Los apodos que se dan a muchas personas tienen su base, con frecuencia, en alguna característica física. Por ejemplo, alguien puede ser llamado “el Patas” por el tamaño de sus pies, “Narices” por lo notable que resulta su nariz, etcétera. Con base en estos dos ejemplos se puede suponer que lo más común, en casos así, es singularizar un detalle visiblemente inusual en el físico de la persona que va a recibir el apodo. (Y, por supuesto, el repertorio de los apodos obscenos es el que más se aprovecha de esto).

La propuesta ahora es darle la vuelta a esta idea e inventar breves descripciones (o mejor aún, biografías) de personajes cuyos apodos se refieran a partes menos obvias de sus cuerpos. ¿Por qué alguien sería llamado “el Páncreas”, por ejemplo? ¿O “la Falangina”?