Equipo Celeste2016-10-26T10:18:26+00:00
Este cuento apareció publicado en 2009 en el libro La ciudad imaginada y otras historias, publicado por Libros Magenta y la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México en 2009 y reeditado por Casatomada en Perú en 2013. Es un divertimento, homenaje al cuento “La trama celeste” de Adolfo Bioy Casares con cameos de Juan José Arreola y otros famosos.

 
El Astros sorprende en la cancha desde la hora de entrar, porque entra uno solo: Luis Augusto, el portero, quien ya se ha puesto su uniforme azul y va hasta su lugar y se afana en calentamientos de lo más raro. Sube tan alto un brazo que parece a punto de desprendérsele del hombro y salir volando; una pierna se tensa y se relaja, la otra se estremece, la cabeza gira y la cintura también y la lengua sale y bailotea entre los dientes (—¡El zangolotéyele! —exclama el comentarista de la televisión), y los once del equipo contrario, por no hablar de los miles de espectadores en el estadio y los millones en sus casas, se llenan de terror (o creen que todo es un truco, parte del show, efectos especiales) cuando los arduos pases mágicos de Luis Augusto logran por fin su cometido y la portería, o más bien el espacio rectangular que delimita su arco, se ilumina y resplandece con viva luz blanca, y de ella, como de una niebla, salen uno por uno los Luises Augustos delanteros, los mediocampistas, los defensas, prestos a comenzar el juego, todos con el mismo rostro y el mismo cuerpo flaco, duro, listo para correr y correr.
      Al rato: —¡Luis Augusto! ¿Qué tal el partido?
      —Muy bien, muy entregados… Jugamos muy compenetrados… Tuvimos buenas llegadas…
      —¿Cómo se coordinan tan bien en el equipo?
      —Pues es que somos… como hermanos…
      —Oye, ¿y no serán hermanos? —pregunta el otro comentarista, cuando la transmisión vuelve al estudio— Así como… cuatrillizos… Pero más. ¿No?
      Junto a él, la cantante famosa no sabe qué decir, así que guiña y sonríe a la cámara. A su derecha, Juan José Arreola no se digna a mirarla, pero tampoco (pues ya casi no se invita a narradores ni poetas de su generación a discutir encuentros de futbol) opina sobre ella ni sobre el hombre, quien justo ahora agrega:
      —¡Oncellizos!
      En cambio, levanta un poco su mano derecha y con perfecta dicción, sin tropezar una sola vez, comienza a perorar acerca del libro de no recuerda qué autor comunista, que postula la idea de infinitos universos simultáneos en los que cada hombre se repite hasta la eternidad. El comercial entra antes de que pueda terminar, pero en los vestidores, lejos ya de toda otra mirada, los Luises Augustos platican y se cuentan historias (u once veces una misma historia (o casi una misma historia: salen siempre los mismos personajes, los mismos lugares, pero de un Luis Augusto al otro varían los detalles, las tribulaciones, la tristeza y la alegría de los finales)).