Por cuarto año consecutivo, la Dirección de Literatura de la UNAM convoca al concurso Caza de Letras: el taller literario virtual que se puso en marcha en 2007. Esta vez hay varias novedades interesantes: para empezar, el concurso no sólo será internacional, abierto a cualquier interesado de habla española, sino que no tendrá límite de edad; para seguir, la “mecánica” de trabajo será distinta pues se eliminarán las “nominaciones” y “expulsiones” de otros años; por último, el género que con el que se trabajará será uno de los favoritos de esta bitácora: la minificción.
Nuevamente seré parte del jurado, que será el de los primeros concursos: mis compañeros serán Álvaro Enrigue y Mónica Lavín. A juzgar por lo que hemos platicado y planeado hasta ahora, la experiencia será más que nunca un laboratorio de escritura donde podrá verse (y comentarse) la formación de varios proyectos literarios casi en tiempo real.
Las inscripciones están abiertas en este momento. Las bases ya están publicadas en el sitio del concurso y las reproduzco aquí. Quedan invitados:
La siguiente es una convocatoria para todas las personas interesadas en leer buenas historias:
Renato Guillén, muy joven escritor mexicano, ha comenzado un proyecto de escritura en Internet. Llamado NanoFicción, tiene como objetivo completar un libro de minificciones de aquí a un año con la ayuda de sus posibles lectores. Durante el año, como lo explica él mismo, Renato publicará narraciones de manera constante en la cuenta de Twitter @nanoficcion. Como los mensajes de Twitter no pueden tener más de 140 caracteres, una obligación de los textos será (desde luego) ser brevísimos: concretos y rápidos. La propuesta es que los lectores que lo deseen comenten los textos, seleccionen sus favoritos, critiquen los que no lo sean…, ayuden, en fin, a seleccionar los que pasarán a formar parte del libro al término del año. Esto puede hacerse contactando al autor en su blog o, aún mejor, por medio del propio Twitter, comentando los textos, redifundiéndolos (retuiteándolos) o bien señalando aquellos que más gusten como “favoritos”. Esto último será especialmente útil porque es posible contar cuántas personas eligen como favorito un texto dado: en el servicio Favstar.fm puede verse ya una lista de los textos más “favoriteados” del proyecto hasta el día de hoy y también de los más recientemente señalados.
Este proyecto tiene precedentes en otros países y también en México. Aquí, por ejemplo, José Luis Zárate utiliza su cuenta de Twitter desde hace años exclusivamente para escribir minificción y ya ha creado varios libros con los textos de su autoría; desde aquí también, Cristina Rivera Garza inventó en su propia cuenta la etiqueta #cuentuitos, que ahora es utilizada por muchas personas para identificar sus propuestas de narrativa brevísima. Pero NanoFicción es el primer proyecto de este tipo que recibe una beca del FONCA (Fondo Nacional para la Cultura y las Artes) para su realización. También, hasta donde sé, es el primer proyecto de minificción, escrita o no por medio de Internet, que recibe apoyo. Este año me tocó ser parte de la comisión de selección de proyectos de escritores jóvenes y el de Renato nos entusiasmó.
El proyecto está en línea ahora, aunque el periodo de vigencia de la beca comenzará hasta diciembre, no sólo por el interés de su creador: además, es necesario acumular tantos textos como se pueda: ir mucho más allá de la cantidad propuesta en el planteamiento del proyecto. ¿Por qué? Como decía arriba, no todos los textos escritos hasta ahora pasarán a formar parte del libro terminado, y no sólo por razones de espacio, sino porque la creación de minificciones –como lo saben muchos escritores excelentes que se dedican a ella de manera constante– implica un proceso de refinamiento y sobre todo de descarte: se crean variaciones y series, se acumulan ideas, pero hay que eliminar las que no resulten logradas, los chistes fáciles, los juegos de ingenio que no lleguen más allá, las repeticiones. No más de una de cada cien minificciones publicadas en Internet (o fuera de Internet) vale la pena. Con suerte, 10% de los textos de NanoFicción podrán llegar a formar parte del libro terminado…
(Quienes critican la escritura en Twitter –y también quienes la intentan, por desgracia– se olvidan muchas veces de esta necesidad de rigor.)
En cualquier caso, como también decía al principio, el proyecto necesita la ayuda de todos sus posibles lectores: sus opiniones, sus preferencias y sus críticas. Ojalá se animen a visitar el proyecto y ayudar a su creador; cuando menos, tendrán un rato de lectura muy interesante.
Todo este mes, organizado por el Centro Toluqueño de Escritores, se lleva a cabo en la ciudad de Toluca, México, el festival de cuento brevísimo “Los mil y un insomnios”, que ofrece lecturas, presentaciones y más en torno del tema.
Dentro del festival (cuyo programa completo está en el enlace de arriba), he sido invitado a leer minificciones y conversar sobre el cuento breve para este jueves 13 de mayo. La cita será a las 19:00 horas en la sede del CTE, que se encuentra en Plaza Fray Andrés de Castro, Edificio A, local 9, en la Zona Centro de Toluca. Me acompañará en la mesa el escritor José Luis Herrera Arciniega.
Mayores informes sobre el festival y el Centro Toluqueño de Escritores pueden obtenerse en el sitio web del CTE y en el teléfono (722) 2149568. Por cierto, también es posible hacer contacto (y participar en el festival) vía Twitter: la cuenta http://twitter.com/milyuninsomnios está abierta para publicar las minificciones que le envíen las personas interesadas. Quienes así lo deseen y puedan ir a Toluca, podrán también participar en una lectura colectiva como parte del cierre del festival.
En el nuevo número de la revista Crítica, de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (#137 abril-mayo de 2010), ha aparecido un ensayo mío: “Lo fantástico y Gabriel García Márquez”. Es una versión mejorada de un texto que leí el año pasado en una mesa redonda sobre Gabo; también es mi opinión sobre varios lugares comunes alrededor del realismo mágico, las posibilidades futuras de ese subgénero (debo decir que no le veo muchas) y la idea de “realidad” que parece defender. La revista se puede conseguir en los proverbiales locales cerrados…
Crítica 137
… y el texto comienza así:
Tengo que empezar con una anécdota de mi propia vida. Descubrí la obra de Gabriel García Márquez en la infancia –primero una edición de sus cuentos; más tarde Cien años de soledad– y entendí que él escribía literatura fantástica.
Así es el azar de las lecturas sin guía, que por lo demás son casi todas: sin que nadie se lo propusiera, los más de mis primeros libros e historias podían etiquetarse como de ese “subgénero” –que sigue siendo un bicho raro y ligeramente apestoso entre nosotros– y nadie me dijo que García Márquez fuera radicalmente distinto. Tampoco lo parecía: para mí estaba entre Jorge Luis Borges y Philip K. Dick, y el conjunto de sus historias se me figuraba uno más de los tratados mitológicos, como mi primera versión de la tragedia de los nibelungos (que venía con unas ilustraciones preciosas) o la obra de H. P. Lovecraft. Nabo, el negro que hizo esperar a los ángeles, se me hacía pariente lejano de Urashima, el pescador que se fue a vivir al fondo del mar, donde el tiempo pasa más rápido; el ascenso al cielo en cuerpo y alma de Remedios la Bella, que pone a la belleza física por encima de la virtud en el orden del universo, me pareció la expresión de una injusticia no menos grande que la de la serpiente que se come la planta mágica de la juventud en la historia de Gilgamesh. Y así sucesivamente.
Más tarde he seguido pensando lo mismo incluso contra el desdén y las malas lecturas habituales, que hacen más o menos ruido pero no desaparecen: las grandes obras de imaginación me siguen pareciendo más interesantes que las que se limitan a repetir el mundo y, desde luego, que las historias ñoñas y confortables que habitualmente se etiquetan como “fantasía”. Pero comencé a entender las dificultades que tiene lo fantástico justamente a partir de mi primer encuentro con García Márquez. Por años me intrigó que, profundizando en aquellos autores y aquellos libros, era posible encontrar trazas, influencias, de muchos autores cruciales de siglos pasados y aun del XX en otros posteriores…, pero no de Gabo. Emiliano González le debía a Lovecraft, a los modernistas, a Borges; el gran Mario Levrero soñaba como Kafka; John Crowley hacía malabares con Carroll y Nabokov; Angélica Gorodischer retomaba a Calvino; José Luis Zárate jugaba con Stoker y las películas del Santo; Neil Gaiman reescribía la obra de James Branch Cabell, etcétera. ¿Dónde estaban los sucesores de García Márquez? ¿Dónde estaba la obra fantástica que buscara las alturas de su modo de contar, de su capacidad de invención?
La respuesta fue desalentadora (…)
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En estos días se cumplen veinte años de que terminé La luna y 37’000,000 de libras, un librito que usted no conoce y no leerá nunca. Lo publicó en Toluca, en 1990, el Centro Toluqueño de Escritores; sin ese apoyo temprano, y tal vez injustificado, no habría continuado escribiendo.
La estructura alocada del libro (no exactamente cuento, ni novela; no de una sola trama, no sin fragmentos contradictorios) le debe todo a Mario Levrero; el título es una caricatura de La luna y seis peniques de Somerset Maugham y la imaginación era la mía, para bien o mal: me sigue dando risa que algunos de sus lectores de entonces (no todos) hayan comprendido solamente sus defectos y se hayan indignado, por ejemplo, con la idea de que una compañía de focos destruyera la luna sólo para cambiarla por una bombilla gigante
–No puede pasar, es físicamente imposible –dijeron–. Y es injusto burlarse así de una empresa que genera fuentes de trabajo…
Una caricatura de lo que pasó entonces (no: un cuento basado muy vagamente en aquel tiempo, y a la vez una especie de pesadilla/fantasía masoquista) se puede leer aquí. Pero no pienso en nada de eso al recordar ese libro. Al contrario, pienso que sigo escribiendo. Y pienso en lo por venir: en que si tengo suerte será tan libre como fue aquello, y tan raro, y habrá alguien a quien interese.
La musa de 1990
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Quería completar esta nota con un documental en tres partes sobre Jan Svankmajer, quien será familiar para algunos lectores de esta bitácora. Está en inglés pero las imágenes, al menos, son impagables… Entonces descubrí que el audio de la tercera parte fue borrado por YouTube, el servicio donde los videos se alojan. En la página dice, escuetamente, “Este vídeo contiene una pista de audio que no ha sido autorizada por WMG. El audio se ha desactivado”. WMG es Warner Music Group, una de las empresas discográficas más poderosas del mundo.
Esto me hace pensar que las formas actuales (y las por venir) de protección de los derechos autorales no sólo favorecen más a las grandes empresas (como ya sabíamos), sino que tienen enormes fallas en su concepción, en sus alcances. Es simplemente esto: si todos respetamos (o somos obligados a respetar) sus reclamaciones, ¿WMG –o cualquier otra corporación– estaría dispuesta a hacer que circularan de manera legal todos los “contenidos” bajo su control? Estos videos, a juzgar por el número de visitas que han tenido, no son de lo más popular en YouTube: nadie se ha hecho rico con ellos, y sin embargo son valiosos. ¿Irá a contar ese valor más allá del monetario?
Supongamos que de verdad se llega a la distribución de video pagado por internet que varios proponen: yo pagaría por ver un documental como éste, pero ¿estaría disponible? ¿O sólo se me ofrecerían, como en la tele por cable, los estrenos del mes (por tiempo limitado) y unas pocas películas basura? ¿Todo lo que no venda rápido y grandes cantidades estará condenado al olvido cuando seamos expulsados de la publicación en la red?
Por supuesto, siguen en pie las invitaciones de la nota anterior para conocer los libros gratuitos de la Biblioteca Alas y Raíces y participar en la escritura del cuento colectivo que se hará mañana, celebrando el Día del Libro. Pero hay más:
1. La UNAM celebrará mañana la Fiesta del Libro y la Rosa en el Centro Cultural Universitario (todos los datos de ubicación y la cartelera completa están en el enlace). Habrá muchas actividades, incluyendo venta y trueque de libros, intercambios, conferencias, talleres, entrevistas y más desde las 9:30 de la mañana. Si tienen ocasión de ir (o de sintonizar la transmisión por radio o web, vía Radio UNAM, 96.1 de FM), me encontrarán a eso de las 12:30 conversando de libros con Rosa Beltrán.
2. En la explanada del Museo de Antropología (sobre el Paseo de la Reforma), junton con las actividades que ya mencióné y muchas otras, habrá a las 20:00 horas una proyección al aire libre de Blade Runner (1982), la gran película de Ridley Scott a partir del libro ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (1968) de Philip K. Dick. Antes de la función tendré el gusto (realmente enorme) de dar un breve comentario inicial sobre el autor y el director…, pero lo importante, en todo caso, es que no se pierdan la oportunidad de ver un filme excelente. Si no lo conocen, estoy seguro de que los sorprenderá. Y si sí, también.
Llevo varias semanas enfermo: una infección pertinaz que me ha dado bastantes días de fiebre, dolor e imaginaciones horribles. Voy mejorando (y agradezco a quienes preguntaron); mientras sigo en eso, he hecho un descubrimiento:
A pesar de todo lo que hacemos ahora mediante la tecnología; de nuestra insistencia en la vida virtual y en la prolongación de nuestra conciencia individual y de nuestras relaciones con los otros por medio de internet…, el cuerpo no cabe en la red. Lo que pasaba con esa otra parte de mí no sólo me incapacitó: es totalmente irreductible, intraducible salvo como un testimonio posterior, como este testimonio. No estaba hecho de palabras sino de dolor, peso, movimiento, la conciencia de lo que hay bajo la piel y de cómo afecta la conciencia (dormido y despierto tuve sueños que usaré para escribir, por supuesto, pero que hubiera preferido no tener). Y su único rastro en esta pantalla, mientras duró lo peor del mal, fue una ausencia: no estuve aquí, no publiqué. La parte física es (al menos todavía) sustrato de la otra, y su desaparición es la desaparición del resto.
En el fondo es una obviedad: el lenguaje, del que está hecha la memoria (incluyendo esta parte de la memoria, asentada en materiales distintos de los tradicionales, entregada a ti que estás leyendo por otro medio), es la única manera que tenemos de intentar trascender el encierro del cuerpo físico; más aún, lo es desde el comienzo. Pero yo nunca lo había percibido tan claramente: de manera, digámoslo así, tan visceral. Cuando me vuelvan a decir que escriba de lo que sé en carne propia, ya tendré algo nuevo en la lista de mis experiencias directas.
* * *
Pienso en las páginas web abandonadas: aquellas (no importa su mecanismo, no importa si son personales a la antigua, o blogs, o perfiles de Facebook o de Twitter. o cualquier otra conocida o por conocerse) que “se cierran” por mera ausencia de quien escribía en ellas, sin explicación, y que sólo con el tiempo, a medida que pasan semanas y meses, comienzan a verse como huellas de alguien que no va a volver. Éstos son los fantasmas de la red, y no los de los escritores cyberpunk: palabras –prolongaciones de la mente de alguien; memoria– que ya no pueden crecer ni cambiar y que reflejan siempre el mismo carácter, las mismas ideas, los mismos instantes de una vida precisa, como los monólogos de los muertos en la Divina comedia. Siempre lo que fueron, para siempre (o mientras dure el servidor que los aloja en la red).
Sickbed de Geraldine O´Neill
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Un aviso: debido a esta pausa forzada, en lo que queda de abril no habrá concurso de minificción, pero éste se reanudará en el mes de mayo; entretanto, publicaré aquí lo que me sea posible, incluyendo un texto o dos más aparte del cuento habitual de cada mes. Saludos a todos. (Ah, y gracias a los autores de las manoficciones que aparecieron aquí. No las pude comentar pero fueron una ayuda para el ánimo. Hasta después…)
Aurelio Asiain ha traducido y publicado en internet Un puñado de poemas de Ikkyu Sojun, poeta japonés del siglo XV; “una de las figuras más interesantes del budismo zen”, escribe Asiain. “Célebre por sus excentricidades, sus excesos y sus escándalos (…) calígrafo mayor del Japón, legendario flautista itinerante, artífice de la ceremonia del té y poeta originalísimo”. Los textos fueron publicados originalmente en su blog Margen del Yodo, y no cito aquí ninguno, aunque muchos me parecen excelentes, para que vayan a leerlos; por supuesto es gratis.
Los poemas de Ikkyu Sojun han llamado la atención en días recientes, pero ha resultado más comentada aún la nota de Asiain –publicada en su bitácora de Tumblr Nada que ver– en la que parte de una nota de Twitter en la cuenta del programa Final de Partida, del recién nacido canal Foro TV: “Con ediciones de mil ejemplares en el mejor de los casos y un público cada vez más reducido, ¿puede sobrevivir la poesía?”.
Asiain dice que la pregunta es “un lugar común y una tontería” y escribe en Twitter catorce notas sobre la cuestión que aquí reproduzco:
1. La poesía siempre se ha editado en tirajes mínimos y su público no es cada vez más reducido, todo lo contrario. Paren de decir memeces.
2. Pero hoy, además, se imprimen más ejemplares que nunca antes. Tiraje de Sarada Kinenbi de Tawara Machi: 2,600,000 ejemplares.
3. Un poema publicado en internet tiene en pocas horas muchos más lectores que impreso en papel. También un libro de poemas.
4. El librito de Ikkyu que puse en Internet tuvo en siete días más de mil lectores. Ninguno de mis libros de poesía impresos los tuvo en años.
5. Las publicaciones impresas se leen menos, pero reducir al papel el mundo editorial y la vida literaria es ciego. La creación está hoy aquí.
6. El prestigio de la letra impresa intimida a muchos buenos escritores, que no se reconocen como tales porque sólo publican en sus blogs.
7. La literatura que se escribe, publica y lee en los blogs tiene más lectores que los medios impresos, y sólo el prejuicio la juzga inferior.
8. Sólo por prejuicio, también, consideramos alta literatura un haiku de Basho o una copla de Lorca y no tantos tuits que no lo son menos.
9. En Japón las novelas de mayor venta en los últimos años se han escrito y publicado primero en teléfonos celulares en millones de ejemplares.
10. Hace dos días un memo ironizaba porque escribí que a mí, en Twitter, me interesa descubrir escritores. Pero los encuentro todos los días.
11. En unas horas de lectura atenta en Twitter, siguiendo a la gente adecuada, se encuentra más y mejor poesía que en cualquier revista impresa.
12. “La poesía es la única prueba concreta de la existencia del hombre” dijo Cardoza y Aragón. Dicho de otro modo: no hay humanidad sin poesía.
13. La poesía no es un género literario. Es un fenómeno lingüístico y no sólo lingüístico. Es una forma particular de la producción de sentido.
14. La poesía existe desde mucho antes que los libros, el papel y la escritura. Sobrevivirá a los libros impresos, la televisión y la internet.
Esto es una invitación a debatir. ¿Qué opinan ustedes?
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Nota: leí primero los textos de Asiain en la cuenta de Facebook de Guillemo Vega Zaragoza, quien también tiene blog y cuenta de Twitter.
Se verá que blogs, Twitter, Tumblr, Facebook (e Internet Archive, que preserva tantos sitios activos y tantos más desaparecidos) son realmente lugares nuevos, como se viene diciendo desde hace tanto. Lo que no se ve con tanta frecuencia es que la red, además de un espacio vastísimo en el que es posible perderse (cliché horrible), es uno en el que podemos no saber: perdernos de mucho, pasar de largo, ignorar. La erudición de internet (por la que, supuestamente, “todos sabemos todo”) no es más que una metáfora o una posibilidad irrealizable: la información que nos satura es irrelevante, por lo general, pero incompleta siempre.
Hay que dejar la pasividad para intentarlo pero la red sí devuelve –aunque sea sólo de manera relativa, individual: la propia de la época– la posibilidad de descubrir.
Laura García envía desde Chile las siguientes solicitudes de ayuda para las víctimas del terremoto reciente:
La fundación “Un Techo para Chile”, habilitó un enlace que permite hacer donaciones a través de tarjeta de crédito de forma sencilla. También se pueden hacer transferencias desde el extranjero en los números de cuenta que allí aparecen. Este es un medio de colaboración seguro y expedito.
Se agradecerá toda colaboración, incluyendo la de difundir estos datos.
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A fines del año pasado respondí varias preguntas de Óscar Alarcón que han aparecido recién como entrevista en el sitio Abartraba. Mis respuestas son opiniones diversas sobre literatura mexicana y otros temas. Varias de las preguntas de Óscar tenían que ver con “El síndrome de Golo”, una reseña extensa y desfavorable de mi novela Los esclavos, y de Temporada de caza para el león negro de Tryno Maldonado, publicada por Ignacio Sánchez Prado en un número del año pasado (el 160) de la revista Tierra Adentro.
Cuando le contesté a Óscar sólo había leído fragmentos de esa reseña. Y luego traté, lo reconozco, de no leer más. Pero ayer, súbitamente, me encontré con otra cita de ella en este ensayo de Gabriel Wolfson (publicado apenas en el número 136 de la revista Crítica). Wolfson desemboca en Metaficciones –un excelente libro de Rafael Toriz– pero busca polemizar con Sánchez Prado respecto del consabido tema de la “generación” de los setenta. No pude evitar leer entera la reseña; me encontré con más del rollo que se ha venido repitiendo sobre el asunto (el texto termina así: “quizá no quede más remedio que esperar diez años y rezar a los dioses laicos del Ateneo que la generación de los ochenta sea la que finalmente renueve la literatura mexicana”) y también con este pasaje:
(…) si uno tomara en serio, como postura ideológico-cultural, lo que estas novelas sostienen, estaríamos frente a algo alarmante: una literatura reaccionaria, nihilista en el mejor de los casos, protofascista en el peor. ¿De qué otra manera se podría percibir tanto una novela, la de Chimal, donde la esclavitud sexual parece elevada a estatuto de filosofía literaria, u otra, la de Maldonado, donde el genio incomprendido de Golo se presenta como apología suficiente de su profunda inhumanidad?
Asimismo, cualquier lector entrenado en un mínimo de teoría de género se da cuenta de que, detrás de las descripciones gráficas de la penetración anal, puede subyacer una ideología profundamente conservadora, donde el valor transgresivo y amoral asignado al deseo homosexual puede interpretarse como una homofobia de facto.
Me alegra que un crítico literario inteligente como Wolfson discuta y cuestione el texto de Sánchez Prado. Como yo no soy crítico literario sólo diré que, para el caso, perfectamente puedo (también) no ser inteligente ni talentoso; puedo estar llamado al fracaso y al olvido y mis libros pueden ser mediocres. Desde luego que sí. Ah, y definitivamente no soy joven: cumplo cuarenta años en pocos meses.
Pero ni mis textos, ni yo, somos fascistas ni homófobos. Esos son insultos y sobre todo son mentiras.
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Hace muchos años vi una hermosa versión de El maquinista de la General (más propiamente, La General: el título original es ése, The General) de Buster Keaton. La película venía precedida por una introducción, muy afectuosa y entrañable, de Orson Welles, y tenía una banda sonora de piano especialmente compuesta por William P. Perry. Luego presté el video y nunca me lo devolvieron.
Ahora he vuelto a encontrar esa versión, sin la introducción de Welles pero con intertítulos en español; es la que aparece enseguida. ¿Tienen algo de tiempo? Acompáñenme a ver una gran película.
parte 1
parte 2
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Enlaces varios:
Tengo una columna en la revista Chilango: “Dimensión desconocida”, que este mes trata sobre leyendas urbanas e incluye cómo crear una. Esta entrega se puede leer en línea aquí. Aquí hay una reseña de La ciudad imaginada que Joaquín Guillén publicó en Palabras malditas y otra de Los esclavos (ese libro sucio y perverso) en el blog La filia y fobia del Duende Callejero de Agustín Galván.
Por último, ésta es una entrevista que me hizo Laura García, de quien les hablé arriba (y que escribió, por cierto, esta crónica imprescindible sobre los sismos de Chile).
Hasta después…
Como un pequeño homenaje en el aniversario 120 de H. P. Lovecraft, uno de sus cuentos tempranos: las aventuras de su primer “investigador de lo extraño”.
Ahora me voy con los mineros de Ciudad-Carbón, el paraíso subterráneo del negro, donde sólo los relojes pueden decir conmigo: Buenas noches. #hace 7 horas
Gracias a @espectronico (y a @Zeltzin_M le encantará lo de que te gustó la música) #hace 7 horas
De Julio Verne, una aventura poco conocida pero imprescindible: "Las Indias negras". http://scr.bi/d3g0iP#hace 7 horas
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