Concurso #139

Las Historias convoca a su concurso #139 de minificción o microrrelato. Las personas interesadas en participar pueden comenzar observando esta imagen:

Instrucciones:

1) Suponer que la imagen representa un instante de una historia.

2) Imaginar cuál es esa historia: qué está pasando allí, por qué, quiénes están presentes (o no), qué están haciendo. No se trata de explicar la imagen, ni de escribirle un pie de foto, sino de tomarla como punto de partida para imaginar una historia propia.

3) Escribir la historia, en forma de cuento brevísimo (minificción, microrrelato; el nombre es lo de menos), en los comentarios de esta misma nota. Aunque no hay una regla estricta sobre la extensión de la minificción, se recomienda que los textos no rebasen las 200 palabras.

Quienes ganen el concurso recibirán un trofeo virtual y serán seleccionados considerando la opinión de quienes decidan opinar.

La fecha límite para participar es el 31 de enero de 2019. La invitación queda abierta.

By |2019-01-10T19:48:09+00:0010/1/2019|Categories: Concurso|Tags: , , |10 Comments

10 Comments

  1. adrialr 10/01/2019 en 11:10 pm - Responder

    Conmigo misma

    Me quedé sola, pensando, pensando, en que la vida es así. Me quedé sola, imaginando, soñando que soy el sol, que soy un ave, que soy el mar. Me quedé sola en un mundo donde la amistad está extinta, está perdida, está sola. Me quedé sola, con la mente en blanco, deseando desaparecer entre la oscuridad. Me quedé sola, pero tengo el tiempo que nunca tuve para escribir, para reír, para sentir, para vivir. Me quedé sola, pero me acompaña mi sombra; mi fiel compañera de aventuras. Me quedé sola, pero no importa, porque por primera vez podré hablar conmigo misma; podré reconciliarme con la niña que aún vive en mí; podré enfrentarme a mis miedos. No, no me quedé sola, porque la soledad es la mejor compañera; la soledad me permite ser el sol y dar calor a mis pensamientos. La soledad me deja sentirme ave y volar. La soledad me deja naufragar y sentir el mar. No, no me quedé sola; no, no estoy sola. Estoy, estoy conmigo misma.

  2. Miguel Angel Jiménez 11/01/2019 en 10:02 am - Responder

    Melodía Onírica

    Se encontraba sumida dentro de un sueño profundo. Recostada sobre su cama, el cuerpo de la pequeña se movía de vez en cuando. Debajo de sus párpados, los globos oculares bailaban de un lado a otro. Sin duda, estaba experimentando un sueño muy vívido.

    Tras bambalinas, un enorme teatro repleto de gente aguardaba su llegada. Después de un fastuoso anuncio, caminó en dirección a la pequeña silla localizada al centro del escenario. Antes de tomar su sitio, agradeció con una breve reverencia.

    Las luces de la sala se apagaron. Solo permaneció encendida la lámpara que la iluminaba de frente desde el suelo en tonos multicolores, mientras al fondo, se proyectaba imponente su silueta.

    Respiró profundamente y se llevo la flauta a la boca. Una bella melodía comenzó a salir de aquel instrumento, tocado magistralmente por la pequeña. La audiencia estaba maravillada, pues al tiempo que la música llenaba el ambiente, se iban dibujando diferentes paisajes que acompañaban de forma armónica la interpretación musical.

    Fue justo cuando la música llegó a su fin, y el público se levantó de sus asientos aclamando a la pequeña prodigio, cuando ésta despertó sonriente de su maravilloso sueño.

  3. “No dejes que ella me bese”

    ¿Te acuerdas, papá, de las noches en que me contabas las historias de tus viajes antes de dormir?
    Tú me describías lo fría que era el agua del Mar del Norte; yo imaginaba su aroma a sal y a arenque fermentado. Imitabas la sirena del barco pesquero, pero yo oía el clarinete de su voz. Me hablabas de las auroras y de nubes de figuras enigmáticas. Yo sentía sus rizos algodonosos acariciando las manchas luminosas de color verde, azul o amoratado, que sus dedos habían dejado horas antes en mis muslos y en mis caderas. Tú sonreías y yo te devolvía las sonrisas porque no quería robártelas (venías tan poco a casa y yo te extrañaba tanto) y entonces me preguntabas si mamá ya había venido a darme el beso de las buenas noches, y yo (con los labios apretados como el horizonte noruego), contestaba con la cabeza que sí, que siempre lo hacía. Entonces salías de mi habitación y esas noches infrecuentes yo dormía, sabiendo que ella no se atrevería a venir a mi cama con sus palabras de sirena y con su aroma a sal y arenque.

  4. Miguel Ángel Ortiz Aguilar 12/01/2019 en 2:06 pm - Responder

    Helena
    No era yo, sino Helena, con las notas del clarinete dibujando aquel mar quieto, que conocí al recorrer la costa por carretera, en un nublado día de marzo.
    El viento producía un hipnótico sonido, del que un inmutable público era testigo. El aroma a petricor plagaba el ambiente de ensueño, mientras mi sombra se proyectaba en una etérea pantalla del color de las lavandas.
    Todo contrastó cuando la oscuridad me rodeó al salir de mi trance, aunque ya era de mañana. Ya no era ella, sino yo, atrapada en este cuerpo que me ha acompañado tantos años, esperando noche tras noche en que el sueño de materializarme en Helena se haga realidad.

  5. Mike Norris Bronson 12/01/2019 en 2:58 pm - Responder

    Helena
    No era yo, sino Helena, con las notas del clarinete dibujando aquel mar quieto, que conocí al recorrer la costa por carretera, en un nublado día de marzo.
    El viento producía un hipnótico sonido, del que un inmutable público era testigo. El aroma a petricor plagaba el ambiente de ensueño, mientras mi sombra se proyectaba en una etérea pantalla del color de las lavandas.
    Todo contrastó cuando la oscuridad me rodeó al salir de mi trance, aunque ya era de mañana. Ya no era ella, sino yo, atrapada en este cuerpo que me ha acompañado tantos años, esperando noche tras noche en que el sueño de materializarme en Helena se haga realidad.

  6. Norma Hortensia Grillo 13/01/2019 en 2:05 pm - Responder

    Aún no se si fue un sueño o realmente lo viví. Esa noche después de tomar unos tragos (resultado de la gran soledad en la que estaba sumida) llegué a la cama tambaleante, me dormí enseguida…
    Ahora lo recuerdo como a través de un vidrio opaco y no se qué pasó, pero de repente me vi sentada mirando una lluvia de estrellas. Qué hermoso espectáculo! Duró tan sólo unos segundos, luego reflejos de colores inundaron el cielo azul, terso como un terciopelo, y nubes algodonosas y pícaras formaron figuras caprichosas que quise robar, alcancé a tomar la punta de una y y así comencé la aventura de volar entre esos fenómenos astrales mientras me olvidaba de mis penas y mi vida vacía. Un rayo inoportuno y egoísta alcanzó mi mano y logró que mi nube desapareciera, giré como un trompo en el infinito, no vi nada más, caí en el jardín y aturdida no supe diferenciar entre la realidad y la fantasía. No se cuánto hace que ocurrió, sólo se que cada noche espero con anhelo que se repita.

  7. Melómano D'Armario 14/01/2019 en 12:51 pm - Responder

    ¡Fiiiuuuu-EEERRIAAHH-Ascaromeeeennielaoouu-jopetas-marincholdoteacáthl-chicarcacharpous-pichanchinimamalolón-quirimitínn…!
    gritamos todo lo que pudimos a la campana del aerófono; nos esforzámos mucho hasta que salió ella por la boquilla.
    Ahora mismo, mientras recuperamos el aliento, estamos tratando de recordar todo lo que gritamos y silbamos, en el mismo orden y tono, pues no sabemos cuánto durará ella ahí parada del otro lado de nuestras voces, sosteniendo a esa sombra que se parece a la de todas las mujeres que se nos han ido.

  8. Cesar Eduardo Merlín Escorza 14/01/2019 en 7:33 pm - Responder

    La tercera es la vencida.

    El experimento resultó. Si tan solo papá hubiera vivido una semana más. Ni siquiera él, cabeza del equipo cuántico y creador del espejo intra-dimensional, pudo predecir aquel efecto retardado. Lo calcularon todo, menos los tiempos de Dios. Al finalizar la shiva, Annet volvió a casa con la voluntad de tocar el clarinete hasta alcanzar a su padre. No sabía si moriría de sed o si caería inconsciente y despertaría luego, llorando a risotadas. Antes de comenzar, tendió sobre la cama la gabardina verde que su Pachu lindo vestía los domingos. Se recostó sobre ella y maldijo cada vez que le sugirió actualizar su guardarropa. -¡Eres una pendeja!, gritó. Exhalando rabia, jaló una silla hasta el centro del salón y comenzó a tocar. Pasaron horas antes de que sus dedos se entumecieran y sus pulmones no soplaran más. Cien mil notas resonaron sin sentido aparente entre aquellas paredes que tantos experimentos fallidos albergaron. Su frágil consciencia le recordó la primera vez que Pachu la llevó al mar. En ese instante algo apareció frente a ella, algo incomprensible que brotó entre su cuerpo de sombra y el paisaje que recordaba. Algo que se parecía a ella. De otro tiempo, de otro lugar.

  9. g2-bc50f0ae214e57c41778f432f994dd63 16/01/2019 en 5:51 pm - Responder

    – Necesito dinero, Orfa.
    – Tienes que hacer lo que te haga feliz, eso te llevará a ganar lo que deseas.
    – Me hace feliz… invocar a Satanás con mi clarinete.
    – Hazlo. Sigue tus instintos, aunque te critiquen, o te tachen de loca.

  10. Miguelina Reyes Hernandez. 17/01/2019 en 5:24 pm - Responder

    Sucesión…

    Ella contempla su cuerpo inerte, balanceado por las olas que irrumpen sobre el acantilado.No recuerda cuanto tiempo lleva allí, ni quien la empujo hacia el mar. ¿Acaso fue ella? De reojo vislumbra la sombra que siempre la acompaña, a cierta distancia. Quisiera huir, alejarse del sitio; pero una fuerza magnética la mantiene clavada en esa silla. Sabe que la próxima víctima le toca a ella… como también sabe que debe permanecer allí, hasta el final de los tiempos…

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