Concurso #137

Las Historias convoca a su concurso #137 de minificción o microrrelato. Las personas interesadas en participar pueden comenzar observando esta imagen:

Instrucciones:

1) Suponer que la imagen representa un instante de una historia.

2) Imaginar cuál es esa historia: qué está pasando allí, por qué, quiénes están presentes (o no), qué están haciendo. No se trata de explicar la imagen, ni de escribirle un pie de foto, sino de tomarla como punto de partida para imaginar una historia propia.

3) Escribir la historia, en forma de cuento brevísimo (minificción, microrrelato; el nombre es lo de menos), en los comentarios de esta misma nota. Aunque no hay una regla estricta sobre la extensión de la minificción, se recomienda que los textos no rebasen las 200 palabras.

Quienes ganen el concurso recibirán un trofeo virtual y serán seleccionados considerando la opinión de quienes decidan opinar.

La fecha límite para participar es el 28 de agosto de 2018. La invitación queda abierta.

By |2018-08-01T11:28:11+00:001/8/2018|Categories: Concurso|Tags: , , |6 Comments

6 Comments

  1. Alfredo Vivalda 02/08/2018 en 10:52 am - Responder

    De pie, a las ocho y media del día en que se declaró la guerra, escudriñaba el cielo, esperando el bombardeo con el corazón helado de miedo. A su alrededor se había congregado una multitud de muchachos de la escuela, porque se habían suspendido las clases. // El primero en divisarlos fue un niño que oteaba el horizonte.

    —¡Ya vienen! —chilló—. ¡Ya vienen!

    Al principio, solo se vieron unos puntos que podrían haber pertenecido a una bandada de pájaros, pero luego un rumor de motores confirmaba que el niño tenía razón. El primer avión descendió en ángulo, estaba muy cerca y su tremenda velocidad impresionó a los niños. Por un momento daba la impresión de que, en lugar de volar, estaba cayendo, y después, pareció colgar en el aire cerca de la superficie, como suspendido de un hilo, durante un momento de incertidumbre. Por fin, el gran estruendo y la vibración esparcida al estallar las bombas.

    — Bix a beel.

    —¿Que cómo estoy? Ma’alob, kux teech.

    Estaba bien y ya habían pasado por eso muchas veces, aunque él estaba infiltrado y no era un maya yucateco como su amigo.

  2. Aurora Rapún 03/08/2018 en 2:24 am - Responder

    IMÁGENES EFÍMERAS DE VERANO

    Virginia y Guillem tomaban el sol tranquilamente en la piscina de su residencia de verano. Tenían las hamacas colocadas entre el sol y la sombra y, al alcance de la mano, el vaso de granizado de limón. No se podían quejar. Estaban disfrutando de unas vacaciones tranquilas. Empezaron a percibir un sonido que, cada vez, se hacía más intenso. Ante ellos, un avión militar aterrizaba en el jardín. Venía solo, sin tripulación. ¡Cómo son los avances de la ciencia!
    Se levantaron perezosos, se quitaron las gafas de sol, se miraron fijamente a los ojos y una sonrisa pícara les trajo el recuerdo de antiguas aventuras juntos.
    En unos minutos, los agentes V y G estaban vestidos y listos para otra misión secreta. No quisieron despegar sin hacerse una foto que inmortalizara el momento. Aunque, evidentemente, en tres segundos se autodestruyó. Tres, dos, uno.

  3. Édgar López 04/08/2018 en 11:38 pm - Responder

    El puente

    En el puente vive un león. Fiero e irascible, nunca ha dejado cruzar a nadie.

    Bajo el puente vive una ardilla. Escuálida y temerosa, su más grande deseo es cruzar el río para alimentar a su familia, lejos del estruendo que día a día sacude los bosques.

    El cielo está gris. Ha pasado semanas así, ahogado en humo, cenizas y polvo. Un cuervo lo sobrevuela todos los días, fascinado por los estallidos y el fuego de los humanos en guerra.

    Un día el cuervo vio a la ardilla intentando cruzar el puente. Se acercó curioso y le dió un regalo. “Toma esta roca”, le dijo, “con ella te desharás del león, solo quítale el metal y arrójasela, así lo hacen ellos.” La ardilla tomó el regalo agradecida y fue de prisa hacia el león. Encontró a la bestia devorando a uno de sus hijos. Sometió el miedo que la invadía con ira, luego quitó el metal de la roca y la lanzó. Apenas supo que había acertado el tiro cuando el puente explotó.

    Ahora el cuervo vuela extasiado. Ese instate brevísimo es su favorito, cuando la luz cegadora retumba por la tierra y los aires y lo destruye todo. Vuela alto a la espera de un nuevo espectáculo mientras el río se lleva en su cauce los deshechos del mundo.

  4. Ricardo Rivón 08/08/2018 en 8:48 am - Responder

    ¿Qué sigue?
    Praxedis, satisfecho frente a la imagen, repasó las dificultades y el largo periodo que le llevaron
    -persistencia mediante-, a vencer adversidades de todo tipo; desde las propias del falseamiento de sus hipótesis, hasta las resistencias de los grupos científicos de poder.
    Todo un logro revolucionario. Utilizar la biotecnología para transformar seres vivos en máquinas sofisticadas.
    Sin embargo, el gozo intelectual, la emoción placentera, no lograba desaparecer la otra sensación, una especie de temor indefinido.
    Con todo y todo, ver aterrizar al koala-air en la cúpula de la milenaria pirámide, le provocaba gratitud y felicidad. Todo al mismo tiempo.

  5. Salvador Esteve 08/08/2018 en 3:07 pm - Responder

    DARWIN
    Miro la foto, y no me reconozco. Fuimos dos pilotos escogidos para la gloria, así nos lo dijeron y así lo creímos.
    La superpoblación se había convertido en una plaga. Como termitas voraces de vida, destruimos los ecosistemas y esquilmamos los recursos del planeta, la hambruna se extendía como gangrena.
    Como siempre, los poderes fácticos, económicos y políticos decidieron por todos, y, en secreto, dispusieron lanzar una bomba. La llamaron “Resurrección”, silenciosa pero mortífera. Un virus que acabaría con la mitad de la población según los vectores y simulaciones de laboratorio.
    El antídoto se suministró a unos privilegiados, nosotros entre ellos; para el resto, la lotería de la selección natural. Mi mujer y mi hijo sucumbieron. La culpa fue mi castigo, la soledad, mi cárcel.
    La foto inmortalizó nuestra hazaña, nuestro destino. Un hombre y una mujer como instrumentos de supervivencia para la humanidad. Elegidos para la inmortalidad, pero nuestros rostros se pixelaron para la historia.
    La miro, y no me reconozco.

  6. Gisela Lozano 08/08/2018 en 5:09 pm - Responder

    Estrella fugaz

    De pie sobre los restos de una civilización antigua, la pequeña Catalina miraba asombrada un punto brillante en el cielo creyendo que era una estrella fugaz. Emocionada, cerró los ojos y pronunció mentalmente un deseo. A su alrededor, ajenos a lo que la niña veía, sus compañeros de clase observaban la pirámide que se erguía majestuosa frente a ellos, escuchando atentos la historia que relataba su maestra.
     
    Poco a poco, la estrella extraviada que brillaba a media tarde fue creciendo hasta adquirir la forma de un avión de combate. Para cuando se dieron cuenta, ya era demasiado tarde. Envuelto en llamas, se precipitaba inevitablemente en dirección de la gran pirámide.
     
    La tierra se estremeció con el impacto. El humo se elevó al cielo, manchándolo, como tinta negra derramada sobre una hoja en blanco. Entre las llamas y la humareda, solo quedaron los restos de lo que alguna vez fue un imponente templo maya y sobre ellos una ave plateada destrozada.
     
    Catalina pudo distinguir dentro del avión dos cuerpos inmóviles y en un intento de apartar esa imagen de su cabeza, elevó su vista al cielo descubriendo con horror que estaba lleno de estrellas fugaces.

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