{"id":1018,"date":"2008-10-31T22:46:47","date_gmt":"2008-11-01T04:46:47","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?page_id=1018"},"modified":"2016-10-26T10:18:48","modified_gmt":"2016-10-26T15:18:48","slug":"clavileno","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/textos\/clavileno\/","title":{"rendered":"Clavile\u00f1o (art\u00edculo)"},"content":{"rendered":"<p><em>Este art\u00edculo fue publicado en la columna \u00abMundo raro\u00bb, que Alberto Chimal mantuvo durante cinco a\u00f1os (2001-2005) en el suplemento <\/em>Arena<em>, del diario mexicano <\/em>Exc\u00e9lsior<em>. Era parte de una serie sobre Cervantes, con el pretexto del cuarto centenario del <\/em>Quijote<em>, y alg\u00fan d\u00eda podr\u00e1 ser parte de un ensayo m\u00e1s extenso.<\/em><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"4494\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/textos\/clavileno\/clavileno-2\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2008\/10\/clavileno.gif\" data-orig-size=\"320,214\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}\" data-image-title=\"Clavile\u00f1o\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2008\/10\/clavileno.gif\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2008\/10\/clavileno.gif\" alt=\"Clavile\u00f1o\" title=\"Clavile\u00f1o\" width=\"320\" height=\"214\" class=\"alignnone size-full wp-image-4494\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2008\/10\/clavileno.gif 320w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2008\/10\/clavileno-300x200.gif 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 320px) 100vw, 320px\" \/><\/p>\n<p>1<br \/>\nEn la segunda parte del <em>Quijote<\/em>, los planes fr\u00edvolos o preocupados de varios personajes compiten, de tan raros y caprichosos, con los desvar\u00edos que fragua el propio caballero. Sobre todo llama la atenci\u00f3n el esp\u00edritu festivo, cruel, del Duque y la Duquesa, dos nobles que se divierten durante muchos d\u00edas inventando tareas y haza\u00f1as tremendas (puestas en escena, fingimientos y m\u00e1scaras) para Don Quijote y Sancho. Y la de Clavile\u00f1o, el volador, es una de las mejores:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Entre el cap\u00edtulo XXXVI y el XL, la casa de los duques recibe a una supuesta condesa Trifaldi, tambi\u00e9n llamada la Due\u00f1a Dolorida, quien llega con numerosa comitiva a pedir ayuda para ella, los suyos y su ama, la infanta Antonomasia. Seg\u00fan la Trifaldi, el poderoso gigante Malambruno transform\u00f3 a Antonomasia y al esposo de \u00e9sta en estatuas de metal; a los dem\u00e1s, hombres y mujeres, les puso unas barbas enormes y espantosas. La \u00fanica salvaci\u00f3n de todos es que Don Quijote se avenga a aceptar el desaf\u00edo del gigante; la \u00fanica forma razonable de llegar hasta \u00e9l es volando a lomos de Clavile\u00f1o, llamado el Al\u00edgero: un corcel de madera creado por el mago Merl\u00edn, que se gobierna mediante una clavija en la frente y puede cubrir volando las muchas leguas que separan a los adversarios.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Acepta don Quijote y a la noche llega Clavile\u00f1o, cargado por sirvientes de verde. Sancho teme, el caballero tambi\u00e9n (pero no lo dice para no menoscabar su valent\u00eda a los ojos de los dem\u00e1s) y ambos montan. Para evitar el mareo, aceptan vendarse los ojos. Todo es una impostura, por supuesto, y mientras Sancho y su amo, ya a ciegas y en el cap\u00edtulo XLI, se mantienen sobre el monigote, los dem\u00e1s les echan aire con fuelles, acercan estopas encendidas a sus caras y por fin hacen volar al caballo, que est\u00e1 relleno de cohetes, con otro fuego bien aplicado en su cola. Todos caen al suelo; cuando Don Quijote y Sancho se levantan, la Trifaldi y los suyos se han ido y un pergamino fijo a una lanza clavada en el suelo anuncia que Malambruno se da por satisfecho y ha levantado sus encantamientos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Don Quijote, como es de esperar, no percibe el enga\u00f1o, para diversi\u00f3n de los duques y sus gentes: \u00abosar\u00e9 jurar\u00bb, dijo ya sobre Clavile\u00f1o, \u00abque en todos los d\u00edas de mi vida he subido en cabalgadura de paso m\u00e1s llano: no parece sino que no nos movemos de un lugar\u00bb. Pero Sancho logra un desquite curioso, involuntario, cuando la Duquesa le pregunta sobre c\u00f3mo le fue por los aires. De pronto, sin aviso previo, afirma haberse levantado la venda de los ojos y haber contemplado el mundo desde las alturas, y su descripci\u00f3n es deliciosa porque est\u00e1 llena de sinsentidos: el mundo como un grano de mostaza y cada persona como una nuez, la tierra descubierta \u00abpor un ladito\u00bb para verla entera, y por fin Sancho bajando de Clavile\u00f1o para jugar en el cielo con las \u00abSiete cabrillas\u00bb (las Pl\u00e9yades); \u00abme entretuve con las cabrillas, que son como unos alhel\u00edes y como unas flores, casi tres cuartos de hora, y Clavile\u00f1o no se movi\u00f3 de su lugar, ni pas\u00f3 adelante (&#8230;) Son (&#8230;) las dos verdes, las dos encarnadas, las dos azules, y la una de mezcla\u00bb.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Luego viene uno de esos intercambios que ennoblecen la amistad de Don Quijote &#8211;quien se aviene a creer en Sancho si \u00e9ste acepta como verdad lo sucedido en la cueva de Montesinos, en aquel otro episodio de maravillas&#8211;, pero lo importante es que el escudero ha sido un mejor fabulador que los Duques, cuyo final para Clavile\u00f1o es apresurado e insatisfactorio. Como Don Quijote, el lector se extra\u00f1a de que la aventura concluya apenas comenzada, pero el premio est\u00e1 en la imaginaci\u00f3n del escudero, que salta de las estrellas a los animales y a las flores y al sue\u00f1o. \u00bfC\u00f3mo hubiera urdido \u00e9l, de estar aliado con los duques, de locuras en la guarida del gigante Malambruno?<\/p>\n<p>2<br \/>\nComo sucede con la quimera (que ya no es un animal fabuloso sino un sustantivo com\u00fan, y cuyo infortunio fue explicado por Borges), algo hay en Clavile\u00f1o que se resiste a proliferar en la imaginaci\u00f3n de los otros. Su estirpe, al menos, es incierta, o tenue, o apenas existente: un veh\u00edculo volador con forma de cuadr\u00fapedo. Ya sabemos que en la vida \u00abreal\u00bb se imaginaron muchas formas de imitar a las aves en su investigaci\u00f3n de la teor\u00eda y la pr\u00e1ctica del vuelo; hay muchos caballos famosos en la literatura y la historia (el mismo Quijote contiene una breve enumeraci\u00f3n, dicha por la Dolorida), y en la primera hay tambi\u00e9n, incluso, muchas cabalgaduras capaces de volar: al-Buraq que transport\u00f3 a Mahoma; Garuda, rey de los p\u00e1jaros que montan Vishnu y Lakshmi; el caballo alado cuyo nombre, y no su especie, era Pegaso. Etc\u00e9tera. \u00bfPor qu\u00e9 no una familia alrededor de la criatura cervantina, que no vol\u00f3 jam\u00e1s, de acuerdo, pero inspir\u00f3 uno de los sue\u00f1os m\u00e1s elevados y hermosos de su libro?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Puede ser, adem\u00e1s de la naturaleza relativa de sus poderes sobrenaturales, la redundancia: las patas que no se apoyar\u00edan en el suelo, por ejemplo, y s\u00f3lo colgar\u00edan in\u00fatiles; puede ser la misma forma animal en una construcci\u00f3n humana, de esas que se proponen apartarse del mundo natural. El otro gran caballo de madera en la tradici\u00f3n de occidente es el de Troya, tan manchado como est\u00e1 por lugares comunes, malas pel\u00edculas y libros esot\u00e9ricos, y su condici\u00f3n de veh\u00edculo de los aqueos (para ingresar en la ciudad sitiada) nunca ha importado tanto como el enga\u00f1o de su creador, Odiseo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pienso en una idea que Alejandro Jodorowsky sugiri\u00f3 al dibujante Juan Gim\u00e9nez para <em>Los metabarones<\/em>, la extensa novela gr\u00e1fica en la que los dos colaboraron: contra la fealdad pragm\u00e1tica de las naves espaciales \u00aba la americana\u00bb y de toda una cultura material fincada en la utilidad y el beneficio, sin inter\u00e9s por la belleza, el escritor chileno imaginaba veh\u00edculos que fueran a la vez construcciones y criaturas, cohetes tentaculados, ballenas de metal y carne nadando en el vac\u00edo. Como estas visiones s\u00f3lo pueden ser hijas del siglo XX &#8211;indigesto de ideas subalternas, obsesionado con la mezcla y la regurgitaci\u00f3n de lo ya existente&#8211;, sospecho que ejemplos de seres o artefactos semejantes a Clavile\u00f1o se encontrar\u00e1n, probablemente, s\u00f3lo en las historias populares de ahora. Pero todas son, como se sabe, desechables: ninguna provocar\u00eda la misma fascinaci\u00f3n, al menos, en Sancho Panza, quien sabe hacer cosas mejores.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ruben Dar\u00edo, en su \u00abLetan\u00eda de nuestro se\u00f1or Don Quijote\u00bb, se dice \u00abenamorado\u00bb de esta criatura solitaria.<\/p>\n<p><strong><br \/>\nCopyright \u00a9 Alberto Chimal, M\u00e9xico, 2005<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Este art\u00edculo fue publicado en la columna \u00abMundo raro\u00bb, que Alberto Chimal mantuvo durante cinco a\u00f1os (2001-2005) en el suplemento Arena, del diario mexicano Exc\u00e9lsior. Era parte de una serie sobre Cervantes, con el pretexto del cuarto centenario del Quijote, y alg\u00fan d\u00eda podr\u00e1 ser parte de un ensayo m\u00e1s extenso. 1 En la segunda&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"parent":6609,"menu_order":8,"comment_status":"open","ping_status":"open","template":"page-ac.php","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"jetpack_post_was_ever_published":false,"footnotes":""},"class_list":["post-1018","page","type-page","status-publish","hentry"],"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/PjEhq-gq","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/1018","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/pages"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/page"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1018"}],"version-history":[{"count":15,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/1018\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":6683,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/1018\/revisions\/6683"}],"up":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/6609"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1018"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}