Concurso #136

Luego de una pausa obligada, Las Historias convoca a su concurso #136 de minificción o microrrelato. Las personas interesadas en participar pueden comenzar observando esta imagen:

Instrucciones:

1) Suponer que esta imagen representa un instante de una historia.

2) Imaginar cuál es esa historia: qué está pasando allí, por qué, quiénes están presentes (o no), qué están haciendo. No se trata de explicar la imagen, ni de escribirle un pie de foto, sino de tomarla como punto de partida para imaginar una historia propia.

3) Escribir la historia, en forma de cuento brevísimo (minificción, microrrelato; el nombre es lo de menos), en los comentarios de esta misma nota. Aunque no hay una regla estricta sobre la extensión de la minificción, se recomienda que los textos no rebasen las 200 palabras.

Quienes ganen el concurso recibirán un trofeo virtual y serán seleccionados considerando la opinión de quienes decidan opinar.

La fecha límite para participar es el 28 de julio de 2018. La invitación queda abierta.

By |2018-07-02T22:02:17+00:003/7/2018|Categories: Concurso|Tags: , , |61 Comments

61 Comments

  1. Daniel Albarrán 03/07/2018 en 11:53 am - Responder

    Era un velorio como tantos otros. Rezos, llantos, café, olor de flores. De pronto, la caja (el cuerpo) empezó a brillar, cada vez más y más. Cuando el brillo cesó, la madre fue la primera en asomarse. Su grito fue aterrador.

  2. Solal Carax 03/07/2018 en 12:32 pm - Responder

    Juro que el cuerpo estaba ahí hace dos minutos.

  3. Solal Carax 03/07/2018 en 12:34 pm - Responder

    Juro que hace 1 minuto el cuerpo estaba ahí.

  4. Ale Ruiz 03/07/2018 en 12:57 pm - Responder

    Todos salieron a contemplar el extraño objeto caído del cielo con las espectaculares llamas azules, descuidando el verdadero motivo de la estancia en aquella casa.
    Mientras tanto, la bisabuela murió sola en el sillón.

  5. Jesús Val 03/07/2018 en 3:22 pm - Responder

    Allá, no aquí, afuera, a la vuelta de la esquina, La Muerte domiciliaria ronda, pregona, marca, casa por
    casa, muerte. Inmediatamente deudos, dolientes, allá, no aquí, levantan toldos, sacan sillas, nos obligan a los desconocidos, transitar por otro rumbo, buscar alterativas viales y fluir huir lejos de la ronda, del pregón, oírlos apenas a distancia prudente de la marca, los rezos, risas, charolas de café/pan/té/refresco/alcohol; frases ordinarias: «fue tan rápido», «estaba tan bien», «ya lo presentía…»
    pronunciadas por personas que procuraron no bañarse para no llegar con los poros abiertos (Según dicen, por ahí se mete La Muerte). Allá, acordonando el corazón de una sala de estar dolorosa, hasta la cocina, pasa, no aquí.

  6. Yobany García Medina 03/07/2018 en 3:45 pm - Responder

    Velorio

    Lo recuerdo bien, sus piernas estaban tiesas, endurecidas, como dos piedras largas. Me alejé para mirar fijamente: era fascinante. ¡Vengan a despedirse! Gritó mi madre sin ningún respeto. Me limpié la boca y bajamos corriendo en medio de tanto llanto.

  7. Angel GarMol 03/07/2018 en 4:35 pm - Responder

    Ese día llegaron todos puntales, con la enorme ilusión de recibir dinero. Amigos, familia, extraños y tristemente curiosas esperaban por su desdicha. Al verme llegar, todos se emocionaron y en una ola de aplausos di la orden de cerrar todas las puertas. Muchos vieron su muerte en el patio, algunos trataron de esconderse en las habitaciones y otros buscaban defenderse con lo que se encontraban en su desesperación. Tardé 2 días en devorarlos a todos.

  8. Jorge Pacheco 03/07/2018 en 5:30 pm - Responder

    Cuando el abuelo murió, todo mundo vino al velorio: vinieron sus amigos viejos como él y platicaron hasta tarde. El abuelo apareció cuando ya todos estaban rendidos de sueño. Así, sin más, todo mundo se fue a dormir dejándolo a cargo de su propio duelo.

  9. Patricia Marta KIEFFER 04/07/2018 en 3:24 am - Responder

    Él sabía que vendrían; los estaba esperando. Pero no dijo nada. No quisieron creerle, lo trataron de loco cuando les contó que ellos existían. Ahora él sonreía sentado en el sillón mientras su familia se agolpaba en el jardín, incrédula, mirando esa imponente nave que descendía.
    Se levantó despacio, tomó su equipaje y se abrió paso entre los parientes hasta llegar al centro del jardín. Un haz de luz elevó suavemente al anciano hacia la nave que lo esperaba, metros arriba.
    Elevó su mano en un saludo y sonrió. La nave se cerró y partió hacia las estrellas.

    • Aurora Rapún 05/07/2018 en 1:39 am - Responder

      Este relato me ha encantado. Buenísima la decisión del abuelo de dejarlos a todos plantados en casa e irse con la nave espacial. A conocer mundos.

  10. Nayely Baltazar 04/07/2018 en 8:49 am - Responder

    La intensa luz del patio les llamó la atención. Al salir y mirar al cielo, un objeto les roció un líquido que hacia que la piel se desprendiera en jirones. Fue el primer ataque para externinarnos. Mientras, en las noticias, la abuela escuchaba que este año todo mejoraría.

  11. Nayely Baltazar 04/07/2018 en 9:05 am - Responder

    La luz les llamó la atención. Al salir y elevar la mirada al cielo, un objeto les roceo un liquido que arranca la piel en jirones. Fue el primer ataque para ser exterminados. Mientras, en la noticias, la abuela esxuchaba que este sería un buen año.

  12. Nancy Aycrag 04/07/2018 en 9:07 am - Responder

    Una extraña enfermedad mental le hacía creer a la Miss Ariadna que todos los niños del preescolar estaban repletos de insectos viscosos en su interior. Pese a que recurrentemente se lavaba las manos con clarasol después de tocar a sus alumnos, un día no lo soportó más. Comenzó a sentir náuseas y un fuerte chillido en su cabeza.
    Inicio con la pequeña Liliam. La llamo al escritorio y le entregó su desayuno: un pequeño bote Tetrapak con leche blanca y una palanqueta. El bote con leche tenía un pequeñísimo orificio por donde entró la aguja que inyectaba 5 mililitros de DDT.
    En casa de Liliam todos estaban devastados, mudos y acalorados alrededor de la pequeña caja blanca. Hacia tanto calor que cuando la abuela, sentada en su sillón, vio caminar tres pequeñas cucarachas a un costado del escalón, no les tomó importancia.

  13. América Gutiérrez 04/07/2018 en 10:12 am - Responder

    El foco tintineaba intermitente. La luz volvía de a poco. Anoche, la celebración de los 88 de la abuela los había dejado en estado indecente. Hoy, todos han salido corriendo ante la convulsión de la tierra. Mientras ella, estoica y contemplando tranquilamente la luz del sol que atravesaba las ventanas, esperó a verlos a todos afuera, seguros. Desde el sillón, gritó: “¿Verdad que no les hace falta la abuela?” Arrepentidas, corrieron las nietas a su rescate. Enojadas, entraron las hijas a gritarle ¿pero porqué no has salido? La abuela, tranquila y acariciando a su mascota les contesta: “Para decidir quién se queda con la casa”. Y el gato ha ganado.

  14. Ana Olivares 04/07/2018 en 2:46 pm - Responder

    El silencio sobre todo, es imprescindible. Deslizarse sin que volteen a mirar a quien camina como sobre algodones. El resto, dependerá del balance perfecto entre velocidad y puntería para dejar bien ensartado el pececito en mis garras.

  15. Edgar ikerberk. 04/07/2018 en 8:02 pm - Responder

    La cosa era que Pancho dijo que haría un truco de magia inolvidable. Los vecinos se reunieron alrededor de él. Todos sacaron sus celulares para grabar. Pancho se tiró al piso en posición fetal. Acto seguido, empezó a vibrar y luego comenzó a incendiarse, desde adentro hacia afuera, hasta convertirse en un montón de cenizas.

  16. valchangon 04/07/2018 en 9:16 pm - Responder

    USTEDES VIENEN, YO YA ME VOY
    Todos vinieron a verme, toda la familia. Los chiquillos y los viejos; los recién nacidos y los que ya van a morirse. Cuartos llenos y sillas ocupadas. Todos vinieron al velorio, a despedirse.
    Cumplieron mi última voluntad. No me enterraron luego luego, sino que hicieron lo que les pedí. No esperaba que obedecieran todo. Me bañaron, me perfumaron y me acostaron en la cama. Prendieron la tele en mi canal y me taparon con mis cobijas favoritas. Sólo puedo quedarme tres días antes de avanzar, así que dejé bien claro que quería una gran fiesta.
    El primer día se la pasaron comiendo y tomando; los mariachis se fueron hasta la madrugada. El segundo día estuvieron durmiendo y llorando. Les dije que me extrañarían, ingratos.
    Hoy es el último día, estoy a punto de irme. Hoy pasa algo raro, están distantes. Se la habían pasado entrando y saliendo de mi cuarto; se quedaban un rato y platicaban conmigo. Ahora me dan la espalda, no me ven. Algo los distrae. De repente escucho el ladrido; un perrito persigue su propia cola. No puedo culparlos, así debe ser. Debemos seguir, debemos superarlo. Yo ya me voy.

  17. Aurora Rapún 05/07/2018 en 1:51 am - Responder

    TENEMOS QUE HABLAR

    Llamé uno por uno a todos mis familiares para comunicarles que tenía una noticia que darles. Los reuní en casa de la abuela porque no me apetecía meter a tanta gente en mi pequeño apartamento del centro de la ciudad. La pobre mujer, estaba tan agobiada de verlos a todos por allí, que se quedó sentada en su su sillón mientras entraban y salían del balcón. Me coloqué en el centro y solté la bomba: ¡me ha tocado la lotería! Gritos, felicitaciones, palmadas en la espalda y miradas ansiosas esperando conocer cuál sería su parte del pastel. Expliqué las instrucciones de mi plan: Yo me iba a ir a vivir lejos de todos y de todo. Solo. Cuando ya no estuviera en la ciudad, cada uno recibiría un sobre por correo postal con su parte. La que le correspondiese según méritos. Cogí mi mochila y me fui dejándolos a todos preocupados y esperanzados y con un palmo de narices.

  18. María del Pilar Díaz Terés 05/07/2018 en 11:16 am - Responder

    Todos salieron al encuentro de la voz que rompía la pesadumbre de la tarde. Todos excepto la abuela.
    El hombre aquel traía consigo cientos de frascos de un brebaje milagroso que, a decir de él, curaba desde callos en los pies hasta el cáncer más letal. Niños y grandes escuchaban con atención y empezaban a contar las monedas que traían en los bolsillos, con la esperanza de hacerse de una botella de aquel líquido fascinante. Todos excepto la abuela. “Pobres ingenuos” – se podía leer en su mirada – “que no saben que los sueños no tocan a tu puerta”.

  19. Media hora había pasado. Nadie me daba detalles. ¿Quiénes “todos”? ¿Cómo había ocurrido? Lo único que sabía hasta ese momento era que con el resplandor habían desparecido los otros vecinos, “todos”.

    “Todo comenzó con el alba”, decía Marita desde el sofá, sin voltear hacia donde yo estaba. La mañana había comenzado eso, sería una mejor manera de exponerlo, pues aún no daban las 3 de la mañana y había luz como si fuese mediodía. La mañana estaba ahí antes de tiempo, y con ella la ausencia de “todos”.

    Los pocos de la vecindad estaban reunidos, atrapados en el espacio alrededor del patio, entre extasiados y sorprendidos. Mis nietas, atónitas, paradas cerca de Marita en la sala de la casa. Y yo sin poder moverme de mi silla, sin poder hablar, sin poder acercarme al resplandor.

  20. Ricardo Rivón 08/07/2018 en 11:07 am - Responder

    Lo que dije, hice. Anulé mi boleta y le saqué una foto con el celular. Pensé en el momento de mostrársela a mis amigos; suponían que yo iba a votar por el candidato aborrecido por ellos. Todo este tiempo estuve enojado. Aun no se las he mostrado ¿Y si no me creen? ¿Y si dicen que cualquiera puede conseguir fotos? Creo que los mandaré al demonio y me quedaré sin amigos.
    Probablemente debería reprenderlos. Los viejos sabemos que el anhelo, la esperanza, siempre ha estado ahí, pero nosotros ya no tenemos derecho a vivirla como antes, nuestra obligación es ya no mitificarla. El ser humano está incapacitado para entender lo que pasa, d-e-b-e-m-o-s-a-c-e-p-t-a-r-l-o, sin ambages, quienes vamos de salida.
    Querían un tumbo electoral, ahí lo tienen, además sabíamos que sucedería. Pero olvídense de que se solucionarán las anomias sociales y las injusticias seculares. Si creen que viejas estrategias funcionarán está vez, que habrá felicidad publica y alegrías privadas de a montón, desengáñense. Esto apenas fue una manita de puerco a la oligarquía actual.
    Por ejemplo, tendremos de presidente municipal a un pastor protestante apoyado por políticos migrantes del partido más viejo y dañino del país… en fin.
    – ¡Maruuu, ya vámonos!

  21. Horacio Danel 08/07/2018 en 12:03 pm - Responder

    —¿Va a hacer alguien el favor de decirme qué está ocurriendo? —Gritó la abuela desde el sillón que solía usar pero nadie la oyó. Todos observaban mi cadáver tirado en el patio.
    En ese momento crucé la estancia y ella me vio.
    —¿Cómo estás hijito?
    —Bien abuela, gracias. Me alegra verte sabes.
    —Lo sé. Ya casi nos vamos. Te ves pálido. Regresemos pronto. Si no nos vamos y llegamos antes nos olvidarán —dijo y se le humedecieron los ojos.
    —Así será Abuela. También luces pálida. Dejémosles los pañuelos. Que ellos los laven.

  22. Patricia Richmond 08/07/2018 en 12:38 pm - Responder

    LA PORTERA

    Lo apunto todo: quién entra, a qué hora sale, cuándo pasan los repartidores, a quién deja correspondencia el cartero, todo. He llenado con mi letra pequeña montones de libretas que guardo bien clasificadas en los cajones de la cómoda de mi dormitorio, tal como me enseñó mi madre, tal como ella hizo durante años antes que yo.

    Cuando heredé la portería, los vecinos no entendieron que siguiera con la misma manía. Incluso trataron el tema en una reunión de la comunidad, pero yo he seguido haciéndolo, pues se lo prometí a ella en su lecho de muerte. ¡No dejes de hacerlo, hija mía!, me suplicó.

    El día que desapareció Marianito, el niño del tercero derecha, hubo un gran revuelo. Los vecinos peinaron la calle, buscándolo, y los policías me pidieron las anotaciones del día; después, las de la semana y, más tarde, las del mes. Pero no encontraron nada. El pequeño no había salido a la calle, de eso estaba completamente segura, y tampoco nadie había subido a su piso. Registraron todas las viviendas de la casa, el cuarto de la caldera, el tejado, pero no apareció. Su madre, desconsolada, me pidió una y otra vez que mirara bien en las libretas porque algo se nos tenía que haber pasado por alto y estaría allí escrito.

    Marianito nunca regresó. Yo sabía que sería así, como las otras veces, como siempre que la casa se queda con alguien. Por eso tengo que apuntar todos sus movimientos, para que ella sepa cuándo se los puede llevar.

    • Aurora Rapún 09/07/2018 en 1:24 am - Responder

      Patricia, me parece una genialidad.

    • MAR MORGO 22/07/2018 en 8:22 am - Responder

      El mejor que he leído hasta ahora!

  23. Bernard Gutiérrez Sanz 08/07/2018 en 3:18 pm - Responder

    NUEVA RELIGIÓN

    Una mujer fue interpelada por el vulgo debido a su falta de fe. Un pastor protestante, que era más sensible que el resto de los comunes, leyó para ella la Epístola de los Hebreos para persuadirla sobre la esencia de su dogma. Pacientemente le habló sobre la importancia de la convicción de lo que no se ve y la certeza de lo que se espera. Una teoría teocéntrica explicada de manera gentil y persuasiva.

    La mujer, cuyas convicciones y certezas no eran convencionales, recordó una epístola de fecha 21 de julio de 1944 y se preguntó ¿en qué medida debe esperarse de la divina providencia? y si es así ¿qué habría que esperar?

    –Usted ha sido muy amable, pastor. Normalmente la gente me considera una hereje. Voy a retribuir su gesto y hablarle de lo que para mi es la fe, venga conmigo, voy a mostrarle una semilla y le voy a describir el árbol que va a crecer de ella.

    Después de esas palabras, el pastor recordó a Lucas el evangelista y como último recurso argumentativo relató sobre la Pesca Milagrosa en el Lago de Genasaret.

    Un agnóstico, que había escuchado toda la conversación, dejándolo todo, la siguió.

  24. RicardoDan 10/07/2018 en 7:29 pm - Responder

    Espejos de agua
    Ese día pensé que llovería,era de esos que no se ve la luz del sol y eso era triste porque ni una ni otra…mi abuelo me enseño a hacer figuras de sombra con las cortinas de la sala,cuando el rayo tibio del solo pegaba en los vidrios,también nos justaba jugar a los espejos de agua ese es mi juego favorito,nos quedábamos viendo nuestro reflejo en los charcos mientras que las gotas heladas nos caían en la espalda,el primero que pusiera cara de tener frió perdía,yo siempre le ganaba a mi abuelo,mi premio:una paleta de nuez,si aunque fuese en plena tormenta,decía que si aprendía a saborearla a mitad del frió podría hacerlo después con mi vida,si mi abuelo era raro.

    Y ese día se porto aun mas raro,llegaron mis tíos y mis primos,eso casi no pasaba pero ahí estaban,mi prima Ley lloraba mucho,Y mi hermano solo abrazaba a mi papa,los grandes estaban fuera en el patio,mi abuela en el sillón…busque y busque,porque nadie quería hacerme caso,aun así no encontré a mi abuelo,el único lugar donde no busque ,porque mi mama no me dejo,fue en esa gran caja de metal,no tiene mucho de eso,pasaron varios días,pensé que se fue y me olvido,pero no hoy en medio de la avenida principal había un gran charco,cuando me asome me sentí tan contento cuando encontré a mi abuelo en mi reflejo.

  25. Ian Valencia 10/07/2018 en 8:42 pm - Responder

    ¡Por fin era 3 de agosto!, la familia de Adair había puesto la televisión en el patio. En el ambiente se podía sentir la fascinación, la incredibilidad de los ahí presentes. Se trataba del último cohete que despegaba desde Puebla hacia la primer Luna artificial mexicana, un día único para la carrera espacial mexicana, todo el país lo estaba presenciando excepto el pequeño Adair de 7 años quien se empeñaba en no salir de su cuarto a la vez de no parar de jugar con sus dinosaurios. Siempre se la pasaba diciendo, la luna de México es más chica y menos blanca que la de Estados Unidos, después de esto se producía un silencio y él mismo hacia una pregunta al aire, a veces decía, ?¿Por qué será que ellos deben de quedarse con la más grande? ?En otras ocasiones decía?. ¿Y a qué se debe que México tiene una como la de otros países? Tanto sus padres como sus hermanos mayores no sabían con exactitud a qué se refería, nadie le contestaba sus dudas, aunque a Adair seguía sin parecerle justo que la única Luna natural de la Tierra se la adjudicaran los gringos.

  26. María José Sánchez 12/07/2018 en 7:10 pm - Responder

    ESCUCHANDO AL CORAZÓN
    Tras una larga ausencia, Sara regresó al pueblo que la vio nacer. Por desgracia, el motivo no era nada grato: su padre había sufrido un aparatoso accidente y se encontraba ingresado en el hospital, con pronóstico muy grave. Jamás se le hubiese antojado una vuelta tan triste.
    Al llegar, cosa lógica, se armó un revuelo tremendo. Gente que salía de las casas, coches detenidos, trabajadores que pausaban sus tareas para ofrecerle toda clase de ayuda incondicional. Por un instante, cautivada por la sencillez y hospitalidad de los vecinos, se arrepintió de haberse alejado tiempo atrás de aquel lugar en verdad encantador.
    Allí pasó un mes, hasta que su padre salió del coma (con inevitables secuelas) y ella pudo reanudar su vida. Cuando se reincorporó al puesto laboral, a muchos kilómetros, ya nada fue igual. Las imágenes de los frutales mecidos por el viento, ese cielo azul inmaculado, los trinos matutinos de los pajarillos y, por supuesto, los abrazos de los suyos terminaron por succionarla de las garras de la gran ciudad. ¡Quién iba a decir que la urbanita de la familia, que con dieciséis salió huyendo por patas, retornaría para quedarse definitivamente!
    “¡Gracias, pequeña!”, exclamaban los vidriosos ojos de papá.

  27. Todos pensaron que era la alerta sísmica…

    Otros creyeron que era la sirena de una ambulancia…

    Solo la abuela que decidió no salir para ver qué causaba el imponente sonido que venía de la calle sabía qué era realmente…

    “Estoy lista” – musitó y esperó pacientemente que las trompetas de Gabriel dejaran de anunciar el Fin del Mundo.

  28. Guillermo Ramírez García 19/07/2018 en 4:51 pm - Responder

    No vayan a la luz, es una trampa.

  29. Daniel BM 19/07/2018 en 9:06 pm - Responder

    “¿Qué ven? ¿Es a mí?”, se preguntó nervioso el hombre que, hasta ese momento, había sido invisible.

  30. Christian Pastor Cruz 20/07/2018 en 2:25 am - Responder

    El abuelo le dejo buenos pesos a todos. Nadie se animó a gastarlos en impugnar en los juzgados las dos o tres condiciones locas del testamento:
    ¿Qué sus cenizas al mar? El padre Ramírez dijo que no era bueno para el descanso de su alma, pero nadie creía que se fuera a ir al cielo el viejo.

    ¿Qué las fotos siempre a la vista? A nadie incomodaban, aunque fuera poco común ver a un hombre tan viejo haciendo huevos a la cámara.

    Lo único malo era no poder hacer cambios estructurales al departamento de la abuela: el único baño, dejaba ver nuestras vergüenzas a toda la sala. ¡La familia entera tenía que voltear para otro lado en las reuniones de año nuevo!

    O debería, porque no es sano satisfacer la curiosidad de los primos por el cuerpo femenino con las primas, ni viceversa.

    Y no es que nos vayan a nacer niños con cola, que para eso estanlos condones, pero imagina: dos años de duro y dale con la novia, un triste y amargo rompimiento… Y luego verse los culos en cada reunión de fin de año.

  31. El abuelo les dejo buenos pesitos a todos.
    Nadie quiso gastarlo en impugnar las dos o tres condiciones estrafalarias del testamento:
    ¿Que lo cremaran y lleven sus cenizas al mar? El cura Navarro dijo que no era bueno para el descanso eterno de su alma, pero nadie creía que el viajo fuera a descansar de todas formas.
    ¿Que dejaran sus fotos de la repisa? No es molestia para nadie, aunque sea raro ver a un hombre tan viejo haciendo güevos a la cámara.
    Lo único malo fue su exigencia de que no le hicieran cambios estructurales al departamento de la abuela, donde vivió sus últimos 30 años. El baño tenía vista abierta a la sala y el comedor, en las reuniones de año nuevo, todos volteaban hacia las ventanas para no ver tus vergüenzas.
    O deberían, porque no es saludable satisfacer la curiosidad sexual con tus primos y tus primas: Casi todos teníamos 14 o quince cuando el viejo murió, y modestia aparte, éramos una familia de gente atractiva (sobre todo Mariana) y el internet no era entonces lo que es ahora.
    No, no está bien la saciar la curiosidad con tu primo. Y no es que vayamos a tener hijos con cola de cerdo, que para eso hay condones y pastillas, sino porque, imagina: dos años de duro y dale con tu prima, un rompimiento doloroso e irreparable… ¡y tener que verse los culos cada año nuevo!

  32. El abuelo les dejo buenos pesitos a todos.
    Nadie quiso gastarlo en impugnar las dos o tres condiciones estrafalarias del testamento:

    ¿Que lo cremaran y lleven sus cenizas al mar? El cura Navarro dijo que no era bueno para el descanso eterno de su alma, pero nadie creía que el viajo fuera a descansar de todas formas.

    ¿Que dejaran sus fotos de la repisa? No es molestia para nadie, aunque sea raro ver a un hombre tan viejo haciendo güevos a la cámara.

    Lo único malo fue su exigencia de que no le hicieran cambios estructurales al departamento de la abuela, donde vivió sus últimos 30 años. El baño tenía vista abierta a la sala y el comedor, en las reuniones de año nuevo, todos volteaban hacia las ventanas para no ver tus vergüenzas.

    O deberían, porque no es saludable satisfacer la curiosidad sexual con tus primos y tus primas: Casi todos teníamos 14 o quince cuando el viejo murió, y modestia aparte, éramos una familia de gente atractiva (sobre todo Mariana) y el internet no era entonces lo que es ahora.

    No, no está bien la saciar la curiosidad con tu primo. Y no es que vayamos a tener hijos con cola de cerdo, que para eso hay condones y pastillas, sino porque, imagina: dos años de duro y dale con tu prima, un rompimiento doloroso e irreparable… ¡y tener que verse los culos cada año nuevo!

  33. Jeksen Ayoria Medina Quiroz 20/07/2018 en 4:55 pm - Responder

    Entonces decide actuar. Me toma de la mano y yo me dejo llevar, por el pasillo, a través de la sala, hasta un rincón, apenas iluminado y todavía oloroso, en la cocina. Allá afuera: una luz azul y unos voces. Desentiendo. Ella dice: la respuesta es no, pero gracias por la pulsera. El dolor nace en el pecho. Se derrama hasta las extremidades. Ella me abraza; comprende. Comprendo. O trato de. Su respiración pasa de una región a otra de mi cuello, como si rastreara. No comprendo; pero trato de. Ahora su lengua detiene y deshace cualquier progreso. La desliza, húmeda y fría. Un caracol subiendo por el tallo de una planta. Se detiene en la oreja. Pero no comprendo: hasta donde yo sé los caracoles no tienen aguijón. Grito y trato de apartarla. Caemos al suelo. Desde ahí observo. Alguien debió darse cuenta. Los veo, inmutados, algunos dentro, casi todos fuera, iluminados como por una luz de revelación. No comprendí a tiempo. Ella se aproxima. Trato de aceptar el dolor.

  34. Misael Huerta Bayardo 20/07/2018 en 7:01 pm - Responder

    El tiempo después de la crisálida
    (Sobre un solitario muro en un lugar cualquiera un reloj y su manifiesto atravesando el silencio).

    Flotando como un ángel desplumado entre Luz y sombra; negro gris y blanco a la vez entre tres dimensiones.
    ¿Para que? ¿Hasta cuándo? ¿Dónde?
    El tiempo es un hilo inexistente uniendo falsas perlas.
    ¡Una limosna por amor al adorno!
    ¡Un premio por exaltar la agonia!
    ¡Mil aplausos por dale un marco infinito!
    ¿Es mejor soñar sin sueños? ¿Estar trabado y volar y gritar al mismo tiempo?
    Quien pregunta quién soy?
    Fantasmas, deseos, quimeras.
    La razón un diamante solitario
    Que con implacable ternura atravieso el puente entre la ausencia y el ser.
    En mi lengua de vidrio medita un dios azul.

  35. Misael Huerta Bayardo 20/07/2018 en 7:05 pm - Responder

    En el centro de.mi celda alojo al guardián.

  36. Samantta Serna. 20/07/2018 en 10:29 pm - Responder

    La fiesta de mi tía Tere estuvo algo divertida a pesar de que mis tíos cantaron las mismas canciones en el karaoke; me divertí un poco, pero me divertí yo misma; no importó que ese tío con el que me peleé anduviera ahí, entre el borlote, al fin y al cabo, yo andaba bien, tarareando una canción de los Strokes, y como dicen ellos, “sólo se vive una vez” y me puse los audífonos y me fui caminando por la placita y ahí me quedé un buen rato, incluso me quedé después de que se le acabará la batería a mi celular.

    Me divertí mucho más cuando llegué de nuevo a la fiesta y todos se habían ido.

  37. MAR MORGO 22/07/2018 en 8:15 am - Responder

    HONRA
    Los vecinos no podían creerlo. Afuera, la imagen del Cristo Vengador -que había sido concedida una semana por la parroquia- había aparecido esa mañana con la cabeza de Gumaro en lugar del orbe. Lo peor fue que estaba justo frente a la casa de los Ortega, donde ya sólo sobrevivía Doña Catita a quien ahora, su nieto de cuerpo ausente y cabeza ofrendada la había también abandonado.
    Nadie permitía a la abuela salir, la dejaron en el sillón, viendo la tele con la esperanza de que, a su edad, después de todo lo sufrido, no fuera a darle una impresión. Primero su esposo, quien no sobrevivió a un guisado de chicharrón que exigió a su mujer en una de sus violentas borracheras, luego fue Lidia, su hija, la perdida que se iba a fugar con el ingeniero que vino a lo de la carretera y se echó a las vías cuando la plantaron, siguieron su otro hijo Ismael y su mujer que se quedaron en el viaje con sendas jeringas y ahora su nieto que andaba de malas juntas.
    Catita miraba serena el televisor, feliz por haber salvado una vez más la honra de la familia.

  38. tenochca 22/07/2018 en 9:10 am - Responder

    La hija pródiga

    La familia sufrió con su partida. Agotaron todos los medios que la pobreza les permitía. Cartulinas, Facebook, radio pública, juntas de vecinos, Santos y rezos pero se fueron acabando en la incertidumbre. Suponer si estaba muerto, extinguía la vida que aún tenían. Cuando la muerte tocaba las puertas de la familia fue la necesidad y el hambre lo que los hizo continuar. Habían perdido la esperanza de ver a su hijo regresar.

    Cinco años más tarde se encontraba en el marco de la puerta. Él llevaba el mismo pantalón pero lo había recortado como un pequeño short apenas debajo de la ingle que dejaba ver sus piernas delgadas y con marcas de algunas contusiones. Su piel cobriza y acartonada brillaba en los pliegues de las arrugas. Las horas bajo el brillo del sol habían marcado su piel. Su rostro cambiado, la nariz rota y los pómulos hinchados, los labios pintados y sin firmeza parecía que colgaban. Era un semblante marcado por los hombres antes que por la soledad. Debajo de la coraza de cicatrices, sus ojos, con un brillo femenino, se adornaban de esperanza y paz.

    Dio el primer paso al interior de la casa. No hizo falta saludar porque nadie hubiera respondido. Cruzó el patio con caminar apretado y piernas firmes, uno frente a otro como en pasarela. Cuando dejó a la familia atrás, la curva de su espalda mostró el tatuaje en letras tribales y en marcado por rosas rojas: “Material girl”. Viviría en su casa por primera vez porque antes habitó un extraño.

  39. Iván RIvas 22/07/2018 en 9:12 am - Responder

    La hija pródiga

    La familia sufrió con su partida. Agotaron todos los medios que la pobreza les permitía. Cartulinas, Facebook, radio pública, juntas de vecinos, Santos y rezos pero se fueron acabando en la incertidumbre. Suponer si estaba muerto, extinguía la vida que aún tenían. Cuando la muerte tocaba las puertas de la familia fue la necesidad y el hambre lo que los hizo continuar. Habían perdido la esperanza de ver a su hijo regresar.

    Cinco años más tarde se encontraba en el marco de la puerta. Él llevaba el mismo pantalón pero lo había recortado como un pequeño short apenas debajo de la ingle que dejaba ver sus piernas delgadas y con marcas de algunas contusiones. Su piel cobriza y acartonada brillaba en los pliegues de las arrugas. Las horas bajo el brillo del sol habían marcado su piel. Su rostro cambiado, la nariz rota y los pómulos hinchados, los labios pintados y sin firmeza parecía que colgaban. Era un semblante marcado por los hombres antes que por la soledad. Debajo de la coraza de cicatrices, sus ojos, con un brillo femenino, se adornaban de esperanza y paz.

    Dio el primer paso al interior de la casa. No hizo falta saludar porque nadie hubiera respondido. Cruzó el patio con caminar apretado y piernas firmes, uno frente a otro como en pasarela. Cuando dejó a la familia atrás, la curva de su espalda mostró el tatuaje en letras tribales y en marcado por rosas rojas: “Material girl”. Viviría en su casa por primera vez porque antes habitó un extraño.

  40. Patricia 22/07/2018 en 9:54 pm - Responder

    Concurso 136. No sabía como empezar y empezó como se empieza. No había nada detrás de esa foto que se acercase siquiera al desasosiego que ella tragaba en seco al sentir esas miradas dejándola en cueros. Como entonces.
    Miradas escudriñando su cuerpo de hembra, e diosa mulata en la diafana tarde parda.
    La foto que otros vieron para inspirar su relato, era para ella, calvario de miradas perversas e inquisidoras desvistiendo ese erotismo que manaba de todo su cuerpo, desde los pies, hasta las largas y retorcidas trencillas que alborotaban su pelo negro. Caminó resuelta. Intentando no bajar la mirada.
    Si. Habían llegado todos los del pueblo hasta la sala del aeropuerto solo para verla bajar. Y bajó. Con sus caderas impredecibles. Ese meneo que la haría ser la mulata más bella de ese páramo.
    Aeropuerto -salida 136- y una verdad callada: Medusa ha vuelto.
    Un silencio negro se hizo entre las gentes, justo ciando empecé a escribir este cuento.

  41. Sonia Kerber 23/07/2018 en 9:36 pm - Responder

    LA SIRINGA
    Por primera vez en años, mi abuelo despegó su mirada perdida del televisor, era tal la algarabía que venía de la habitación contigua, que podría parecer que eso había llamado su atención y rompía el cable invisible que durante años había convertido a mi abuelo en un binomio con la televisión. Su mirada despidió un asombroso brillo, se daba cuenta por primera vez en mucho tiempo que existe una realidad alterna a: las noticias, telenovelas, concursos, comerciales, etc., que llenaban sus días desde aquel en el que, su amada Lolita había partido en busca de nuevos horizontes, ya no lo colmaba de besos pegajosos y de risas. Pero hoy en medio del barullo escuchó un sonido inconfundible que lo despertó como campanada en una pelea de box. Se puso de pie y con paso firme se dirigió a la cocina, sacó un cuchillo del cajón, se dirigió a la puerta, se abrió paso entre los asistentes a la reunión familiar, violentamente salió a la calle y a voz en cuello llamó al “afilador”, que en ese momento volvía a hacer sonar su siringa (flauta de pan).

  42. Patricia Gutierrez Paz 24/07/2018 en 12:00 am - Responder

    #concurso136. (versión tuit)
    Todo el pueblo se largó al aeropuerto sólo para verla bajar. Y bajó. Las trencillas que alborotaban su pelo se retorcieron nerviosas.
    Caminó estoica. Dueña de caderas impredecibles.
    Aeropuerto. Salida 136.
    “Medusa ha vuelto”, tuiteé, y concluí el relato.

  43. David Guerrero 25/07/2018 en 11:14 am - Responder

    El asesinato fue dos días antes. Nadie supo pero ese día estuvimos bebiendo pulque en Iztacalco y hasta dimos con el mejor lugar para comprar mierda. Digo, no sabíamos de otro lugar donde vendieran piedras de 15 pesos. La bronca fue que el Flaco siempre prefirió la mota, además, le gustaba pegarle a los autos. Yo digo que la muerte era de él porque ni los ojos de piedrero le brillaron. El pinche pedo fue que el dealer nos sacó fierro y tuvimos que correr, de cagada el Flaco consiguió un Platina y nos montamos. Y ya veníamos pero le pegamos a una taquería. Digo, por lo menos, el Flaco se fue con la panza llena. Yo vomité al verlo desangrarse. Su esposa me preguntó si no lo vi ese día. Ahora la gente se va al panteón de Iztapalapa. Yo me quedo. La policía y los contras me buscan. Pinche Flaco siempre se quejó que no lo querían y este chicharon en salsa verde y los frijoles están buenísimo. Confieso, qué bueno que así fue Flaco. Si te hubieras enterado de que tu vieja y yo… putamadre, entonces, hoy tus huesos serían los míos. Te la cuido camarada. Suerte.

  44. Luis Casas 25/07/2018 en 12:52 pm - Responder

    El silencio fue mordido por un sonido seco. Los zanates canturreaban un son de dolor; afuera la calumnia se extendía. Fue pronto, la consternación se aferró a todos. Sin querer más, todos se abalanzaron a la puerta. Oscuridad, soledad, guerra y final, se vieron reflejadas en las pupilas de las almas ahí presentes. Se encontraron en el principio, se vieron al final.

  45. Pau 25/07/2018 en 2:30 pm - Responder

    Volver a la escena del crimen no es nunca una buena idea, sobre todo si no se tiene la certeza de que todo ha terminado realmente o eres el asesino.
    Pero yo, ajeno a la realidad y dispuesto a comprobarlo con mis propios ojos decidí acercarme hasta allí. No esperaba encontrar a mi familia llorando por mí, hacía tiempo que había perdido la esperanza de recuperarla por motivos bastante desagradables y que me duelen recordar.
    Tampoco a los pocos amigos que había hecho durante mi corta vida, mucho más preocupados siempre por que les pagara la siguiente ronda de cerveza que por consolarme y aguantar mis constantes desgracias.
    Lo que más me dolió es que durante mi velatorio no dejaran de estar pendientes del Mundial de Fútbol y de mirar la televisión.

  46. jimiescu 26/07/2018 en 12:39 pm - Responder

    Todos se dieron cuenta en el cumpleaños de Juliancito, pero nadie tenía idea de la magnitud. Había primos, tíos, abuelos, amigos y vecinos. Los celos de Julián eran evidentes cuando su madre se lo pidió a Divo, su hermano menor. No era justo y menos en su cumpleaños. Él sabía que su hermano no era como todos, esa tarde fue la primera vez que pensó en matarlo.
    El pequeño Divo se paró en medio de la casa, su áurea era mágica, dicen los que estaban ahí. Empezó a cantar, su melódica voz calló con rapidez a todas las demás. La concurrencia de aquella modesta casa cayó a los pies de un niño de 8 años. Unos sonreían, otros lloraban, muchos más no podían hacer más que abrir la boca ante semejante virtuosismo. Aquel año de 2018 inició la carrera del artista más grande que jamás haya pisado este mundo. En una casa, en un país de cuyo nombre aquel niño ahora no puede acordarse.

  47. Irina De Alba 26/07/2018 en 8:30 pm - Responder

    Entre libros el cuerpo inerte del cuentista quedó luego de haberse infartado al ver que su rival a su amada se llevó.
    A lo lejos todavía se escucha la grabación de los chachareros: estufas, refrigeradores, lavadoras, microondas o algo de fierro viejo que venda!!!

  48. fanny morell 26/07/2018 en 10:13 pm - Responder

    ¡QUÉ COSAS EXTRAÑAS OCURREN EN LAS FIESTAS!
    Hoy, cumplimos años de casados. ¡Malditos años desperdiciados! Los invitados ya llegaron. Yo de pies a cabeza me encuentro teñida de oscuridad dentro del vestido negro que me regaló; sólo por qué a él le gusta ése color. “Lo que yo siento, hace mucho dejó de importarle”. Tiemblo de ansiedad y apenas logro contraponerme a la fuerza imperiosa que me jala hacía otro lado,…Sé que tengo algo que hacer, algo que resolver… sin embargo, no quiero recordar de qué se trata. ¿Por qué todos a mí alrededor, estáticos y enajenados me miran como si no me conocieran? De la luz del ventanal emergió un hombre sin edad. No sé quién es, no creo conocerlo, sin embargo no me es del todo desconocido. Pasa junto a mí murmurando palabras inconexas. Se detiene, en sus ojos hay compasión. Ahora su mirada me estrecha en un abrazo invisible y cálido, casi reconfortante; y lentamente apenas sin pisar el suelo se aleja, mientras su sonrisa va diluyéndose en la penumbra de la tarde y en el manto de sangre que por mi vestido se expande hasta el piso. ¡Qué cosas extrañas ocurren en las fiestas!

  49. Alfonso Anaya 27/07/2018 en 9:15 pm - Responder

    — Asómate a ver quien se partió la madre, — dijo el abuelo con un tono sereno y tranquilo — sin hacer pancho que tus tías se ponen como locas.

    Dicho y hecho. Antes de que pudiera salir, mis tías ya estaban todas afuera gritando y diciendo incoherencias.

    — ¡Ya se mató!
    — Pues como no, entró a la casa con todo y moto.
    — Háblale a una ambulancia.
    — Háblale tú.
    — A ver mensas, primero revisen si está vivo o muerto.
    — Revisa tú yo por qué.

    Mi tío Antonio intentaba calmar a todas, pero era inútil, nadie lo escuchaba. El motociclista seguía ahí tirado, cerca de la cisterna, sin que nadie se moviera, y el abuelo en la sala, sin quitar los ojos de la televisión, movía la cabeza de un lado a otro, repitiendo: bola de inútiles.

  50. alfonso anaya 27/07/2018 en 9:31 pm - Responder

    — Asómate a ver quién se dio en la madre, — dijo el abuelo sin dejar de ver la televisión — sin hacer muchos panchos, que tus tías se ponen como locas.

    Dicho y hecho. Antes de que pudiera salir al patio, ya estaban mis tías gritando y diciendo incoherencias:

    — ¡Ya se mató!
    — Pues como no, entró con todo y moto.
    — El zaguán ya estaba viejo de todos modos.
    — Pues sí, pero mientras…
    — Hay que llamar a una ambulancia.
    — Primero revisa si está vivo o muerto
    — Mensa, revisa tú…

    El tío Antonio intentaba calmarlas, pero era inútil, simplemente nadie escuchaba, y nadie se movía de su lugar. Mientras tanto, el abuelo negaba con la cabeza, diciendo su frase típica: montón de inútiles.

  51. Plácido Romero 28/07/2018 en 2:20 am - Responder

    ASÍ FUE CÓMO EMPEZÓ TODO
    –Miren lo que hay en el cielo –dijo alguien.
    Todos salieron al balcón y se quedaron contemplándolo.
    –¡Eh! No se olviden de mí. ¡Que alguien me ayude! –grité.
    Pero estaban tan distraídos que nadie me hizo caso. No paraban de hablar excitados:
    –¡Qué maravilla! ¡Extraordinario! ¡Han llegado!
    –¿Qué pasa? ¿Qué es? –pregunté.
    Pasaron cuatro o cinco minutos, no más. Pensé que lo que quiera que fuese lo vería mejor en la calle. Me costó llevar la silla de ruedas hasta la puerta del ascensor; generalmente alguien me ayudaba. Estaba esperando que llegara cuando aquello sucedió. Sólo escuché un ligero estallido.
    –¡Vaya! Se ha ido la luz –dije.
    Saqué el móvil para iluminarme con la pantalla, pero no funcionaba. Chocando con todo, conseguí regresar al piso. Advertí entonces el fuerte olor a yodo.
    –Chicos, ¿qué ha pasado? –pregunté.
    Nadie respondió. Allí no había nadie. Y no volví a ver a nadie hasta que, tres semanas después, os encontré a vosotros. ¿Sabéis qué ocurrió?

  52. Javier Cuesta 28/07/2018 en 3:04 am - Responder

    Tome esta fotografía ayer mientras desayunaba. Tiene un problema. Vivo solo.

  53. Aquiles Narro 28/07/2018 en 10:47 pm - Responder

    Allanamiento

    Siguió con calma a uno de ellos y eso lo llevó a donde ya suponía que se reunirían. Estuvo escondido esperando a que llegaran todos y entonces tiró la puerta de ese departamento e irrumpió armado con una ametralladora. Casi todos estaban alrededor de una caja. Solamente la más vieja de la especie se encontraba aparte. Les gritó que se tiraran al piso y comenzó a disparar. El escándalo alteró a un vecino quien llamó a la policía y avisó que sabía que en el departamento contiguo los vecinos velaban a alguien pero que se escuchaban disparos. Los guardianes de la ley no tardaron en llegar y someter al hombre con ametralladora. Había liquidado a todos. Les costó mucho trabajo inmovilizarlo. Tuvieron que dormirlo en la patrulla pues iba diciendo puras incoherencias: “Que venían de otro planeta”, “que querían dominar este mundo”, “que ahí se encontraba el nido”, “que por eso las altas temperaturas del planeta para que esa especie sobreviviera y nosotros no”. La patrulla, siguiendo instrucciones de la central de policía se dirigió a un psiquiátrico para que analizaran a ese loco y mientras tanto dentro del departamento unos tentáculos abrieron lo que parecía un féretro y de ese recipiente emergió la reina madre quien de inmediato aisló la entrada al departamento con su tela y se dispuso a procrear un nuevo ejército de clones para sustituir al que acababan de diezmarle.

  54. Norma Hortensia Grillo 29/07/2018 en 6:40 pm - Responder

    En el lujoso salón de pisos de mármol blanco se destacan una gran cruz de madera lustrada y velones artificiales con luces de neón soportados por candelabros de bronce. El intenso aroma de las flores hace insoportable el aire. Varias personas ocupan el lugar, no hablan sólo se intuye desconfianza y recelo, ni siquiera se acercan a mirarlo. Ese viejo solitario y avaro se pagó su propio sepelio sabiendo de antemano que nadie lo haría.
    Ellos fueron por las dudas aparezca alguien y hable de la herencia y también para aparentar que les preocupa lo ocurrido.Nadie observó la sonrisa sarcástica en el rostro inerte, el último de sus gestos.
    Allí en un rincón ella pasa desapercibida, aburrida de esta velada carente de sentimientos profundos, se levanta de la silla y se va. Debe seguir su recorrido.
    En el otro extremo de la ciudad, en la zona pobre y alejada, está esperando una joven postrada en su camastro. Sonríe malévola y feroz, encontrará por fin lágrimas, lamentos y rezos.
    Y así seguirá su rutina hasta el final de los tiempos.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.