{"id":1023,"date":"2008-09-09T19:27:26","date_gmt":"2008-09-10T01:27:26","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?page_id=1023"},"modified":"2018-10-22T11:07:55","modified_gmt":"2018-10-22T16:07:55","slug":"gente-del-mundo-fragmentos","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/textos\/gente-del-mundo-fragmentos\/","title":{"rendered":"Gente del mundo"},"content":{"rendered":"<p><em>Gente del mundo<\/em>, publicado originalmente en 1998, fue considerado uno de los 20 mejores t\u00edtulos de narrativa publicados en M\u00e9xico en ese a\u00f1o. Es un cat\u00e1logo de pueblos y naciones de un mundo imaginario que, al poco de comenzar la lectura, se revelan como visiones de la humanidad de este mundo: de sus obsesiones, virtudes y flaquezas. He aqu\u00ed cinco fragmentos del libro, correspondientes a otros tantos de sus pueblos. La edici\u00f3n m\u00e1s reciente del libro fue publicada por ERA en 2014.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/07\/20140705-180246-64966624.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"11152\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/la-historia-de-gente-del-mundo-2\/20140705-180246-64966624-jpg\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/07\/20140705-180246-64966624.jpg\" data-orig-size=\"260,393\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}\" data-image-title=\"Gente del Mundo\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/07\/20140705-180246-64966624.jpg\" class=\"size-medium wp-image-11152 alignright\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/07\/20140705-180246-64966624-198x300.jpg\" alt=\"\" width=\"198\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/07\/20140705-180246-64966624-198x300.jpg 198w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/07\/20140705-180246-64966624.jpg 260w\" sizes=\"auto, (max-width: 198px) 100vw, 198px\" \/><\/a>LA VERDAD<\/strong><\/p>\n<p>Los llollo dec\u00edan siempre lo contrario de lo que pensaban, de tal suerte que los peores enemigos se saludaban con alegr\u00eda; los amantes no dejaban de decirse adi\u00f3s; los generales ordenaban cargar cuando el ej\u00e9rcito deb\u00eda retirarse; las madres amonestaban a los hijos m\u00e1s obedientes. Siempre. Pero viajeros de todas las regiones iban hasta los llollo para o\u00edrlos hablar, vivir de ese modo tan extra\u00f1o, y acaso uno de ellos, un mercader o un contador de cuentos, les ense\u00f1\u00f3 a mentir (arte que les era desconocido y aun impensable).<\/p>\n<p>Por lo que empezaron a decir lo que pensaban; a decir lo que no pensaban a sabiendas de que nadie les creer\u00eda, y a hablar tambi\u00e9n con intenciones rectas, pero sin que nadie les diera cr\u00e9dito. Terminaron por mezclar lo que pensaban y lo que no en el discurso, en la acci\u00f3n y hasta en el pensamiento; as\u00ed se volvieron iguales al resto de los pueblos del mundo, y se dispersaron, pues unos a otros, se dice, ya no pod\u00edan comprenderse.<\/p>\n<p><strong>VALOR<\/strong><\/p>\n<p>Desde siempre, seg\u00fan dicen, los magok-da se alimentan s\u00f3lo de carne de yak, leche de yak y papas fritas en grasa de yak. (Habitan las magras estepas de Daka, donde medran a\u00fan esos cuadr\u00fapedos.) Esa dieta milenaria los ha convertido en un pueblo tan obeso que, por ejemplo, pocos pueden caminar, menos a\u00fan correr, y los jinetes m\u00e1s grandes entre ellos deben cabalgar sobre dos o hasta tres monturas al mismo tiempo. Pero no les impide satisfacer sus \u00e1nimos belicosos, como se ver\u00e1 en el siguiente fragmento del historiador Kschatt de Morrst:<\/p>\n<blockquote><p>La v\u00edspera de toda batalla, se escuchan en sus campamentos los sonidos de un trabajo febril. Al amanecer, las catapultas (varias veces m\u00e1s grandes que las catapultas comunes, con enormes cabrestantes de metal y canastas de siete pies de di\u00e1metro) est\u00e1n listas; recuas de yaks las llevan tan cerca como es posible de las posiciones enemigas.<\/p>\n<p>Luego, mientras unos pocos jinetes atrevidos hacen una falsa carga, para provocar a los adversarios, surge el grueso del ej\u00e9rcito magok-da: guerreros enormes y redondos, acorazados, provistos de crueles pu\u00f1ales, largos arcos o temibles alabardas. Suben, con algunas dificultades, a las catapultas; son disparados, uno por uno, por los operarios de esas m\u00e1quinas, que apenas tienen tiempo luego para tensar las cuerdas, hacer girar los cabrestantes, acomodar al siguiente proyectil, apuntar y disparar de nuevo. Es extra\u00f1o y no poco aterrador ver a los guerreros magok-da en pleno vuelo, a veces girando sobre s\u00ed mismos, lentamente, y otras con la mirada fija en los soldados enemigos sobre los que caer\u00e1n; todo el que los ve grita si, adem\u00e1s, escucha los cantos de sangre con los que se acompa\u00f1an en su viaje por los aires. (Un solo guerrero, al dar contra el suelo, puede matar a varias decenas de guerreros hostiles. Si sobrevive a la ca\u00edda y consigue moverse, puede dar cuenta de por lo menos otro centenar.)<\/p><\/blockquote>\n<p>Desde peque\u00f1os, los magok-da son habituados a volar: sus padres, en lugar de acunarlos entre sus brazos, los lanzan por los aires para arrullarlos.<\/p>\n<p><strong>LA PAZ<\/strong><\/p>\n<p>No hay ofensa que los alcance, mala acci\u00f3n que los atormente, fallo que los persiga. Viven en las selvas de Jaqim, a la intemperie, cubiertos s\u00f3lo por sus cabellos y su propia piel, y todos sus d\u00edas son un mismo d\u00eda. Son felices. Son los qamaq, el Pueblo Sonriente, \u00faltimo depositario de la magia del olvido.<\/p>\n<p>Un solo mago los cuida y los gobierna: se despierta temprano, antes que el Sol, y se pasea entre los suyos, que duermen. Se acerca, sin hacer ruido, a cada uno, y toca su frente. Al contacto, los recuerdos del durmiente se diluyen y se desvanecen. As\u00ed abre los ojos y contempla la selva con mirada limpia; as\u00ed le parece estar siempre en el comienzo de todo lo creado.<\/p>\n<p>Los qamaq prueban dos veces la misma planta venenosa; toman muchas veces el camino m\u00e1s peligroso, repiten interminablemente los gestos temerarios, crueles, in\u00fatiles. Pero s\u00f3lo el mago lo sabe y lo comprende, y \u00e9se es el precio que debe pagar por su poder, mientras no lo pase a otro.<\/p>\n<p><strong>POES\u00cdA<\/strong><\/p>\n<p>Los aiyunda, pobladores de la ciudad de Ondyagu en el Oeste, son famosos por este ritual: cada amanecer, el primero que despierta y alcanza la plaza en el centro de Ondyagu (a la que miran todos los edificios circundantes, por igual los templos y las casas de gobierno) pronuncia una palabra.<\/p>\n<p>Luego, el m\u00e1s pr\u00f3ximo a quien ha hablado repite la palabra y agrega otra.<\/p>\n<p>Luego, alguien m\u00e1s repite lo ya dicho, m\u00e1s otra palabra, y as\u00ed por las calles y las casas, de ni\u00f1os a viejos, de mujeres a hombres, de amigos a enemigos, de un extremo a otro de la ciudad, durante todo el d\u00eda viaja por Ondyagu la cadena de palabras, dicha de unos a otros, cada vez m\u00e1s larga.<\/p>\n<p>Al anochecer, uno que la escucha, y al que corresponde agregar su propia palabra, decide en cambio dirigirse a la plaza. All\u00ed lo recibe el Gran Archivista de la ciudad, que escribe en un grueso libro lo que le dicta el reci\u00e9n llegado. Al pie de la \u00faltima l\u00ednea pone la fecha.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de siglos, esta labor de los aiyunda ha llenado millares de vol\u00famenes. Y, por un azar o milagro m\u00e1s all\u00e1 de toda medida, cuanto est\u00e1 escrito en ellos es de belleza, sonoridad y sentido incomparables. De ellos provienen la primera versi\u00f3n de la Poes\u00eda Llorando, de la Balada del Hombre de Plata, del Agua que hab\u00eda Muerto, de los Cantos del Bien Dudar, que arrancaron l\u00e1grimas del mismo Karesh el Atroz&#8230;<\/p>\n<p>Sabios y estudiosos de todo el mundo van hasta Ondyagu a leer y, un\u00e1nimemente, cubren de loas a la ciudad y a su pueblo como si fueran un solo individuo, un solo poeta de genio innumerable.<\/p>\n<p><strong>APEGO<\/strong><\/p>\n<p>Para los janr, la muerte es el estadio \u00faltimo y definitivo de la existencia. Esto los llev\u00f3, desde antiguo, a temerla y detestarla, y a tener el arte de la preservaci\u00f3n como el m\u00e1s elevado, el m\u00e1s digno y virtuoso. No hay, en esa disciplina, maestros m\u00e1s grandes: un cad\u00e1ver tratado por ellos, sometido a cualquiera de sus t\u00e9cnicas de embalsamamiento, es efectivamente arrebatado del ciclo natural de la putrefacci\u00f3n, y dejado, eternamente, como se encontraba en el momento de la muerte, sin deterioro perceptible.<\/p>\n<p>Estas \u00abbellas momias\u00bb , que las familias conservan celosamente por generaciones, acaban por llenar todas las ciudades de los janr. Entonces los pobladores vivos deben emigrar, y quedan los muertos, formados todos en las calles y las casas, mirando hacia afuera por las puertas y las ventanas: un saludo burl\u00f3n al sol, que marca el paso de los d\u00edas.<\/p>\n<p><strong>Copyright \u00a9 Alberto Chimal, M\u00e9xico, 1998<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Gente del mundo, publicado originalmente en 1998, fue considerado uno de los 20 mejores t\u00edtulos de narrativa publicados en M\u00e9xico en ese a\u00f1o. Es un cat\u00e1logo de pueblos y naciones de un mundo imaginario que, al poco de comenzar la lectura, se revelan como visiones de la humanidad de este mundo: de sus obsesiones, virtudes&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":11152,"parent":6609,"menu_order":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","template":"","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"jetpack_post_was_ever_published":false,"footnotes":""},"class_list":["post-1023","page","type-page","status-publish","has-post-thumbnail","hentry"],"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/PjEhq-gv","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/1023","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/pages"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/page"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1023"}],"version-history":[{"count":11,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/1023\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":14652,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/1023\/revisions\/14652"}],"up":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/6609"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/11152"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1023"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}