u00eda haber sido de mi <em>generaci\u00f3n<\/em> entera da fruto, su edad no tendr\u00e1 importancia alguna. Ni siquiera importar\u00e1 la historia de c\u00f3mo llegaron a esos temas o c\u00f3mo se mantuvieron en ellos. Tal vez, incluso, podr\u00eda suceder que esos escritores de mi edad, u otros con intereses semejantes y que tambi\u00e9n hayan resistido hasta ahora, pudieran hacer el ajuste de cuentas del que habl\u00e9, el que verdaderamente hace falta realizar, y que ser\u00eda, muy en la gran tradici\u00f3n del realismo mexicano, de todo el pa\u00eds.<\/p>\n<p align=\"left\">(Entretanto, la <em>generaci\u00f3n<\/em> no alcanz\u00f3, y ya no va alcanzar, el \u00e9xito precoz, pero en esto no se encuentra tan sola: no tuvimos a un verdadero ni\u00f1o prodigio de la novela pero tampoco lo tendr\u00e1n los nacidos en 1980 ni, para el caso, los nacidos en 1990: ya deber\u00eda estar aqu\u00ed, ya deber\u00eda vender millones de ejemplares, y lo que abunda, en cambio, son promesas de veintitantos, de treinta. No hab\u00eda nada de malo en todo hace diez a\u00f1os y no hay nada de malo ahora. La juventud como mercanc\u00eda y valor es una imposici\u00f3n absurda).<\/p>\n<p align=\"left\">Tercero: al mismo tiempo que el gran grupo de los narradores del tiempo y la memoria hubo otros, de aproximadamente la misma edad, que publicamos textos sobre otros temas. Hubo quien no se dedic\u00f3 a su propia biograf\u00eda e interioridad; hubo quien se orient\u00f3 a\u00fan m\u00e1s hacia la actualidad y de pronto termin\u00f3 saltando al periodismo o a la cr\u00f3nica; hubo quienes, por otra parte, busc\u00e1bamos deliberadamente oponernos a la gran tradici\u00f3n del realismo mexicano, que nos parec\u00eda anquilosada y sujeta a los peores modos de pensar del sistema pol\u00edtico y de la cultura que vivi\u00f3 \u2013vive todav\u00eda\u2013 subordinada a \u00e9l. Y, por supuesto, hay narradores de mi <em>generaci\u00f3n<\/em> que comenzaron su carrera despu\u00e9s de los treinta o bien empezaron a hacerse notar despu\u00e9s de 2000. Una historia de lo hecho por los escritores del <em>modelo 1970-1980,<\/em> sin importar lo que quiera decirse de ellos, no podr\u00eda omitir a Yuri Herrera, Antonio Ortu\u00f1o o Heriberto Y\u00e9pez, por ejemplo.<\/p>\n<p align=\"left\">Y est\u00e1n los zombis. \u00c9ste no es fen\u00f3meno nuevo, pero s\u00ed el m\u00e1s extra\u00f1o de los que han sucedido en estos a\u00f1os entre los narradores de mi <em>generaci\u00f3n<\/em>.<\/p>\n<p align=\"left\">La mayor\u00eda lleva tiempo extinta, pero quienes hemos seguido despu\u00e9s de los noventa hemos tenido que recurrir a una de dos estrategias: no morirnos, resistir, o bien <em>s\u00ed<\/em> <em>morirnos<\/em>: dejar de existir como los escritores que \u00e9ramos y volver como otros despu\u00e9s de un periodo de silencio. El descalabro del fin de siglo afect\u00f3 a todos, pero no destruy\u00f3 a quienes tuvieron la terquedad suficiente para continuar a pesar del quiebre de sus intereses y de su ambiente, sin otra protecci\u00f3n que su trabajo, o bien fueron capaces de encontrar otro sitio desde el que escribir: otros temas, otros enfoques, otra relaci\u00f3n con su propia voz y con el mundo.<\/p>\n<p align=\"left\">Los casos m\u00e1s emblem\u00e1ticos que conozco ocurrieron en la periferia de la narrativa del tiempo y la memoria. Menciono dos que he visto de cerca. Uno es el de Pepe Rojo, narrador que se dio a conocer como escritor de ciencia ficci\u00f3n y que en su momento anim\u00f3 varios de los mejores proyectos de revistas y fanzines especializados en subg\u00e9neros que se han visto en M\u00e9xico. Luego de <em>Punto cero<\/em>, un cuento publicado en <em>plaquette<\/em> en 2000, Rojo hizo una larga pausa y volvi\u00f3 a publicar en solitario hasta 2009, cuando lanz\u00f3 un libro de t\u00edtulo revelador, <em>Interrupciones<\/em>, cuyos textos h\u00edbridos y experimentales siguen muy lejos de la <em>normalidad<\/em> literaria nacional, pero resultan todav\u00eda m\u00e1s extra\u00f1os, y m\u00e1s reconocibles como parte de un proyecto sumamente personal, porque ya no utilizan abiertamente las claves de la ciencia ficci\u00f3n ni de ning\u00fan otro subg\u00e9nero: la etiqueta que Rojo utiliza es <em>realismo medi\u00e1tico mash-up<\/em> y su trabajo de escritura se complementa con obras multimedia, intervenciones, proyectos editoriales y otros\u00a0 trabajos con una lista de influencias que va de Alan Moore, Kurt Vonnegut y Chuck Palahniuk a Jacques Lacan y Paul Virilio.<\/p>\n<p align=\"left\">A un lado de Pepe Rojo en la escena subterr\u00e1nea \u2013lo que nunca se termin\u00f3 de llamar <em>indie<\/em> ni <em>alternativo <\/em>entre nosotros, y tal vez para mejor\u2013 estaba Bernardo Fern\u00e1ndez <em>Bef<\/em>, quien hizo una transici\u00f3n semejante pero en direcci\u00f3n opuesta: de la ciencia ficci\u00f3n a la narrativa policiaca, que es un subg\u00e9nero mucho m\u00e1s popular y m\u00e1s r\u00edgidamente estructurado en M\u00e9xico, pero sobre de los m\u00e1rgenes al centro. Actualmente, y a partir de la aparici\u00f3n de su primera novela policiaca, <em>Tiempo de alacranes<\/em> (2005),<em> Bef<\/em> es uno de los autores m\u00e1s conocidos de la <em>generaci\u00f3n<\/em>, y tambi\u00e9n de los m\u00e1s le\u00eddos, pues se ha inclinado por profesionalizar su trabajo para insertarlo en el mercado editorial mexicano, volverlo una presencia reconocible y encontrar desde all\u00ed oportunidades en el exterior. Sin dejar de lado los temas que le interesan, los ha tratado, sin culpa ni justificaciones, en novelas que pretenden sobre todo entretener y encontrar un p\u00fablico m\u00e1s all\u00e1 de sus propios colegas. Y ha tenido \u00e9xito.<\/p>\n<p align=\"left\">Rojo y <em>Bef<\/em> tuvieron la fortuna de haber sufrido la cat\u00e1strofe del cambio de siglo de manera distinta que el grueso de la <em>generaci\u00f3n<\/em>. Ninguno escrib\u00eda, como ya he dicho, directamente sobre el tiempo y la memoria, y en cambio fueron parte de un breve movimiento ascendente de ciencia ficci\u00f3n, fantas\u00eda y otros subg\u00e9neros mexicanos que hab\u00eda comenzado en los ochenta y en los noventa se confund\u00eda con propuestas <em>ex\u00f3ticas<\/em> como las novelas cosmopolitas del grupo del Crack. Pero ese movimiento se enfrent\u00f3 con las mismas dificultades hacia el final del siglo y fracas\u00f3 tambi\u00e9n: hacia 2000 era claro que el cosmopolitismo se hab\u00eda transfigurado en una b\u00fasqueda deliberada de integraci\u00f3n en el mercado globalizado de la lengua espa\u00f1ola, que desde entonces est\u00e1 dominado por las editoriales de la propia Espa\u00f1a y los agentes literarios, y los subg\u00e9neros mexicanos no pudieron dar ese salto: las grandes ventas de autores como J. K. Rowling, Stephen King o Stephenie Meyer demuestran que hay mucho inter\u00e9s en el pa\u00eds por libros semejantes, pero tambi\u00e9n que al lector mexicano no le interesa de d\u00f3nde provienen y leer\u00e1 lo que tenga a su alcance y se promueva mejor. De todas formas, pues, hubo debacle, para usar esa fea palabra. De todas maneras hubo la necesidad de recuperarse de lo que habr\u00eda debido ser un golpe mortal.<\/p>\n<p align=\"left\">(\u00c9ste es, quiz\u00e1s, un modo de describir m\u00e1s precisamente el signo de nuestros tiempos, del que no hubi\u00e9ramos podido escapar de ninguna forma: la marca de todos los que vivimos, aun sin haber escrito, en el mismo lugar y el mismo momento).<\/p>\n<p align=\"left\">Usar la palabra <em>zombi <\/em>para discutir estas cuestiones es, claro, un poco injusto: estas transformaciones no tienen necesariamente que ver con la literatura ni el cine de terror, y tampoco implican las connotaciones m\u00e1s negativas de la figura popular del zombi: no hay inconsciencia ni salvajismo en estos escritores. Pero otros aspectos de la imagen del zombi son pertinentes. El zombi es una criatura que vuelve de la muerte; que no deber\u00eda poder moverse y de todas formas se mueve; que es y no es la persona que vivi\u00f3, y por tanto inquieta y perturba a quienes lo conocieron. Podr\u00edamos llamarlos tambi\u00e9n <em>revinientes<\/em>: resucitados. Algo m\u00e1s que comparten con los personajes del cine, en cualquier caso, es que su voz cambia: se quiebra, deja de ser la que era, y al mismo tiempo conserva un eco de s\u00ed misma: el germen de su pasado, el alma devuelta a la fuerza al interior del cuerpo.<\/p>\n<p align=\"left\">No hay una traici\u00f3n absoluta: los escritores zombis no niegan del todo lo que dijeron antes de la cat\u00e1strofe, pero ahora lo dicen de otro modo. Cambian de g\u00e9nero, se abren o se cierran a las influencias, modifican su postura ante el lenguaje: ante <em>su<\/em> lenguaje. No hay en ellos la misma vitalidad de la primera juventud, pero sus textos no son de pura prosodia, ni de f\u00f3rmula: no est\u00e1n muertos, como s\u00ed lo est\u00e1n muchos cuentos, poemas, novelas que se escriben con todas las apariencias del vigor y el entusiasmo. Su fuerza es diferente: terca, d\u00edscola, y sus palabras son m\u00e1s en\u00e9rgicas que las de un primerizo, y m\u00e1s desesperadas. En esto tambi\u00e9n se parecen a los zombis: ya no los pueden matar porque ya han muerto. Resisten y contin\u00faan.<\/p>\n<p align=\"left\">Otro caso, menos cercano para m\u00ed pero que podr\u00eda resultar importante, es el de Guadalupe Nettel, quien tras un libro temprano en los noventa \u2014<em>Juegos de artificio<\/em>, 1993\u2014 reapareci\u00f3 hasta 2006 con <em>El hu\u00e9sped<\/em>, una novela de larga gestaci\u00f3n y muy distinta de su escritura previa que le bast\u00f3 para volverse tambi\u00e9n una referencia constante. Y aun antes de los que menciono se pueden encontrar numerosos casos de artistas que sobreviven a derrumbes de su entorno, as\u00ed como de los que caen y no se levantan. Entre los primeros est\u00e1 Borges, quien tuvo una muerte simb\u00f3lica en 1938, sobrevivi\u00f3, y comenz\u00f3 a escribir sus grandes cuentos fant\u00e1sticos. Entre los segundos est\u00e1 Rimbaud, quien dej\u00f3 de escribir en 1875 y sobrevivi\u00f3 como algo distinto hasta 1891. El autor-emblema de la literatura latinoamericana actual, Roberto Bola\u00f1o, es tambi\u00e9n un <em>reviniente<\/em>, y uno que hizo de su propia muerte y resurrecci\u00f3n, transfiguradas ambas en <em>Los detectives salvajes<\/em>, uno de sus temas centrales.<\/p>\n<p align=\"left\">Pero debo repetir: lo ocurrido hacia el a\u00f1o 2000 en M\u00e9xico le sucedi\u00f3 a muchas personas a la vez, lo que resulta mucho m\u00e1s desolador y extra\u00f1o. La <em>generaci\u00f3n<\/em> entera se dividi\u00f3 en tres: la mayor\u00eda de los que murieron para siempre, los poqu\u00edsimos que no murieron, y los revinientes, todav\u00eda menos, y m\u00e1s raros, y que siguen entre nosotros.<\/p>\n<p align=\"left\">Los que he visto est\u00e1n escribiendo sus mejores obras ahora. Y todav\u00eda podr\u00edan llegar otros, luego de silencios m\u00e1s prolongados. Sus textos ser\u00e1n inusuales, tal vez exc\u00e9ntricos, tal vez m\u00e1s rabiosos de lo que hubieran sido, o m\u00e1s desolados o m\u00e1s enloquecidos, porque habr\u00e1n sido escritos en soledad, entre grandes trabajos, despu\u00e9s del tiempo en el que hubieran podido tener la compa\u00f1\u00eda de otros colegas y otras historias. Y tal vez fracasen. Pero existir\u00e1n.<\/p>\n<p align=\"left\">No cuento esto porque me parezca importante, o m\u00e1s importante que esas obras por venir y que espero. La cuento porque puede ser \u00fatil a otros. Por ejemplo, a los escritores que vienen. No han terminado los vuelcos del mundo en su paso de la era impresa a la era digital, y nuestra propia situaci\u00f3n es la que es. El tiempo es de miedo, de hartazgo, de resignaci\u00f3n c\u00ednica, y quienes escribimos en M\u00e9xico no estamos enfrentados s\u00f3lo con la ausencia de lectores o el desprecio de la literatura, sino tambi\u00e9n con la idea de que \u00e9sta podr\u00eda, simplemente, ser innecesaria: obsoleta en un mundo que, en realidad, ya no la necesita, porque tiene suficientes representaciones del mundo en otros artes y medios o porque se encamina a un futuro en que el lenguaje no fijar\u00e1 de ning\u00fan modo la experiencia humana. Cualquiera de esas dificultades podr\u00eda llevar a otro desastre como el de 2000; est\u00e1n tambi\u00e9n las cat\u00e1strofes individuales, impredecibles, y est\u00e1 tambi\u00e9n, desde luego, la posibilidad de la cat\u00e1strofe general, no de los escritores sino de todos: esa apoteosis de la violencia de las que tanto se escrib\u00eda a comienzos del siglo aunque ahora ya no nos divierta y no nos parezca una fantas\u00eda deseable. Cualquiera puede morir como escritor, en cualquier momento.<\/p>\n<p align=\"left\">Pero el ejemplo de la Generaci\u00f3n Z, al menos, sirve para recordarnos que la escritura, como pocas cosas, es capaz de volver de la muerte. La literatura resiste a veces m\u00e1s que nosotros mismos: sobrevive, a veces, aunque no sobrevivamos con ella. Como certidumbre o consuelo, no es poco.<\/p>\n<p align=\"left\"><strong>3. Ep\u00edlogo de 2013<\/strong><\/p>\n<p align=\"left\">A pesar de que sigo pensando lo mismo: que el mejor sentido del t\u00e9rmino <em>zombi<\/em> debe ser el de <em>resucitado<\/em> o <em>reviniente<\/em>, al menos a la hora de hablar de ciertos escritores mexicanos hay que rematar esta nota, desgraciadamente, pensando en la violencia. El ejemplo evidente para un escritor de mi pa\u00eds ser\u00eda, por supuesto, la violencia criminal, que se ha silenciado en nuestros medios tras la salida del poder del presidente Felipe Calder\u00f3n \u2013quien pasar\u00e1 a la historia como el iniciador de una <em>guerra<\/em> desatinada y sangrienta contra los c\u00e1rteles del narco mexicano que ha dejado, hasta ahora, un saldo de setenta mil muertos y miles m\u00e1s de desplazados\u2013 pero no ha decrecido.<\/p>\n<p align=\"left\">En la literatura, las huellas m\u00e1s obvias de la violencia y el crimen est\u00e1n en la narrativa mexicana que las aborda de frente y que, al menos en los \u00faltimos a\u00f1os, ha dado la impresi\u00f3n de convertirse en el tronco principal de la literatura nacional, el movimiento que le da impulso y sentido.<\/p>\n<p align=\"left\">Pero hay tambi\u00e9n otros tipos de violencia. Y varios de ellos est\u00e1n asociados precisamente con el vocablo <em>zombi<\/em>, que en M\u00e9xico tiene tambi\u00e9n una acepci\u00f3n insultante: por no tener cerebro, zombi es el aquel no piensa, y m\u00e1s concretamente el adversario que no piensa: aquel que est\u00e1 intelectualmente tan debajo de quien habla que s\u00f3lo merece desprecio. Todav\u00eda m\u00e1s concretamente, zombi es el adversario pol\u00edtico, y en especial el adversario pol\u00edtico <em>de izquierda<\/em>; la palabra es una favorita del vocabulario de la derecha mexicana desde hace a\u00f1os, y se le ha asestado por igual a candidatos, activistas y ciudadanos comunes. El t\u00e9rmino, tal como se ha asentado en la cultura popular, de hecho sirve bien para reunir, adem\u00e1s de pobreza argumentativa, varios otros prejuicios de la ideolog\u00eda conservadora respecto de sus opositores: los zombis no piensan, los zombis son par\u00e1sitos, los zombis huelen mal y avanzan en hordas, los zombis destruyen todo a su paso y, a la vez que matan, derruyen sin miramientos lo mejor de la civilizaci\u00f3n.<\/p>\n<p align=\"left\">(En el <em>establishment<\/em> literario conservador, los zombis son los que se rebelan contra el car\u00e1cter autoritario y vertical del canon mexicano: los b\u00e1rbaros \u2013otro t\u00e9rmino favorito\u2013 que no respetan las jerarqu\u00edas establecidas ni los procedimientos tradicionales del reconocimiento).<\/p>\n<p align=\"left\">La palabra zombi se escucha, pues, con frecuencia, y en medio de discusiones amargas. Es comprensible: la imagen que evoca es la de la cultura pop, en la que el zombi tambi\u00e9n es una met\u00e1fora del <em>otro<\/em> indeseable, agresor, inasimilable, inconsciente: la marabunta a la que se enfrentan unos pocos individuos todav\u00eda humanos, empobrecidos pero tambi\u00e9n purificados por del derrumbe de la civilizaci\u00f3n. (Basta ver la serie televisiva <em>The Walking Dead<\/em> para darse una idea de este trasfondo).<\/p>\n<p align=\"left\">Sin embargo, la situaci\u00f3n de un pa\u00eds como M\u00e9xico es peculiar: al contrario de lo que sucede en Estados Unidos \u2013el pa\u00eds de origen del zombi pop\u2013, aqu\u00ed la mayor\u00eda de la poblaci\u00f3n dif\u00edcilmente podr\u00eda identificarse con los hermosos sobrevivientes de las historias convencionales de zombis. Al contrario, la gran masa de la poblaci\u00f3n en condiciones de pobreza \u201348,4% del total: 56 millones de personas que deben sobrevivir con un ingreso de menos de 2 d\u00f3lares diarios, seg\u00fan algunos conteos\u2013 es una masa de excluidos, despreciados por el discurso oficial a pesar de las constantes declaraciones de lo contrario que dan los pol\u00edticos y tenidos, seg\u00fan el punto de vista m\u00e1s radical y excluyente entre las clases altas, como par\u00e1sitos, peso muerto, hordas salvajes: en una palabra, zombis.<\/p>\n<p align=\"left\">No hay todav\u00eda una gran obra literaria mexicana que aborde esta cuesti\u00f3n: que retome al zombi y la convierta en la imagen de la exclusi\u00f3n y el atraso que ya es en la vida real. Pero tal vez alg\u00fan escritor joven, o incluso de la Generaci\u00f3n Z, conseguir\u00e1 escribirla.<\/p>\n<p align=\"left\">\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>GENERACI\u00d3N Z: LO QUE NO Y LO QUE NUNCA Este ensayo se public\u00f3 en el libro La generaci\u00f3n Z (2012) y recibi\u00f3 una posdata adicional para aparecer en el portal FronteraD. * El nombre de generaci\u00f3n Z, pensado para cierto grupo de autores mexicanos, no tiene nada que ver con el narcotr\u00e1fico. 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