Archivo para la categoría 'Hallazgos'

¿Dónde está mi cabeza?

Esta bitácora publica un cuento al mes, pero en esta ocasión publicará dos. El motivo es este hallazgo, que me recomendó Alberto Buzali: un cuento fantástico de Benito Pérez Galdós (1843-1920). Es probablemente un capricho de su autor, cuyo prestigio entero se basa en sus novelas realistas y a quien muchos lectores posteriores han mirado con cierta desconfianza; de todas formas, el texto tiene más de un punto de contacto con “La nariz” de Nikolai Gogol, una de las narraciones clásicas de lo fantástico del siglo XIX.
      ”¿Dónde está mi cabeza?” se publicó en el diario El Imparcial de Madrid, España, en 1892.

Benito Pérez Galdós. Retrato por Joaquín Sorolla

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La teoría de la fisura

Además de todo lo demás (un par de libros; textos por obligación y placer; anotaciones para esta bitácora y para la sufrida cuenta de Tuiter), estoy preparando un par de cursos: ambos serán de novela y se repartirán entre revisar textos de los asistentes y hablar de la teoría (si es que es posible: si hay una sola, o varias ideas que pudieran ensamblarse para parecer una sola) de la novela.
      Entre otras referencias, está la del pasaje siguiente, que proviene de Pietr el letón (1931), la primera de la larga serie de novelas del inspector Maigret escritas por Georges Simenon. Maigret está vigilando desde afuera, y en tiempo tormentoso y desagradable, la casa del sospechoso, y sus pensamientos vagan hacia estas ideas sobre el descubrimiento y la detección:

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Los pájaros

La película clásica de Alfred Hitchcock (1963) es una adaptación, sumamente libre, del cuento que sigue. Daphne du Maurier (1907-1989), inglesa, fue autora de numerosos libros entre novelas, colecciones de cuentos, crónicas y memorias, aunque se le recuerda en especial por las adaptaciones fílmicas que se han hecho de varios de sus textos (además de Los pájaros, por ejemplo, otras dos películas de Hitchcock: Rebeca y Posada Jamaica, parten de trabajos suyos). Como no intentó innovaciones formales a la manera de otros autores de la época, y su prosa se acerca más a la de sus precursores en el siglo XIX, a veces se le tiene como una autora de escaso interés; sin embargo, era una excelente creadora de tramas de suspenso y sus atmósferas inquietantes sorprenden por la parquedad de los recursos que emplea para crearlas.

Daphne du Maurier

“The Birds” se publicó primero en el libro The Apple Tree (1952; la presente traducción es de Adolfo Martín). Es una narración bastante extensa, y con un final abierto, pero conserva la unidad de efecto y trama de un cuento con forma clásica. Esto, sin duda, debe haber atraído a Hitchcock, quien estaba en desacuerdo con la opinión general y consideraba que los largometrajes eran más afines al cuento que a la novela. Por lo demás, tenía razón.

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Poesía, debate y una nota

Aurelio Asiain ha traducido y publicado en internet Un puñado de poemas de Ikkyu Sojun, poeta japonés del siglo XV; “una de las figuras más interesantes del budismo zen”, escribe Asiain. “Célebre por sus excentricidades, sus excesos y sus escándalos (…) calígrafo mayor del Japón, legendario flautista itinerante, artífice de la ceremonia del té y poeta originalísimo”. Los textos fueron publicados originalmente en su blog Margen del Yodo, y no cito aquí ninguno, aunque muchos me parecen excelentes, para que vayan a leerlos; por supuesto es gratis.

(Una dirección alterna, donde pueden leerse más fácilmente, es ésta, del Internet Archive.)

Ikkyu Sojun (fuente: Un puñado de poemas)

Ikkyu Sojun (fuente: Un puñado de poemas)

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Los poemas de Ikkyu Sojun han llamado la atención en días recientes, pero ha resultado más comentada aún la nota de Asiain –publicada en su bitácora de Tumblr Nada que ver– en la que parte de una nota de Twitter en la cuenta del programa Final de Partida, del recién nacido canal Foro TV: “Con ediciones de mil ejemplares en el mejor de los casos y un público cada vez más reducido, ¿puede sobrevivir la poesía?”.
      Asiain dice que la pregunta es “un lugar común y una tontería” y escribe en Twitter catorce notas sobre la cuestión que aquí reproduzco:

      1. La poesía siempre se ha editado en tirajes mínimos y su público no es cada vez más reducido, todo lo contrario. Paren de decir memeces.
      2. Pero hoy, además, se imprimen más ejemplares que nunca antes. Tiraje de Sarada Kinenbi de Tawara Machi: 2,600,000 ejemplares.
      3. Un poema publicado en internet tiene en pocas horas muchos más lectores que impreso en papel. También un libro de poemas.
      4. El librito de Ikkyu que puse en Internet tuvo en siete días más de mil lectores. Ninguno de mis libros de poesía impresos los tuvo en años.
      5. Las publicaciones impresas se leen menos, pero reducir al papel el mundo editorial y la vida literaria es ciego. La creación está hoy aquí.
      6. El prestigio de la letra impresa intimida a muchos buenos escritores, que no se reconocen como tales porque sólo publican en sus blogs.
      7. La literatura que se escribe, publica y lee en los blogs tiene más lectores que los medios impresos, y sólo el prejuicio la juzga inferior.
      8. Sólo por prejuicio, también, consideramos alta literatura un haiku de Basho o una copla de Lorca y no tantos tuits que no lo son menos.
      9. En Japón las novelas de mayor venta en los últimos años se han escrito y publicado primero en teléfonos celulares en millones de ejemplares.
      10. Hace dos días un memo ironizaba porque escribí que a mí, en Twitter, me interesa descubrir escritores. Pero los encuentro todos los días.
      11. En unas horas de lectura atenta en Twitter, siguiendo a la gente adecuada, se encuentra más y mejor poesía que en cualquier revista impresa.
      12. “La poesía es la única prueba concreta de la existencia del hombre” dijo Cardoza y Aragón. Dicho de otro modo: no hay humanidad sin poesía.
      13. La poesía no es un género literario. Es un fenómeno lingüístico y no sólo lingüístico. Es una forma particular de la producción de sentido.
      14. La poesía existe desde mucho antes que los libros, el papel y la escritura. Sobrevivirá a los libros impresos, la televisión y la internet.

Esto es una invitación a debatir. ¿Qué opinan ustedes?

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Nota: leí primero los textos de Asiain en la cuenta de Facebook de Guillemo Vega Zaragoza, quien también tiene blog y cuenta de Twitter.
      Se verá que blogs, Twitter, Tumblr, Facebook (e Internet Archive, que preserva tantos sitios activos y tantos más desaparecidos) son realmente lugares nuevos, como se viene diciendo desde hace tanto. Lo que no se ve con tanta frecuencia es que la red, además de un espacio vastísimo en el que es posible perderse (cliché horrible), es uno en el que podemos no saber: perdernos de mucho, pasar de largo, ignorar. La erudición de internet (por la que, supuestamente, “todos sabemos todo”) no es más que una metáfora o una posibilidad irrealizable: la información que nos satura es irrelevante, por lo general, pero incompleta siempre.
      Hay que dejar la pasividad para intentarlo pero la red sí devuelve –aunque sea sólo de manera relativa, individual: la propia de la época– la posibilidad de descubrir.

Partes del 6 de marzo

De Todas las mañanas del mundo (Alain Corneau, 1991), basada en la novela de Pascal Quignard (es decir, en esa historia inconseguible, brillantísima, de la perplejidad y la amargura). Quien toca en realidad es Jordi Savall:

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Sobre el cuento (para un ensayo que no escribiré)

Defender al cuento pasa frecuentemente por deslindarlo del otro significado de la palabra: “embuste, engaño” según la RAE; mentira, falsedad, historia que se inventa para engañar. Pero los cuentos no tienen que ser “verdad”. Para la verdad tenemos (según las preferencias de cada cual) el periodismo, la ciencia o la religión.

 
 
De otro modo: el cuento sí es engaño. Toda la ficción es engaño. La literatura no es la verdad comprobable; si es una verdad es de las otras.

 
 
Y si no, ¿qué?

 
 
Discusión fuera de aquí; una persona sugería que el cuento era apropiado para el presente; otra replicaba que eran más pertinentes las novelas o las secuelas. El cuento desaparecerá como desaparece todo, pero será de esta manera: en un mar de palabras imprecisas, malcasadas, díscolas.

 
 
Ahora bien, el cuento no desaparece hoy. Se puede encontrar con facilidad el epitafio que le escribió Stephen King, según el cual ya nadie puede escribir como los maestros de la brevedad de otros siglos. Pero el que no puede (y no quiere y no necesita) es él.

 
 
El cuento es apropiado para el presente porque es facilísimo descargarlo, difundirlo, piratearlo. El peor enemigo del cuento hoy es el ACTA.

 
 
¿No lo convence lo que digo? ¿Dirá que nace de mi propio gusto por esa forma caduca? ¿Defendería usted sus propios gustos si yo se los critico? De otro modo: el cuento puede ser defendido por razones egoístas. Si su belleza ya no puede compartirse, tanto peor.

 
 
Ahora bien, no lo creo. En cambio, creo en el momento del eco, el del vislumbre, el que sólo puede llegar mientras las palabras escuchadas o leídas no se marchan aún de la conciencia. Eso no lo hay en ningún otro sitio ni en ninguna otra forma.

Ilustración de Edward Gorey para el cuento Casting the Runes de M. R. James; Gorey lo seleccionó para su antología The Hunted Looking Glass

Ilustración de Edward Gorey para el cuento "Casting the Runes" de M. R. James; Gorey lo seleccionó para su antología The Hunted Looking Glass

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Fragmento de una conversación que no tendrá lugar:
      –No: tener las intenciones, defender las causas, ostentar las actitudes, sentir la pasión no ayuda a escribir mejor. Eso lo sé y lo acepto. Haga y diga lo que guste.

Más en Minería: ciencia ficción y lecturas

Agrego estas invitaciones a las de hace un par de días, que siguen en pie.
      La Feria del Libro del Palacio de Minería sigue en el mismo sitio: Tacuba 5, en el Centro Histórico del Distrito Federal. Si van, en el primer piso, tomando a la izquierda una vez que se han subido las escaleras, pueden llegar al Pabellón Estado de México, que ocupa el espacio inmediatamente anterior a varios de los auditorios pequeños. Y si entran allí, podrán encontrar el número 38 de la revista Castálida, publicada por el Instituto Mexiquense de Cultura, que es un monográfico dedicado a la ciencia ficción y, en menor medida, a la literatura fantástica en general. El índice es largo y habrá algo para todos los gustos (hay hasta un texto mío); de entrada recomiendo los ensayos de Pepe Rojo y Chris Nakashima-Brown, las recomendaciones de Bef, los cuentos del cubano Yoss y los mexicanos Miguel Cane y José Luis Zárate y, muy especialmente, el ensayo de Gabriela Damián sobre escritoras mexicanas dedicadas a lo fantástico: una crítica a la doble ceguera (machista y “realista”) del canon literario nacional.

Castálida 38

En ese mismo lugar se llevan a cabo diversas presentaciones de libros (allí será, por ejemplo, la de Rápidas variaciones de naturaleza desconocida de Edilberto Aldán, de la que escribí en la nota previa); allí será también una lectura imprevista a la que los invito. El martes 23, a las 12 del día, el Centro Toluqueño de Escritores ofrecerá una lectura de textos recientes de varios escritores del estado de México. Ésta es una actividad no anunciada en el programa de la Feria, porque entra en lugar de otra (la presentación del libro Fragmentaciones de José Falconi, que debió cancelarse por causas de fuerza mayor), así que no la hallarán en el programa. Pero si van nos hallarán a varios, leyendo textos. Están invitados, pues.

Trozos del 16 de febrero

Iván Salinas me envía la noticia del nuevo número de la revista Retors.net, dedicada a ofrecer al lector francés traducciones de textos previamente inéditos; la revista ofrece ahora un dossier sobre nueva literatura hispanoamericana con textos en edición bilingüe: español/francés. Ya sabemos de los cuellos de botella, la insularidad, el aislamiento de nuestros países: mientras otra cosa pasa, bien podemos leer allá lo que sucede acá… y varios de los textos son de lo más interesante.
      (Creo que esto no lo había dicho: hace tiempo, Iván tradujo (mejoró) mi novela corta “Shanté”, que apareció también en Retors en dos partes: 1 y 2).

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Fuente: The Mid Century Modernist

Fuente: The Mid Century Modernist

Raquel heredó de su madre la Enciclopedia Femenina Nauta, publicada en 1969 por la editorial del mismo nombre. Está dividida en seis tomos: “La decoración”, “La belleza femenina”, “La vida sexual”, “El bebé y el niño”, “La casa” y “La cocina”. Del último hemos sacado varias recetas de lo más sabroso, pero teníamos la impresión de que el resto de los tomos serían conservadores y moralizantes. Qué sorpresa descubrir que el título del primero es realmente La decoración y que se trata de un libro independiente, sólo integrado en el paquete de la enciclopedia. Qué sorpresa descubrir que la autora, Mercedes Salisachs, es una escritora todavía en activo a sus 94 años y que desarrolló el grueso de su carrera literaria (con muchos conflictos contra la censura y los prejuicios de la época) en la España de Franco. Qué sorpresa, a pesar de los argumentos que la descalifican en muchos lugares (Wikipedia la llama “la gran narradora de la burguesía profranquista de la segunda mitad del siglo XX”, lo que desde luego es para salir huyendo), encontrarle pasajes como los que siguen, dedicados a “las casas perversas”.
      Leyéndolos pensé en Neil Gaiman en su etapa mejor, en el ensayo sobre la jardinería que escribió Joseph Conrad o en los textos de Malcolm de Chazal. Su aliento es mágico en ese sentido dificilísimo: eleva lo trivial y lo transforma:

La perversidad de las casas suele venir condicionada casi en su totalidad a la falta de ayuda en la evolución de las mismas. Su perversidad es una pura reacción contra el abandono o el desdén del que han sido objeto.
      Por lo común las casas perversas tuvieron un origen glorioso: la mayoría de ellas fueron exponentes directos de los adelantos de su época. Cuando las construyeron se les contemplaba con orgullo, se procuraba cuidarlas y se les concedía categoría de monumento.
      De ahí que, a mayor abundancia de lujo y comodidades anteriores, mayor sea su perversidad posterior. Es cosa sabida que lo que damos por hecho, cuesta más de realizar que aquello que de antemano sabemos que ha quedado por hacer.
      Por tal motivo, cuando las casas que se realizaron gloriosamente entran en la fase de desastre, son mucho más desastrosas que las casas realizadas sin pena ni gloria. (…)
      Cuando alguien penetra en una de esas casas, lo primero que percibe es un cuadro torcido. Discretamente lo endereza, pero a la salida comprende que el asunto no dependía de su buena voluntad sino de la descentralización del clavo. En realidad casi todos los cuadros de las casas perversas están torcidos. Es el común denominador que mejor las unifica. (…)
      Las pantallas, torcidas por la rotura del eje, cubren la bombilla a medias y deslumbran al que se sienta frente a ellas. Los ceniceros jamás se encuentran al alcance de la mano, y las mesitas auxiliares sirven para encaramarse en ellas cuando hay que cerrar los ventanales.
      En este tipo de casas es muy frecuente abrir una puerta y quedarnos con el pomo en la mano, impulsar un cajón hacia adelante y comprobar que la madera se ha hinchado, y si queremos cerrarnos en un lugar excusado, descubrir que el pestillo no funciona. (…)
      En suma: las casas que, tras un largo periodo de gloria, se convierten en casas perversas, existen principalmente para torturar. Porque, aunque conserven su aureola de casas magníficas, se las abandonó a su arbitrio y evolucionaron solas. Nadie les quiso echar una mano. Fiados en su prestigio, los herederos consideraron que sus cualidades iban a ser eternas, pero las saturaron de desgana y las convirtieron en casas rencorosas, vengativas y malhumoradas.
      Los buenos sentimientos de sus habitantes resbalaron por ellas sin contagio.

En fin, una nueva autora problemática para el catálogo de rarezas.

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Qué maravilla el trabajo de 9000vs0006:

Matthew14.22-33

Este otro enlace lleva a una serie larga de imágenes suyas.

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Varios amigos y conocidos de alrededor de treinta me han comentado recientemente sus deslumbramientos literarios. Todos dicen más o menos lo mismo: “Qué más se puede decir si X ya lo dijo todo”, “La novela de Y marca un antes y un después”, “Con el libro de Z me hubiera bastado para el año entero” y así por el estilo. Yo escuchaba sin opinar (cuando mucho, con cierta pesadumbre). Entonces recordé que yo decía lo mismo (de otros autores, claro; probablemente, incluso, de autores menos brillantes, menos celebrados, hasta menos buenos) a los quince o los dieciséis. Ahora sigo sin opinar. Opine usted si quiere.

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Pero antes, escuche: Clara Rockmore interpreta a Saint-Saëns en su theremin:

Kuakú Baboní

El que sigue, para terminar el año, es un cuento africano tradicional (proveniente de la misma colección virtual que otro que publiqué hace algún tiempo); lo más que he podido averiguar es que probablemente procede de Ghana. Sería un gusto si se aclimata en otras regiones del mundo… Para los posibles interesados dejo la referencia a esta página, que contiene muchas historias tradicionales africanas.

KUAKÚ BABONÍ
(la más terrible de todas las criaturas)

Anónimo

Griot senegalés. 1890

Griot senegalés. 1890.
Fuente: http://www.answers.com/topic/griot

Hubo una vez un matrimonio. El marido había emprendido un largo viaje y, durante su ausencia, la mujer dio a luz a un niño.
      La madre del recién nacido aguardaba, impaciente, el regreso del marido para mostrarle el pequeñuelo, que era un negrito encantador, de ojos risueños y picarescos. Una monada de criatura.
      Y he aquí que, a los pocos días del nacimiento del lindo negrito, cuando la madre se preguntaba qué nombre daría al retoño, pasmada de asombro, oyó que el hijito exclamaba:
      –¡Mi nombre es Kuakú Baboní!
      Mas al siguiente día aumentó su asombro. La mujer gruñía porque, debido a la ausencia del marido, no podía ir al bosque a recoger leña, cuando el precoz negrito, que no contaba más que de siete a ocho días de edad, dijo:
      –Yo iré al bosque.
      Y así lo hizo. Se fue a recoger leña y regresó con medio bosque a cuestas.
      Tendría mes y medio tan sólo cuando su madre tuvo que ir hasta el río a lavar ropa y dejó al prodigioso negrito en casa, durmiendo en su cuna.
      De regreso encontró en la puerta a todo un ejército de negritos que armaban un formidable escándalo.
      –¡Tu hijo nos ha pegado! –le dijeron lloriqueando.
      –¡Mi hijo! –exclamó la madre, estupefacta–. ¡Si es mi pequeño un niño de teta y vosotros sois ya unos grandulones! Además, está en la cuna, donde lo dejé hace poco, durmiendo como un bendito.
      Y para convencerlos, los hizo entrar.
      Pero, ¡oh desencanto!, por más que buscaron, no pudieron encontrarlo por ninguna parte. Y la madre tuvo que presentar excusas a los muchachos para que le perdonaran, pues era muy pequeño y no sabía lo que hacía.
      Y para mayor burla, al cabo de un rato, el niño llegó con mucho sigilo y, sin que nadie lo advirtiera, subióse él mismo a la cuna.
      Tantas y tantas fueron las travesuras y fechorías del precoz negrito, que sus padres, espantados, creyendo tener en su casa a un verdadero diablillo y lo echaron de la choza, prohibiéndole que pusiera nuevamente los pies en ella.
      Y el negrito, en vez de entristecerse, partió silbando alegremente.
      Anda que te anda, al anochecer divisó una linda casita. Vivían en ella, juntos y en franca armonía, muy felices, un león, un tigre, un lobo, una cabra y un elefante.
He de advertir que, en aquel tiempo, los animales hablaban y se querían como hermanos. Jamás se peleaban y se ayudaban mutuamente.
      Los animales de nuestra historia: el lobo, la cabra y el elefante que vivían fraternalmente, estaban sentados aquel atardecer alrededor del fuego, fumando en pipa y contándose leyendas heroicas y cuentos de hadas, de los que mucho gustaban.
      Cuando llegó el pequeño negrito, saludó cortésmente a la familia de animales y les pidió permiso para permanecer entre ellos, ofreciendo servirles como criado, pues agregó ser huérfano de padre y madre.
      La Cabra, que, por ser la más joven de la familia, estaba encargada del trabajo doméstico, dijo:
      –Aceptemos sus servicios. Así tendré quien me ayude en la pesada labor de la casa, ya que, mientras vosotros os paseáis o tomáis el sol, tengo que atender a todas los cosas.
Los animales conferenciaron y accedieron. Luego le invitaron a cenar. El negrito aceptó complacido y engulló cuantos manjares le presentaron; parecía no haber comido en su vida, de tal modo lo devoraba todo.
      Los cinco animales acostumbraban llegarse, por riguroso turno, a una finca que poseían a unos kilómetros de distancia, en busca de provisiones para el sostén de la casa; era ésta una labor de todas las mañanas.
      Y como a la mañana siguiente a la llegada de nuestro negrito le tocaba a la Cabra, ésta pidió que el negrito la acompañase para ayudarla a traer el cesto.
      Y así se acordó. Entregaron el cesto a Kuakú Baboní, y éste, muy contento, echó a andar tras la Cabra.
      Cuando llegaron a la finca propiedad de los cinco animales, el negrito dejó en el suelo el cesto y echó a correr de un lado a otro, jugando y curioseándolo todo.
Fue inútil que la Cabra le llamara la atención y que le amonestara para que fuese en su ayuda; él proseguía en sus juegos y en sus fisgonerías. Tanto, que ya la Cabra se enfadó, y, llevada de los nervios, dióle unos tirones de orejas con la consabida reprimenda.
      Mas ¡cuál no sería su estupefacción, al ver que Kuakú Baboní le propinaba un formidable puñetazo que la tiraba al suelo, rodando! Y hubo más: lanzándose sobre ella, le dio una paliza soberana, hasta que la Cabra, extenuada, pidió gracia.
      Pero Kuakú Baboní siguió aporreándola hasta que ella juró terminar el trabajo, dejándole en paz con sus diversiones, llevar el cesto lleno de provisiones y no decir a nadie ni una sola palabra de lo ocurrido.
      Sólo entonces Kuakú Baboní permitió que la Cabra se levantara del suelo, donde la tenía acorralada. Estaba llena de contusiones y tenía un ojo hinchado y el labio partido; lo que vulgarmente se dice, una verdadera calamidad.
      Llegado el momento del retorno, la Cabra cargó, sobre su cabeza, con el cesto lleno de provisiones y emprendieron la marcha.
      Al llegar cerca de la choza, Kuakú Baboní tomó el cesto, aparentando la ayuda que no había prestado. Y así llegó con la Cabra.
      Extrañados los animales del lastimoso aspecto que presentaba su compañera, preguntáronle qué le había ocurrido.
      –Tuve la desgracia –explicó la Cabra– de tropezar con un enjambre de abejas cuando estaba recogiendo las provisiones. Me aguijonearon y dejáronme en el deplorable estado en que me veis.
      A la mañana siguiente le tocó al Lobo, y fuése a la finca acompañado de Kuakú Baboní. También aquél regresó con el rostro hinchado y el cuerpo lleno de contusiones.
La Cabra, adivinando lo ocurrido, oyó las explicaciones que dio el Lobo sin poder contener una sonrisa harto significativa.
      Luego, la Cabra y el Lobo hablaron de lo sucedido, extrañando que una criatura tan chiquitina como Kuakú Baboní tuviese fuerza tan enorme y osadía tan singular.
      Todos los días, por la mañana, uno de los animales, el que le correspondía, iba a la finca e, infaliblemente, regresaba hecho un desastre. Por fin, habiendo corrido todos la misma suerte y no habiendo motivos para disimular, celebraron concilio con el único y exclusivo objeto de estudiar el modo de desembarazarse de Kuakú Baboní, la más terrible de todas las criaturas.
      Acordaron abandonar la choza y dejar en ella a Kuakú Baboní como solo propietario.
      Antes de emprender la fuga para librarse de aquella terrible criatura, prepararon, con gran reserva, un cesto lleno de provisiones, a las que agregaron los utensilios indispensables de cocina: un jarro para la leche, una cacerola, cinco calabazas que les servían de platos, una gran cafetera y las diferentes pipas de la cuadrilla.
      Desgraciadamente para ellos, Kuakú Baboní se enteró de sus proyectos. Y, sin que ellos ni siquiera lo sospecharan, cogió una hoja de árbol, muy grande, se introdujo en el cesto y se envolvió en aquélla, cosa muy factible para Kuakú Baboní, porque ya sabéis que era muy chiquitín.
Al amanecer, sin el menor ruido por temor a despertar al terrible Kuakú Baboní, la pandilla emprendió la fuga. Sentían ganas e saltar, de brincar, de cantar y de reír, al verse libres del terrible negrito.
      Y cuando ya habían andado algunos kilómetros de su antigua morada la Cabra, que llevaba el cesto de provisiones sobre la cabeza, sintiéndose fatigada, se detuvo un instante a descansar.
      Entre tanto, sus compañeros proseguían el camino y perdióles de vista; acordóse de los manjares que llevaba y entróle deseos de comerse un bocadillo, sin que ellos lo vieran; la Cabra era muy glotona. ¡Cuál no sería su sorpresa y asombro! Al levantar la tapa del cesto, recibió una formidable trompada al mismo tiempo que oía una voz que le decía:
      –¡Cierra el cesto y a callar se ha dicho!
      Faltóle tiempo a la Cabra para obedecer y echó a correr tras de sus compañeros, aterrada por aquella terrible criatura.
      Y así que los divisó los llamó y exclamó luego:
      –¡Lobo, ahora te toca a ti cargar con el cesto! ¡Yo estoy muy cansada!
      El Lobo tomó la carga. Pero, al poco, recordando también las sabrosas provisiones que contenía la cesta, fingiendo estar fatigado, se detuvo a descansar un instante. Y cuando sus compañeros se hubieron distanciado un largo trecho, abrió el cesto. Y recibió un formidable puñetazo, como el que la Cabra había recibido antes. Dejó caer la tapa del cesto y reanudó la marcha muy ligero para alcanzar a sus compañeros.
      El León y el Tigre, uno tras otro, llevaron el cesto. Y los dos, a cual más glotón, levantaron la tapa del cesto de provisiones para engullirse alguna golosina. Y los dos, respectivamente, recibieron un puñetazo soberano.
      Le tocó el turno al Elefante, que también recibió una trompada. Cuando se reunió con los demás y pidió que le librasen de la carga, todos exclamaron:
      –¡Si no quieres seguir llevando el cesto, tíralo; nosotros, ya estamos cansados de cargar con él!
      El Elefante, al oír estas palabras, tiró precipitadamente el cesto y echó a correr como alma que lleva el diablo, en dirección al bosque.
      Sus compañeros echaron una mirada al cesto y apretaron a correr tras el Elefante, también hacia el bosque.
      Continuaron así corriendo todo el día y toda la noche, sin descansar, hasta que se internaron en el bosque. Rendidos de fatiga se echaron a descansar junto a un baobab, gigante entre los árboles.
      Pero el terrible Kuakú, al caer el cesto, salió y echó a correr a campo traviesa, en dirección al bosque. Sabía que los fugitivos descansarían a la sombra del gigantesco baobab. Trepó a una rama y se ocultó entre el follaje.
      Los animales, rendidos de cansancio, y tendidos al pie del baobab se enzarzaron en una violenta discusión. Todos censuraban a la Cabra por haberles propuesto que tomasen a su servicio aquella terrible criatura.
      La Cabra, indignada, replicó:
      –¡Fue de común acuerdo el tomarle a nuestro servicio!
      Y añadía:
      –¡Yo no tengo la culpa! ¡Si ese diablillo estuviera presente me daría la razón! Es más: os culparía a vosotros.
      Al oír estas palabras, Kuakú se dejó caer entre los animales que allí discutían. Poseídos de terror, los cinco animales huyeron en direcciones distintas.
      El Lobo corrió hacia la estepa; el Tigre se escondió en el bosque; el León no paró hasta llegar al desierto arenoso; el Elefante huyó hacia la región del Níger, y la Cabra fue a pedir protección a las regiones habitadas por los hombres.
      Y desde entonces, viven separados y en lugares tan diferentes; su vida es muy otra a la que observaban cuando, bajo el mismo techo, vivían fraternalmente.
      En cuanto a Kuakú Baboní, la más terrible de todas las criaturas, continúa vagando por el mundo para terror y espanto de todos los animales, que temen su presencia en cualquier instante.
      Pues habéis de saber que el Lobo, el León, el Elefante, el Tigre y la Cabra advirtieron a sus hijos que se cuidaran muy mucho de tener el menor trato con la más terrible de las criaturas de la creación, Kuakú Baboní.
      Por esto, por haber sido advertidos, muchos de los descendientes de aquellos animales, como tienen buena memoria, huyen, desconfiados, en cuanto divisan o huelen la presencia del hombre.

Retazos del 11 de diciembre

 
 

Fotograma de Pontypool

Gracias al blog Reek of Putrefaction descubrí la existencia de Pontypool, una película canadiense de 2008 dirigida por Bruce McDonald. Y es una película excelente.
      Si la buscan la encontrarán descrita como un filme de zombis, y lo es, o al menos tiene que ver con la aparición y propagación de una extraña enfermedad que convierte a grandes masas en autómatas asesinos y desprovistos de razón, al modo tantas otras películas. Pontypool se distancia de todas ellas, por una parte, gracias a la economía de su hechura, pues se filmó prácticamente en un solo escenario y con tres actores (todo sucede en un estudio de radio, durante un turno de locución en el que no se ven, pero sí se escuchan, todos los detalles espeluznantes); por otra parte –y es la mejor– debido a la “explicación” del contagio, que no tiene que ver con los clichés habituales (virus mutantes, contenedores de sustancias tóxicas, etcétera) y cuya rareza ha hecho enojar a más de uno: en el mundo de Pontypool la locura se propaga a través del lenguaje. El acto de entender algunas palabras, nadie sabe cuáles, ocasiona que la locura se apodere del cerebro humano. ¡El propio idioma está infectado! La idea no ha sido entendida cabalmente por ninguno de los reseñistas que se ha ocupado de la película, y que en cambio se han dedicado a darle lecturas superficiales (la reducen a una metáfora del conflicto entre canadienses de habla francesa y de habla inglesa) o a quejarse de su falta de elementos gore. Pero la idea apunta a la crisis –que apenas podemos ver y no digamos articular– del pensamiento simbólico, sobre la que ha escrito, muy provocadoramente, John Zerzan. ¿Qué hacemos cuando las representaciones se vuelven contra nosotros?

James McHattie en Pontypool

Los personajes de Pontypool intentan eludir el contagio repitiendo las palabras hasta que las des-entienden: hasta que les quitan todo sentido. Pero ¿podríamos hacer eso todos, todo el tiempo? Si el lenguaje fue un error de la especie (el error crucial), ¿sería posible repararlo?

Cartel de Pontypool (clic para ampliar)

Cartel de Pontypool (clic para ampliar)

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Enlaces surtidos:

(Muchas gracias, por supuesto, a Guillermo, a Araceli Otamendi, a José Israel Carranza y Silvia Eugenia Castillero de Luvina, a Faro Viejo y a la gente de Cultura Pirata, en especial a Tania Ochoa… Ahora, a trabajar otra vez.)

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No: antes, un hallazgo. El que sigue es un fragmento de una función de Apocalypsis Cum Figuris (1969), la última puesta en escena del Teatr Laboratorium de Jerzy Grotowski (quien sale a relucir en “La Pasión…”). Grotowski y su compañía, luego de tres años de ensayos, llevaron su propuesta de una recreación de textos bíblicos hacia una investigación del ritual –de otra forma de representación, cuyos resultados finales fueron tal vez inciertos– de un modo que nadie ha continuado cabalmente. Nunca había visto ninguna grabación ni filmación del trabajo de Grotowski…, y ésta, como verán, deja más dudas que certezas debido a su falta de resolución. Es como si ese teatro –la obra se considera una de las cumbres del teatro del siglo XX– se resistiera a quedar en la memoria de quienes no lo vieron directamente. Si no conocen la historia completa de la puesta y el director, dense un momento para investigarla: es un ejemplo abrumador de la altura y la fragilidad de las obras humanas.

* * *

(Paréntesis:

Ayer tuve un breve momento de pánico: un desperfecto del servidor dio al traste con el sistema de categorías de esta bitácora. Ya está arreglado, pero por varias horas llegué a temer que no hubiese remedio. Casi nadie se ha planteado seriamente esta pregunta desde 1997: ¿qué tanto, realmente, de la vida virtual que uno se ha ido construyendo se vuelve parte de la vida a secas? La respuesta podría parecer obvia; no lo es al considerar la posibilidad de desprenderse de una parte de esa vida. ¿Qué tanto de todos esos mensajes hechos a la carrera, con caracteres intangibles, referidos a contextos tan frágiles, es de verdad desechable?
      Respuesta posible: es tan desechable, o tan precioso, como todo lo demás. Como escribió Margaret Atwood, los objetos más preciados de uno son la basura de quien llega después.)

Asamblea portátil

Acaba de salir, publicada por la editorial peruana Casatomada, la antología Asamblea portátil, seleccionada y prologada por Salvador Luis. De una vez, la recomendación: esta antología merece ser buscada, en unos pocos días, en la FIL de Guadalajara, donde estará disponible en el puesto de la Alianza Peruana de Editores Independientes (stand: NN07).

Portada de Asamblea Portátil

Ahora, la explicación: la antología me parece importante no sólo por el hecho de que es un proyecto de Salvador, quien dirige la revista electrónica Los noveles y tiene una obra propia muy interesante (de la que espero escribir algo en otro momento). Además, la antología, que está subtitulada “Muestrario de narradores iberoamericanos”, se niega a repetir el lugar común de describir como “perdida” a la generación de fines del siglo XX –esa que no tiene manifiestos que la unan, que no escribe como los del Boom, etcétera, etcétera– y a la vez se propone hallar y analizar el sentido de esa dispersión que tanto se ha discutido. Todo queda claro en el prólogo, que se pregunta si la obra de estos autores, y de muchos otros más o menos en sus mismas circunstancias, no representa, más que una decadencia, una transición: un cambio más profundo y complejo de lo que quiere admitirse en relación con la literatura previa de Iberoamérica –incluyendo nuevas figuras tutelares y nuevos conjuntos de influencias– y con las ideas convencionales de lo que implica escribir y ser en estas partes del mundo.

Todas las noticias sobre Asamblea portátil (incluyendo varias notas y entrevistas interesantes) pueden encontrarse en el blog de la antología. La lista de los autores seleccionados, con los títulos de los textos de cada uno, es ésta:

1. Samuel Solleiro (España, 1982) – “Gran tiburón blanco”
2. Rodrigo Fuentes (Guatemala, 1984) – “Linchamiento”
3. Solange Rodríguez Pappe (Ecuador, 1976) – “Taxidermia”
4. Juan Sebastián Cárdenas (Colombia, 1978) – “Criatura”
5. Mónica Belevan (Perú, 1982) “Prólogo hipotético a la reedición de los cuentos de Felisberto Hernández en Ultramar (Parte I)”
6. Juan Ramírez Biedermann (Paraguay, 1976) – “Los pasares”
7. Jorge Enrique Lage (Cuba, 1979) – “El color de la sangre diluida”
8. Fernanda Trías (Uruguay, 1976) – “Carnaval”
9. Miguel Antonio Chávez (Ecuador, 1979) – “Aventuras de un grupo de becarios en una universidad norteamericana”
10. Rodrigo Hasbún (Bolivia, 1981) – “Familia”
11. Federico Falco (Argentina, 1977) – “Cortar el césped”
12. Mayra Luna (México, 1974) – “Un cuerpo como el suyo (Seminovela)”
13. Diego Trelles Paz (Perú, 1977) – “¿Cómo se encuentra hoy, Madame Arnoux?”
14. Lara Moreno (España, 1978) – “Amarillo”
15. Rodrigo Blanco Calderón (Venezuela, 1981) – “Los invencibles”
16. Katya Adaui Sicheri (Perú, 1977) – “Algo se perdió”
17. Diego Zúñiga Henríquez (Chile, 1987) – “La chica de los árboles”
18. Leonardo Cabrera (Uruguay, 1978) – “Historia de familia”
19. Elvira Navarro (España, 1978) – “Cabeza de huevo”
20. Maximiliano Matayoshi (Argentina, 1979) – “Peperoncino”
21. Gabriel Rimachi Sialer (Perú, 1974) – “La muerte no tiene permiso”
22. Mauricio Salvador (México, 1979) – “El hombre elástico”
23. Claudia Apablaza (Chile, 1978) – “Sor Juana y Pierre Bourdieu”
24. Samanta Schweblin (Argentina, 1978) – “Matar a un perro”
25. Michel Encinosa Fú (Cuba, 1974) – “La guillotina”

Y he aquí el texto de la contraportada:

Hijos de Cortázar, Ribeyro, Lispector, Levrero, Aira, Bolaño, Bellatin, Pauls, Loriga, Rey Rosa, Vila-Matas… Nacidos entre 1974 y 1987, los veinticinco narradores de este muestrario iberoamericano –modernos para algunos, posmodernos para otros– irrumpen en la literatura de nuestros países a través de una crisis ideológica que amplía sus decisiones estéticas. Atendiendo a las vanguardias históricas, al Boom y Post-Boom y los McOndos y Kronens, así como a la baja y alta cultura en todas las disciplinas (navengando entre la Mona Lisa y el iPod), los autores más recientes utilizan un sampling que los libera de la carga social impuesta a sus antecesores para crear un panorama más diverso, sin limitarse solamente al estereotipo del país bananero, el dictador corrupto o la miseria que se resuelve con magia. Iberoamérica se transforma en la casa de lo ecléctico, y los autores de hoy, cada uno desde sus fijaciones y dilemas, nos muestran más de una rostro en un mundo que algunos no han dudado en llamar el mundo del afterpop.

Están invitados a asomarse a este muestrario de escritores y, sobre todo, de historias.


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