{"id":14238,"date":"2017-12-09T21:26:28","date_gmt":"2017-12-10T03:26:28","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?page_id=14238"},"modified":"2017-12-09T21:26:28","modified_gmt":"2017-12-10T03:26:28","slug":"la-constelacion-amparo","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/textos\/la-constelacion-amparo\/","title":{"rendered":"La constelaci\u00f3n Amparo"},"content":{"rendered":"<h1>LA CONSTELACI\u00d3N AMPARO<\/h1>\n<p>Este ensayo fue escrito para la edici\u00f3n conmemorativa del libro <em>\u00c1rboles petrificados<\/em>, de la gran narradora mexicana Amparo D\u00e1vila, publicada en 2016 por Nitro Press.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<p>Cuando un autor previamente ignorado, o menospreciado, ingresa en el canon literario de su pa\u00eds, se suele atribuir la canonizaci\u00f3n al (re)descubrimiento de su poder est\u00e9tico: de una altura art\u00edstica que previamente se hab\u00eda negado, pero que en realidad es incontestable. En el caso de Amparo D\u00e1vila, esta apreciaci\u00f3n es la pura verdad: es una de las grandes narradoras mexicanas del \u00faltimo siglo, la decana de nuestra imaginaci\u00f3n fant\u00e1stica y una gran observadora de aspectos muy peculiares de la vida humana, y en especial de la vida de las mujeres. Su obra, aunque desde hace tiempo ha venido acumulando igual imitaciones que homenajes, se parece muy poco a lo que se escrib\u00eda y se elogiaba entre nosotros mientras ella creaba en relativa oscuridad sus textos mayores: los cuentos reunidos en los vol\u00famenes <em>Tiempo destrozado<\/em>, <em>M\u00fasica concreta<\/em> y <em>\u00c1rboles petrificados<\/em>. Esta singularidad es parte importante de su valor.<\/p>\n<p>Sin embargo, algo que ocurre tambi\u00e9n cuando una obra es rescatada o revalorada es una especie de proceso de \u201cnormalizaci\u00f3n\u201d. Una serie de lecturas cr\u00edticas acompa\u00f1a a los textos en los a\u00f1os de su ingreso en el canon \u2013y de reediciones, difusi\u00f3n, etc\u00e9tera\u2013 como para recibirlos en ese terreno al que antes se les hab\u00eda negado el acceso, pero muchas de estas lecturas pretenden en buena medida negar la singularidad de la obra: declarar que no es tan distinta, que s\u00ed se parece al resto del canon, que en realidad no es an\u00f3mala, contestataria ni exc\u00e9ntrica. As\u00ed ha sucedido en el pasado y as\u00ed parece estar ocurriendo con la obra de Amparo D\u00e1vila. Algunos intentan reducirla a \u201cliteratura de mujeres\u201d (con todas las implicaciones sexistas que la denominaci\u00f3n tiene en un pa\u00eds como M\u00e9xico); otros, a\u00fan m\u00e1s insistentes, parten de negar que sus narraciones tengan ning\u00fan componente misterioso, inquietante \u2013no lo llamemos \u201cfant\u00e1stico\u201d si la palabra no nos gusta\u2013, y afirmar en cambio que son relatos sobre asuntos reales y perfectamente comprensibles, s\u00f3lo que expresados de forma simb\u00f3lica o metaf\u00f3rica. No es que ocurra en los textos lo que los textos cuentan que ocurre, dicen; en realidad est\u00e1 contando sucesos cotidianos, \u201creales\u201d, s\u00f3lo que de forma un poco m\u00e1s intrincada. D\u00e1vila no peca de exceso de imaginaci\u00f3n ni de falta de seriedad. Si quitamos todo lo que sobra \u2013su estilo, la extra\u00f1eza de su visi\u00f3n, la claridad de sus argumentos\u2013, se puede ver de lo m\u00e1s claramente.<\/p>\n<p>Semejantes lecturas son, en el fondo, de lo m\u00e1s ingenuo. Dicen que en los textos de Amparo D\u00e1vila no \u201cpasa\u201d lo que se nos dice que \u201cpasa\u201d como si en un texto costumbrista \u201cpasara\u201d realmente algo: como si los mundos narrados de la literatura \u201cnormal\u201d no fueran intangibles, meros efectos de sentido en la conciencia de sus lectores, del mismo modo que los mundos de las narraciones de lo sobrenatural, lo extra\u00f1o, lo incierto, lo indecible (no digamos, repito, lo fant\u00e1stico).<\/p>\n<p>Y, desde luego, eso es absurdo. Quienes intentan leer as\u00ed a D\u00e1vila cometen el error de confundir la representaci\u00f3n con lo representado y de subordinar todas las posibilidades de lectura e interpretaci\u00f3n de los textos \u2013de contacto con la conciencia lectora, de eco en sus experiencias vitales\u2013 a lo m\u00e1s superficial y literal. Este es un mal h\u00e1bito de nuestra cultura autoritaria, que en el fondo nunca ha encontrado \u201cutilidad\u201d a la literatura y la concibe como un objeto de consumo o un pasatiempo para las \u00e9lites. Y bastantes males nos vienen de esas lecturas cr\u00e9dulas, achicadas, m\u00e1s all\u00e1 de la literatura, en nuestra relaci\u00f3n con los medios, el poder y la mera vida en sociedad.<\/p>\n<p>La obra de Amparo D\u00e1vila no merece leerse como una versi\u00f3n rebuscada de la de autores m\u00e1s calmosos o menos imaginativos. Leerla as\u00ed es perderse de lo m\u00e1s importante: su singularidad parte justamente de sus choques con lo considerado \u201crazonable\u201d, \u201cprevisible\u201d, \u201cposible\u201d.<\/p>\n<p>M\u00e1s que intentar arrinconar a Amparo D\u00e1vila con autoras o autores que tienen, en realidad, muy poco que decirle, se puede intentar <a href=\"http:\/\/lanarrativabreve.blogspot.mx\/2011\/06\/kafka-y-sus-precursores.html\">el ejercicio que Jorge Luis Borges realiz\u00f3<\/a> con la obra de Franz Kafka: encontrar sus precursores, o al menos sus lecturas afines y complementarias, leyendo a otros en funci\u00f3n de ella y no al rev\u00e9s: reinterpretando la tradici\u00f3n, como es siempre el privilegio de los lectores vivos, a partir de lo que los textos de D\u00e1vila nos muestran de la condici\u00f3n y las experiencias (tanto exteriores como subjetivas) de los seres humanos.<\/p>\n<p>Se podr\u00eda empezar con Julio Cort\u00e1zar, con quien D\u00e1vila tuvo amistad, y que procur\u00f3 tambi\u00e9n mostrar el oscurecimiento: el momento de la vida en el que las palabras pierden su poder de nombrar los acontecimientos y dan paso al misterio, que se contempla en silencio y con inquietud, desasosiego, terror. Pero luego se podr\u00eda seguir hacia Raymond Roussel y sus atisbos de la locura, traspasados de signos y de juegos; hacia Lautr\u00e9amont, que escribi\u00f3 del dolor y la rabia humanos disfraz\u00e1ndolos de literatura; hacia Jean-Paul Sarte, que escribi\u00f3 del encierro en un espacio \u00ednfimo, rutinario, que era el Infierno; hacia Margaery Kempe, autora de la primera autobiograf\u00eda del idioma ingl\u00e9s, humilde y modesta en la descripci\u00f3n de sus visiones m\u00edsticas; hacia Flannery O\u2019Connor y sus personajes inocentes, capaces de infinito sufrimiento; hacia la mism\u00edsima Sor Juana In\u00e9s de la Cruz, que tambi\u00e9n escribi\u00f3 de la conciencia en busca de lo trascendente y tuvo que lidiar con una sociedad que negaba a las mujeres hasta la conciencia misma\u2026<\/p>\n<p>Es posible que D\u00e1vila no haya le\u00eddo a todos estos autores, y no importa: nosotros, quienes la acompa\u00f1amos y ahora la reconocemos, podemos adentrarnos en ellos, o revisitarlos, de una forma distinta tras haber le\u00eddo \u201cEl hu\u00e9sped\u201d, \u201cLa quinta de las celos\u00edas\u201d o \u201cTiempo destrozado\u201d. Amparo D\u00e1vila tiene la estatura y el poder para cambiar nuestra percepci\u00f3n: nuestra imagen de la tradici\u00f3n que la recibe. La constelaci\u00f3n Amparo D\u00e1vila: la que la tiene en su centro, permite replantear nuestra relaci\u00f3n con la lectura a partir de <em>su<\/em> lectura, de los descubrimientos que s\u00f3lo ella puede ofrecernos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>Copyright \u00a9 Alberto Chimal, M\u00e9xico, 2016<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>LA CONSTELACI\u00d3N AMPARO Este ensayo fue escrito para la edici\u00f3n conmemorativa del libro \u00c1rboles petrificados, de la gran narradora mexicana Amparo D\u00e1vila, publicada en 2016 por Nitro Press. * Cuando un autor previamente ignorado, o menospreciado, ingresa en el canon literario de su pa\u00eds, se suele atribuir la canonizaci\u00f3n al (re)descubrimiento de su poder est\u00e9tico:&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":14240,"parent":6609,"menu_order":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","template":"","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"jetpack_post_was_ever_published":false,"footnotes":""},"class_list":["post-14238","page","type-page","status-publish","has-post-thumbnail","hentry"],"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/PjEhq-3HE","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/14238","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/pages"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/page"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=14238"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/14238\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":14242,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/14238\/revisions\/14242"}],"up":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/6609"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/14240"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=14238"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}