{"id":1025,"date":"2009-01-18T16:15:13","date_gmt":"2009-01-18T22:15:13","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?page_id=1025"},"modified":"2016-10-26T10:18:45","modified_gmt":"2016-10-26T15:18:45","slug":"jlb-y-la-cf-articulo","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/textos\/jlb-y-la-cf-articulo\/","title":{"rendered":"JLB y la CF (art\u00edculo)"},"content":{"rendered":"<p><strong>Este art\u00edculo ha aparecido publicado en varias ocasiones; \u00e9sta, su versi\u00f3n definitiva (y todav\u00eda un poco m\u00e1s trabajada), proviene de la publicada en <em>\u00c1nima dispersa<\/em>, una de las bit\u00e1coras literarias que Alberto ha mantenido en Internet y que fue cerrada en 2006.<em><\/em><br \/>\n<\/strong><\/p>\n<blockquote><p><strong>1. \u00bfLa l\u00f3gica del sue\u00f1o?<\/strong><\/p>\n<p>Basta ver la televisi\u00f3n para comprobar que las influencias literarias m\u00e1s importantes de la cultura, en este fin de siglo, son las de dos \u201csubg\u00e9neros\u201d despreciados durante d\u00e9cadas por la cr\u00edtica \u201cseria\u201d: la que hoy llamamos literatura fant\u00e1stica, surgida con las primeras novelas g\u00f3ticas del XIX (y que se ha diversificado hasta abarcar lo mismo a Kafka que a Lovecraft, lo mismo a Tolkien que a todos sus imitadores), y la ciencia ficci\u00f3n (CF), que comenz\u00f3, tambi\u00e9n en el siglo pasado, como una apolog\u00eda de las ideas sobre el progreso de la Ilustraci\u00f3n, en medio de la creciente industrializaci\u00f3n de Europa.<\/p>\n<p>Ya en las obras de H. G. Wells, y aun en las \u00faltimas de Julio Verne, se criticaba la noci\u00f3n de que la tecnolog\u00eda iba resolver todas las necesidades y problemas de la humanidad, a terminar con las guerras, etc\u00e9tera. Pero al igual que con lo fant\u00e1stico (del que se explotan s\u00f3lo los rasgos m\u00e1s escapistas), para la gran mayor\u00eda del p\u00fablico la ciencia ficci\u00f3n es menos una literatura especulativa, como quiso llamarla Harlan Ellison, que fantas\u00edas de poder adolescente con alg\u00fan ropaje tecnol\u00f3gico. No es otra la propuesta de grandes franquicias como <em>Star Wars<\/em>.<\/p>\n<p>En Latinoam\u00e9rica, desde su nombre equ\u00edvoco [fusion_builder_container hundred_percent=\u00bbyes\u00bb overflow=\u00bbvisible\u00bb][fusion_builder_row][fusion_builder_column type=\u00bb1_1&#8243; background_position=\u00bbleft top\u00bb background_color=\u00bb\u00bb border_size=\u00bb\u00bb border_color=\u00bb\u00bb border_style=\u00bbsolid\u00bb spacing=\u00bbyes\u00bb background_image=\u00bb\u00bb background_repeat=\u00bbno-repeat\u00bb padding=\u00bb\u00bb margin_top=\u00bb0px\u00bb margin_bottom=\u00bb0px\u00bb class=\u00bb\u00bb id=\u00bb\u00bb animation_type=\u00bb\u00bb animation_speed=\u00bb0.3&#8243; animation_direction=\u00bbleft\u00bb hide_on_mobile=\u00bbno\u00bb center_content=\u00bbno\u00bb min_height=\u00bbnone\u00bb][una traducci\u00f3n literal de <em>science fiction<\/em>, ficci\u00f3n o narrativa cient\u00edfica], la CF ha tenido que superar, adem\u00e1s de los obst\u00e1culos mencionados arriba, el absurdo aparente de cualquier examen de la tecnolog\u00eda en pa\u00edses que no la producen. Nuestra realidad, se dice con justicia, est\u00e1 lejos de ser la que reflejaban, en sus cuentos y novelas \u201ccl\u00e1sicos\u201d, autores como Hugo Gernsback, Isaac Asimov o Robert Heinlein, importadores del optimismo europeo a los Estados Unidos tras la Primera Guerra Mundial. S\u00f3lo a partir de los a\u00f1os sesenta, cuando escritores de todo el mundo decidieron aprovechar los elementos y motivos de la CF (pero no sus formalidades) para escribir narraciones de mayores pretensiones literarias, menos interesadas en los detalles de la tecnolog\u00eda que en su impacto, en sus efectos \u00faltimos sobre los seres humanos, la CF comenz\u00f3 a ganarse el respeto que merec\u00eda desde precursores como Mary Shelley o Villiers de l\u2019Isle Adam.<\/p>\n<p>Pero los m\u00e1s grandes autores de CF en este siglo deben, si no un gran conjunto de obras dentro del g\u00e9nero, s\u00ed una soberbia interpretaci\u00f3n de sus convenciones y premisas, as\u00ed como un listado enorme de precursores e influencias, a un escritor que no acostumbramos mencionar al discutir el tema: Jorge Luis Borges.<\/p>\n<p><strong>2. La flor y las m\u00e1quinas<\/strong><\/p>\n<p>La obra de Borges, inspirada siempre en una visi\u00f3n del mundo semejante a la de los fil\u00f3sofos idealistas, y basada en unos pocos temas recurrentes (el sue\u00f1o, la identidad, el tiempo, los laberintos, la literatura misma), nos parece lejana de la CF y su pretendida elaboraci\u00f3n l\u00f3gica de las posibilidades de las ciencias. Pero el 27 de noviembre de 1936, en la revista argentina El Hogar, Borges public\u00f3 la siguiente rese\u00f1a:<\/p>\n<blockquote><p>THINGS TO COME, DE H.G. WELLS. El autor de <em>El hombre invisible<\/em>, de <em>La isla del doctor Moreau<\/em>, de <em>Los primeros hombres en la Luna<\/em> y de <em>La m\u00e1quina del tiempo<\/em> (he mencionado sus mejores novelas, que no son por cierto las \u00faltimas) ha publicado en un volumen de 140 p\u00e1ginas el texto minucioso de su reciente film<em> Lo que vendr\u00e1<\/em>. \u00bfLo ha hecho tal vez para desentenderse un poco del film, para que no le crean responsable de todo el film? La sospecha no es ileg\u00edtima. Por lo pronto, hay un cap\u00edtulo inicial de instrucciones. Ah\u00ed est\u00e1 escrito que los hombres del porvenir no se disfrazar\u00e1n de postes de tel\u00e9grafo ni corretear\u00e1n de un lugar a otro, embutidos en armaduras de celof\u00e1n, en recipientes de cristal o en calderas de aluminio. \u201cQuiero que Oswald Cabal (escribe Wells) parezca un fino caballero, no un gladiador con su panoplia o un demente acolchado. Nada de jazz ni de artefactos de pesadilla. Que todo sea m\u00e1s grande, pero que no sea nunca monstruoso.\u201d Los espectadores recordar\u00e1n que los personajes del film carecen de calderas de celof\u00e1n y de armaduras de aluminio, pero recordar\u00e1n que la impresi\u00f3n general (harto m\u00e1s importante que los detalles) es de pesadilla, y monstruosa. No me refiero a la primera parte, donde lo monstruoso es deliberado; me refiero a la \u00faltima, cuya disciplina deber\u00e1 contrastar con el desorden sangriento de la primera, y que no s\u00f3lo no contrasta, sino que la supera en fealdad. Para juzgar a Wells, para juzgar las intenciones de Wells, hay que recorrer ese libro.<\/p><\/blockquote>\n<p>El comentario, adem\u00e1s de mostrar algunas imperfecciones de la pel\u00edcula de William Cameron Menzies, era parte de un examen mucho m\u00e1s largo y fruct\u00edfero: el de la obra entera de H. G. Wells que Borges hab\u00eda emprendido desde su primera juventud. De ella le gustaban m\u00e1s las primeras novelas, las de CF, y por las mismas razones por las que le disgustaba la versi\u00f3n f\u00edlmica de <em>Lo que vendr\u00e1<\/em>, llena de efectismos y trucos. Borges lo explica asi en \u00abEl primer Wells\u00bb, un ensayo publicado en <em>Otras inquisiciones<\/em> (1952), despu\u00e9s de poner al escritor ingl\u00e9s por encima de Verne, Cyrano, Luciano de Samosata, Francis Bacon y todos sus maestros:<\/p>\n<blockquote><p>La mayor felicidad de sus argumentos no basta para resolver el problema. En libros no muy breves, el argumento no puede ser m\u00e1s que un pretexto, o un punto de partida. Es importante para la ejecuci\u00f3n de la obra, no para los goces de la lectura. Ello puede observarse en todos los g\u00e9neros. En mi opini\u00f3n, la precedencia de las primeras novelas de Wells se debe a una raz\u00f3n m\u00e1s profunda. No s\u00f3lo es ingenioso lo que refieren; es tambi\u00e9n simb\u00f3lico de procesos que de alg\u00fan modo son inherentes a todos los destinos humanos.<\/p><\/blockquote>\n<p>Es decir, lo importante no es el artificio de la sustancia antigravitacional, de la transparencia el\u00e9ctricamente inducida, de los veh\u00edculos para viajar por la cuarta dimensi\u00f3n. No es el asombro por el asombro (la \u201cest\u00e9tica de la idea\u201d, la llaman algunos, de manera doblemente absurda), sino la forma en la que esas m\u00e1quinas y t\u00e9cnicas dicen algo sobre la condici\u00f3n de todos los seres humanos. La soledad del hombre invisible; la animalidad y la humanidad enfrentadas por el doctor Moreau; la vanidad de los hombres (y en especial de los imperialistas ingleses) hecha trizas por los marcianos; \u00e9sas son las cosas que importan de Wells y que lo vuelven perdurable: \u201cEs un espejo que declara los rasgos del lector\u201d, escribe Borges, \u201cy tambi\u00e9n es un mapa del mundo\u201d.       En todos sus textos sobre libros y autores de CF, Borges destaca la preeminencia de Wells, por esta capacidad de ser rele\u00eddo, interpretado siempre de manera distinta, que se debe a su calidad literaria, y a la forma en la que viste los temas centrales de todo arte para reflejar las condiciones de su tiempo. Esto implica, desde luego, una visi\u00f3n de toda la CF como una actualizaci\u00f3n moderna de temas y mitos antiguos, envueltos tan s\u00f3lo en la tecnolog\u00eda que estos \u00faltimos siglos se han encargado de endiosar. La prueba est\u00e1 en otro ensayo de <em>Otras inquisiciones<\/em>, \u00abLa flor de Coleridge\u00bb, que emparenta a Wells con el profeta Isa\u00edas, con Virgilio y con otros que han descrito el futuro. Su novela <em>La m\u00e1quina del tiempo <\/em>introduce, tan s\u00f3lo, la innovaci\u00f3n de trasladarse \u201cf\u00edsicamente al porvenir\u201d, y de unirse con Samuel Taylor Coleridge, el autor de Kubla Kan, mediante una met\u00e1fora. Como en una nota de Coleridge, el personaje de Wells trae una flor como recuerdo de su viaje inaudito: una flor \u201ccuyos \u00e1tomos ocupan ahora otros lugares y no se combinaron a\u00fan\u201d.<\/p>\n<p><strong>3. Marcianos, estrellas, im\u00e1genes<\/strong><\/p>\n<p>Otro de los escritores que Borges examin\u00f3, con este sistema de referencias y conexiones, fue Ray Bradbury, cuya colecci\u00f3n de cuentos y relatos <em>Cr\u00f3nicas marcianas<\/em> (1950) fue prologada por aqu\u00e9l en su edici\u00f3n argentina. En ese pr\u00f3logo se cita, adem\u00e1s de a Wells, una vez m\u00e1s a Luciano, cuya <em>Historia Verdadera<\/em> est\u00e1 llena de maravillas y disparates de supuestos viajeros planetarios, pero tambi\u00e9n a John Wilkins, que escribi\u00f3 sobre la posibilidad de crear aeronaves y enviarlas al espacio, y al <em>Somnium Astronomicum<\/em> de Johannes Kepler, que describe por primera vez en la literatura el vac\u00edo y las temperaturas extremas del espacio.       Esa mezcla de poes\u00eda y plausibilidad cient\u00edfica no est\u00e1 en <em>Cr\u00f3nicas marcianas<\/em>, pero s\u00ed otra equivalente:\u00a0 cohetes, marcianos, tel\u00e9patas, armas extra\u00f1as se funden con la vida del medio oeste norteamericano, cuya mentalidad, y su sistema de valores, son los de Bradbury:<\/p>\n<blockquote><p>\u00bfQu\u00e9 ha hecho este hombre de Illinois para que episodios de la conquista de otro planeta me llenen de terror y de soledad? Toda literatura (me atrevo a conjeturar) es simb\u00f3lica: hay unas pocas experiencias fundamentales y es indiferente que un escritor, para transmitirlas, recurra a lo \u201cfant\u00e1stico\u201d o a lo \u201creal\u201d, a Macbeth o a Raskolnikov, a la invasi\u00f3n de B\u00e9lgica en agosto de 1914 o a una invasi\u00f3n de Marte. \u00bfQu\u00e9 importa la novela o noveler\u00eda de la <em>science-fiction<\/em>? En este libro de apariencia fantasmag\u00f3rica, Bradbury ha puesto sus largos domingos vacios, su tedio americano, su soledad, como los puso Sinclair Lewis en <em>Main Street<\/em>.<\/p><\/blockquote>\n<p>Borges insiste una vez m\u00e1s en el linaje diverso y antiguo de la CF, por igual contra quienes la desprecian y quienes la alaban como algo esencialmente nuevo, al escribir sobre Olaf Stapledon. Este escritor brit\u00e1nico, literariamente inferior a Bradbury y Wells, es sin embargo el autor de <em>Hacedor de estrellas<\/em> (1937), una de las obras m\u00e1s importantes e influyentes (de modo secreto) del siglo XX. En su pr\u00f3logo al libro, Borges afirma que la escritura de Stapledon parece la de un naturalista, \u00e1rida y precisa, sin detalles tan nimios como vidas o emociones individuales, pero que al mismo tiempo, en su descripci\u00f3n ampl\u00edsima de la vida de este universo y de todos los concebibles, es de \u201ccasi ilimitada imaginaci\u00f3n\u201d y combina dos tradiciones muy diferentes: \u00abEn un estudio sobre <em>Eureka <\/em>de Poe, Val\u00e9ry ha observado que la cosmogon\u00eda es el m\u00e1s antiguo de los g\u00e9neros literarios. Cabe afirmar que el m\u00e1s moderno es la f\u00e1bula o fantas\u00eda de car\u00e1cter cient\u00edfico. Es sabido que Poe abord\u00f3 aisladamente los dos g\u00e9neros y acaso invent\u00f3 el \u00faltimo; Olaf Stapledon los combina en este libro singular.\u00bb Y en una nota aparte sobre <em>Hacedor de estrellas<\/em>, publicada en <em>El Hogar<\/em> el 6 de agosto de 1937, Borges agrega: \u201cBaruch Spinoza, ge\u00f3metra de la divinidad, cre\u00eda que el universo consta de infinitas cosas en infinitos modos. Olaf Stapledon, novelista, comparte esa abrumadora opini\u00f3n\u201d.<\/p>\n<p>En cuanto a la CF latinoamericana, Borges la trat\u00e1 poco, y menos a\u00fan cuando los escritores que la cultivaban tomaron abierta distancia de sus convicciones pol\u00edticas. Pero su actitud ante ella fue la misma. Su pr\u00f3logo a <em>La invenci\u00f3n de Morel<\/em> (1940), de su amigo y colaborador Adolfo Bioy Casares, hace referencia una vez m\u00e1s a Wells (al doctor Moreau, que se parece mucho al Morel de Bioy), y tambi\u00e9n recuerda puntualmente otros precursores: Or\u00edgenes, Dante Gabriel Rossetti, Louis Auguste Blanqui. Pero es m\u00e1s importante su reticencia a contar el argumento, porque es el reverso de su desd\u00e9n por el efectismo y los asombros gratuitos: su desprecio, no menos grande, por el \u201cverismo\u201d que llena de tedio muchas novelas de su tiempo y del nuestro: \u00abBioy Casares, en estas p\u00e1ginas, resuelve con felicidad un problema acaso m\u00e1s dif\u00edcil (que los de la novela policial). Despliega una odisea de prodigios que no parecen admitir otra clave que la alucinaci\u00f3n o que el s\u00edmbolo, y plenamente los descifra mediante un solo postulado fant\u00e1stico pero no sobrenatural.\u00bb       Para Borges, tal vez, una gran virtud de la ciencia ficci\u00f3n, de su fantas\u00eda razonada, era la posibilidad de acercarse a temas muy queridos por \u00e9l sin que su argumento se contaminara de pretensiones naturalistas. En el mismo pr\u00f3logo, dice que la novela de aventuras \u201cno se propone como una transcripci\u00f3n de la realidad: es un objeto artifical que no sufre ninguna parte injustificada\u201d.<\/p>\n<p><strong>4. Los mundos imaginados<\/strong><\/p>\n<p>Estos casos nos son los \u00fanicos en los que Borges se acerc\u00f3 a la ficci\u00f3n especulativa y mostr\u00f3 sus fuentes primeras, los sue\u00f1os antiguos que Bradbury, Wells, Stapledon, Bioy Casares y tantos m\u00e1s llevaron al futuro. Sus libros de ensayos, sus notas period\u00edsticas y hasta sus poemas tienen todav\u00eda otras referencias.       Pero antes de terminar, es m\u00e1s importante destacar aqu\u00ed que en la propia obra narrativa de Borges hay ejemplos de CF, vale decir, textos que Borges probablemente no pretendi\u00f3 ce\u00f1ir a ning\u00fan subg\u00e9nero, pero que pueden leerse como cercanos a la ficci\u00f3n especulativa m\u00e1s heterodoxa, al modo de un Stanislaw Lem o una Ang\u00e9lica Gorodischer (ambos, por cierto, escritores borgianos). El m\u00e1s famoso es el cuento que Jorge A. S\u00e1nchez eligi\u00f3 para <em>Los universos vislumbrados: antolog\u00eda de ciencia ficci\u00f3n argentina<\/em> (1978): titulado \u201cUtop\u00eda de un hombre que est\u00e1 cansado\u201d, pertenece a <em>El libro de arena<\/em> (1975). En \u00e9l, un hombre viaja al futuro y encuentra a otro, representante de toda la especie, que le describe el hartazgo final de la humanidad y su b\u00fasqueda de alguna forma r\u00e1pida y segura de suicidio. Este hombre se dedica a estudios literarios e hist\u00f3ricos para matar el tiempo, convencido de la futilidad de todo. Es un reflejo de Borges, ya viejo, que a su vez refleja al viajero del tiempo de Wells, porque su narrador vuelve al presente con un objeto del futuro, un cuadro cuyos \u00e1tomos, en nuestro tiempo, a\u00fan est\u00e1n dispersos en muchos objetos y seres. Pero otro cuento ejemplar, y mucho m\u00e1s importante y asombroso, es \u201cTl\u00f6n, Uqbar, Orbis Tertius\u201d, publicado por primera vez en 1940 en la revista <em>Sur<\/em> y recogido, al cabo, en Ficciones (1944), su libro de narraciones m\u00e1s celebrado y perfecto.<\/p>\n<p>La historia es una de las que consagraron a Borges: la referencia, en una enciclopedia pirata, a Uqbar, un pa\u00eds inexistente, lleva al descubrimiento de otra enciclopedia, secreta, en la que se describe a Tl\u00f6n, un mundo que no es la Tierra y al que pertenecen Uqbar y un sinn\u00famero de prodigios. Todo resulta, de acuerdo con una posdata, un enga\u00f1o perpetrado por un grupo de fil\u00f3sofos del siglo XVIII, y llevado a t\u00e9rmino por un millonario estadounidense.       Pero esa misma posdata est\u00e1 fechada en 1947, despu\u00e9s de su fecha de publicaci\u00f3n original, y refiere c\u00f3mo, poco a poco, ciertos objetos de Tl\u00f6n aparecen en nuestro mundo y comienzan a transformarlo. Al final, se nos dice, el mundo ser\u00e1 Tl\u00f6n, y la humanidad entera se rendir\u00e1 con entusiasmo a la invasi\u00f3n.       El cuento no es de CF tan s\u00f3lo por el juego de las fechas. Tambi\u00e9n, porque, sin invocar postulados de las ciencias exactas, examina y especula sobre dos temas centrales que luego tocar\u00edan, entre muchos otros, Philip K. Dick, Ursula K. LeGuin y J. G. Ballard: la naturaleza cambiante de la realidad: la forma en la que cada ser humano, al construirse o aprender un sistema para comprender el universo, la recrea, o la transforma (siquiera subjetivamente), con el pensamiento. La gente vuelve falsa la historia \u201cverdadera\u201d al desecharla en favor de la de Tl\u00f6n (que Borges llama \u201carmoniosa\u201d y \u201cllena de episodios conmovedores\u201d). El pasado, dicen los seres humanos, es lo que creemos que sucedi\u00f3. Y el que nadie se oponga a la sustituci\u00f3n se explica porque Tl\u00f6n, a pesar de su complejidad, es una obra humana, finita, aprehensible; una obra, por lo tanto, m\u00e1s f\u00e1cil de aceptar que el mundo ca\u00f3tico que nos proponen la ciencia y el racionalismo, y que est\u00e1 ordenado \u201cde acuerdo a leyes divinas \u2014traduzco: a leyes inhumanas\u201d. Tl\u00f6n embelesa porque su apariencia de orden permite imaginar sin miedo el Universo.<br \/>\nBorges, por supuesto, concluye su cuento amargamente, insinuando que ese orden tranquilizador es, tambi\u00e9n, la de las dictaduras: el universo es m\u00e1s complejo que el ser humano, y ce\u00f1irlo a nuestros propios l\u00edmites s\u00f3lo consigue disminuirnos.<\/p>\n<p><strong>Copyright \u00a9 Alberto Chimal, M\u00e9xico, 2009<\/strong><\/p><\/blockquote>\n[\/fusion_builder_column][\/fusion_builder_row][\/fusion_builder_container]\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Este art\u00edculo ha aparecido publicado en varias ocasiones; \u00e9sta, su versi\u00f3n definitiva (y todav\u00eda un poco m\u00e1s trabajada), proviene de la publicada en \u00c1nima dispersa, una de las bit\u00e1coras literarias que Alberto ha mantenido en Internet y que fue cerrada en 2006. 1. \u00bfLa l\u00f3gica del sue\u00f1o? Basta ver la televisi\u00f3n para comprobar que las&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"parent":6609,"menu_order":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","template":"page-ac.php","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"jetpack_post_was_ever_published":false,"footnotes":""},"class_list":["post-1025","page","type-page","status-publish","hentry"],"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/PjEhq-gx","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/1025","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/pages"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/page"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1025"}],"version-history":[{"count":13,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/1025\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":6681,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/1025\/revisions\/6681"}],"up":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/6609"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1025"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}