{"id":14248,"date":"2017-12-09T21:39:05","date_gmt":"2017-12-10T03:39:05","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?page_id=14248"},"modified":"2017-12-09T21:39:45","modified_gmt":"2017-12-10T03:39:45","slug":"la-mujer-que-camina-para-atras","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/textos\/la-mujer-que-camina-para-atras\/","title":{"rendered":"La mujer que camina para atr\u00e1s"},"content":{"rendered":"<h1>LA MUJER QUE CAMINA PARA ATR\u00c1S<\/h1>\n<p>Este cuento ha sido publicado en varias antolog\u00edas, incluyendo <em>Manda fuego<\/em> (2013), selecci\u00f3n personal de textos de Alberto Chimal.<\/p>\n<p>*<\/p>\n<p>Iban a dar las diez de la noche. Fui por Celia, mi esposa, a su trabajo, en un edificio del centro de la ciudad. Ya hab\u00eda pasado mucho tiempo desde su hora reglamentaria de salida. Cuando est\u00e1bamos a punto de dejar el edificio, una de sus compa\u00f1eras de trabajo corri\u00f3 a alcanzarnos: el jefe dec\u00eda que acababan de llegar a\u00fan m\u00e1s pendientes atrasados y era necesario que se quedara. Celia subi\u00f3 de nuevo: a decirles que se iba, me dijo. Pasaron varios minutos y, cuando volvi\u00f3 a bajar, Celia me avis\u00f3 que s\u00f3lo le hab\u00edan dado una hora para merendar y por lo tanto deber\u00edamos hacerlo en alg\u00fan sitio cercano.<\/p>\n<p>Sent\u00ed rabia. Apret\u00e9 los dientes pero no dije nada.<\/p>\n<p>\u2014Estas cosas s\u00f3lo pasan en M\u00e9xico \u2014se quej\u00f3 ella, como es la costumbre.<\/p>\n<p>Fuimos al caf\u00e9 La Blanca, un sitio viejo y sin pretensiones como muchos otros de la zona. Nos sentamos a una mesa cualquiera entre oficinistas, empleados de tienda, paseantes de ropa c\u00f3moda y barata que no buscaban sino un caf\u00e9 con leche y una pieza de pan. Llamamos a una mesera y pedimos lo que todos ellos.<\/p>\n<p>De ni\u00f1a, Celia hab\u00eda ido muchas veces a aquel lugar en compa\u00f1\u00eda de su madre. Hoy, en la mesa junto a la nuestra un hombre le\u00eda La Prensa y nos dejaba ver las fotos de asesinados de la primera plana. Un par de televisores encendidos, puestos en alto sobre bases fijas a la pared, mostraba el noticiero de la noche, en el que alguien hablaba con optimismo de las muertes debidas a la lucha contra el narcotr\u00e1fico. \u201cHan habido treinta mil ejecutados en los \u00faltimos cuatro a\u00f1os\u201d, dec\u00eda, \u201cpero pues en los siguientes dos esperamos menos\u201d. La gente, m\u00e1s que las pantallas, miraba la calle: las luces en el interior del caf\u00e9, que ten\u00eda piso y techo y paredes blancos, sal\u00eda por sus grandes ventanales e iluminaba un poco las aceras.<\/p>\n<p>\u2014Oye \u2014dijo Celia\u2014, \u00bfte puedo contar algo? \u00bfAquella historia que siempre digo que te voy a contar?<\/p>\n<p>Elegimos pan dulce de la bandeja que trajo la mesera. Yo coment\u00e9, como tambi\u00e9n es la costumbre en estos d\u00edas, que los noticieros no hablan de la mitad de la violencia que ocurre realmente. Mi esposa no me hizo caso y comenz\u00f3 su historia. Era, me dijo, justamente de cuando iba al caf\u00e9, de su infancia:<\/p>\n<p>\u2014A veces me mandaban a comprar cosas ya de noche. Iba yo sola por pan, o si no a una cremer\u00eda que no estaba tan cerca de la casa\u2026<\/p>\n<p>\u2014\u00bfCuando estaban en la calle de Per\u00fa?<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed.<\/p>\n<p>La familia entera de Celia viv\u00eda entonces en el centro. Hasta su muerte, la abuela hab\u00eda mantenido unidos y bajo el mismo techo a sus seis hijos, las parejas de todos ellos y la primera generaci\u00f3n de nietos; despu\u00e9s todos se hab\u00edan peleado con todos y hab\u00edan terminado dispersos. La casa era ahora una sede de Alcoh\u00f3licos An\u00f3nimos, con salas de reuni\u00f3n y un anexo en el que siempre hab\u00eda al menos diez o doce adictos, a los que se buscaba curar con golpes, ba\u00f1os de agua helada y plegarias.<\/p>\n<p>\u2014Una noche sal\u00ed un poco m\u00e1s tarde que de costumbre \u2014me cont\u00f3 Celia\u2014. Las calles estaban casi vac\u00edas cuando fui y cuando regres\u00e9. S\u00ed daba un poquito de miedo\u2026<\/p>\n<p>Yo segu\u00eda disgustado por la prisa con la que deb\u00edamos terminar y porque, despu\u00e9s de acompa\u00f1arla de vuelta a su oficina, tendr\u00eda que esperar qui\u00e9n sabe cu\u00e1nto tiempo en qui\u00e9n sabe d\u00f3nde. Pero trat\u00e9 de concentrarme en lo que Celia dec\u00eda y en el sabor del caf\u00e9, que era dulce y cargado a la vez. En todo caso no ten\u00eda alternativa: no iba a dejarla sola ni a quedarme lejos de ella. Apenas la noche anterior nos hab\u00edan asaltado cerca de casa, nos hab\u00edan quitado dinero, tarjetas, las llaves del coche y hasta las chamarras que llev\u00e1bamos puestas, y hab\u00edamos pasado todav\u00eda una hora m\u00e1s en el mismo sitio, sentados en la acera, incapaces de decidirnos entre volver a casa (hasta donde alguien podr\u00eda seguirnos) o buscar ayuda en otra parte (a riesgo de volver a encontrarnos con los dos ladrones, que eran muy j\u00f3venes y flacos, y ten\u00edan armas que nos hab\u00edan parecido enormes).<\/p>\n<p>\u2014Desde luego \u2014me dijo Celia\u2014, daba miedo porque la calle estaba oscura.<\/p>\n<p>Lo que me estaba contando le hab\u00eda ocurrido, me dijo, poco antes del terremoto de 1985, en el que tantos edificios se hab\u00edan derrumbado en el centro y por todo el resto de la ciudad y en el que tambi\u00e9n hab\u00edan muerto, tal vez, decenas de miles.<\/p>\n<p>\u2014Y porque una de chica se asusta con estas cosas\u2026<\/p>\n<p>Dese\u00e9 que la historia no fuera de alg\u00fan suceso terrible como el que nos hab\u00eda sucedido apenas: un trauma del que se decid\u00eda a hablarme justamente en esa noche p\u00e9sima. De inmediato me sent\u00ed culpable. Pens\u00e9 en el miedo que hab\u00eda tenido ante los ladrones: en que no hab\u00eda hecho nada para defendernos. Y pens\u00e9 tambi\u00e9n que el terremoto siempre me ha parecido algo espantoso: yo tambi\u00e9n era ni\u00f1o entonces y recuerdo que vi caer, desde lejos, un edificio del barrio de Tlatelolco, que se doblaba como si estuviera hecho de cart\u00f3n; recuerdo las sirenas, las monta\u00f1as de escombros\u2026<\/p>\n<p>\u2014Daba miedo pero ah\u00ed iba yo \u2014dijo Celia.<\/p>\n<p>Por otra parte, no s\u00f3lo a m\u00ed me hab\u00eda quedado una marca. En los a\u00f1os siguientes vi c\u00f3mo las historias del tiempo del terremoto empezaban a agregarse a las otras: a las leyendas antiguas de la ciudad, llenas de aparecidos y diablos y que yo hab\u00eda alcanzado a escuchar a\u00fan de mucha gente mayor. Empez\u00f3 a hablarse m\u00e1s, de hecho, de la gente muerta de pronto o perdida en el caos, amn\u00e9sica o loca de terror; de los sonidos que hac\u00edan los sepultados bajo las ruinas, vivos pero inalcanzables; del olor de los cad\u00e1veres bajo los escombros que nunca se retiraron de una escuela de enfermer\u00eda, de la pared que aplast\u00f3 a dos compa\u00f1eras de la propia Celia en el Colegio de las Vizca\u00ednas\u2026<\/p>\n<p>De ah\u00ed s\u00f3lo hab\u00eda un paso a nuestra fascinaci\u00f3n con los muertos de hoy, las balaceras, las noticias de lugares en los que el gobierno ya no rige. Desde entonces aprendimos a no creer en fantasmas, o tal vez a tener m\u00e1s miedo a\u00fan de la vida real.<\/p>\n<p>\u2014Ten\u00eda que comprar un litro de leche y un kilo de queso. Y pasando junto a la iglesia de Santo Domingo, la vi. Estaba paradita en la esquina. Se ve\u00eda as\u00ed \u2014y Celia se estir\u00f3, aunque estaba sentada, para dar la impresi\u00f3n de que se pon\u00eda en posici\u00f3n de firmes.<\/p>\n<p>Ahora sent\u00ed alivio: con esa imagen vaga de quienquiera que fuese que Celia hubiera visto all\u00ed, ante la vieja iglesia en la calle de Brasil, me di cuenta de que aquella era, pese a todo, una simple historia de susto. Siempre las hacemos al modo de las pel\u00edculas de horror porque de all\u00ed las aprendemos: siempre los personajes que aparecen de pronto en alguna posici\u00f3n rara, o muy tensa, o como aturdidos, resultan luego aliados de alguna fuerza mal\u00e9fica, hipnotizados, pose\u00eddos\u2026<\/p>\n<p>\u2014Primero no pens\u00e9 nada raro \u2014dijo Celia\u2014: simplemente era una viejita que estaba ah\u00ed, esperando a cruzar la calle\u2026, y entonces me di cuenta de que no hab\u00eda coches por ning\u00fan lado.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfC\u00f3mo?<\/p>\n<p>\u2014No hab\u00eda raz\u00f3n para que no cruzara la calle. De pronto no hab\u00eda nadie a la vista. Como si todo el mundo se hubiera ido o como si no hubieran sido las nueve y pico sino las tres o las cuatro de la ma\u00f1ana. Y en cambio yo s\u00ed ten\u00eda que pasar a su lado\u2026 Ya estaba yo inquieta. Pero me acerqu\u00e9. \u00bfQu\u00e9 m\u00e1s pod\u00eda hacer?<\/p>\n<p>Algo parecido hab\u00edamos sentido, pens\u00e9, el d\u00eda anterior, a la hora de cruzarnos con los dos que nos hab\u00edan asaltado, y que estaban en una esquina, como esperando cruzar la calle o subir a alg\u00fan transporte. No dije nada.<\/p>\n<p>\u2014Ella \u2014dijo Celia\u2014 llevaba pura ropa vieja, me acuerdo. Un su\u00e9ter ra\u00eddo, blanco pero tan sucio que parec\u00eda negro; una falda azul, floreada, que le llegaba hasta los tobillos pero ten\u00eda tantos agujeros que las piernas se le ve\u00edan enteras, as\u00ed pens\u00e9. Las piernas sucias y creo que con heridas\u2026 o v\u00e1rices\u2026 Los zapatos eran de pl\u00e1stico, de estos que se deforman en cuanto te los pones, y negros. Adem\u00e1s ten\u00eda el pelo blanco \u2014y levant\u00f3 las manos hasta la altura de su cabeza y las separ\u00f3\u2014 as\u00ed, como una nube\u2026 Y cuando estuve junto a ella me le qued\u00e9 viendo porque segu\u00eda sin moverse. Como si yo no estuviera ah\u00ed.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\">*\u00a0 *\u00a0 *<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Poco despu\u00e9s de que Celia terminara su historia, pagamos la cuenta, salimos y la acompa\u00f1\u00e9 hasta su oficina. En la entrada del edificio tuvimos una discusi\u00f3n: le propuse buscar un cuarto de hotel para que pas\u00e1ramos la noche cerca y ella se neg\u00f3. No ten\u00edamos dinero, me dijo, y adem\u00e1s no quer\u00eda quedarse en ese rumbo. Por ning\u00fan motivo, dijo. Yo comet\u00ed la tonter\u00eda de decirle que se calmara: que no se dejara llevar por la historia que me hab\u00eda contado, que no era para tanto. Ella dio media vuelta y entr\u00f3 sin despedirse.<\/p>\n<p>Yo no quise seguirla. Me alej\u00e9, caminando, por la calle de Donceles. Llegu\u00e9 hasta Palma. Hac\u00eda fr\u00edo, apenas hab\u00eda gente y coches en la calle y todos los comercios estaban cerrados.<\/p>\n<p>A pesar de lo que yo mismo hab\u00eda dicho, no pod\u00eda dejar de pensar en la historia que Celia me hab\u00eda contado, y sobre todo en el final:<\/p>\n<p>\u2014Y entonces que la mujer se voltea \u2014me hab\u00eda dicho ella.<\/p>\n<p>En la calle de Palma di vuelta, pero me detuve al ver que un coche de polic\u00eda estaba detenido sobre la acera con las luces encendidas. Dos agentes vestidos de civil, con placas colgadas de sus cinturones, alejaban a unos pocos curiosos. Alguien m\u00e1s tend\u00eda un cord\u00f3n para que nadie se acercara al cuerpo tirado en la calle. No vi sangre pero, de todas formas, supe: no era el primer muerto que ve\u00eda, aunque s\u00ed el primero en una calle, el primero tirado en esa posici\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014Que la mujer se voltea y que pone una cara\u2026 \u2014me hab\u00eda dicho Celia.<\/p>\n<p>Pens\u00e9 que esa persona hab\u00eda estado viva tal vez mientras Celia y yo camin\u00e1bamos cerca, discut\u00edamos, nos separ\u00e1bamos. Me alej\u00e9 del cuerpo y de los polic\u00edas. Avanc\u00e9 hasta Tacuba, di vuelta al llegar y segu\u00ed por esa calle hasta Isabel la Cat\u00f3lica, donde di vuelta una vez m\u00e1s hacia Madero. Empec\u00e9 a escuchar, muy distante, la m\u00fasica de lugares animados y todav\u00eda abiertos: bares, antros, taquer\u00edas\u2026<\/p>\n<p>\u2014Te juro \u2014me hab\u00eda dicho Celia\u2014 que es la cara m\u00e1s horrible que he visto en la vida. Los ojos rojos, los dientes podridos, negros, la boca torcida, la nariz como rota\u2026<\/p>\n<p>Como algunos otros transe\u00fantes, cruc\u00e9 la calle para no pasar cerca del hombre que duerme en una silla de ruedas, cubierto por una lona amarilla, afuera de la iglesia de San Agust\u00edn. Lleva a\u00f1os all\u00ed, siempre en el mismo sitio, siempre con un bote de pl\u00e1stico a sus pies para limosnas. Siempre lo evito. Debe tener a alguien que lo mantenga porque nunca he visto a nadie darle ni una sola moneda.<\/p>\n<p>\u2014No, no nada m\u00e1s rota \u2014me hab\u00eda dicho Celia, con cara de horror\u2014, es decir la nariz\u2026, sino abierta, como reventada\u2026 Y entonces se me qued\u00f3 viendo y me grit\u00f3\u2026<\/p>\n<p>Y hab\u00eda juntado las manos como debe haberlas juntado de ni\u00f1a, como para rezar, temblorosa.<\/p>\n<p>Y entonces yo, ah\u00ed, en la esquina de Isabel y Madero, me la encontr\u00e9 de frente.<\/p>\n<p>De pie.<\/p>\n<p>Firme.<\/p>\n<p>Vieja, muy vieja, con la vista fija en ning\u00fan lugar como si yo no estuviera all\u00ed.<\/p>\n<p>Ahora pienso que no hab\u00eda nadie alrededor: que de pronto la ciudad parec\u00eda abandonada, como si se hubiera dado una orden de evacuaci\u00f3n y todos la hubieran obedecido. Ya no se o\u00eda ninguna m\u00fasica. Ya no hab\u00eda nadie cerca. Ni siquiera se ve\u00eda al hombre de la lona amarilla. S\u00f3lo quedaban las luces encendidas, las cortinas de metal que cerraban los locales y las fachadas de los edificios.<\/p>\n<p>S\u00f3lo quedaba la mujer. Su su\u00e9ter era a\u00fan m\u00e1s negro de lo que hab\u00eda imaginado. Sus piernas se ve\u00edan retorcidas y sucias. Una luz justo detr\u00e1s de la cabeza hac\u00eda que su cabello brillara. Parec\u00eda una nube con un rayo adentro.<\/p>\n<p>Y ol\u00eda\u2026 Esto Celia no lo hab\u00eda dicho: ol\u00eda a carne podrida, a cloaca. Ol\u00eda a m\u00e1s a\u00fan. De ni\u00f1o viv\u00ed detr\u00e1s de una f\u00e1brica de telas que arrojaba al aire no s\u00e9 qu\u00e9 cosa, invisible, que se pegaba al paladar y a la garganta y ten\u00eda un aroma o un sabor indescriptible, terrible, porque no era un resto de nada vivo. A eso ol\u00eda la vieja tambi\u00e9n: a algo que no deb\u00eda existir y sin embargo exist\u00eda.<\/p>\n<p>Ella me mir\u00f3, de pronto, y me grit\u00f3.<\/p>\n<p>A Celia le hab\u00eda gritado:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1SIGUES VIVA! \u2014lo que mi esposa interpretaba, seg\u00fan me hab\u00eda dicho, como un aviso: que estaba destinada a salir ilesa pese a que el temblor destruy\u00f3 buena parte de la zona donde viv\u00eda con su familia. Seg\u00fan ella, la vieja es algo parecido a la Llorona, al Ni\u00f1o del Diablo y a otros personajes de esas leyendas de antes, pero hace algo distinto: da advertencias. Dice profec\u00edas.<\/p>\n<p>Y entonces, que yo la tuve enfrente, su cara era m\u00e1s horrible de lo que yo hab\u00eda imaginado, y su nariz estaba abierta como una herida roja, y no voy a decir, no quiero decir, a qu\u00e9 sonaba su voz.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\">*\u00a0 *\u00a0 *<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u2014\u00a1SIGUES VIVO! \u2014me dijo a m\u00ed tambi\u00e9n.<\/p>\n<p>Y ahora abrazo a Celia en la calle, pues sali\u00f3 al fin de su oficina, y est\u00e1n por dar las tres. Caminamos en busca de un modo de alejarnos del centro, y pasamos una vez m\u00e1s por donde estaba el cad\u00e1ver, y ya no est\u00e1, y yo no digo nada una vez m\u00e1s.<\/p>\n<p>No s\u00e9 si de verdad podemos tener avisos del futuro, si los merecemos, si llegan por alguna raz\u00f3n. Pero s\u00e9 lo que vi. Y vi lo que vi.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de gritarle a Celia, la vieja se alej\u00f3 de ella caminando para atr\u00e1s, rapid\u00edsimo, sin ver jam\u00e1s hacia d\u00f3nde iba. Y despu\u00e9s de gritarme a m\u00ed, tambi\u00e9n.<\/p>\n<p>Un paso, otro paso, cada vez m\u00e1s deprisa. En segundos ya estaba en la esquina de Isabel y Tacuba. Luego sigui\u00f3 retrocediendo. Pronto no la vi m\u00e1s. No dio vuelta. Simplemente se meti\u00f3 en una sombra, la que proyectaba alg\u00fan edificio, y ya no volvi\u00f3 a aparecer. As\u00ed hab\u00eda desaparecido, exactamente as\u00ed, el d\u00eda en que Celia la vio, poco antes del terremoto.<\/p>\n<p>\u2014Lo \u00fanico malo \u2014me ha dicho Celia\u2014 es que tengo que regresar a las diez porque no terminamos.<\/p>\n<p>Yo esper\u00e9 en La Blanca hasta que cerraron y me echaron. Luego camin\u00e9 sin rumbo, como lo hago ahora con ella. El subterr\u00e1neo ya est\u00e1 cerrado, igual que todos los locales, hasta el \u00faltimo antro y la \u00faltima cantina. Los autobuses han dejado de pasar. No vemos taxis. Apenas tenemos dinero: la verdad es que realmente no nos alcanzar\u00eda para un cuarto de hotel. Los ladrones de ayer \u2013no: de hace dos noches\u2013 ya nos hab\u00edan puesto en este problema antes de que a Celia se le vinieran encima las horas extras, y antes de que apareciera la mujer que camina para atr\u00e1s.<\/p>\n<p>\u2014Por ac\u00e1 no conocemos a nadie con quien se pueda llegar, \u00bfverdad? \u2014me ha dicho Celia.<\/p>\n<p>Nosotros vamos hacia delante, aunque no sepamos a d\u00f3nde, y llegamos a un tramo de acera bien iluminado por luces de color naranja. Hay m\u00e1s de estos tramos cerca de las avenidas grandes.<\/p>\n<p>\u2014Perd\u00f3n por hace rato \u2014me ha dicho Celia, y yo le he pedido perd\u00f3n tambi\u00e9n, y ahora ella me abraza. No le he contado lo que me pas\u00f3. No s\u00e9 si lo har\u00e9. Hace cada vez m\u00e1s fr\u00edo. Y los dos estamos muy cansados. Tengo la esperanza de que podamos hallar alg\u00fan sitio de esos que a\u00fan abren las veinticuatro horas, aunque sea para sentarnos y compartir una misma taza de caf\u00e9 hasta que podamos tomar alg\u00fan transporte. Tambi\u00e9n tengo la esperanza de que Celia y yo estemos equivocados: de no haber visto m\u00e1s que a una loca, tal vez a alguien que me hizo pensar en la historia que acababa de o\u00edr, que perdi\u00f3 el juicio en el terremoto, o cuando le mataron a alguien, o que simplemente tuvo ganas de gritarme lo que me grit\u00f3.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1SIGUES VIVO! \u2014con una voz como un trueno, con su boca negra bien abierta, y sin decirme qu\u00e9 m\u00e1s va a pasar, si los dem\u00e1s van a seguir vivos tambi\u00e9n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>Copyright \u00a9 Alberto Chimal, M\u00e9xico, 2013<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>LA MUJER QUE CAMINA PARA ATR\u00c1S Este cuento ha sido publicado en varias antolog\u00edas, incluyendo Manda fuego (2013), selecci\u00f3n personal de textos de Alberto Chimal. * Iban a dar las diez de la noche. Fui por Celia, mi esposa, a su trabajo, en un edificio del centro de la ciudad. 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