Un ejercicio simplísimo: escribir una historia breve que interprete literalmente una comparación o una metáfora. ¿Cómo sabe un ser humano que es fuerte como un roble, por ejemplo? ¿Entró clandestinamente en el Torneo Arbóreo de Lucha Libre y llegó hasta los cuartos de final, cuando empató con el roble en cuestión pero la pelea se dio al árbol por puntos? Mientras más gastada esté la imagen elegida, más hará falta soltar la imaginación, pero mejor podrá ser el resultado.
(La imagen concreta del roble es discutida largamente por Gérard Genette, el crítico francés, en un ensayo muy reciente: Metalepsis, de la figura a la ficción

[2004], que ese mismo año publicó en México el Fondo de Cultura Económica. Genette observa que imágenes como la del roble, al referirse a una imposibilidad física, puede ser simplemente descartada como un juego verbal, pero que toda ficción es también un juego verbal. Cada metáfora, podríamos decir, es semilla de una historia.)