{"id":1005,"date":"2008-10-31T22:47:14","date_gmt":"2008-11-01T04:47:14","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?page_id=1005"},"modified":"2016-10-26T10:18:46","modified_gmt":"2016-10-26T15:18:46","slug":"literatura-fantastica-mexicana","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/textos\/literatura-fantastica-mexicana\/","title":{"rendered":"Lo fant\u00e1stico en M\u00e9xico: la vida en el margen (art\u00edculo)"},"content":{"rendered":"<p><strong>Este art\u00edculo fue publicado en el suplemento <em>El \u00c1ngel<\/em>, del diario mexicano <em>Reforma<\/em>. Aparece ahora con algunas adiciones y enmiendas.<\/strong><\/p>\n<p><strong><\/strong><br \/>\nLa palabra <em>ficci\u00f3n<\/em>, para muchas personas en M\u00e9xico, equivale a <em>ciencia ficci\u00f3n<\/em>. Y este t\u00e9rmino, que para otros tantos designa cualquier tipo de narraci\u00f3n con tema fant\u00e1stico, las reduce todas a la misma estatura nimia: Borges y Calvino al lado de Han Solo y Harry Potter. Esta confusi\u00f3n es la primera dificultad a la hora de examinar la tradici\u00f3n &#8211;disjunta y despreciada&#8211; de lo fant\u00e1stico mexicano.<\/p>\n<p>Por otra parte, si bien su panorama es extra\u00f1o y su suerte casi siempre adversa en nuestras historias literarias, su rareza puede, en verdad, describirse por medio de esta paradoja: como muchos otros movimientos, subg\u00e9neros y escuelas, existe desde antes de tener nombre, de que se le definiera y se escribiera su programa.<\/p>\n<p>En efecto, la l\u00ednea de novelas y cuentos que pueden llamarse propiamente fant\u00e1sticos: que reaccionan consciente y dedicadamente contra la \u00abrealidad\u00bb objetiva y sus definiciones de los siglos XVIII y XIX, comienza a fines de este \u00faltimo, con las imaginaciones de Pedro Castera, Eduardo Urz\u00e1iz y otros que reciben igual influencia de los rom\u00e1nticos, de Poe y de Verne, de Comte y los ocultistas del <em>fin de si\u00e9cle<\/em>. Ahora, sin embargo, nuestra comprensi\u00f3n de esa rebeld\u00eda y sus posibilidades nos permite verla &#8211;aunque a veces con m\u00e1s belleza que verdad&#8211; en textos desde el <em>Popol Vuh<\/em> hasta el <em>Primero sue\u00f1o<\/em>. Al actuar as\u00ed podemos imaginar una raigambre <em>virtual<\/em> de lo fant\u00e1stico: si no verdadera, en todo caso interesante porque deja ver cu\u00e1ntos consagrados (y no tanto) han escrito siquiera una vez sin pensar en los cartabones del realismo \u00abrealmente existente\u00bb. No s\u00f3lo Sor Juana, Efr\u00e9n Rebolledo o el oscuro Manuel Antonio de Rivas: <em>El dedo de oro<\/em> de Guillermo Sheridan es una novela de anticipaci\u00f3n, como <em>Crist\u00f3bal nonato<\/em> de Carlos Fuentes; Hugo Hiriart, Juan Jos\u00e9 Arreola y Salvador Elizondo tienen la imaginaci\u00f3n en el centro de sus obras mayores; <em>Pedro P\u00e1ramo<\/em> de Juan Rulfo tiene muertos que hablan y fantasmas entre sus personajes. Tal vez lo fant\u00e1stico no est\u00e9, como se cre\u00eda, en el margen del canon nacional, reducido a anomal\u00eda o a error.<\/p>\n<p>Por otro lado, se le sigue percibiendo all\u00ed, y por tanto se le desprecia (llamar \u00abfant\u00e1stica\u00bb la obra de un escritor sigue siendo, para algunos, el modo inapelable de negarle todo merecimiento), lo que deber\u00eda ser un ejemplo notable para los estudiosos de la recepci\u00f3n literaria. Las razones son, sobre todo, pol\u00edticas: varias veces en nuestra historia &#8211;y en especial luego de la Revoluci\u00f3n Mexicana, durante los a\u00f1os de dominio absoluto del r\u00e9gimen pri\u00edsta&#8211; se ha procurado subordinar a las artes a la promoci\u00f3n ideol\u00f3gica, para reforzar una idea de naci\u00f3n conveniente a la facci\u00f3n en el poder; semejantes prescripciones, desde luego, condenan toda desviaci\u00f3n por transgresora o por in\u00fatil. No se debe contar \u00abcosas que no puedan ser\u00bb, emplear arquetipos o figuras ex\u00f3ticas ni cuestionar la primac\u00eda del acuerdo con el mundo \u00abverdadero\u00bb como valor literario; mucho menos, proponer en cambio la reflexi\u00f3n sobre las propias definiciones de lo real. Toda obra ser\u00e1 juzgada, aun a despecho de sus m\u00e9ritos est\u00e9ticos, de acuerdo con qu\u00e9 tanto de su contenido sea \u00abcorrecto\u00bb.<\/p>\n<p>Basta examinar c\u00f3mo <em>Los d\u00edas enmascarados<\/em> de Fuentes (1954) tuvo la fortuna de insertarse en el canon y hasta ser estudiado como \u00abfundador\u00bb de la literatura fant\u00e1stica contempor\u00e1nea en el pa\u00eds porque sus personajes extraordinarios son iconos nacionales, mientras <em>La noche<\/em> de Francisco Tario (1943), un volumen al menos de la misma calidad que el de Fuentes pero sin inter\u00e9s por el \u00abcolor local\u00bb, pas\u00f3 inadvertido por muchas d\u00e9cadas. Lo mismo ha ocurrido con muchos otros textos, desde <em>El donador de almas<\/em> de Amado Nervo (1899) hasta <em>Lady Clic<\/em> de Ricardo Bernal (2000). Se podr\u00eda argumentar que ninguno logra lo que s\u00ed consiguen los grandes autores realistas en sus obras mayores: articular &#8211;incluso en clave simb\u00f3lica, como Fuentes se propuso hacerlo en <em>Terra nostra<\/em>&#8212; cuestiones fundamentales de nuestra propia cultura. Pero, creo, jam\u00e1s hemos dado realmente oportunidad a lo fant\u00e1stico. Nos falta nuestro Carroll: el creador de un mito a la vez personal\u00edsimo y v\u00e1lido para muchos, porque aun \u00e9l creci\u00f3 en el seno de una tradici\u00f3n de apertura que nuestro pa\u00eds no ha tenido nunca, pues sus or\u00edgenes est\u00e1n en la fusi\u00f3n violenta de dos culturas autoritarias y en un tiempo en el que una, la espa\u00f1ola, persegu\u00eda a sus poblaciones musulmana y jud\u00eda, negaba sus herencias, destru\u00eda irreparablemente una parte de su herencia cultural y saboteaba siglos de su propio desarrollo.<\/p>\n<p>En a\u00f1os recientes se ha visto la aparici\u00f3n y el reconocimiento de una nueva hornada de escritores ajenos al nacionalismo de sus predecesores, y en la que muchos se acercan a lo fant\u00e1stico, como Adriana D\u00edaz Enciso (<em>La sed<\/em>, 2001), Mario Gonz\u00e1lez Su\u00e1rez (<em>Marcianos leninistas<\/em>, 2002), Fernando de Le\u00f3n (<em>C\u00e1rceles de invenci\u00f3n<\/em>, 2003), Ver\u00f3nica Murgu\u00eda (<em>Auliya<\/em>, 1997; <em>El \u00e1ngel de Nicol\u00e1s<\/em>, 2003), Pablo Soler Frost (<em>Birmania<\/em>, 1999), Jos\u00e9 Luis Z\u00e1rate (<em>La ruta del hielo y la sal<\/em>, 1998) o Gonzalo Lizardo (<em>Jaque perpetuo<\/em>, 2005). No es s\u00f3lo el desmoronamiento del sistema pol\u00edtico mexicano: ahora que damos alegremente a los medios masivos la tarea de educarnos, el ascenso de este nuevo poder f\u00e1ctico ha vuelto redundante a la literatura como veh\u00edculo.<\/p>\n<p>Sin embargo, la literatura local se subordina cada vez m\u00e1s a las empresas globales, que s\u00f3lo difunden lo que cabe en los subg\u00e9neros establecidos en el \u00abprimer mundo\u00bb. Como lo fant\u00e1stico ha sido copado y acotado as\u00ed &#8211;al igual que el <em>thriller<\/em> y los libros de superaci\u00f3n personal&#8211;, y como la mayor facilidad para publicar en nuestro pa\u00eds no ha tra\u00eddo consigo una recepci\u00f3n cr\u00edtica menos prejuiciosa, el panorama es desalentador. Lo fant\u00e1stico podr\u00eda terminar aqu\u00ed, definitivamente, limitado a un par de vertientes de \u00ab\u00e9xito\u00bb, con la diferencia de que en M\u00e9xico no hay una industria como la de otros pa\u00edses, ni colecciones especializadas, ni una demanda que no se satisfaga con traducciones.<\/p>\n<p>Leyendo a Emiliano Gonz\u00e1lez (<em>Los sue\u00f1os de la Bella Durmiente<\/em>, 1978); a Lorenzo Le\u00f3n (<em>Miedo genital<\/em>, 1991); a Amparo D\u00e1vila (<em>Tiempo destrozado<\/em>, 1959), s\u00f3lo puedo pensar que esa posibilidad nos privar\u00eda de numerosas alternativas, riqu\u00edsimas, para comprendernos.<\/p>\n<p>Copyright \u00a9 Alberto Chimal, M\u00e9xico, 2005<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Este art\u00edculo fue publicado en el suplemento El \u00c1ngel, del diario mexicano Reforma. Aparece ahora con algunas adiciones y enmiendas. La palabra ficci\u00f3n, para muchas personas en M\u00e9xico, equivale a ciencia ficci\u00f3n. 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