Concurso #138

Las Historias convoca a su concurso #138 de minificción o microrrelato. Las personas interesadas en participar pueden comenzar observando esta imagen:

Instrucciones:

1) Suponer que la imagen representa un instante de una historia.

2) Imaginar cuál es esa historia: qué está pasando allí, por qué, quiénes están presentes (o no), qué están haciendo. No se trata de explicar la imagen, ni de escribirle un pie de foto, sino de tomarla como punto de partida para imaginar una historia propia.

3) Escribir la historia, en forma de cuento brevísimo (minificción, microrrelato; el nombre es lo de menos), en los comentarios de esta misma nota. Aunque no hay una regla estricta sobre la extensión de la minificción, se recomienda que los textos no rebasen las 200 palabras.

Quienes ganen el concurso recibirán un trofeo virtual y serán seleccionados considerando la opinión de quienes decidan opinar.

La fecha límite para participar es el 28 de noviembre de 2018. La invitación queda abierta.

By |2018-11-10T20:25:14+00:005/11/2018|Categories: Concurso|Tags: , , |17 Comments

17 Comments

  1. Daniel Albarrán 06/11/2018 en 11:31 am - Responder

    -Papá, ¿sabes cuánto más va a durar este vuelo?
    -No sé, hijo. ¿Te acuerdas cuando subimos? Eras muy pequeño.

  2. Aurora Rapún Mombiela 06/11/2018 en 12:20 pm - Responder

    Solo somos unos pocos. Subirme a este avión es una de las cosas más difíciles que he hecho en mi vida. La decisión ha sido vital y definitiva. Debía elegir entre formar parte de la tripulación que partiría, libre, rumbo al sol o quedarme encadenado a mi destino como esclavo del rey que ha unificado todas las naciones y los continentes en un solo reino.Los que componemos este singular pasaje no nos conocemos pero nos entendemos y apoyamos. Pronto la luz será tan intensa que dejaremos de ver, llegará un momento en que dejaremos de oír, y de respirar. No tardaremos mucho en dejar de ser. Pero los que resistimos, lo hacemos convencidos. Valen más unas horas de luz en libertad que una larga vida de oscuras cadenas.

  3. Helberth 06/11/2018 en 1:55 pm - Responder

    Yo estaba nervioso, era la primera vez que viajaba en avión. El señor de a un lado es muy amable y paciente conmigo. Notando mi nerviosismo me va explicando el por que de los sonidos fuertes del avión, así como los procedimientos del mismo.

    El despegue fue muy suave y la vista es hermosa. Ahora me está explicando por que de repente hay ciertos movimientos causados por la turbulencia, esto es normal algunas veces me dice. Lo curioso es que no puedo dejar de sentirme inquieto. A pesar de toda la explicación de que es normal que este nervioso, por parte de mi compañero de asiento al igual que el de la azafata, sigo inquieto.

    ¿Como es posible que sigamos viajando, si nos estrellamos antes de aterrizar? ¿Hacia donde nos estamos dirigiendo?

  4. J Salvador Cruz 06/11/2018 en 7:18 pm - Responder

    Y con la luz del quirófano, molesta y cegadora, penetrandole ambos ojos se despertó de su languidecencia. Su sopor le llevaba por las nubes, su realidad lo obligaba a desperdirse de su destino onírico trayendolo subitamente a su fin.

  5. Manuel Sauceverde 07/11/2018 en 7:58 am - Responder

    ENSUEÑOS

    El viaje resultó largo y tedioso, así que estaba a punto de quedarme dormido.
    —¿Sueñan los muertos, papá? —pregunté.
    —Yo no —dijo tajante y bostezó—. ¿Y tú?
    —Yo sí —expresé con un escalofrío—. Pero ya voy a despertar.

  6. Mayra Escamilla 08/11/2018 en 1:29 am - Responder

    Tomarás el primer vuelo que encuentres. No importa el destino; entre más lejos, mejor. Actuarás lo más normal posible y, si el pasajero de al lado así lo quiere, charlarás de cosas banales. Llegarás a tu destino y comenzarás una nueva vida. Y nadie, absolutamente nadie, sabrá que tú fuiste quien tapó el baño de la oficina.

  7. La luz de Alfa Centauri A entraba a bocajarro por la ventana de Prom y bañaba el interior del transbordador con una tibieza fuera de lo común. Evodio estaba a mi lado, como siempre, con su ternura silenciosa y gratuita, casi paternal. Era la última vez que sentiríamos el calor de la estrella y que su resplandor iluminaria nuestros rostros terrícolas. Mis ojos, sin embargo, se mantenían fijos en la palma de mi mano. En ningún momento, a partir del accidente, se me había ocurrido detenerme a contemplar el efecto de la dispersión luminosa subsuperficial. Estudiar tan minuciosamente los cálidos colores con que la luz atravesaba la piel de mis callos y los brillos que producía sobre los bordes de mis cicatrices me reveló con una fuerza asoladora cuán sólo y desamparado me sentía, y cuán atrás me había dejado la vida.

  8. @Pepe_Gonzalez87 09/11/2018 en 4:15 pm - Responder

    – Siempre es bueno dormir para acortar el viaje. – dijo el viejo.
    – yo pienso que los viajes largos son buenos para los sueños. – respondió el joven.
    Se cambiaron de lugar, no soportaron permanecer cerca de tan distante concepción del tiempo.

  9. Lalo Carpiette 09/11/2018 en 4:27 pm - Responder

    Envidia y Tolerancia

    – ¿Por qué acepté cambiarle el asiento?

    Se preguntaba en silencio una y otra vez, a cada milla que avanzaba el vuelo, no dejaba de inquirirse – ¿por qué acepté su 12C cuando ya tenía el 12A?

    Le miraba estar ensimismado en su dispositivo, pasivo, zombificado seguramente con algún jueguito; teniendo un paisaje irrepetible tras la ventanilla, era increíble para él que aquel estuviese con la mirada agachada sobre algo electrónico. Su amabilidad le había jugado una mala pasada, debería aprender a no ceder en estos menesteres.

    Continuaba pensando para sí:

    – ¡Zopenco!, mira que dejar pasar la resolana. Estas generaciones nuevas van por mal camino; primero prohíben fumar en vuelos comerciales y ahora este tipo de actitudes. ¡Caray!

  10. g2-bc50f0ae214e57c41778f432f994dd63 09/11/2018 en 4:28 pm - Responder

    – Es usted, ¿verdad?
    – ¿Perdón?
    – El de las noticias. El del pan tostado.
    – …
    – Lo sabía, es usted. ¿De verdad se le apareció Jesús en su desayuno?
    – Por favor señor, déjeme en paz.
    – No quiero molestarlo, es sólo que… Mi esposa tiene cáncer, ¿sabe? Ya es mayor, y el doctor dice que no aguantaría las quimios. De hecho yo voy pa’ ya pa’ Tatemaco a ver si un brujo me puede ayudar.
    – …
    – Ya acepté que todos nos vamos a morir. Lo que no quiero es que sufra mi viejita. Estamos juntos desde que yo tenía 20 años y ella 14, desde que vivíamos allá en el rancho. Nunca tuvimos hijos porque… Pues no sé. Dios no nos quiso dar hijos pero sí nos dio cáncer.
    – Lo siento mucho señor.
    – Por eso ayúdeme. Si el panecito de verdad es milagroso tal vez pueda quitarle el tumor a mi señora.
    – …
    – Por favor. Se lo suplico.
    – ¿Está seguro?
    – Sí.
    – Muy bien. Observe mis manos.
    – Esa luz…
    – Su esposa acaba de fallecer.
    – ¡Ah!
    – …
    – ¿Sufrió?
    – No. Nada.
    – Gracias, señor. Gracias.

  11. Eduardo Carpiette 09/11/2018 en 4:32 pm - Responder

    Envidia y Tolerancia

    – ¿Por qué acepté cambiarle el asiento?

    Se preguntaba en silencio una y otra vez, a cada milla que avanzaba el vuelo, no dejaba de inquirirse – ¿por qué acepté su 12C cuando ya tenía el 12A?

    Le miraba estar ensimismado en su dispositivo, pasivo, zombificado seguramente con algún jueguito; teniendo un paisaje irrepetible tras la ventanilla, era increíble para él que aquel estuviese con la mirada agachada sobre algo electrónico. Su amabilidad le había jugado una mala pasada, debería aprender a no ceder en estos menesteres.

    Continuaba pensando para sí:

    – ¡Zopenco!, mira que dejar pasar la resolana. Estas generaciones nuevas van por mal camino; primero prohíben fumar en vuelos comerciales y ahora este tipo de actitudes. ¡Caray!

  12. Patricia Richmond 10/11/2018 en 2:38 pm - Responder

    PULSIONES

    Lo descubrí después del despegue: dos dedos perdidos de repente. No sé cómo pudo ser ni el momento, pero me vi tullido. El horror desordenó mi mente y grité pidiendo socorro. Lloré, imploré, pero no recibí remedio de hombre ni mujer de ese vuelo.

    Tiempo después, con el pretexto de descubrir lo sucedido, consulté con un científico célebre por resolver cuestiones difíciles, pero no supo ofrecerme conclusiones. Sólo he obtenido comprensión, como si estuviese loco. Y loco me vuelvo en mi objetivo de conseguir un buen entendimiento de mis textos. Desde ese vuelo, sólo puedo escribir términos libres de los signos prohibidos por el defecto de mis dedos huidos. Por eso, pido tu perdón si no he conseguido exponerte con rigor el motivo del destierro en este cuento de ñ, q, a y z: no tengo meñiques.

    • Aurora Rapún Mombiela 11/11/2018 en 12:30 am - Responder

      ¡Impresionante, Patricia! A parte de la historia, que me parece genial, ¿has escrito un relato entero sin usar ni una sola “a”? Me declaro fan desde ya. ¡Bravo!

  13. Pablo Ochoa 10/11/2018 en 10:09 pm - Responder

    Un Golem de Madera en Llamas

    *Fijé mis ojos en la imagen por unos segundos.*
    -¿Y eso qué es?
    -Mmmm, es… la simulación exacta de unas llamas quemando un golem de madera…
    *Me tuve que morder la lengua cuando estaba por decirle a mi hijo que deje de perder el tiempo con su teléfono.*

    Mi padre era muy religioso, cristiano. Extrañamente era un gran tipo, era alegre, comprometido con su comunidad, ecuánime en sus decisiones. En el fondo siempre pensé que su único error era el nombre de dios que había escogido. Pero a él no le incomodaban los nombres de los dioses.

    Nunca lo vi rezar. En cambio, tenía la costumbre de tomar palos en llamas de la chimenea y verlos quemarse de cerca. Movia la madera y la flama se alargaba sobre alguna de las superficies. La inclinaba hacia abajo y la llama se hacia fuerte deborando el combustible a la altura de su corona. Bailaban juntos hasta que no te quedaba claro quien estaba guiando a quien. En los ojos se reflejaba la llama con una curiosidad infiníta. De vez en cuando nos llamaba para mostrar acantilados amarillos y naranjas que enrojecen al tiempo que la llama se extingue.

    -Te dan puntos extra por regresar de un espasmo…
    -¿Espasmo?
    -Sí, es el ultimo pedazo de flama que se ahoga por unas milésimas de segundo y que regresa anunciando que está por morir

    Verlo jugar con el fuego me deja en claro que le estamos rezando a los mismos dioses.

  14. Patricia Richmond 11/11/2018 en 3:05 am - Responder

    Ay, he cometido un error imPerdonable. Vuelvo a subir el cuento, corregido.

    PULSIONES

    Me lo descubrí en un vuelo: dos dedos menos. No sé cómo fue ni el momento. Me vi tullido. El horror desordenó mi mente y grité exigiendo socorro. Lloré, rogué; no recibí remedio de hombre ni mujer, testigos de lo sobrevenido.

    Se sucedieron los meses y, en el intento de descubrir lo ocurrido, consulté con un científico célebre resolviendo cuestiones difíciles. No consiguió ofrecerme conclusiones. De él sólo obtuve un roce cortés, como si estuviese loco. Y loco me vuelvo en mi objetivo de conseguir un buen entendimiento de mis textos. Desde ese vuelo, sólo escribo términos libres de los signos excluidos, defecto de mis dedos huidos. Conforme lo dicho, solicito tu indulto si no he conseguido defender con rigor el motivo del destierro en este cuento de p, ñ, q, a y z: no tengo meñiques.

  15. Florentino Sotelo Alaniz 14/11/2018 en 12:26 pm - Responder

    -¿Tu primer vuelo? -preguntó el anciano.
    -¿Eh? Sí… -contestó el joven, nervioso, pálido; absorto en sus pensamientos. Y… ¿qué hay de usted?
    -¿Yo?, ah… Es mi último vuelo.

  16. Karen Simental 14/11/2018 en 1:42 pm - Responder

    Arturo no sabía que el hombre que viajaba a su lado era un sodomita. Le faltaban unas cuantas leguas para bajarse del avión y descubrirlo. En cuanto arribaran al aeropuerto, el hombre tomaría su maleta y correría al Aston para alquilar una habitación; Arturo lo había recomendado encarecidamente “Ahí me alojo siempre”. Tan amable, tan cándido. Luego, se haría el encontradizo con él esa misma tarde, toparían en los pasillos del hotel, le invitaría a beber y perseguir mujeres. Pero nunca buscaba mujeres. Buscaría alcoholizar a el ingenuo joven en primer lugar.
    Le gustaba revivir ésa escena emocionante: un virgen de músculos acerados, núbil de labios finos, una boca que apenas si emite improperios, todas las esperanzas pugnando salirse por sus ojos pizpiretos.
    Entonces llega el lobo, con el arma fría bajo los pantalones y, con su bravura, somete a Narciso, la vanidad juvenil quebrada por la pasión del lobo.
    El sodomita recordaba muy bien la sangre y el dolor de la primera vez.
    Solo que Arturo no lo sabía cuando le ofreció cacahuates y lo miró con las pestañas negras enmarcándole las lágrimas que iba a llorar más tarde.

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