Concurso #125

Las Historias convoca a su concurso #125 de minificción o microrrelato. Los interesados pueden comenzar observando esta imagen:

Instrucciones:

1) Suponer que esta imagen representa un instante de una historia.

2) Imaginar cuál es esa historia: qué está pasando allí, por qué, quiénes están presentes, qué hacen. No se trata de explicar la imagen, ni de escribirle un pie de foto, sino de tomarla como punto de partida para imaginar una historia propia.

3) Escribir la historia, en forma de cuento brevísimo (minificción, microrrelato; el nombre es lo de menos), en los comentarios de esta misma nota.

El o los textos ganadores recibirán un trofeo virtual y serán seleccionados considerando la opinión de quienes decidan opinar.

La fecha límite para participar es el 27 de febrero de 2017. La invitación queda abierta.

Publicado por

Alberto Chimal

Escritor/Writer

31 comentarios sobre “Concurso #125”

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  2. Realidades

    P.- ¿Ves ese punto?
    G.- Sí… ¿ahí fue?
    P.- Sí, yo los vi… como a eso de las 3 pm de ayer, bajaron dos camionetas con los vidrios polarizados, y 4 encapuchados se bajaron primero, luego otro bajó a Manuel…
    G.- ¿Cómo le hiciste para que no te vieran?
    P.- Cuando vi que traían armas, me escondí detrás de los arbustos… lo mas lejos que pude arrastrándome…
    G.- ¿Cómo supiste que era Manuel?
    P.- Al principio no supe, le pusieron una bolsa en la cabeza, pero luego le reconocí la voz cuando empezó a gritar !!por favor!! que le dieran otro día más para juntar el dinero…
    G.- ¿No llamaste a la policía o a tu amigo el federal al que le dicen “el bravo”?
    P.- (Tragando saliva y casi susurrando) Cuando le marqué, vi que… vi que…. contestó uno de los que lo estaban torturando, ps era el bravo…

  3. Después de haber tocado suelo en el desierto de Israel y caminar por horas bajo un calor avasallante mis pies no podían seguir. Mi respiración se tornaba pesada y limitada, ganas sobraban para arrancarme ese uniforme grueso y pesado, pero quedarme sin camuflaje daría pie a los rebeldes de encontrarme, tenía que seguir.

    Mi corazón no podía más, profundos latidos me avisaban del fin de mi camino, mis rodillas se enterraron en aquella duna y el cielo azul dejó de ser esperanzador, lentamente veía como se tornaba oscuro, justo cuando mis labios probaron el amargo sabor de la arena alcancé a divisar… mi alma se despegaba de mi.

    Solo escuchaba golpes, golpes de baja frecuencia, eco de un corazón tratando de vivir en un asolado lugar. Pero a cada golpe se hacía mas fuerte y agudo, un zumbido fuerte en mis oídos logró que mis ojos reaccionaran, me era familiar, mas no venía del mas allá. Mi vista se encontró con el, era el radar, oculto bajo la coraza abierta de mi reloj, era el sonido que indicaba que había llegado, el punto indicado se encontraba a unos pasos, detrás de la montaña.

  4. Pesadilla

    -Allí, en ese punto, es donde se levantara el muro. ¿Lo alcanzas a ver? ¡Será un muro fuerte, grande e indestructible, como este país!
    -Y,¿Como lograras eso?
    -Facil, los cimientos y columnas, llevaran las almas de todos aquellos que se atrevan a desafiarme…el rostro del hombre, acompañado de una sonrisa siniestra…me dio terror.En ese momento, ¡¡¡¡Ring!!! Sonó el despertador; ¡Uf! ¡Que susto dios mío! Solo se trató de una pesadilla. Después de un suspiro de alivio, me calzo unas botas de trabajo, una camisa de algodón de manga larga para protegerme del calor y pantalón de mezclilla. Son las cinco de la mañana, y es hora de unirme a la cuadrlla para ir a los campos de cultivo, antes de que llegue la “migra”

  5. En el horizonte

    Allá, ¿lo ves?, es un espectáculo maravilloso -lo decía mientras posaba la mirada fijamente sobe el horizonte-, sólo ocurre una vez en la vida. Bueno está es mi segunda vez, pero no importa; la primera vez que vine fue con mi padre, lo recuerdo muy bien; era un poco diferente, no estaba eso de ahí, ni eso, ni tampoco el camino por donde llegamos, pero estoy seguro que es aquí; así como te traigo a ti, a mí me trajo mi padre, que tiempos aquellos, ¿ves? Y seguía hablando y señalando a lo lejos, yo sólo le decía que sí. Estaba más entretenido viendo mi celular, que escuchando lo que el viejo decía. Mira, gritó de pronto, pero en ese momento un mensaje asaltó la pantalla del chico. En lo más profundo del azul celeste una enorme masa de tierra y piedras se movía, no duró mucho, sólo un instante, para desaparecer en la inmovilidad del paisaje. ¿Viste? ¿Qué? Al gigante, fue fenomenal. ¿En dónde?, no veo nada. Allá, sólo dejó esa aureola. Es sólo un arcoiris blanco. Y encendieron de nuevo el motor y se pusieron en marcha, se alejaron, los dos llevaban una sonrisa en el rostro, aunque fue por razones distintas.

  6. Diana: entre los archivos de la oficina encontré esta imagen (te la envío como archivo anexo). Analízala porque me gustaría saber que hay detrás de ese montón de tierra. Se ve que pueden pasar cientos de especies animales y quizá, nos podríamos perder de noche si el desierto así quisiera, entre la fauna que parece bastante.

    Nos arrebatan nuestros deseos, les da roncha la solemnidad de nuestras creencias, pelean contra la necesidad de nuestra sobrevivencia y ahora resulta que hasta un pinche muro quieren construir. Pero no importa ¿verdad? de todas formas los peregrinos de lo instantáneo un día se esfuman y solo queda el inmutable y permanente sentido de nuestra existencia. Por eso somos una plaga.

    Por que eso sí, los jodidos en eso de reproducirnos y aferrarnos somos expertos. Nunca te lo dije por respeto a tus creencias, pero como esta la cosa, ahora me la juego de sincera: una de las bromas del poder, radica en que los judíos (siendo cierta la historia que cuentan sobre su explotación, esckavitud y exterminio) saben que si los jodidos agarramos fuerza, podemos gobernar el mundo, como ellos aprendieron a hacerlo. Por eso desde que tenemos noción material de la historia, tu y yo, de donde venimos, sabemos que ellos mandan y todos los demás obedecemos. Pero deja que un día ya no creamos en pendejadas como la de matrix de que no hay opciones ni que no somos libres ni que estamos destinados a claudicar frente a cualquier oportunidad de anarquía, y verás como nos los chingamos.

    Responde pronto que me urge el input. Con amor,

    Paula.

  7. 10- No es posible alargarlo más. Bueno, si es posible, pero no le veo sentido.
    20- ¿A qué te refieres?
    10- Lo siento, a mí me afecta de la misma manera que a ustedes, pero prefiero saberlo a vivir en una mentira; si es que esto es vida.
    20- Habla ya, ¿Qué tienes que decir?
    10- Uno de nosotros vive, los demás somos creados por aquel, por el que es real.

    Silencio.

    20- Déjenme solo, no quiero verlos.
    10- Tu actitud no cambia las cosas. Enfréntalo. ¿Quién eras antes de comenzar a hablar?
    20- ¿Tú te sientes muy bien con esto? Entonces, hagamos una fiesta.
    30- Una fiesta de despedida.
    40- Por favor. Piensa, piensen, además no sabemos si es cierto. Que lo compruebe.
    10- Sabes que no hace falta, lo sabes.
    20- ¿Cómo sabes que yo no soy el autor?
    10- Eso solo puedes saberlo tú. Lo sabe cada quien.
    40- ¿Lo sabremos? ¿Cómo?
    20- ¿Lo sabrá aquel de nosotros? ¿Lo sabrá el demiurgo?
    40- Pues claro que sí, él es el hacedor.
    10- Lo dudo.
    40- ¿Dudas?
    10- Dudo de todo, pero sobre todo, dudo de él, dudo que sepa cómo va a continuar, si acaso todo esto es verdad.
    20- Como lo dicho: Pienso, luego existo. Yo tengo conciencia de mi ser y de mi fuerza, tengo más intensidad que todos ustedes, que él mismo. ¿Puede alguien crear a un ser más poderoso que sí mismo? Voy a cerrar los ojos para que desaparezcan.
    10- Ciérralos, vamos. Te estás descartando. Que fútil.
    20- Entonces, ¿Eres tú? Si eres tú, Acaba de una vez.
    10- El que sea, aunque alguno de nosotros sea él, nada nos pasará, las imágenes están en la mente; en su mente, incluso en la nuestra.
    20- Acabemos con él.
    30- ¿Quieres acabar con todos? ¿Y después? Que añoranza: Debut y despedida. Personajes en gestación abortados.
    20- Creador, quien seas. Elimínalo, no merece estar aquí.
    10- Imposible, ya está imaginado. .
    40- ¿Quién se acuerda de su pasado? ¿Quién tiene recuerdos más lejanos?

    Silencio.

    30- Yo no quiero pensar en eso, no quiero saberlo.
    20- Piérdete.
    30- Ni con toda tu vehemencia me podrás suprimir.
    20- Haz lo que quieras.
    30- Estoy agradecido por haber sido imaginado. Invocaré justicia.
    10- ¿Saben? La unión hace la fuerza.

    Expectativa.

    10- Tomemos la plaza.
    40- ¿Cómo?, ¿ya fueron creados los escenarios?, ¿qué plaza?
    30- ¿Qué tal una mina abierta de tepetate?
    10- Construyamos los diálogos; hagamos la historia. Quiero ser, quiero seguir.
    30- Entiendo, quieres ir más allá. ¿Quieres salir de este ámbito?, pero, ¿cómo?
    40- Oigan, ¿somos seres oníricos, o creados por la voluntad?
    10- Es obvio, somos resultado de un acto volitivo. Este parlamento está construido sobre consecuencias inmediatas, lógicas. Esta respuesta es un axioma. Un sueño tendría menos detalles.
    40- Somos una historia. Seguramente ya estamos plasmados, esto nos da una oportunidad.
    30- Los sigo.
    50- Yo también.
    20- ¡No! Me siento limitado, encerrado.
    40- ¿Por qué? La mente es infinita.
    30- Cada cabeza es un mundo.
    40- Ya estás despertando. ¿Y qué propones?
    30- No propongo un cambio, mejor crecemos. ¿Por qué un solo autor? Podemos abarcar dos universos, tal vez más. Ir y regresar, cuantas veces se requiera; perseguir mundos diferentes, sin mirar atrás.
    40- Míralo.
    10- ¿Un salto interplanetario?, es decir ¿intercreativo? No solo aseguraremos nuestra supervivencia.; trascenderemos. Un hiperdiálogo, una trama multicreativa, otros autores. Nada mal.
    40- Pasaremos de mano en mano.
    20- ¿Cómo?, ¿telepatía?
    40- Navegando por el blog. No creo que sea tan mezquino como para no pulsar la tecla.
    10- Pues, venga.

    Silencio.

    40- ¿Ha pasado algo?, ¿sintieron algo particular?
    10- mmm. Nada.
    30- Nop.
    50- Nones.
    40- ¿Dije sentir? ¿Ya podremos sentir? Esto va tomando forma, me está gustando.
    10- Hay que esperar.
    40- ¿Esperar? ¿En qué momento se introdujo esa dimensión?
    10- ¿Te refieres al tiempo? Está implícito.
    40- Claro que no.
    10- La conversación lleva un orden, una secuencia en el tiempo.
    40- Para el que quiera llevar el orden.
    10- El tiempo es relativo. El tiempo “real”, el de los hados, ese tiempo es inexorable. Nuestro tiempo, nuestros tiempos, esos serán diferentes. Cada expansión, y cada recreación, tendrán una duración caprichosa que irán describiendo órbitas en el flujo del tiempo real y sus brazos. Será una multipresencia. Nosotros vamos a sufrir alteraciones, repeticiones, interpretaciones, cambios de ritmo, incluso cambios de rumbo; vamos a ser releídos, tal vez seamos hasta comentados.
    20- Cual si fuéramos parte de un discreteo. Esto es una pesadilla. Me resisto, prefiero avanzar, sin detenerme, sin regresar, sin repetir.
    40- Te podrían meter al congelador.

    Silencio.

    30- No nos han enviado.

    Silencio.

    30- ¿Cómo será?
    40- ¿Cómo será qué?
    30- Convertirnos en ceros y unos, viajar por cables y espectros de ondas. ¿Cuándo lleguemos al otro nodo seremos los mismos?
    40- Supongo que sí. Espera, vas a ser como arcilla, el otro artesano te va a seguir moldeando.
    30- ¿Arcilla? ¿Vamos a formar parte del mundo material?
    10- Es una alegoría. Te van a enriquecer nuevos acontecimientos y nuevos conceptos. Lo sabrás cuando el otro empiece a trabajar.
    30- ¿Quién de nosotros es aquel? ¿Quién es el autor?
    20- ¿Otra vez?
    10- ¿Es uno de nosotros? Tendrá que salir cuando seamos enviados. Lo sacamos nosotros, si se sigue nuestra propuesta. Punto a nuestro favor.
    40- Explícate.
    10- Él no puede viajar con nosotros y mucho menos quedar a merced del otro creativo, o transmutarse en el siguiente.
    50- ¿Notan cambios en la esencia de alguno de nosotros?
    20- Seguramente no se había inclinado por alguien.
    10- O no lo había querido mostrar.
    20- Estamos más vivos que él, no se notó su ausencia. Ya no tenemos infiltrados.
    40- ¿Saben? Esto se está moviendo, somos un organismo vigente, estamos haciendo cambios.
    20- Me enferma, no tenemos privacidad, algo de intimidad. No podemos hacer nada a sus espaldas, no hay secretos.
    10- No hay necesidad, podemos llevar a cabo lo que queramos con su consenso, como cualquier ente público. Esta exhibición es nuestra razón de ser.
    40 ¿Secretos? Claro que puede haber, incluso un secreto puede ser el hilo conductor de nuestra historia. Puede que se aclare, puede que no. Puede que lo sepa alguno de nosotros, puede que lo sepa el lector antes que nosotros. Puede que no lo sepan siquiera los autores.
    10- Dejen eso. Fluyan. ¿Qué les gustaría ser? ¿En qué ambiente? ¿Bajo qué circunstancias?
    30- Me gustaría que me lo dijera el otro artífice.
    20- Difiero. A mí me van a tener que asumir; no se puede ignorar mi brío, mi potencial.
    40- Eres simple.
    30- Pura impulsividad.
    40- Primitivismo.
    10- Vas a ser el más fácil de conducir.
    40- A lo que parece, nuestras personalidades ya estás más o menos definidas.
    30- Me siento débil.
    10- Estamos entrando en un hipersueño.
    40- Están por enviarnos. Que el siguiente escritor comience a definir este nubarrón.
    10- A ver qué pasa…

  8. Soy quien mira hacia fuera de la puerta
    Soy el movimiento que me hace cruzar ese mirar
    Todo parece tan nuevo , tan opuesto
    Tan florecido, lleno de ese mirar .

  9. De vuelta al paraíso

    Los niños huérfanos, secos de lágrimas, pedían agua, pero no había. Los adultos estaban sedientos, pero no se atrevían ni siquiera a preguntar. Ya no sentían hambre. El organismo, como una máquina defectuosa, les hacía rechazar cualquier comida que injiriesen si antes no saciaban la sed. Los hombres, mujeres y niños, unos cuarenta desarrapados, apenas podían estar de pié. Tomaron finalmente un descanso.

    De seguir así, en pocos días estarían todos muertos.

    Se sentaron como pudieron, incómodos, achicharrados por un sol quemante, entre las rocas filosas y la aridez del suelo de esas montañas sinuosas. No había sombra que los refugiara. Ningún árbol al cual poder arrimarse.

    Algunos –los más débiles- ya no se pararían jamás, y su cuerpo se quedaría allí, momificándose por el calor y la sal de la tierra.

    Las más ancianas, lloraban su infortunio.
    –Y nosotras –se lamentaban—que perdimos nuestras casas, nuestra comodidad. Quien iba a pensar que iba a ver una guerra nuclear… ¿Cómo se les ocurrió a los gringos elegir a ese presidente?
    Días antes, Estados Unidos había lanzado un ataque nuclear a Irán, lo que provocó la reacción rusa, aliado natural de éste último. La guerra nuclear provocó una hecatombe mundial.

    Un médico examinaba a los enfermos uno por uno. Alcanzó a arrancar con su delantal blanco y el estetoscopio. Reflexionaba que apenas pudiera, iba a construir otra clínica, más grande que la destruida. Que así iba a ganar mucho dinero. Debe de haber más sobrevivientes, reflexionaba, todos llegarán a atenderse en mi clínica.

    Arrodillado, como un coyote a punto de lanzarse tras su presa, un hombre de unos cuarenta años, todavía vestido con los restos de un traje de buena calidad, se aferraba todavía a su corbata que mantenía como un fetiche en uno de los bolsillos. Le había traído buena suerte hasta entonces, se decía. Recordaba que el soborno más cuantioso lo había recibido mientras la usaba. Además, como si no fuera poca cosa, había sobrevivido a la bomba atómica cuando la tenía puesta. Se la habían regalado el día que salió electo al parlamento.

    El que hacía las veces de guía, un hombre joven que había estudiado turismo, se levantó de la piedra en que estaba sentado y, alargando su brazo derecho y apuntando con su dedo índice al norte les dijo:
    –¡Ánimo! Falta poco. La laguna donde sentaremos el campamento está detrás de esas montañas. El agua no está contaminada y hay un pequeño valle en que podremos cultivar y recoger frutas. Será nuestro edén.

    Un abogado mayor y regordete, todavía vestido como si fuese a ir a tribunales, y que siempre se intentaba arrimar a los que ostentaban algún tipo de poder, secundó lo que dijo el guía y los instó a levantarse y proseguir el camino. No aportó nada nuevo al discurso, no obstante, muchos encontraron sus palabras muy sabias.

    La columna siguió su camino bordeando los cerros, pareciéndose a una serpiente herida en busca de cobijo. Los hombres, mujeres y niños que la integraban, caminaban paso a paso hacia el paraíso, casi sin fuerzas, adoloridos. Pero confiados, esperanzados, en refundar la humanidad.

  10. Cobardía
    Este paisaje es eterno: cuando sorteas la hiler de montañas, una nueva se presenta ante tus ojos…y otra, y otra más.
    La cordillera de excusas cuando huyes de un problema.

  11. Te soñé, con los pelos en el brazo que tanto extrañe cuando al fin nos encontramos. Quería encontrar la selva libre bajo tu pantalón, perderme. Mi olor te sorprendió, tus palabras me encendieron. Llegamos, pero nos perdimos en el desierto de la realidad, la fantasia sin pelos y con olores. Ahora vuelvo a la realidad, ahora te sueño.

  12. –Allá se asoma la montaña de escombros que ha cubierto mi ciudad natal –dijo el hombre a su hija con cierta nostalgia, señalando para reafirmar el recuerdo del lugar exacto, como una coordenada–. La Ciudad de Tulpa.
    Ella miró el brazo de su padre y luego el lugar exacto.
    –¿Se llama como yo?
    –Así es.
    Miraban la montaña hipnotizados, como si temieran que fuera a desaparecer o a cambiar de lugar y entonces dejara de existir por completo. Ella se cubría los ojos con la mano derecha como en un saludo torpe de los soldados de antaño.
    –¿Y qué es ese resplandor que sale de él?
    –Es un reflejo del campo sintérgico que se creó después del enterramiento. Fue lo único que los Zurdos no pudieron tapar. Trataron de borrar nuestro conocimiento, la ciudad entera era una biblioteca y un lugar de meditación de toda clase de koans.
    Tulpa entendía desde pequeña –con la educación que le daban en casa– que los Zurdos eran una raza de personas que buscaban vivir a través de la ignorancia, su lema: Realiza tu voluntad. Veían toda clase de conocimiento como una amenaza en contra de su felicidad y existencia, pero contradictoriamente se dedicaban a robar la tecnología de las ciudades que les rodeaban para su beneficio.
    El padre de Tulpa le había dicho que era peligroso acercarse a la ciudad enterrada por la radiación del campo sintérgico que se había formado con el deceso de varios de miles de conciencias de vibración muy elevada –por eso siempre que visitaba el lugar se detenía en ese punto a la orilla de la carretera–, que había que esperar décadas antes de poder cruzar porque se corría el riesgo de ser desintegrado y absorbido por la Energía Universal, que en realidad no había nada de malo, pero, desde que tenía uso de razón le habían metido en la cabeza que ella sería quien los salvara…
    ¿A quienes? ¿De qué? Se preguntaba la joven Tulpa.
    –¿Por qué no fuimos nosotros quienes… –se detuvo, dudando si lo que diría a continuación era pertinente decírselo a su padre– los… eliminamos primero?
    –No, Tulpa –su voz se escuchó con tono severo.
    Ella le miró temerosa pero en realidad no pudo verle porque el sol encandiló sus ojos. No se perdía de nada, su padre seguía absorto en la montaña de escombros.
    –Nosotros creemos en el equilibrio. La ignorancia es parte de este juego –reflexionaba si en realidad creía en esto o sólo se lo habían planteado toda su vida como una verdad absoluta, en forma de letanía–. «Si los otros no hubiesen sido necios, nosotros lo seríamos».
    –Blake, ¿no?
    –Así es.
    Entonces Tulpa hizo consciente lo que había hecho su padre. Jamás lo había visto o lo había notado hasta ahora. Tal vez su papá había hecho todo lo posible por ocultarlo durante tantos años. Prácticamente toda su vida, una cualidad con la que se nace y no se puede negar.
    –¿Papá?
    –¿Sí, Tulpa?
    Guardó silencio. ¿Sería el momento para decirlo? ¿Sería acaso el motivo por el que su papá la había traído hasta las orillas de la Ciudad de Tulpa? Creyó entonces que no se había equivocado.
    –¿Eres zurdo?
    Ser zurdo era en esas tierras, de manera obvia, ser Zurdo. Una característica que identificaba a cualquiera que quería negar su origen.
    Su padre sonrió y se agachó un poco para besarle la frente.
    Empezó a caminar hacia la Ciudad sin dar explicaciones a su pregunta.
    –Ahora que eres mayor no me necesitas. Eres consciente de lo que se debe sigue. Yo no pude haberlo hecho.
    –¡Papá, no te vayas!
    –Por favor, Tulpa, sálvalos. ¡Sálvanos!
    Ella se quedó ahí, a la orilla de la carretera, viendo como su padre tomaba el antiguo camino a la Ciudad de Tulpa, hacia el resplandor, mientras levantaba polvo en cada paso que daba. Llegó un punto en que Tulpa no pudo distinguir entre el polvo o las partículas del cuerpo de su padre al desintegrarse.

  13. RUMIANTE

    —Allá mero señor, ahí fue donde vi al rumiante ese, le digo que era como una cabra, tenía cuernos y se estaba comiendo a otro animal. Se lo juro por estos ojos que se habrán de comer los gusanos. Yo no tendría por qué decirle mentiras, jefe, si le digo que…

    La voz se fue desvaneciendo en la cabeza del reportero. Eso de seguir inventando noticias para distraer a la opinión pública ya no le estaba gustando. Tampoco le encantaba seguir en ese pueblo de 500 habitantes, donde lo habían confinado hacía ya unos quince días.

    —No me cree usté, ¿verdad?

    —Si le soy honesto, me resulta difícil, pero no lo descarto. Mañana regresamos para hablar con la gente que vive por acá, que ahorita ya nos va a caer la noche.

    Se dirigieron al vehículo sin darse cuenta de la mirada que los seguía de cerca. Era una bestia deforme de metro y medio de altura, erguida sobre sus patas traseras y con un animal desangrándose en sus garras, que los miró con sus profundos ojos rojizos.

    Esa noche ninguno de los dos llegó a dormir.

  14. Día de los inocentes

    —No vamos a salir hoy.
    —Pero…
    —Entiende, no me gusta. No me gusta salir en 28 de diciembre.
    —¡Eres un ridículo!
    —Seré lo que sea, pero no quiero salir hoy.

    Discutí con mi familia un poco más, pero no logré convencer a nadie. Salimos de Veracruz al día siguiente —28 de diciembre— con rumbo a Chihuahua. Claro que no llegaríamos a Chihuahua el mismo día; esa es una travesía que ya no estamos dispuestos a aventarnos de un sólo golpe. Alguna vez lo hicimos, cuando salimos con ganas de dejarlo todo atrás. Pero ya no; ese día dormiríamos en Zacatecas.

    Empacamos todo como pudimos —los parientes no lo dejan ir a uno con menos que el equivalente a tres camiones de carga encima— y nos despedimos. Nos despedimos del aire húmedo, de la lluvia de todos los días y del olor a café. Allá nos encontraría el frente frío número no se qué, que como siempre amenazaba con fijar un nuevo número récord de tuberías rotas por congelamiento. Para colmo, yo era quien iba a manejar, muy a mi pesar y entre las burlas hacia mi superstición.

    Nos despertamos más tarde de lo que hubiéramos querido, así que pisé a fondo el acelerador para compensar. Las carreteras ya no eran tan terribles —aunque eso sí, todas de paga y tan caras como si estuvieran cubiertas de iPhones de oro—, así que no me daba miedo avanzar a mayor velocidad. Lo que me daba miedo era la maldita fecha. 28 de diciembre. Vein-tio-cho-de-di-ciem-bre. Hasta sonaba feo.

    Atravesar Veracruz se había vuelto más fácil los últimos años. En una de esas contadas ocasiones en las que el gobierno hace algo bien —seguramente con el fin de enriquecer a alguna rata oportunista— decidió construir una desviación que sortea los pueblitos de la sierra madre oriental y lo saca a uno hasta Huamantla. Supongo que en La Joya y en Las Vigas extrañarían a los visitantes casuales. Yo extrañaría el pay de queso que vendían a la orilla de la carretera, pero no lo suficiente como para no tomar la nueva autopista. A Perote nadie lo extrañaría, de eso sí estaba seguro.

    Después de pasar Huamantla y su abrumador deseo de hacerte saber que es un pueblo mágico a toda costa, tomamos el «Arco Norte». Esa es otra bendición en forma de carretera de cuota: la habilidad de evitar a los poblanos y a los chilangos —no sus ciudades, que son muy bonitas—. De hecho, lo que nos convenció de volver a intentar ese viaje —además de convivir con nuestra adorada familia en un festín de masa frita— fue que todas las ciudades grandes en la ruta tenían libramientos. No teníamos que atravesar casi ninguna ciudad, a excepción de San Luis Potosí.

    Odiamos San Luis Potosí. Desde la primera vez que la atravesamos nos quedó muy claro que esa ciudad no nos quería y que nosotros habríamos de corresponderle el sentimiento. Era molesta, innecesariamente complicada y obligatoriamente presente. Nos perdió, nos mareó, nos revolvió entre sus tripas y nos arrojó fastidiados y cansados cuando se hartó de jugar con nosotros. Ni siquiera es fácil evadirla o navegarla hoy en día, con todo y mapas electrónicos y GPS. San Luis Potosí simplemente no se deja querer.

    Cuando por fin la dejamos atrás y el paisaje se empezó a teñir de la tierra roja de Zacatecas, sentí algo de alivio. Unas horas después llegamos al hotel y no nos tomó mucho tiempo quedarnos dormidos. Estábamos exhaustos y necesitábamos descansar para tomar carretera de nuevo. Despertamos el día siguiente, en casa de mis tíos, en Xalapa, Veracruz. Mi familia estaba confundida y contrariada. Yo, por mi parte, siempre les advertí que no era buena idea viajar el Día de los Inocentes.

  15. Meses después (curados los huesos, cerradas la heridas) se le preguntó donde las había visto; los llevó sin decir nada y girando la cabeza hacia la derecha (los ojos apretados, el rictus seco), levanto sin prisas el brazo izquierdo.

  16. I. Atravesaron el muro durante la madrugada. Alguien se quejaba de haber olvidado el sombrero. Otros hablaban de la inmensidad del desierto, de la tristeza de no haber visto nunca el mar, de la imagen poderosa de los tranvías y los edificios en las grandes ciudades de allá. Todo descrito como una mezcla entre seriedad y ensueño.
    Al mediodía se detuvieron un momento debajo de un árbol: la civilización no estaba lejos, una hora de camino, quizá dos, puedo oler ya los ranchos, la obra, alguien decía mientras tragaba sotol. Otros discutían sobre el recurso de las horas y el clima extremo: Cuando lleguemos el tiempo y la tierra seguirán en los ojos. El más joven, aburrido, dibujaba círculos con el pie, luego con el índice: rostros sin expresión que serán borrados por la tormenta de la noche, casas deshabitadas, figuras tal vez humanas.

    II. Escucharon un ruido de multitudes. Observaron al sujeto encima de una colina que los señalaba con el índice, con firmeza, con esa seguridad de quien ha gritado una maldición. Los hombres sobre ellos murmuraban algo que no entendieron. Se sintieron ofendidos. No dijeron nada. La mirada cada vez más intensa, pero no dijeron nada cuando los hombres gritaban con más fuerza: voces rasposas y bestiales, primitivas.
    De nuevo el índice álgido y estupendo que sobrellevó al silencio de todos. Luego un disparo y otro, otro.
    Empezaron a correr levantando una tolvanera, menos el joven, que siguió dibujando círculos hasta que una sombra de arena se posó sobre sus hombros.

    Antonio Rubio Reyes

  17. Bajaban el cuerpo cuando llegamos y solo nos enteramos de oídas: el juego de las sombras del muerto (el brazo con el dedo índice extendido había sido arrancado y sostenido de manera cruel), combinadas con la sombra del Paso Superior Vehicular, de donde colgaba, mostraban una palabra que se pudo leer, entre las 10 y las 11 de la mañana, del lado oeste de la carretera que lleva al desierto de San Simeón, con toda claridad: CAÍN.
    Caín, era el nombre del ahorcado.

  18. Por Ivon Osorio

    El automóvil se apagó de momento. Intenté encenderlo varias veces

    presionando la llave hacia abajo y hacia arriba, empujando el pedal

    del acelerador y soltándolo suavemente pero nada pasó.

    Mis manos comienzan a sudar ,mi cuerpo tiembla de miedo .

    Me queda media botella de agua y tengo calor.

    Estoy aquí en el Big Sur necesitando a Sal Paradise de todas maneras .

    Había transitado desde New York a San Francisco ,de San Francisco a

    Los Angeles y ahora estoy aquí detenida en medio de la nada .Solo veo tierra

    árida con temor a ser lo único que quede.

    Cuanto necesito de ti ,Dean Moriarty ,de tus mañas de conductor

    vagabundo para que me ayudes a regresar de este viaje que inicié

    queriendo ser todos ustedes ,Beat Generation, a la ciudad de los

    rascacielos y los sueños .!Dios mío!, un último intento y ponme de nuevo

    En el camino.

  19. La tarea de los zopilotes

    Fue entonces cuando desperté. Sediento y asustado, estaba seguro que algo había pasado una noche anterior; sin embargo, no lograba recordar. Estaba en un desierto, de los tantos que existen en el estado de Sonora, allá donde los veranos alcanzan los 45°C, y que es una costumbre estas extremas temperaturas. En un par de ocasiones, el año pasado, la ciudad de Hermosillo alcanzó a ser el punto más caliente del planeta ¡Del planeta!, ¿Cómo lo sé? Tengo familiares allá que nos comparten este tipo de noticias como si fuera un logro o una noticia motivo de presunción. Sabía que era un desierto en Sonora, pero desconocía las razones las cuales me llevaron allí.

    Yo vivo en una población cerca de la Sierra de Juárez en Baja California, donde nuestro alrededor está cubierto de pino-encinos, es una zona que se denomina bosque templado, en muchas ocasiones nos adentrábamos a ese mundo de árboles pintorescos y “gigantes”, siempre acompañado de mi padre, quien me enseñó el uso de los puntos cardinales por si algún día lo atacaba un oso, y yo tenía que salir corriendo (lo decía en forma de chiste, pero ambos sabemos que tenía un poco de verdad); el calor y esa temperatura tan extremista acabaría conmigo en menos de 48 de horas. Estaba en una posición a contra-reloj, cada paso el tiempo se agotaba.

    Fue entonces cuando decidí sentarme debajo de un pequeño mezquite, que cada un poco de sombra, no debía agotar mis fuerzas, tenía un largo recorrido sin destino por hacer, por eso lo más sensato era esperar a que bajara el sol para poderme percatar del poniente y oriente. Por el intenso calor, yo pienso que eran alrededor de las 2:00 PM cuando me detuve a descansar en el mezquite. Probablemente estuve 4 o tal vez 5 horas sentado, revisando que ningún alacrán se montará en mí, porque eso reduciría mi número de horas.

    Al bajar el sol, pude determinar hacía donde tenía que caminar. Era allá, detrás de aquella loma se lograba apreciar un pequeño resplandor, podría llegar allí y pedir un auxilio. Pero el recorrido aún estaba largo y complicado, mientras más noche se hacía, más luz podía ver detrás de la loma, lo cual me hacía esperanzador el recorrido, sin embargo, por la obscuridad, el camino se volvía más peligroso.
    Por un momento me detuve, estaba exhausto, me incliné un poco y puse mis manos sobre mis rodillas, y comenzó a “tomar aire” para retomar el camino. En ese preciso instante sentí una especie de mordida o picada, no puedo diferenciarlo bien, y con mi mano intente golpear a lo que me había ocasionado ese dolor tan recio en mi pierna derecha. Nunca pude observar que animal o ser fue lo que me lastimó, lo único que estaba seguro, es que mi decisión de detenerme no fue la correcta. Fui presa del algún pequeño depredador desértico.

    Seguí caminando y aguantando el dolor, era algo muy intenso, yo sabía que estaba por llegar a mi destino, a pedir auxilio, pero el dolor de mi pierna derecha no cesaba, al contrario, después de un rato se convirtió en dolor de cabeza, como si un alfiler estuviera en constante movimiento hacia mi cráneo, en el mismo lugar, con la misma potencia, cada vez el dolor cabezal era más grande. Mis ojos dejaban de funcionar poco a poco, aún podía ver el destello de aquellas luces, pero el alrededor se volvió completamente negro. Probablemente fue un alacrán.

    Mientras avanzaba, intentaba recordar porque estaba aquí, y cómo fue que llegue. Mi memoria jugaba conmigo, porque no encontrar ningún motivo. Lo peor de todo, es que no podía recordar absolutamente nada.

    Para cuando las luces estaban a mi alcance, me pude dar cuenta que era una reunión, una fiesta, yo ya venía arrastrándome, intentando hablar, pero mi boca no emitía ningún sonido.
    Las personas de la fiesta se dieron cuenta del ente arrastrándose y se acercaron a mí para auxiliarme, pero me llevé una miserable sorpresa. Un varón de edad ya avanzada, se me tomó del brazo para intentar levantarme, en ese momento otro individuo se acercó corriendo y me dio una patada en la boca del estómago. Lo pude apreciar entre sombras y colores obscuros, mi sentido de la vista estaba a punto de acabarse por completo.

    Todos comenzaron a gritar entre ellos, yo no entendía lo que sucedía.

    “Este señor que está arrastrándose, no se merece ninguna piedad ni misericordia. Es el asesino de las niñas del Sr. Gutierrez, es al que golpeamos con tubos hasta dejarlo inconsciente. Lo fuimos a tirar como el perro que es al desierto, pensamos que los zopilotes harían su trabajo, pero parece que sobrevivió, nadie tiene permitido auxiliar a esta persona, ¡nadie!”

    Al escuchar eso, intenté hablar, tal vez fueron tantos los golpes con los tubos que me hicieron perder la memoria. Yo no fui una mala persona, por lo menos, eso me dictaba mi mente, pero al poder oír esas atrocidades, junté lo poco de fuerza que me quedaba en mi cuerpo para poder hablar, recuerdo sentir un escalofriante dolor en mi estómago, tal vez por la falta de comida o agua, o simplemente por el cargo de consciencia que tenía, pero por fin, pude decir una palabra, para dar respuesta a lo que escuché de aquel hombre.

    – “Mátenme”.

    Y así fue, me regresaron al desierto, y en esta ocasión cumplieron su objetivo los zopilotes, y yo, yo estoy pagando las consecuencias de un crimen que desconozco si cometí, pero de haberlo hecho, aquella persona tenía razón, no merecía piedad.

    Por: Gerardo Bringas Ocampo

  20. Nuestras manos en el desierto
    Karla Barajas

    Todavía siento nuestras manos una junto a la otra, náusea y vértigo al ver la mano del Coyote señalándonos cerca de llegar a la última casa de seguridad en Arizona.
    Ansié que la policía migratoria nos deportara a México antes de llegar frente al hombre de pantalón negro, lentes oscuros atrás de la cabeza, él que nos cortó las arrojó al desierto por no pagarle.

  21. CADA QUIEN SU CUENTO
    -Ahora estamos conectados, ya estoy contigo, con ustedes. Mira como señalas con tú brazo el camino que habremos de seguir juntos, tú, yo, y todos los que tenemos el sueño de seguir adelante, no importa ni lo árido, ni lo sinuoso del camino, cualquier obstáculo es nada; me uno al viaje que has iniciado, voy hacia allá y no voy sola, voy con un grupo de locos entusiastas que viven la quimera de una ilusión– Mauricio leía el texto que apareció en la pantalla de su computadora, a primera hora de la mañana, mientras sostenía una taza de café en la mano que acercaba a su boca.
    Intrigado, continuó descifrando el mensaje que a la letra decía:
    -Mauricio, tú eres esa persona que señala un rumbo desconocido en la imagen que has colocado para inspirar la composición de una historia a quienes tenemos el deseo de contar cuentos. Como alquimista ensayas fórmulas internautas para hallar creación literaria.Ofreces la tierra prometida a quienes necesitamos escribir, porque las palabras rebasan nuestros limites físicos. Me siento atraída por la peregrinación que has emprendido.
    ¿Y como podía Margarita no sentirse cautivada? si desde que tuvo uso de razón ha querido expresar las notas que tocan las cuerdas más profundas de su corazón. Como cuando siendo muy pequeña, presintió la muerte de su abuelita, sin verla, sabía que su alma volaba fuera de su cuerpo y en la despedida, de su puño y letra salió un adiós con palabras que rimaban emociones verdaderas, tristes, pero bellas. En ese momento se dio cuenta que tenía una semilla para sentir y para manifestar lo que le conmovía.
    Pero el hecho determinante, en su iniciación al mundo de las letras, lo experimentó cuando tenía seis años. Una tarde soleada de verano, muy clara y transparente, una indígena Huichol hermosa, de nombre Anita, quien trabajaba como empleada doméstica en su casa, la llevó como acompañante hasta uno de los escritorios que se apostaban en los portales de Santo Domingo, ahí, por primera vez, conocería la magia de las letras.
    Anita quería comunicarse con sus padres radicados en San Luis Potosí, por eso le expresó al escribano lo que ella quería decirles a ellos, lo que sentía en lo más profundo de su ser, el escribiente la escuchó con atención, enseguida imprimió con sus dedos las palabras precisas que formaban líneas mecanografiadas y luego el texto que, bañado del amor de una hija, llegarían al corazón de un padre y una madre lejanos por la distancia, pero unidos por el hilo visible de las letras.
    Margarita había observado la escena con la boca más que abierta, al finalizar el acto sublime que se representó entre ellos, Anita giró su cabeza hacia la niña y le dijo: tienes que aprender a escribir para que me ayudes a enviar cartas a mi gente. Ella lo declaró, Margarita tenía que escribir.
    Por eso, muchos años después, cuando se enteró, por medio de la televisión, que Mauricio promovía la creación literaria a través de un concurso por internet, dirigido a quienes tenían historias que contar, narraciones enclavadas en el colectivo imaginario, entonces, sin pensarlo dos veces, se contactó con él.
    Mientras Mauricio daba sorbos a su taza de café, leía el siguiente párrafo que ella escribiera esa mañana para él:
    -¿Cómo se te ocurrió? es una idea generosa porque abre senderos alternativos de expresión, solo seres especiales pueden arrogarse la capacidad de materializar un conducto de tal magnitud para conectarse con autores desconocidos, rompiendo las barreras que los separan de las castas de intelectuales formales. Aprovechas los alcances tecnológicos de ésta nueva era, para incitar la participación de narradores que han permanecido ocultos.
    Mauricio reacciona y contesta enseguida:
    -Favor que me haces Margarita, pero estás amenazando mi sentido de humildad con tanto halago que, aunque se percibe sincero, entorpece mi desarrollo personal. Y no es que sea duro conmigo mismo, pero, para alguien que desea crear, las alabanzas estorban; del corazón, a la mente y a las manos que producen, debe fluir una energía constante, la adulación puede obstruir esa corriente, no puedo darme ese lujo, dicho de otra forma, no quiero dormir en mis laureles. Contéstame, a ti ¿qué te impulsa a escribir?, ¿es acaso el halago?, para ti ¿qué cualidades debe tener un escritor?
    Cuando ella termina de leer las preguntas le responde inmediatamente:
    -Quien escribe debe ser libre, luchar denodadamente para no dejarse vencer por tantos condicionamientos sociales que anulan las emociones propias. Para escribir, antes hay que saber percibir, proteger el derecho a experimentar, cultivar los sentimientos; escribir es un acto de valor que se desarrolla a través de atreverse a vivir.
    Ella intuía que su estilo de expresión era el de un ser libre, no podía ignorar su naturaleza, había vivido con eso y, más aún, le agradaba, porque, sin proponérselo, sin explicárselo, sabía que tenía una relación auténtica con el mundo, de esa manera, sin tapujos, sin escudos, sin restricciones, ella, a través del tiempo, había elegido ser ella misma.
    Por supuesto, en éste momento, ella quería seguir respondiendo las interrogantes que Mauricio le había planteado, sin embargo, se perdió en sus pensamientos. Se acordaba cuanto trabajo le había costado crecer así, sin rejas que la apartaran de la realidad; aprendiendo, sin tener ideas preconcebidas, poniendo en duda, desde siempre, lo que le contaban, porque lo que ella veía que sucedía no encajaba con lo que le decían que ocurría. Había sufrido incursionando en el mundo de la realidad, donde encontró incertidumbres y obscuridades insostenibles, sin embargo, no sin tropiezos, eligió pensar y sentir por sí misma, madurar sobre la tierra sólida que es abonada por la experiencia.
    En su adolescencia abrevó de cuanto libro tuvo a su alcance, que no eran muchos, los que por casualidad existían en su hogar, los de la escuela, las historietas o comics, los pasajes bíblicos. También su padre, lector asiduo de periódico, era el ejemplo que la estimulaba a leer. Así iba adquiriendo información y diferentes conocimientos que eran deslumbrantes, porque la hacían viajar a través del tiempo, de los países, de los pensamientos de tantas y tantas personas, un mundo extraño pero magnífico, sin duda alguna. Era un mundo diferente y mucho más, era un refugio.
    Cuando ella quiso seguir escribiendo en internet para Mauricio, él ya no estaba en línea y pensó:
    -Seguramente se ocupó en alguna otra actividad- El reloj marcaba las doce horas, el día transcurría y el diálogo se había interrumpido, ella, sentada frente a su propia computadora, tenía todavía muchas cosas que decirle, muchas preguntas que hacerle. Quería saber quién es él, qué personalidad tiene, cómo fue su niñez, su adolescencia, bajo qué circunstancias y con qué tipo de familia creció. ¿Porque? Porque Mauricio es un mecenas que promueve nuevos valores en el universo de las letras y por eso tiene curiosidad de conocerlo; desea adivinar porque y cómo él llegó a la conclusión de querer abrir canales de expresión al colectivo imaginario, a un grupo de personas para quienes no es fácil conectarse con otros narradores.
    Abandonando las ideas que revoloteaban en su cabeza, Margarita continuó la comunicación con Mauricio, a través del correo electrónico:
    –Mauricio permíteme decirte que me impresiona la iniciativa del concurso de historias que realizas para impulsar la participación de nuevos valores, quiero participar y te enviaré mi trabajo. Solo quiero preguntarte: ¿Qué te impulsa a buscar contadores de cuentos? ¿Qué te motiva a conocer historias del colectivo imaginario?
    Mientras espera la contestación de Mauricio, ella busca información sobre él en internet, pero los aspectos públicos de su vida privada son escasos, la biografía de Mauricio en medios electrónicos se refiere a su carrera y obra como escritor, Margarita no puede averiguar nada de su vida personal, entonces hecha a volar su imaginación:
    -Debe haber nacido y crecido en el seno de una familia numerosa, padre, madre, varios hermanos y hermanas, seguramente existía una relación frecuente con tías, tíos, primos y primas; algunos favoritos, otros incomprensibles, algunos inabordables. Ante tanta multitud y tan diferentes personalidades, optó por buscar momentos de aislamiento, un poco para evadir la realidad. Por eso, desde niño, se encerró en el mundo de la lectura, tan frecuentemente como todo su tiempo libre se lo permitía; por supuesto tuvo acceso a una biblioteca, quizá la de su padre.
    Ella dejaba que su mente se disparara pensando cómo habría sido la vida de Mauricio, el niño, el joven. Divagaba sobre el camino que el autor pudo haber tomado para llegar a ser una figura universal, se decía así misma:
    -Seguro, desde antes de los 17 años, se sintió atraído para escribir porque tenía, como Juan Rulfo, mucho que contar, traía ya muchas historias en su cabeza, historias que lo habían hecho crecer al trasladarlo por diferentes lugares del planeta, bajo muy diversas circunstancias. A los 17 años, involuntariamente, los cuentos danzaban en su mente, sus manos no podían contener la cascada de palabras que salían efusivas desde su imaginación construida a base de lecturas. Sin embargo, en verdad nunca se creyó los halagos y continuó estudiando, leyendo, hasta crear obras maestras. Efectivamente, solo un carácter que cultiva la humildad puede tener la vena de la imaginación abierta a la creatividad.
    -Quizá- Margarita sigue reflexionando – su estilo literario, fantástico y de ficción, lo impulsó a viajar con su imaginación por lugares que nunca antes sospechó o, tal vez, primero soñó con sitios inverosímiles y por eso encontró la manera de inventar fábulas míticas ¿quién sabe?, pero supongo que debido a su personalidad ingeniosa fue que se convirtió en jurado de un concurso literario realizado íntegramente en internet, y, una vez que había abordado la nave del tiempo aire ya no quiso bajarse, se instaló en redes sociales, pero no a secas, no, internet y redes sociales conectadas a la Universidad Nacional Autónoma de México y al Instituto Nacional de Bellas Artes, ¡que hazaña!
    Había transcurrió un rato largo antes de que Mauricio se volviera a conectar a internet, sin embargo, en la tarde de ese mismo día, daba respuesta a la última pregunta que Margarita le formulara desde mediodía:
    -¡Bienvenida al concurso¡ En relación a la cuestión que me planteas, te puedo decir que el proyecto de las historias me mueve a mí y no soy yo quien impulsa el proyecto, voy explicarte con un ejemplo: eliges una vía y te subes a un vagón que transita la vía seleccionada y todo va sucediendo. Por cierto, el boleto de abordaje es muy caro, pero vale la pena, el costo se paga con dedicación, disciplina, responsabilidad, entrega, amor y pasión; ¿Por qué me subí a éste tren?, bueno, cuando uno es un lector asiduo, cuando uno ha leído cuanto libro se cruza en el camino, más se quiere leer, nunca se está satisfecho, siempre es preciso conocer más relatos, y cada vida es una testimonio lleno de anécdotas, entonces, la manera de tener más se logra al escuchar o al leer lo que otros tienen que contar, por eso abro mi investigación al universo de posibilidades que se encuentra en todos los que, interesados en escribir historias, se conectan vía internet; por supuesto, la probabilidad de encontrar nuevos y valiosos contenidos se abre exponencialmente. A veces, las historias del colectivo imaginario, como las llamas, han resultado sumamente bellas e interesantes, han llenado mis ojos, mi alma-
    Cuando éste mensaje apareció en la computadora de Margarita, ya era de madrugada, porque durante la tarde y gran parte de la noche hubo un apagón de luz, ella estaba dormida.
    -Se confundían mis sueños con la realidad – repetía su mente a media noche -Se confundían mis sueños con la realidad- balbuceaba con palabras en la madrugada -Cuando me levanté de la cama, para tomar agua, mi ser todavía estaba metido en el sueño, mi cuerpo, con piernas torpes, daba unos pasos en la recámara atravesando el umbral entre ambos mundos, caminaba pero seguía soñando, sentada, frente a la mesa para tomar agua, el sueño seguía transcurriendo y cuando regresé a la cama para continuar durmiendo ya estaba despierta- así recordaba en la madrugada lo que había ocurrido en la noche -Se repetían mis sueños con la confusión – la realidad le decía a su mente.
    Se acordó de lo que había visto dormida, se trataba de un concurso, tenía que escribir un microrelato, le enseñaban una fotografía de un paisaje sinuoso, con un cielo azul brillante y un brazo señalando una dirección, ella debía suponer que la imagen representaba un instante de la narración.
    Como en una cinta de película, repasó mentalmente todo lo que había sucedido y la ilusión del concurso seguía latente. Entonces se preguntaba: -¿era cierto? ¿ya estaba en contacto con quien organizaba el evento?- corrió a donde estaba la computadora, la abrió y buscó los correos electrónicos que había cruzado con Mauricio, no apareció nada -¿qué pasa?- se preguntaba -nada, no pasa nada- se respondió, en realidad todo había sido un sueño.
    La vida es un sueño, soñar no cuesta nada.

  22. Un mal chiste.

    —¡Mira eso, míralo!
    —¿Dónde? ¿Qué?
    —¡Ahí!, justo al lado de ese arbusto.
    —¿Qué es?
    —¡Un hombre invisible!

  23. Castañeda

    Allí, al otro lado de la carretera que va desde el pueblo a Mixcoac, hay un edificio blanco con grandes ventanales, tapados casi siempre con cortinas opacas: la Residencia de Salud Mental o el manicomio Castañeda, como todo el mundo lo conoce.
    Allí pasé veinte años de mi vida entre hombres y mujeres que, como yo, eran hijos de un dios loco y que fueron escondidos para no causar molestias.

    De aquel edificio no guardo buenos recuerdos. Las palizas, los tratamientos y los electroshocks eran terribles, pero formaban parte de la rutina matinal. Por las tardes, ya cansados, pasábamos las horas, inertes, soñando desde las ventanas: salíamos a jugar con los niños en la plaza del pueblo cercano o conducíamos alguno de los bonitos autos que circulaban por la carretera cercana. Nadie salió con vida de allí.

    Por eso, ahora cuando paso con el coche, lo miro de reojo. Hasta que desaparece de mí no aparto mi vista y, por si acaso, subo el volumen de la radio y piso a fondo el acelerador para que no me vean.

  24. EL HOYO
    Me metió en el coche y me colocó el cinturón de seguridad.
    –¿No irás a gritar? –me preguntó.
    Antes de que me diera tiempo a responderle, cortó un esparadrapo y me lo colocó en la boca.
    –Seguro que te gustará el sitio –me dijo.
    Arrancó el coche y salimos. Durante el viaje, no abrió la boca. Simplemente se limitó a tararear las canciones que emitía la radio que tenía sintonizada. Me pareció curioso que fuera la misma emisora que me gustaba a mí.
    Pensé que, si nos cruzábamos con alguien, sin duda le parecería extraño que la persona que estaba sentada junto al conductor estuviera amordazada. Sin embargo, la carretera estaba desierta. De vez en cuando pasábamos por delante de un cartel indicador, pero sin gafas me era imposible leerlo.
    Trascurrieron quince minutos antes de que nos detuviéramos.
    –Mira, allí. ¿Te gusta?
    Me señaló una colina. Entrecerré los ojos para ver mejor.
    –Ah, las gafas –dijo.
    Las había guardado en el bolsillo de la camisa. Me las colocó. Entonces vi el lugar que me mostraba: una colina cubierta de matorrales.
    –¿Qué te parece?
    No pude responder nada porque no me había quitado el esparadrapo de la boca. Se dirigió al maletero y sacó una pala. Comenzó a reírse.
    –Supongo que no querrás abrir tú el agujero.
    Le vi alejarse colina arriba. Estuvo dando vueltas hasta que al final pareció encontrar un lugar. Comenzó a cavar.
    Para entonces había conseguido aflojar un poco las cuerdas. Tardé unos pocos minutos en terminar de liberarme. Las llaves estaban puestas en el contacto. Por un momento pensé en salir de allí. Entonces lo observé. Se había quitado la camisa y daba incansables paletadas. El hoyo avanzaba. Habría sido una lástima desaprovechar tanto trabajo.

  25. Gilberto señala a lo lejos.
    – ¡Allá, Laura!
    Hemos salido a buscarla ¿Cuantas veces ya? Un paseo extraviado, un intento de fuga ¿o quizá de suicidio? ¿Que será hoy?
    – Buena vista Gil.
    Mejor que la mía. Apunto el rifle a donde señala, y miro por la telescópica ¿Que habría hecho sin Gil desde que llegamos aquí huyendo? Yo solo con Laura y sus demonios. Pero esta vez se equivocó: no es Laura, es un poste.
    – No es un poste, es una pica.
    Miro de nuevo ¡¡¡y es una pica!!! En el extremo lo que creía que era un trozo de cinta plástica amarilla, es en realidad una guedeja del pelo rubio de Laura. Pienso tontamente en que momento de su agonía perdió su coletero.
    – No lo tenía ya cuando la encontre esta mañana.
    Entonces caigo en la cuenta de que las ultimas replicas de Gil son a cosas que ni siquiera he dicho y de que los demonios han acabado por encontrarnos. Volteo el rifle apuntandolo a mi cabeza: mi última traición a Laura, no compartir con ella la agonía aberrante que ella debe haber pasado.
    – No te da el brazo para llegar al gatillo, ya te dije que trajeras la pistola.

  26. Mirá Jorgito, si vos querés un antagonista, acá tenés a un antagonista, y no en un duelo imaginario de plumas y charcos. Un hombre, Jorgito, un hombre que te da a vos las tres y las malas; y no un lejano y borroso maestro que podría no tener idea que es vilipendiado por la cortedad de un pibe resentido que “cree” que nunca satisfará las expectativas de su preceptor, porque ¿sabés una cosa? Creo que tenés infinitas posibilidades de igualar no a mí, a Macedonio, a Jorge Luis, o incluso, al mismo Leopoldo; pero entendéme, otario, vos tenés que pulirte. Matáme Jorgito, matáme en tus relatos cuantas veces querás. Está visto que el hecho de que yo siga mi camino, a vos te llevá al suicidio, te dejá occiso. Sos el Javert de este cuento.

    Mirá, yo no me voy a meter al chanchero, ¿me entendés? No te daré réplica.

    Vos mismo Jorge, ¿qué tal? Construí un duelo de macabro ingenio: Vos y yo; y el mundo que se caiga.
    Ya estoy más tranquilo.

    Te voy a ser franco, macho, Me he sentido orgulloso de que tomaras a este viejo manigancho para tus diatribas. Gracias, de verdad. Lo que no me pasó de la glotis, fue que me mostraras detrás de un velo; misterioso, sí, pero lejano; apenas figurante. Aunque, viéndolo de otro modo, ese odio no me daña, víste. Si Mario no te importara a vos tanto, no abominarías a este menda.

    Olvidá todo, olvidálo.

    Jorge, sólo las minas escriben de sus sentimientos y de figuras superiores, figuras fálicas borrosas.

    Mire Don Jorge, necesito una redención. Por favor, proceda a escribir y recuerde que en la estatura del antagonista está la grandeza del protagonista.

    Se lo ruego.

    Ah, y por ahí hay un resplandor.

    Siempre, Mario.

  27. Safari Monarca

    Reglamento del recorrido:

    1) Los infantes deben viajar acompañados de un adulto.
    2) Por seguridad, se recomienda que durante el viaje se mantengan puertas y ventanillas del vehículo completamente cerradas. Por consiguiente se espera que los pasajeros se abstengan de asomarse al exterior o sacar sus extremidades superiores.
    3) Está permitido el uso de cámaras fotográficas y de video en el trayecto siempre que se respete el apartado anterior de este reglamento. No obstante, al terminar el paseo se pueden fotografiar con especímenes en cautiverio que han sido completamente domesticados*.
    4) No está prohibida la tenencia de armas de fuego dentro del autobús, pero en obediencia del segundo inciso se alienta a los turistas a que hagan uso de ella en el área reservada para cazar*.
    5) En caso que alguna manada obstruya el paso del vehículo, se les solicita no perder la calma. Normalmente la fauna se aproxima en búsqueda de agua, alimentos o un poco de sombra. Normalmente toma unos minutos a que los agentes los remuevan del camino y los confinen a sus respectivas celdas.
    6) En observación al punto anterior, por muy sediento o hambriento que pueda parecer una de las fieras salvajes, se les recuerda que las leyes estatales prohiben terminantemente dar de comer, beber o brindar cualquier tipo de ayuda a los seres silvestres. A quien incurra en violación de este apartado será remitido a las autoridades correspondientes.
    7) A los usuarios del safari nocturno se les recomienda el uso de prismáticos de visión nocturna o infrarrojos que deberán rentar en la taquilla*. Lo mismo para quienes quieran visitar la zona de caza nocturna.
    8) Conforme al segundo inciso, no tratar de bajar del vehículo al ver objetos personales abandonados en el camino tales como zapatos, ropa, aparatos de telefonía móvil, identificaciones, billeteras, mochilas, etc. Al final del recorrido pueden visitar la tienda de souvenirs y adquirir pertenencias auténticas de las criaturas silvestres*.

    *(NO INCLUIDO EN EL PRECIO DE ENTRADA GENERAL)

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