//La catarata
La catarata2016-10-26T10:18:41+00:00

Un cuento, autobiográfico, tomado de Grey (2006). Fue traducido al inglés por George Henson y publicado como “The Waterfall” en la revista Kenyon Review, así como en la antología Flash Fiction International (2015); en esa versión figuró como uno de los más destacados microrrelatos del año 2015, según la selección de la revista Wigleaf.

grey

 
Al bebé, pequeño, frágil, su cabeza todavía desnuda, lo tienen ya sobre la pila. Está despierto: siente la humedad, intuye el frío que cala a la piedra aunque no los conozca ni sepa nombrarlos. Pero los padres, de pronto, parecen indecisos. Pasan segundos. Los mira el sacerdote. Y nosotros, amontonados, quitándonos la palabra en murmullos temblorosos, trepidamos; especulamos. ¿Qué harán? ¿Le irán a poner (después de todo) Hermenegildo? ¿Le pondrán Óscar, Diocleciano, Ramachandra? ¿Piotr, Leonardo? ¿Humberto, Lloyd, Sabú, Carlos, Antonio, Werner, François, Pendelfo, Abderramán, Fructuoso, Berengario, Clodomiro, Florian, Jasón, Guglielmo, Lee, Clark Kent, Martín Lutero, Rocambole, Cthulhu…?
      —Mauricio —dicen.
      —¿Qué?
      —Ya dijeron Mauricio.
      —¿Mauricio?
      —Y Alberto. De hecho, Mauricio Alberto.
      —¿MAURICIO ALBERTO?
      —¿A qué horas? —y algunos no lo quieren creer, se demoran en la negación, pero es verdad: el agua del cuenco se derrama sobre la piel tan joven, y todos caemos con ella, todos desesperados, todos queriendo nadar con al menos una ilusión de bracitos y piernitas, de fuerza corporal y en verdad de cuerpo, y como no tenemos no nos queda sino seguir para abajo, cada vez más rápido, hasta dar con la frente que no entiende nada, y a la que sólo Mauricio, el muy detestable, y el perro de Alberto, se pueden asir con las garras que les dio el rito, y se vuelven marca en el cuerpo y se vuelven el niño, y nos ven a todos los demás mientras resbalamos, rechazados; mientras volvemos, todos, Óscar, Diocleciano, Ramachandra, Piotr, Leonardo, Humberto, Lloyd, Sabú, Carlos, Antonio, Werner, François, Pendelfo, Abderramán, Fructuoso, Berengario, Clodomiro, Florian, Jasón, Guglielmo, Lee, Clark Kent, Martín Lutero, Rocambole, Cthulhu, Peter, Terencio, Goran, Emil, Cuauhtli, todos los nombres que volvemos en la catarata pequeñísima hacia el fondo de la pila, el fondo de los recuerdos y las posibilidades, a dormir hasta la siguiente ceremonia.
      Mauricio es “oscuro” y Alberto es “brillante”; la elección, nos decimos, tiene su poesía:
      —Aunque el conjunto suena horrible.
      —Espantoso.
      —¡Lo van a hacer un desdichado! —grita Belerofonte, pero los padres y Mauricio Alberto, que ya se van, no pueden escucharnos. Nuestras voces son el rumor del agua que se agita. Abajo, más en lo oscuro, laten los sueños y los monstruos.

copyright © Alberto Chimal, México, 2006