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Invitación: poesía visual en el Cine Club Jaime Casillas

Un aviso rápido: este martes 27, a las 20:00 horas, tendré el gusto de cerrar el ciclo “Poesía en imágenes” del Cine Club Jaime Casillas, que recuerda al escritor y profesor con series de películas comentadas de lo más interesante.

Cartelera del ciclo 'Poesía en imágenes'. Clic para ampliar

Como pueden ver en el cartel, la película que elegí para comentar puede parecer incongruente con las otras del ciclo: alguien dirá que se trata de una película de ciencia ficción y que nada tiene que ver con la posibilidad de sugerir lo poético en la pantalla. Pero si van a la función sabrán por qué no estoy de acuerdo: por qué creo que 2001: odisea del espacio de Stanley Kubrick –uno de los grandes cineastas del siglo XX y uno de mis favoritos, además– puede entenderse incluso ahora (¡en 2010!) como un poema visual: un resumen, de hecho, de los años sesenta del siglo pasado y de varias de las aspiraciones más elevadas del occidente en ese tiempo y en cualquier otro.
      El Cine Club Jaime Casillas está en el Foro Hilvana, situado en Colima #378, entre Salamanca y Cozumel, en la colonia Condesa de la ciudad de México. La entrada es de cooperación voluntaria: se paga lo que ustedes deseen. A ver si nos vemos allá.

Pausa

Aviso 1:
      Ha aparecido la nueva entrega de mi columna “La materia no existe” en la revista Los noveles. Es acerca de la identidad, la poesía (buena y de la otra) y los problemas de mi cuerpo y yo y mi otro cuerpo.
      Como siempre, agradezco a Salvador Luis, editor (y escritor sumamente interesante; pronto aparecerá aquí algo sobre su trabajo).

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Aviso 2:
Del jueves 22 de julio al viernes 20 de agosto, la estación por internet Radio Efímera transmitirá una serie de programas e intervenciones sonoras desde el Museo de Arte Moderno de la ciudad de México. Junto con Rodolfo J. M. (a quien, si no conocen, deberían leer pronto), tendré el gusto de cerrar un ciclo de maratones radiofónicos nocturnos. Si están despiertos entre las 4:00 y las 6:00 de la mañana –hora de la ciudad de México– el viernes 20 de agosto, ojalá se animen a escuchar.

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Manifestación en internet: Yo Sí Leo

AVISO: la campaña “Yo Sí Leo” se ha cancelado por causas de fuerza mayor. (31/5/2010)

Libros. Para leer

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Un ensayo, dos décadas, tres partes

En el nuevo número de la revista Crítica, de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (#137 abril-mayo de 2010), ha aparecido un ensayo mío: “Lo fantástico y Gabriel García Márquez”. Es una versión mejorada de un texto que leí el año pasado en una mesa redonda sobre Gabo; también es mi opinión sobre varios lugares comunes alrededor del realismo mágico, las posibilidades futuras de ese subgénero (debo decir que no le veo muchas) y la idea de “realidad” que parece defender. La revista se puede conseguir en los proverbiales locales cerrados…

Crítica 137

… y el texto comienza así:

Tengo que empezar con una anécdota de mi propia vida. Descubrí la obra de Gabriel García Márquez en la infancia –primero una edición de sus cuentos; más tarde Cien años de soledad– y entendí que él escribía literatura fantástica.
Así es el azar de las lecturas sin guía, que por lo demás son casi todas: sin que nadie se lo propusiera, los más de mis primeros libros e historias podían etiquetarse como de ese “subgénero” –que sigue siendo un bicho raro y ligeramente apestoso entre nosotros– y nadie me dijo que García Márquez fuera radicalmente distinto. Tampoco lo parecía: para mí estaba entre Jorge Luis Borges y Philip K. Dick, y el conjunto de sus historias se me figuraba uno más de los tratados mitológicos, como mi primera versión de la tragedia de los nibelungos (que venía con unas ilustraciones preciosas) o la obra de H. P. Lovecraft. Nabo, el negro que hizo esperar a los ángeles, se me hacía pariente lejano de Urashima, el pescador que se fue a vivir al fondo del mar, donde el tiempo pasa más rápido; el ascenso al cielo en cuerpo y alma de Remedios la Bella, que pone a la belleza física por encima de la virtud en el orden del universo, me pareció la expresión de una injusticia no menos grande que la de la serpiente que se come la planta mágica de la juventud en la historia de Gilgamesh. Y así sucesivamente.
Más tarde he seguido pensando lo mismo incluso contra el desdén y las malas lecturas habituales, que hacen más o menos ruido pero no desaparecen: las grandes obras de imaginación me siguen pareciendo más interesantes que las que se limitan a repetir el mundo y, desde luego, que las historias ñoñas y confortables que habitualmente se etiquetan como “fantasía”. Pero comencé a entender las dificultades que tiene lo fantástico justamente a partir de mi primer encuentro con García Márquez. Por años me intrigó que, profundizando en aquellos autores y aquellos libros, era posible encontrar trazas, influencias, de muchos autores cruciales de siglos pasados y aun del XX en otros posteriores…, pero no de Gabo. Emiliano González le debía a Lovecraft, a los modernistas, a Borges; el gran Mario Levrero soñaba como Kafka; John Crowley hacía malabares con Carroll y Nabokov; Angélica Gorodischer retomaba a Calvino; José Luis Zárate jugaba con Stoker y las películas del Santo; Neil Gaiman reescribía la obra de James Branch Cabell, etcétera. ¿Dónde estaban los sucesores de García Márquez? ¿Dónde estaba la obra fantástica que buscara las alturas de su modo de contar, de su capacidad de invención?
La respuesta fue desalentadora (…)

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En estos días se cumplen veinte años de que terminé La luna y 37’000,000 de libras, un librito que usted no conoce y no leerá nunca. Lo publicó en Toluca, en 1990, el Centro Toluqueño de Escritores; sin ese apoyo temprano, y tal vez injustificado, no habría continuado escribiendo.
La estructura alocada del libro (no exactamente cuento, ni novela; no de una sola trama, no sin fragmentos contradictorios) le debe todo a Mario Levrero; el título es una caricatura de La luna y seis peniques de Somerset Maugham y la imaginación era la mía, para bien o mal: me sigue dando risa que algunos de sus lectores de entonces (no todos) hayan comprendido solamente sus defectos y se hayan indignado, por ejemplo, con la idea de que una compañía de focos destruyera la luna sólo para cambiarla por una bombilla gigante
–No puede pasar, es físicamente imposible –dijeron–. Y es injusto burlarse así de una empresa que genera fuentes de trabajo…
Una caricatura de lo que pasó entonces (no: un cuento basado muy vagamente en aquel tiempo, y a la vez una especie de pesadilla/fantasía masoquista) se puede leer aquí. Pero no pienso en nada de eso al recordar ese libro. Al contrario, pienso que sigo escribiendo. Y pienso en lo por venir: en que si tengo suerte será tan libre como fue aquello, y tan raro, y habrá alguien a quien interese.

La musa de 1990

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Quería completar esta nota con un documental en tres partes sobre Jan Svankmajer, quien será familiar para algunos lectores de esta bitácora. Está en inglés pero las imágenes, al menos, son impagables… Entonces descubrí que el audio de la tercera parte fue borrado por YouTube, el servicio donde los videos se alojan. En la página dice, escuetamente, “Este vídeo contiene una pista de audio que no ha sido autorizada por WMG. El audio se ha desactivado”. WMG es Warner Music Group, una de las empresas discográficas más poderosas del mundo.
Esto me hace pensar que las formas actuales (y las por venir) de protección de los derechos autorales no sólo favorecen más a las grandes empresas (como ya sabíamos), sino que tienen enormes fallas en su concepción, en sus alcances. Es simplemente esto: si todos respetamos (o somos obligados a respetar) sus reclamaciones, ¿WMG –o cualquier otra corporación– estaría dispuesta a hacer que circularan de manera legal todos los “contenidos” bajo su control? Estos videos, a juzgar por el número de visitas que han tenido, no son de lo más popular en YouTube: nadie se ha hecho rico con ellos, y sin embargo son valiosos. ¿Irá a contar ese valor más allá del monetario?
Supongamos que de verdad se llega a la distribución de video pagado por internet que varios proponen: yo pagaría por ver un documental como éste, pero ¿estaría disponible? ¿O sólo se me ofrecerían, como en la tele por cable, los estrenos del mes (por tiempo limitado) y unas pocas películas basura? ¿Todo lo que no venda rápido y grandes cantidades estará condenado al olvido cuando seamos expulsados de la publicación en la red?

Parte 1

Parte 2

Parte 3

Porciones del 4 de marzo

Laura García envía desde Chile las siguientes solicitudes de ayuda para las víctimas del terremoto reciente:

La fundación “Un Techo para Chile”, habilitó un enlace que permite hacer donaciones a través de tarjeta de crédito de forma sencilla. También se pueden hacer transferencias desde el extranjero en los números de cuenta que allí aparecen. Este es un medio de colaboración seguro y expedito.

Enlace: http://www.untechoparachile.cl/?page_id=999

Las siguientes son otras cuentas y formas seguras y oficiales para colaborar con las víctimas del terremoto que afectó a Chile:

Cuenta Cruz Roja Chilena en Nueva York:
Cuenta corriente Nº 9941973331 Código ABA:021000089

O a través de esta página:
http://chileayuda.com/international-donations/

Se agradecerá toda colaboración, incluyendo la de difundir estos datos.

Daños por los terremotos en Chile. Fuente: La Jornada

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A fines del año pasado respondí varias preguntas de Óscar Alarcón que han aparecido recién como entrevista en el sitio Abartraba. Mis respuestas son opiniones diversas sobre literatura mexicana y otros temas. Varias de las preguntas de Óscar tenían que ver con “El síndrome de Golo”, una reseña extensa y desfavorable de mi novela Los esclavos, y de Temporada de caza para el león negro de Tryno Maldonado, publicada por Ignacio Sánchez Prado en un número del año pasado (el 160) de la revista Tierra Adentro.
      Cuando le contesté a Óscar sólo había leído fragmentos de esa reseña. Y luego traté, lo reconozco, de no leer más. Pero ayer, súbitamente, me encontré con otra cita de ella en este ensayo de Gabriel Wolfson (publicado apenas en el número 136 de la revista Crítica). Wolfson desemboca en Metaficciones –un excelente libro de Rafael Toriz– pero busca polemizar con Sánchez Prado respecto del consabido tema de la “generación” de los setenta. No pude evitar leer entera la reseña; me encontré con más del rollo que se ha venido repitiendo sobre el asunto (el texto termina así: “quizá no quede más remedio que esperar diez años y rezar a los dioses laicos del Ateneo que la generación de los ochenta sea la que finalmente renueve la literatura mexicana”) y también con este pasaje:

(…) si uno tomara en serio, como postura ideológico-cultural, lo que estas novelas sostienen, estaríamos frente a algo alarmante: una literatura reaccionaria, nihilista en el mejor de los casos, protofascista en el peor. ¿De qué otra manera se podría percibir tanto una novela, la de Chimal, donde la esclavitud sexual parece elevada a estatuto de filosofía literaria, u otra, la de Maldonado, donde el genio incomprendido de Golo se presenta como apología suficiente de su profunda inhumanidad?
      Asimismo, cualquier lector entrenado en un mínimo de teoría de género se da cuenta de que, detrás de las descripciones gráficas de la penetración anal, puede subyacer una ideología profundamente conservadora, donde el valor transgresivo y amoral asignado al deseo homosexual puede interpretarse como una homofobia de facto.

Me alegra que un crítico literario inteligente como Wolfson discuta y cuestione el texto de Sánchez Prado. Como yo no soy crítico literario sólo diré que, para el caso, perfectamente puedo (también) no ser inteligente ni talentoso; puedo estar llamado al fracaso y al olvido y mis libros pueden ser mediocres. Desde luego que sí. Ah, y definitivamente no soy joven: cumplo cuarenta años en pocos meses.
      Pero ni mis textos, ni yo, somos fascistas ni homófobos. Esos son insultos y sobre todo son mentiras.

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Hace muchos años vi una hermosa versión de El maquinista de la General (más propiamente, La General: el título original es ése, The General) de Buster Keaton. La película venía precedida por una introducción, muy afectuosa y entrañable, de Orson Welles, y tenía una banda sonora de piano especialmente compuesta por William P. Perry. Luego presté el video y nunca me lo devolvieron.
      Ahora he vuelto a encontrar esa versión, sin la introducción de Welles pero con intertítulos en español; es la que aparece enseguida. ¿Tienen algo de tiempo? Acompáñenme a ver una gran película.

parte 1

parte 2

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Enlaces varios:
      Tengo una columna en la revista Chilango: “Dimensión desconocida”, que este mes trata sobre leyendas urbanas e incluye cómo crear una. Esta entrega se puede leer en línea aquí.
      Aquí hay una reseña de La ciudad imaginada que Joaquín Guillén publicó en Palabras malditas y otra de Los esclavos (ese libro sucio y perverso) en el blog La filia y fobia del Duende Callejero de Agustín Galván.
      Por último, ésta es una entrevista que me hizo Laura García, de quien les hablé arriba (y que escribió, por cierto, esta crónica imprescindible sobre los sismos de Chile).
      Hasta después…

Trozos del 16 de febrero

Iván Salinas me envía la noticia del nuevo número de la revista Retors.net, dedicada a ofrecer al lector francés traducciones de textos previamente inéditos; la revista ofrece ahora un dossier sobre nueva literatura hispanoamericana con textos en edición bilingüe: español/francés. Ya sabemos de los cuellos de botella, la insularidad, el aislamiento de nuestros países: mientras otra cosa pasa, bien podemos leer allá lo que sucede acá… y varios de los textos son de lo más interesante.
      (Creo que esto no lo había dicho: hace tiempo, Iván tradujo (mejoró) mi novela corta “Shanté”, que apareció también en Retors en dos partes: 1 y 2).

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Fuente: The Mid Century Modernist

Fuente: The Mid Century Modernist

Raquel heredó de su madre la Enciclopedia Femenina Nauta, publicada en 1969 por la editorial del mismo nombre. Está dividida en seis tomos: “La decoración”, “La belleza femenina”, “La vida sexual”, “El bebé y el niño”, “La casa” y “La cocina”. Del último hemos sacado varias recetas de lo más sabroso, pero teníamos la impresión de que el resto de los tomos serían conservadores y moralizantes. Qué sorpresa descubrir que el título del primero es realmente La decoración y que se trata de un libro independiente, sólo integrado en el paquete de la enciclopedia. Qué sorpresa descubrir que la autora, Mercedes Salisachs, es una escritora todavía en activo a sus 94 años y que desarrolló el grueso de su carrera literaria (con muchos conflictos contra la censura y los prejuicios de la época) en la España de Franco. Qué sorpresa, a pesar de los argumentos que la descalifican en muchos lugares (Wikipedia la llama “la gran narradora de la burguesía profranquista de la segunda mitad del siglo XX”, lo que desde luego es para salir huyendo), encontrarle pasajes como los que siguen, dedicados a “las casas perversas”.
      Leyéndolos pensé en Neil Gaiman en su etapa mejor, en el ensayo sobre la jardinería que escribió Joseph Conrad o en los textos de Malcolm de Chazal. Su aliento es mágico en ese sentido dificilísimo: eleva lo trivial y lo transforma:

La perversidad de las casas suele venir condicionada casi en su totalidad a la falta de ayuda en la evolución de las mismas. Su perversidad es una pura reacción contra el abandono o el desdén del que han sido objeto.
      Por lo común las casas perversas tuvieron un origen glorioso: la mayoría de ellas fueron exponentes directos de los adelantos de su época. Cuando las construyeron se les contemplaba con orgullo, se procuraba cuidarlas y se les concedía categoría de monumento.
      De ahí que, a mayor abundancia de lujo y comodidades anteriores, mayor sea su perversidad posterior. Es cosa sabida que lo que damos por hecho, cuesta más de realizar que aquello que de antemano sabemos que ha quedado por hacer.
      Por tal motivo, cuando las casas que se realizaron gloriosamente entran en la fase de desastre, son mucho más desastrosas que las casas realizadas sin pena ni gloria. (…)
      Cuando alguien penetra en una de esas casas, lo primero que percibe es un cuadro torcido. Discretamente lo endereza, pero a la salida comprende que el asunto no dependía de su buena voluntad sino de la descentralización del clavo. En realidad casi todos los cuadros de las casas perversas están torcidos. Es el común denominador que mejor las unifica. (…)
      Las pantallas, torcidas por la rotura del eje, cubren la bombilla a medias y deslumbran al que se sienta frente a ellas. Los ceniceros jamás se encuentran al alcance de la mano, y las mesitas auxiliares sirven para encaramarse en ellas cuando hay que cerrar los ventanales.
      En este tipo de casas es muy frecuente abrir una puerta y quedarnos con el pomo en la mano, impulsar un cajón hacia adelante y comprobar que la madera se ha hinchado, y si queremos cerrarnos en un lugar excusado, descubrir que el pestillo no funciona. (…)
      En suma: las casas que, tras un largo periodo de gloria, se convierten en casas perversas, existen principalmente para torturar. Porque, aunque conserven su aureola de casas magníficas, se las abandonó a su arbitrio y evolucionaron solas. Nadie les quiso echar una mano. Fiados en su prestigio, los herederos consideraron que sus cualidades iban a ser eternas, pero las saturaron de desgana y las convirtieron en casas rencorosas, vengativas y malhumoradas.
      Los buenos sentimientos de sus habitantes resbalaron por ellas sin contagio.

En fin, una nueva autora problemática para el catálogo de rarezas.

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Qué maravilla el trabajo de 9000vs0006:

Matthew14.22-33

Este otro enlace lleva a una serie larga de imágenes suyas.

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Varios amigos y conocidos de alrededor de treinta me han comentado recientemente sus deslumbramientos literarios. Todos dicen más o menos lo mismo: “Qué más se puede decir si X ya lo dijo todo”, “La novela de Y marca un antes y un después”, “Con el libro de Z me hubiera bastado para el año entero” y así por el estilo. Yo escuchaba sin opinar (cuando mucho, con cierta pesadumbre). Entonces recordé que yo decía lo mismo (de otros autores, claro; probablemente, incluso, de autores menos brillantes, menos celebrados, hasta menos buenos) a los quince o los dieciséis. Ahora sigo sin opinar. Opine usted si quiere.

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Pero antes, escuche: Clara Rockmore interpreta a Saint-Saëns en su theremin:

Partículas del 8 de enero

En una plática fuera del blog, salió a relucir un comentario que hice al paso, en una nota previa, sobre el sentirse huérfano. Debo decir que me impresiona la imagen de Karna, un personaje del Mahabharata. Abandonado al poco tiempo de nacer, creció desposeído y agobiado por el infortunio. Fue maldecido varias veces a causa de indvertencias o accidentes. Cuando se hizo hombre fue un héroe de grandes virtudes, pero terminó aliado con los Kuru, enemigos de su familia original, que le ofrecieron amistad y protección cuando sus propios hermanos, los Pandava, no lo hicieron. Al estallar la gran guerra, murió atravesado por una flecha de su propio hermano, el gran guerrero Arjuna, pero terminó con éste y el resto de los Pandava en el inframundo, apresado y sometido a tormentos. El origen como una marca indeleble, como una infamia que confirma la injusticia del universo.

Karna y su rueda. Imagen de la película de Peter Brook

Karna, con su carro de combate atascado en el fango, a punto de ser muerto por Arjuna y Krishna. Imagen de la película El Mahabharata de Peter Brook

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Empecé a leer desde muy pequeño, pero no lo hice –supongo que pocas personas lo hacen– con un programa y una lista de libros reglamentarios. Y lo que estuvo a mi alcance no fue en absoluto el canon mexicano sino una serie de textos heterogéneos, escorados hacia la literatura fantástica por puro azar. Era lo que había, pues…
      Y ahí estuvieron mis aprendizajes: no me formé, ni siquiera al comenzar a escribir, sintiéndome parte de una tradición nacional porque no había nada en esos libros que se refiriera a la literatura como algo que pudiera delimitarse de semejante forma. Por otro lado, tampoco aprendí que la literatura requiriera justificación; sólo hasta después oí, en las escuelas, la idea de que literatura “servía” estrictamente como documento histórico de su época…, pero nunca lo creí: tuve la mala suerte (o la buena suerte) de que casi todos mis maestros de español en ese tiempo fueron pésimos lectores y ofrecían interpretaciones obviamente idiotas de todo lo que nos daban a leer.
      Y algo más que no aprendí fue que la literatura fuera un “escape” de la “vida real”: una alternativa reconfortante ante las inseguridades de la existencia fuera de los libros. Por el contrario, otro gran choque de esas lecturas tempranas fue el encontrar historias en las que, al contrario de en lo que se suponía una visión sana y racional del mundo, los sucesos no se resolvían de manera tranquilizadora y las mismas definiciones de lo “real” eran puestas en duda y hasta en crisis. (¿Para qué leer eso? Por el vértigo. Para sufrir. ¿Quién dijo que la felicidad es todo en la vida?)
      Ahora creo que los grandes autores que descubrí entonces (Levrero, Borges, Pavic, Dick), los que me son más cercanos ahora, se parecen en que buscan profundizar en la indagación de cómo damos forma a lo real –a nuestra percepción de lo real– acercándolo a nuestras representaciones y no al revés: son todos los que investigan qué nos hace el lenguaje, qué le hacemos y qué no vemos en él o más allá de él. No suena muy sexy, supongo, pero mucho de la literatura que importa trata de eso.
      Eso sí: todo esto quiere decir también que quienes “deberían” haber sido mis padres literarios nunca me dijeron nada y lo que yo mismo deseo hacer es, más bien, mi propia indagación en lo que vislumbraron mis padres sustitutos. Juan Rulfo me interesó primero porque los muertos hablan en Pedro Páramo, y Arreola me interesó antes que Rulfo, y Blake y Dick me interesaron antes que Arreola. Ni modo. No lo presumo ni lo recomiendo porque es un camino difícil y una aspiración impopular: supone o deja entrar ciertas ideas políticas, y en el mundo en que vivimos tiene que relacionarse de algún modo con el mercado, pero no proviene directamente del mercado ni de la política.
      No me quejo. Mi “aquí nos tocó” fue éste y no lo rechazo. Y ya no tengo tiempo para preocuparme por eso.

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Ahora está circulando por la red mexicana una serie de comentarios (el de Guillermo Vega resume bien la situación) sobre las declaraciones homófobas del conductor televisivo Esteban Arce, y cómo calló, más que convencer, a una sexóloga que intentaba cuestionar su idea de la “normalidad”. El problema no es sólo el prejuicio de Arce, ni el hecho de que gran parte de la población del país lo comparta: es la prepotencia, la violencia de los “argumentos”. ¿El suyo es el modo de relacionarnos con los otros que mamamos de la televisión? Con razón estamos tan jodidos.

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He aquí una copia completa de Nosferatu (1922) de F. W. Murnau. Los intertítulos están en inglés pero la historia, básicamente, es la de Drácula de Bram Stoker, es decir, los vampiros son como Edward Cullen dice que no son.
      (¿Por qué tantas novelas famosas sobre el tema de los últimos treinta o cuarenta años sufren tanto por la influencia de Stoker? ¿Y por qué no hallan otra forma de lidiar con ella?)

Ganadoras de diciembre (y feliz 2010)

Buenas noches. Casi en el borde del año, les aviso que el ganador del concurso de diciembre es el cuento “Crepúsculo” de La Maga, por su sugerencia de una imagen inusitada y curiosa. Reciben mención el cuento sin título de Ladidel y el cuento sin título de Nita.

Muchas gracias por continuar asomándose a este sitio y participando en este concurso. Muchas felicidades, también, y suerte para el año. Que, pase lo que pase, al término de 2010 nadie pueda decir que no estuvimos vivos: que no vimos, que no pensamos, que no hicimos.

Un último regalo para estas horas: un cortometraje del gran Segundo de Chomón, El hotel eléctrico (1905), para recordar el futuro de otras épocas. ¡Hasta después!

Retazos del 24 de diciembre

De niño, yo creía que la Navidad era el 24 de diciembre. Era el día de esperar ansiosamente a la medianoche, de los rituales previos a la cena y la apertura de regalos. Ésta nos llevaba siempre hasta las primeras horas de la madrugada: el 25 era el día de levantarse tarde y ver qué se hacía con los juguetes (o con la ropa, o los objetos extraños que siempre terminaban por aparecer en alguna de las cajas envueltas)…
      Lo que recuerdo ahora de esas noches repartidas en lo último del siglo XX, debo decir, no es ni el ritual ni los regalos. Es la extrañeza: la impresión de los horarios dislocados, de la ocasión especial, de la ruptura. Si ustedes celebran estos días, dado que se permite desear, les deseo lo que tuve entonces: que sus asombros y sus cambios sean interesantes (y venturosos).

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Breve regalo. En dos partes, una película hermosa: El poeta danés de Torill Kove (Den danske dikteren, 2006). La versión está subtitulada, la voz es de Liv Ullman y la historia es extraordinaria.

1

2

Gracias a Rax, por esto, y (como se dice: se sabe) por muchas cosas más. Y felicidades a todos.

regalito

Retazos del 11 de diciembre

 
 

Fotograma de Pontypool

Gracias al blog Reek of Putrefaction descubrí la existencia de Pontypool, una película canadiense de 2008 dirigida por Bruce McDonald. Y es una película excelente.
      Si la buscan la encontrarán descrita como un filme de zombis, y lo es, o al menos tiene que ver con la aparición y propagación de una extraña enfermedad que convierte a grandes masas en autómatas asesinos y desprovistos de razón, al modo tantas otras películas. Pontypool se distancia de todas ellas, por una parte, gracias a la economía de su hechura, pues se filmó prácticamente en un solo escenario y con tres actores (todo sucede en un estudio de radio, durante un turno de locución en el que no se ven, pero sí se escuchan, todos los detalles espeluznantes); por otra parte –y es la mejor– debido a la “explicación” del contagio, que no tiene que ver con los clichés habituales (virus mutantes, contenedores de sustancias tóxicas, etcétera) y cuya rareza ha hecho enojar a más de uno: en el mundo de Pontypool la locura se propaga a través del lenguaje. El acto de entender algunas palabras, nadie sabe cuáles, ocasiona que la locura se apodere del cerebro humano. ¡El propio idioma está infectado! La idea no ha sido entendida cabalmente por ninguno de los reseñistas que se ha ocupado de la película, y que en cambio se han dedicado a darle lecturas superficiales (la reducen a una metáfora del conflicto entre canadienses de habla francesa y de habla inglesa) o a quejarse de su falta de elementos gore. Pero la idea apunta a la crisis –que apenas podemos ver y no digamos articular– del pensamiento simbólico, sobre la que ha escrito, muy provocadoramente, John Zerzan. ¿Qué hacemos cuando las representaciones se vuelven contra nosotros?

James McHattie en Pontypool

Los personajes de Pontypool intentan eludir el contagio repitiendo las palabras hasta que las des-entienden: hasta que les quitan todo sentido. Pero ¿podríamos hacer eso todos, todo el tiempo? Si el lenguaje fue un error de la especie (el error crucial), ¿sería posible repararlo?

Cartel de Pontypool (clic para ampliar)

Cartel de Pontypool (clic para ampliar)

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Enlaces surtidos:

(Muchas gracias, por supuesto, a Guillermo, a Araceli Otamendi, a José Israel Carranza y Silvia Eugenia Castillero de Luvina, a Faro Viejo y a la gente de Cultura Pirata, en especial a Tania Ochoa… Ahora, a trabajar otra vez.)

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No: antes, un hallazgo. El que sigue es un fragmento de una función de Apocalypsis Cum Figuris (1969), la última puesta en escena del Teatr Laboratorium de Jerzy Grotowski (quien sale a relucir en “La Pasión…”). Grotowski y su compañía, luego de tres años de ensayos, llevaron su propuesta de una recreación de textos bíblicos hacia una investigación del ritual –de otra forma de representación, cuyos resultados finales fueron tal vez inciertos– de un modo que nadie ha continuado cabalmente. Nunca había visto ninguna grabación ni filmación del trabajo de Grotowski…, y ésta, como verán, deja más dudas que certezas debido a su falta de resolución. Es como si ese teatro –la obra se considera una de las cumbres del teatro del siglo XX– se resistiera a quedar en la memoria de quienes no lo vieron directamente. Si no conocen la historia completa de la puesta y el director, dense un momento para investigarla: es un ejemplo abrumador de la altura y la fragilidad de las obras humanas.

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(Paréntesis:

Ayer tuve un breve momento de pánico: un desperfecto del servidor dio al traste con el sistema de categorías de esta bitácora. Ya está arreglado, pero por varias horas llegué a temer que no hubiese remedio. Casi nadie se ha planteado seriamente esta pregunta desde 1997: ¿qué tanto, realmente, de la vida virtual que uno se ha ido construyendo se vuelve parte de la vida a secas? La respuesta podría parecer obvia; no lo es al considerar la posibilidad de desprenderse de una parte de esa vida. ¿Qué tanto de todos esos mensajes hechos a la carrera, con caracteres intangibles, referidos a contextos tan frágiles, es de verdad desechable?
      Respuesta posible: es tan desechable, o tan precioso, como todo lo demás. Como escribió Margaret Atwood, los objetos más preciados de uno son la basura de quien llega después.)


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Secciones

Concurso:  Concurso #58
1/9/2010

Esta bitácora convoca a su concurso de minificción para septiembre de 2010. Todos están invitados a participar.

El cuento del mes:  Declaración de Randolph Carter
20/8/2010

Como un pequeño homenaje en el aniversario 120 de H. P. Lovecraft, uno de sus cuentos tempranos: las aventuras de su primer “investigador de lo extraño”.

Taller literario:  Operaciones y reducciones
2/9/2010

Dos ejercicios de taller en vez de uno, ambos a partir de una descripción breve y extraña.



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