Hacía rato que no publicaba un ejercicio literario. Aquí va uno:
1. Asómense a Caza de conejos de Mario Levrero.
[1a. Si lo desean, lean también la breve nota que acompaña a este ejercicio, después de la foto del conejito. Si no, de todas formas,]
2. Propongan una ampliación del texto de Levrero: uno o más “capítulos” adicionales a los 101 ya escritos.
La sección de comentarios de esta nota, como siempre, queda abierta para quienes deseen proponer sus textos. Y ahora, el conejito:

Y ahora, la breve nota (que sugiero no leer antes de haber leído a Levrero):
Publicado por primera vez en 1973, Caza de conejos es un texto que juega con varias de nuestras ideas acerca de los géneros literarios. ¿Es un cuento largo y fragmentado, una novela muy corta, una colección de minificciones?
Aunque el texto es breve, su presentación en fragmentos numerados hace pensar en los capítulos de una narración extensa; más raro todavía, su “trama” no es unitaria pues no sugiere un mundo narrado único y consistente: personajes que mueren en cierto momento están vivos o mueren de otro modo en un “capítulo” subsecuente; a veces se dice que la situación del bosque y la caza es de un modo, a veces que es de otro totalmente distinto… La simetría aparente que se sugiere al principio y al final (por las semejanzas entre el “Prólogo” y el “Epílogo”, y entre los pares de “capítulos” 1 y 99, 2 y 98, 3 y 97) no se continúa en el resto de los fragmentos; más que una línea, éstos forman un campo, una red de pequeñas historias, reflexiones y locuras cruzada por algunos elementos afines (conejos, cazadores, el bosque, el castillo, el idiota, varios otros personajes) y por temas constantes: la violencia, el enfrentamiento contra la naturaleza, la tontería humana, el sexo, la cultura.
A mí me parece que este libro de Levrero, brevísimo, intenso, extraño (y publicado en efecto como libro, primero), es un ejemplo de lo que yo llamo colección mutante: una serie de narraciones que no dejan de estar entrelazadas por temas y figuras comunes pero se resisten a formar un mundo novelesco, y en cambio crean muchos mundos afines. Este tipo de textos es raro pero menos ahora que hace cien años. En el peor de los casos, son siempre textos infinitamente expansibles: invitan a que la imaginación de los lectores los amplifiquen, como se propone antes de la aparición del conejito…

Información Bitacoras.com…
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[...] This post was mentioned on Twitter by Alberto Chimal, Luis Felipe and Raquel Castro, Yo Soy Akel. Yo Soy Akel said: RT @albertochimal: Un nuevo juego literario en Las Historias: todos invitados a “cazar conejos” en http://wp.me/pjEhq-1Wn [...]
La metralla que produjo el estallido de uno de sus globos de baba —un globo particularmente longevo y duro, cuyo único propósito de existencia era cazar conejos— atravesó furtivamente al idiota, quien se ocupaba de cubrir de baba a una de sus primitas. Sus últimas palabras fueron: “Hay mujeres, lo sé bien, que viven los momentos, cada uno de los momentos, como si olvidaran el pasado y no creyeran en el porvenir; que tales mujeres quemen por nosotros las naves no significa una garantía, porque llegada la hora se van a nado.”
La primita, cubierta de baba, dejó el bosque a nado.
Nosotros obteníamos su pelo, sus ojos, su carne y los conejos ese puño apretado, que les asfixia, y que tanto les excita.
XXVII bis
Llegamos al bosque con un maletín repleto de argollas de fantasía y una cinta vieja con la Hochzeitsmarsch. Lo primero que advertimos fue el enorme cartel que decía «PROHIBIDO CASAR CONEJOS». Nos miramos azorados, nos sonrojamos como adolescentes, suspiramos con resignación, nos dimos media vuelta y regresamos, muy tristes, al castillo.
Muchas gracias a Mangarju, Josef y Karpus.
Quedo al pendiente por si llegan más cazadores a la partida…
En un claro del bosque el conejo libidinoso se enfrenta a dos grupos igualmente aguerridos: de un lado hermosos conejitos blancos de sedosa pelambre que invitan a la caricia, del otro 14 adorables conejitas trajeadas de bailarinas que sostienen un cartel que dice:” Todos los conejos son gays”. El conejo decide que es preferible taparle la boca a las charlatanas, después de todo una orgía siempre es bienvenida. Se acerca a las conejitas y se desnuda. Ellas hacen lo mismo y de inmediato salen a relucir ametralladoras que vomitan fuego inmisericorde, una bala por cada ocasión que él las dejó esperando en un recodo del bosque. El conejo estalla y se convierte en barbacoa. Las conejitas ni siquiera lo prueban pues su preferido es el conejo al salmorejo.
El fantasma del castillo fue cazador de conejos. Un día cubrió el bosque con una red tan fina que era invisible. Miles de conejos quedaron atrapados por sus patitas. El cazador entonces los mató a tiros y cuando de los cuerpos solo quedaban los esqueletos, se los llevó a casa. Ahora en vez de arrastrar cadenas de hierro por los pasillos sombríos, arrastra
huesos de conejos: dice que son más livianos porque son saltarines.
[...] de noviembre de 2010: acaba de aparecer un juego literario en esta misma bitácora que tiene que ver con este texto.] Mario [...]
Por ti me hice de hábitos extraños: Salía todas las noches a cazar conejos, sabes que soy vegetariana, pero necesitaba un poco de suerte contigo.
El idiota dice que ya no quedan conejos en el bosque, que se extinguieron del mismo modo que los guardabosques, que nosotros, los cazadores, desapareceremos de la misma forma. El idiota lo dice con una burbuja de baba saliendo de la boca y un par de orejas romas de lustroso y suave pelaje blanco saliendo por debajo de su sombrero rojo.
Extraordinario el cuentista; surrealismo puro en una mezcla de humor negro aventura y terror. Sin duda es un conocedor tambien de alquimia,y otras ciencias ocultistas.
La verdad si es un cuento extraño, pero quizàs dificil de digerir -me refiero a aquellos que no soy tan versados en ciencias ocultas- El simbolo del conejo escogido por el autor es ideal para representar nuestros deseos sexuales inhibidos y para crear en nosotros sensaciones eróticas y porqué no: de lujuria.
Gracias a Semele, Shuuu y Kitsune.
Roberto, estoy de acuerdo con todo excepto con lo de la dificultad. Hay que tomarlo como un juego, diría. Con eso basta. Y lo de las ciencias ocultas…, ah, todo un tema.
¿No te animarías a hacer el ejercicio, a ver si sale algo interesante por ese lado?
Saludos.
Justo cuando el tiempo se fue con sus vagones repletos cargadísimos de horas minutos y fracciones de todo sabor y textura supiste, una mañana de tantas, que las penas viejas o nuevas aconejan el pecho izquierdo, secan un poco la vida que viene espigándote desde lejos.
Heme aficionado tanto a su pelaje, te dices, como advirtiendo lo que conoces ya; delicada y placenteramente acaricias sus puntas, para gozar el dolor que guardan bajo la piel insomne las muy canijas. Aduraznadas, toman aire por tus axilas y en la calzada del cuello, por el velo translúcido de las orejas y en la ingle, por los linderos de una corva y luego en la otra, hasta besar las marcas menos perceptibles de la frente.
Si recuerdas, todavía preguntaste –también yo, si alguien te escucha- “cuántos conejitos más, habrán de reproducirse durante los segundos que te dejen saltar a su lado, cubil rojo y azul, amarillo y vede”… Insistías “conejos y conejitas no buscan pan”, porque no siempre se puede; sino tejidos alertas, para no morir en el intento de escapar. Laten unos y otras, como yemas en el gatillo que amenaza.
Justo cuando el tiempo se fue con sus vagones repletos cargadísimos de horas minutos y fracciones de todo sabor y textura supiste, una mañana de tantas, que las penas viejas o nuevas aconejan el pecho izquierdo, secan un poco la vida que viene espigándote desde lejos.
Heme aficionado tanto a su pelaje, te dices, como advirtiendo lo que conoces ya; delicada y placenteramente acaricias sus puntas, para gozar el dolor que guardan bajo la piel insomne las muy canijas. Aduraznadas, toman aire por tus axilas y en la calzada del cuello, por el velo translúcido de las orejas y en la ingle, por los linderos de una corva y luego en la otra, hasta besar las marcas menos perceptibles de la frente.
Si recuerdas, todavía preguntaste –también yo, si alguien te escucha-, “cuántos conejitos más habrán de reproducirse durante los segundos que te dejen saltar a su lado, cubil rojo y azul, amarillo y verde”… Insistías “conejos y conejitas no buscan pan”, porque no siempre se puede; sino tejidos alertas, para no morir en el intento de escapar. Laten unos y otras, como yemas en el gatillo que amenaza.
Cierto; si quizá la forma en que va tejiendo la trama, es lo que lo hace aparentemente complicado pero no es asi estoy de acuerdo. A veces es lo que nos pasa a los humanos al estar viendo una luz distante y pensamos que es un OVNI.Cuando que lo que vemos es tan sencillo como una luz simplemente y ya. Si tienes razón.
El mago sacaba conejos de la galera y presumía de ser el mejor cazador. Para colmo, llevábamos años sin comer y él nunca nos compartía sus presas. Pero el último conejo que extrajo era distinto: tenía algo de prehistórico y en tres bocados desapareció al mago. No lo vamos a extrañar.
El idiota me advierte seriamente sobre el conejo flautista. Dice que su música encanta a los cazadores. «Nadie que la haya escuchado ha vuelto a ser visto», concluye, y, mientras levanta sus orejas, saca una flauta.
Encontré un conejo ahorcado en la rama de un eucaliptus. Se veía tan sereno y hermoso que le pedí permiso para ahorcarme a su lado. «Como guste», dijo, y al cabo de unas semanas nos hicimos amigos.
Gracias por estos tres textos, Gabriel. Saludos.