En días pasados se publicó en el periódico Reforma el primer artículo en un diario nacional acerca de Three Messages and a Warning, la antología de literatura de imaginación de escritores mexicanos que recién fue nominada al World Fantasy Award. Varios de los autores incluidos fuimos entrevistados sobre el tema y parte de lo que dijimos se incluye en el artículo. Dejo aquí las respuestas completas que yo escribí a las preguntas de la periodista Rebeca Pérez Vega, a quien agradezco.

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1. ¿Cómo llegó esta invitación para participar en Three Messages and a Warning?
La invitación vino por parte de Chris Brown, uno de los dos antologadores, y que ya conocía un amigo común, Bernardo Fernández “Bef”. Se nos propuso enviar un cuento y a partir de allí Chris hizo su selección. Según entiendo, el otro antologador, Eduardo Jiménez Mayo, presentó una selección paralela, distinta, y en la editorial, Small Beer Press, se les propuso a ambos fundir sus antologías y hacer una sola.

2. ¿Qué cuento decidiste enviar y por qué?
Envié ”Variación sobre un tema de Coleridge”, que es un cuento muy breve, de poco más de una página. Lo envié porque pensé (equivocadamente) que no deseaban textos muy extensos, y al ver el índice definitivo de la antología pensé que debía haber enviado algo de por lo menos 20 páginas, más cercano a la idea estadounidense de relato breve. Pero en todo caso el texto ha tenido muy buena acogida.

3.¿De qué habla el relato?
Su protagonista se encuentra consigo mismo: con su doble, que lo llama por teléfono celular, discute con él y lo regaña, aunque al final los dos se reconcilian (o él mismo se perdona, según se quiera ver).

4. ¿Qué te parece esta nominación World Fantasy Award y qué representa para la literatura de este género en México?
Estoy muy contento por la nominación y creo que debería significar algo importante para la literatura mexicana en general, y no sólo la de imaginación fantástica. Este es un premio que suelen obtener autores anglosajones y sólo de vez en vez se ha dado a escritores de otras lenguas, como Haruki Murakami. Es más, hasta este año sólo había una autora latinoamericana (Angélica Gorodischer, una gran narradora argentina) en toda la historia del premio. En realidad es un suceso sin precedentes e implica la posibilidad de que a la narrativa mexicana se le abran puertas que habían estado cerradas siempre.
El premio, si se gana, será para Chris Brown y Eduardo Jiménez Mayo, los antologistas, pero desde luego nuestros textos serán en su caso parte de esa decisión, y también el hecho de que se trate de una mirada a la literatura mexicana, que evidentemente ha sido vista con interés y probablemente también con sorpresa, porque lo que está en la antología no es lo que a la propia cultura mexicana le ha interesado proponer en el exterior como “típicamente nacional”.

5. ¿Te parece que es un signo de que la literatura mexicana, en cuanto a la ciencia ficción y la fantasía, está en buen estado de salud?
Por supuesto que lo está. De hecho, creo que es de los movimientos más vivos que existen en la actualidad aunque no sea tan mayoritario como la narrativa del crimen y la violencia, y también creo que es mucho más diverso de lo que podría parecer. Ya desde antes de la nominación, varios colegas (muchos de ellos está en la antología) y yo estábamos interesados en hacer a un lado etiquetas como “ciencia ficción” y “fantasía” porque resultan muy restrictivas a la hora de escribir y sobre todo de leer: muy cargadas de prejuicios. En México, como en cualquier parte del mundo occidental, se escriben imitaciones de Harry Potter, Juego de tronos o la obra de H. P. Lovecraft, pero también se escribe mucho más, muchas obras que utilizan la imaginación pero no del mismo modo que esos libros de grandes tirajes que las librerías nos enseñan a llamar “fantásticos”: que responden a la realidad mexicana y no a la de otros países, aunque no sean realistas. Hemos estado proponiendo “Literatura de imaginación” como un nombre un poco más abarcador que “ciencia ficción”, “fantasía” u otros que a estas alturas se refieren en la percepción del público a obras muy acotadas que se importan de España o de los países de habla inglesa. A muchos lectores mexicanos, creo, les sorprendería leer el libro y encontrar que no hay magos con varita mágica ni marcianos en platillo volador como los de las películas viejas. Éstas, y otras, son imágenes que se han quedado como parte de un prejuicio contra la imaginación fantástica y en las que creen personas que ni siquiera se molestan en leer lo que realmente se está escribiendo.

6. ¿Crees que hay muchos autores interesados en este género?
Los 34 autores reunidos en la antología son una parte pequeña del total de los que están escribiendo sobre esto en nuestro país. Y hay además una tradición larga de imaginación fantástica en la historia de la literatura en México, que probablemente se remonta a Sor Juana (su Primero sueño es un poema visionario, después de todo) y llega hasta la actualidad tras haber pasado por la obra de muchos autores de culto como Emiliano González, Amparo Dávila o Francisco Tario, pero también de autores como Carlos Fuentes (Aura), Juan José Arreola (Confabulario) y de hecho hasta los mismísimos Octavio Paz (los cuentos de Arenas movedizas) y Juan Rulfo (en Pedro Páramo los muertos hablan: tenemos la broma de que más de un profesor universitario se enfurece al oír la idea de que la obra cumbre del canon mexicano en el siglo XX podría tener algo en común con otras que muchos desprecian, pero es la verdad: en la novela, además de todas sus otras virtudes, las leyendas populares que hablan del más allá –y que sabemos que no son ciertas– se convierten en verdad literal, lo cual es algo que la imaginación fantástica está haciendo desde sus orígenes como movimiento literario en el Romanticismo del siglo XVIII).
Un detalle interesante es que las selecciones combinadas de Brown y Jiménez Mayo dieron una antología que debe ser de las más diversas e incluyentes que se han hecho jamás con autores mexicanos. En ninguna otra, por lo menos, se van a encontrar lado a lado escritores como Mauricio Montiel Figueiras o Ana Clavel, que son reconocidos como parte del canon de la actualidad y publican en medios considerados de la más alta cultura, con otros como José Luis Zárate o Pepe Rojo, que han sido ignorados sistemáticamente por esos medios y por los estamentos culturales “serios” y por tanto han debido moverse fuera de ellos, respectivamente en la literatura digital y en la contracultura. La antología muestra que los prejuicios que los separan en las publicaciones mexicanas son arbitrarios y que la calidad de las obras de unos y otros no depende de esos prejuicios.

7. Desde tu perspectiva ¿Qué temas le interesan a los autores mexicanos en torno al género fantástico?
Entre otros, están los siguientes: la ruptura de la realidad cotidiana ante hechos catastróficos; la resistencia contra un entorno hostil; la conciencia perpleja ante lo que no puede comprender; la mirada satírica o crítica hacia al presente, que se hipertrofia o se vuelve grotesco; la invención de situaciones y personajes que revelan aspectos inusuales de la realidad como vistos a través de una lupa, o un espejo deformado; el homenaje o el conflicto con la tradición. Si se mira desde este punto de vista, la literatura de imaginación tiene mucho en común con el resto de lo que se escribe en un país en crisis (o en desintegración) como el nuestro.

8. ¿Crees que hay algún tipo de desdén de las editoriales en México por la literatura fantástica?
Sí, y más aún de la crítica, que en muchos casos sigue sin poder aceptar que la literatura mexicana (esto incluye a la imaginación fantástica, y también a otras vertientes) es mucho más diversa de lo que se creía en el siglo XX. También era más diversa entonces, de hecho, pero en aquel tiempo aún se podía mantener una forma fija, rígida del canon literario nacional. Ahora ya no.

9. ¿Crees que hay muchos lectores para el género? Si es así, ¿por qué lo crees?
Creo que sí los hay. Buena parte de los éxitos de librería actuales son franquicias de distribución global que utilizan de algún modo, aunque sea trivial, la imaginación fantástica. Muchos de los lectores que disfrutan de ese tipo de narraciones se sorprenden agradablemente al descubrir lo que se escribe en México, incluso aunque no sea exactamente igual a lo que ya conocían.
Por cierto, en México la literatura de imaginación fantástica jamás ha sido un “género” en el sentido en que suele usarse la palabra (que es el del galicismo genre en el mundo de lengua inglesa). Nunca ha habido un mercado que propiciara la especialización de cierto número de autores y los llevara a escribir textos más o menos homogéneos para seguir una tendencia popular. La novela de la Revolución sería más un genre, o la novela del narcotráfico. La imaginación fantástica es una tradición que cruza muchos tipos y vertientes distintos de la narrativa mexicana.