Archivo Anual para 2009

Ganadoras de diciembre (y feliz 2010)

Buenas noches. Casi en el borde del año, les aviso que el ganador del concurso de diciembre es el cuento “Crepúsculo” de La Maga, por su sugerencia de una imagen inusitada y curiosa. Reciben mención el cuento sin título de Ladidel y el cuento sin título de Nita.

Muchas gracias por continuar asomándose a este sitio y participando en este concurso. Muchas felicidades, también, y suerte para el año. Que, pase lo que pase, al término de 2010 nadie pueda decir que no estuvimos vivos: que no vimos, que no pensamos, que no hicimos.

Un último regalo para estas horas: un cortometraje del gran Segundo de Chomón, El hotel eléctrico (1905), para recordar el futuro de otras épocas. ¡Hasta después!

Retazos del 24 de diciembre

De niño, yo creía que la Navidad era el 24 de diciembre. Era el día de esperar ansiosamente a la medianoche, de los rituales previos a la cena y la apertura de regalos. Ésta nos llevaba siempre hasta las primeras horas de la madrugada: el 25 era el día de levantarse tarde y ver qué se hacía con los juguetes (o con la ropa, o los objetos extraños que siempre terminaban por aparecer en alguna de las cajas envueltas)…
      Lo que recuerdo ahora de esas noches repartidas en lo último del siglo XX, debo decir, no es ni el ritual ni los regalos. Es la extrañeza: la impresión de los horarios dislocados, de la ocasión especial, de la ruptura. Si ustedes celebran estos días, dado que se permite desear, les deseo lo que tuve entonces: que sus asombros y sus cambios sean interesantes (y venturosos).

* * *

Breve regalo. En dos partes, una película hermosa: El poeta danés de Torill Kove (Den danske dikteren, 2006). La versión está subtitulada, la voz es de Liv Ullman y la historia es extraordinaria.

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Gracias a Rax, por esto, y (como se dice: se sabe) por muchas cosas más. Y felicidades a todos.

regalito

Concluye el proyecto POE 2009

La presente nota es muy breve: con ella termina el proyecto Poe 2009, por el que se reunieron en esta bitácora, durante todo el año, diversos enlaces y textos relacionados con Edgar Allan Poe (1809-1849) en el bicentenario de su nacimiento. Todas las referencias y enlaces están disponibles en esta página, y seguirán allí para quien pueda servirse de ellos. Se incluyen comentarios críticos, ediciones digitales de los textos de Poe, reseñas y convocatorias de congresos y otras actividades, y más.

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Sigo pensando lo mismo que hace un año: si la influencia de Poe es difícil de ver, es que está por todas partes, tanto en la literatura como más allá de ella y del resto de las artes. Todos los amigos y lectores que participaron a lo largo del año ofreciendo informaciones y textos (y cuyos nombres están listados en la página principal del proyecto) nos permitieron constatarlo a todos. Poe, felizmente, sigue entre nosotros, por igual con su leyenda negra y su obra brillante, con su teoría y su práctica de la escritura.
      Quedan por agregar unos pocos enlaces a textos publicados aquí mismo y a un par que yo escribí. Los pondré más tarde. Entretanto, sólo me queda agradecer, y así lo hago: gracias a todos.

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Kuakú Baboní

El que sigue, para terminar el año, es un cuento africano tradicional (proveniente de la misma colección virtual que otro que publiqué hace algún tiempo); lo más que he podido averiguar es que probablemente procede de Ghana. Sería un gusto si se aclimata en otras regiones del mundo… Para los posibles interesados dejo la referencia a esta página, que contiene muchas historias tradicionales africanas.

KUAKÚ BABONÍ
(la más terrible de todas las criaturas)

Anónimo

Griot senegalés. 1890

Griot senegalés. 1890.
Fuente: http://www.answers.com/topic/griot

Hubo una vez un matrimonio. El marido había emprendido un largo viaje y, durante su ausencia, la mujer dio a luz a un niño.
      La madre del recién nacido aguardaba, impaciente, el regreso del marido para mostrarle el pequeñuelo, que era un negrito encantador, de ojos risueños y picarescos. Una monada de criatura.
      Y he aquí que, a los pocos días del nacimiento del lindo negrito, cuando la madre se preguntaba qué nombre daría al retoño, pasmada de asombro, oyó que el hijito exclamaba:
      –¡Mi nombre es Kuakú Baboní!
      Mas al siguiente día aumentó su asombro. La mujer gruñía porque, debido a la ausencia del marido, no podía ir al bosque a recoger leña, cuando el precoz negrito, que no contaba más que de siete a ocho días de edad, dijo:
      –Yo iré al bosque.
      Y así lo hizo. Se fue a recoger leña y regresó con medio bosque a cuestas.
      Tendría mes y medio tan sólo cuando su madre tuvo que ir hasta el río a lavar ropa y dejó al prodigioso negrito en casa, durmiendo en su cuna.
      De regreso encontró en la puerta a todo un ejército de negritos que armaban un formidable escándalo.
      –¡Tu hijo nos ha pegado! –le dijeron lloriqueando.
      –¡Mi hijo! –exclamó la madre, estupefacta–. ¡Si es mi pequeño un niño de teta y vosotros sois ya unos grandulones! Además, está en la cuna, donde lo dejé hace poco, durmiendo como un bendito.
      Y para convencerlos, los hizo entrar.
      Pero, ¡oh desencanto!, por más que buscaron, no pudieron encontrarlo por ninguna parte. Y la madre tuvo que presentar excusas a los muchachos para que le perdonaran, pues era muy pequeño y no sabía lo que hacía.
      Y para mayor burla, al cabo de un rato, el niño llegó con mucho sigilo y, sin que nadie lo advirtiera, subióse él mismo a la cuna.
      Tantas y tantas fueron las travesuras y fechorías del precoz negrito, que sus padres, espantados, creyendo tener en su casa a un verdadero diablillo y lo echaron de la choza, prohibiéndole que pusiera nuevamente los pies en ella.
      Y el negrito, en vez de entristecerse, partió silbando alegremente.
      Anda que te anda, al anochecer divisó una linda casita. Vivían en ella, juntos y en franca armonía, muy felices, un león, un tigre, un lobo, una cabra y un elefante.
He de advertir que, en aquel tiempo, los animales hablaban y se querían como hermanos. Jamás se peleaban y se ayudaban mutuamente.
      Los animales de nuestra historia: el lobo, la cabra y el elefante que vivían fraternalmente, estaban sentados aquel atardecer alrededor del fuego, fumando en pipa y contándose leyendas heroicas y cuentos de hadas, de los que mucho gustaban.
      Cuando llegó el pequeño negrito, saludó cortésmente a la familia de animales y les pidió permiso para permanecer entre ellos, ofreciendo servirles como criado, pues agregó ser huérfano de padre y madre.
      La Cabra, que, por ser la más joven de la familia, estaba encargada del trabajo doméstico, dijo:
      –Aceptemos sus servicios. Así tendré quien me ayude en la pesada labor de la casa, ya que, mientras vosotros os paseáis o tomáis el sol, tengo que atender a todas los cosas.
Los animales conferenciaron y accedieron. Luego le invitaron a cenar. El negrito aceptó complacido y engulló cuantos manjares le presentaron; parecía no haber comido en su vida, de tal modo lo devoraba todo.
      Los cinco animales acostumbraban llegarse, por riguroso turno, a una finca que poseían a unos kilómetros de distancia, en busca de provisiones para el sostén de la casa; era ésta una labor de todas las mañanas.
      Y como a la mañana siguiente a la llegada de nuestro negrito le tocaba a la Cabra, ésta pidió que el negrito la acompañase para ayudarla a traer el cesto.
      Y así se acordó. Entregaron el cesto a Kuakú Baboní, y éste, muy contento, echó a andar tras la Cabra.
      Cuando llegaron a la finca propiedad de los cinco animales, el negrito dejó en el suelo el cesto y echó a correr de un lado a otro, jugando y curioseándolo todo.
Fue inútil que la Cabra le llamara la atención y que le amonestara para que fuese en su ayuda; él proseguía en sus juegos y en sus fisgonerías. Tanto, que ya la Cabra se enfadó, y, llevada de los nervios, dióle unos tirones de orejas con la consabida reprimenda.
      Mas ¡cuál no sería su estupefacción, al ver que Kuakú Baboní le propinaba un formidable puñetazo que la tiraba al suelo, rodando! Y hubo más: lanzándose sobre ella, le dio una paliza soberana, hasta que la Cabra, extenuada, pidió gracia.
      Pero Kuakú Baboní siguió aporreándola hasta que ella juró terminar el trabajo, dejándole en paz con sus diversiones, llevar el cesto lleno de provisiones y no decir a nadie ni una sola palabra de lo ocurrido.
      Sólo entonces Kuakú Baboní permitió que la Cabra se levantara del suelo, donde la tenía acorralada. Estaba llena de contusiones y tenía un ojo hinchado y el labio partido; lo que vulgarmente se dice, una verdadera calamidad.
      Llegado el momento del retorno, la Cabra cargó, sobre su cabeza, con el cesto lleno de provisiones y emprendieron la marcha.
      Al llegar cerca de la choza, Kuakú Baboní tomó el cesto, aparentando la ayuda que no había prestado. Y así llegó con la Cabra.
      Extrañados los animales del lastimoso aspecto que presentaba su compañera, preguntáronle qué le había ocurrido.
      –Tuve la desgracia –explicó la Cabra– de tropezar con un enjambre de abejas cuando estaba recogiendo las provisiones. Me aguijonearon y dejáronme en el deplorable estado en que me veis.
      A la mañana siguiente le tocó al Lobo, y fuése a la finca acompañado de Kuakú Baboní. También aquél regresó con el rostro hinchado y el cuerpo lleno de contusiones.
La Cabra, adivinando lo ocurrido, oyó las explicaciones que dio el Lobo sin poder contener una sonrisa harto significativa.
      Luego, la Cabra y el Lobo hablaron de lo sucedido, extrañando que una criatura tan chiquitina como Kuakú Baboní tuviese fuerza tan enorme y osadía tan singular.
      Todos los días, por la mañana, uno de los animales, el que le correspondía, iba a la finca e, infaliblemente, regresaba hecho un desastre. Por fin, habiendo corrido todos la misma suerte y no habiendo motivos para disimular, celebraron concilio con el único y exclusivo objeto de estudiar el modo de desembarazarse de Kuakú Baboní, la más terrible de todas las criaturas.
      Acordaron abandonar la choza y dejar en ella a Kuakú Baboní como solo propietario.
      Antes de emprender la fuga para librarse de aquella terrible criatura, prepararon, con gran reserva, un cesto lleno de provisiones, a las que agregaron los utensilios indispensables de cocina: un jarro para la leche, una cacerola, cinco calabazas que les servían de platos, una gran cafetera y las diferentes pipas de la cuadrilla.
      Desgraciadamente para ellos, Kuakú Baboní se enteró de sus proyectos. Y, sin que ellos ni siquiera lo sospecharan, cogió una hoja de árbol, muy grande, se introdujo en el cesto y se envolvió en aquélla, cosa muy factible para Kuakú Baboní, porque ya sabéis que era muy chiquitín.
Al amanecer, sin el menor ruido por temor a despertar al terrible Kuakú Baboní, la pandilla emprendió la fuga. Sentían ganas e saltar, de brincar, de cantar y de reír, al verse libres del terrible negrito.
      Y cuando ya habían andado algunos kilómetros de su antigua morada la Cabra, que llevaba el cesto de provisiones sobre la cabeza, sintiéndose fatigada, se detuvo un instante a descansar.
      Entre tanto, sus compañeros proseguían el camino y perdióles de vista; acordóse de los manjares que llevaba y entróle deseos de comerse un bocadillo, sin que ellos lo vieran; la Cabra era muy glotona. ¡Cuál no sería su sorpresa y asombro! Al levantar la tapa del cesto, recibió una formidable trompada al mismo tiempo que oía una voz que le decía:
      –¡Cierra el cesto y a callar se ha dicho!
      Faltóle tiempo a la Cabra para obedecer y echó a correr tras de sus compañeros, aterrada por aquella terrible criatura.
      Y así que los divisó los llamó y exclamó luego:
      –¡Lobo, ahora te toca a ti cargar con el cesto! ¡Yo estoy muy cansada!
      El Lobo tomó la carga. Pero, al poco, recordando también las sabrosas provisiones que contenía la cesta, fingiendo estar fatigado, se detuvo a descansar un instante. Y cuando sus compañeros se hubieron distanciado un largo trecho, abrió el cesto. Y recibió un formidable puñetazo, como el que la Cabra había recibido antes. Dejó caer la tapa del cesto y reanudó la marcha muy ligero para alcanzar a sus compañeros.
      El León y el Tigre, uno tras otro, llevaron el cesto. Y los dos, a cual más glotón, levantaron la tapa del cesto de provisiones para engullirse alguna golosina. Y los dos, respectivamente, recibieron un puñetazo soberano.
      Le tocó el turno al Elefante, que también recibió una trompada. Cuando se reunió con los demás y pidió que le librasen de la carga, todos exclamaron:
      –¡Si no quieres seguir llevando el cesto, tíralo; nosotros, ya estamos cansados de cargar con él!
      El Elefante, al oír estas palabras, tiró precipitadamente el cesto y echó a correr como alma que lleva el diablo, en dirección al bosque.
      Sus compañeros echaron una mirada al cesto y apretaron a correr tras el Elefante, también hacia el bosque.
      Continuaron así corriendo todo el día y toda la noche, sin descansar, hasta que se internaron en el bosque. Rendidos de fatiga se echaron a descansar junto a un baobab, gigante entre los árboles.
      Pero el terrible Kuakú, al caer el cesto, salió y echó a correr a campo traviesa, en dirección al bosque. Sabía que los fugitivos descansarían a la sombra del gigantesco baobab. Trepó a una rama y se ocultó entre el follaje.
      Los animales, rendidos de cansancio, y tendidos al pie del baobab se enzarzaron en una violenta discusión. Todos censuraban a la Cabra por haberles propuesto que tomasen a su servicio aquella terrible criatura.
      La Cabra, indignada, replicó:
      –¡Fue de común acuerdo el tomarle a nuestro servicio!
      Y añadía:
      –¡Yo no tengo la culpa! ¡Si ese diablillo estuviera presente me daría la razón! Es más: os culparía a vosotros.
      Al oír estas palabras, Kuakú se dejó caer entre los animales que allí discutían. Poseídos de terror, los cinco animales huyeron en direcciones distintas.
      El Lobo corrió hacia la estepa; el Tigre se escondió en el bosque; el León no paró hasta llegar al desierto arenoso; el Elefante huyó hacia la región del Níger, y la Cabra fue a pedir protección a las regiones habitadas por los hombres.
      Y desde entonces, viven separados y en lugares tan diferentes; su vida es muy otra a la que observaban cuando, bajo el mismo techo, vivían fraternalmente.
      En cuanto a Kuakú Baboní, la más terrible de todas las criaturas, continúa vagando por el mundo para terror y espanto de todos los animales, que temen su presencia en cualquier instante.
      Pues habéis de saber que el Lobo, el León, el Elefante, el Tigre y la Cabra advirtieron a sus hijos que se cuidaran muy mucho de tener el menor trato con la más terrible de las criaturas de la creación, Kuakú Baboní.
      Por esto, por haber sido advertidos, muchos de los descendientes de aquellos animales, como tienen buena memoria, huyen, desconfiados, en cuanto divisan o huelen la presencia del hombre.

Cosmogonías

Qué curiosa novela es Anathem (2008) de Neal Stephenson: entretenida, sin pretensiones, pero a la vez muy inteligente. Como ficción especulativa, juega a situar porciones de la historia y la filosofía de occidente en otro planeta (para alternarlas con una trama de aventuras que no contaré) y parte importante del texto tiene que ver con las religiones de ese mundo distinto y cómo se enfrentan entre sí y con quienes no creen en ninguna de ellas.
      En alguna parte de esos enfrentamientos, el lector se entera de la cosmogonía (el relato mítico sobre el origen del universo) de cierta iglesia. Es la siguiente, que he traducido de mi ejemplar de la edición en rústica:

[Aquella religión] había sido inventada unos dos mil años antes por algún profeta ingenioso que debía haber sido inusitadamente modesto, pues se sabía muy poco de él y no se le adoraba. [...] Todas sus sectas y cismas estaban de acuerdo en que había otro mundo, ajeno a este que habitamos y más grande: en cierto sentido más real. Y que en ese mundo había un ladrón que asaltó a una familia. Mató al padre de inmediato, violó y luego mató a la madre, y se llevó como rehén a la pequeña hija de ambos. Poco después, mientras intentaba evitar que lo capturaran, estranguló a la niña inocente. Pero de todas formas fue capturado y encerrado en un calabozo por largo tiempo (“la mitad de su vida”) mientras esperaba que su caso fuera llegara a un Magistrado. En el juicio admitió su culpa. El Magistrado le preguntó si había alguna razón por la que no debiera sufrir la pena de muerte. El Condenado respondió que la había, y que había llegado a él durante sus años en el calabozo. Al meditar sobre sus horribles crímenes, lo único que no había podido expulsar de su mente había sido el asesinato de la niña –la Inocente– porque en ella había habido el potencial de hacer muchas cosas que ya nunca se realizarían. En toda alma, arguyó el Condenado, estaba la habilidad de crear un mundo entero, tan grande y tan variado como el que habitaban él y el Magistrado. Pero si esto era verdad para la Inocente, también debía ser verdad para el Condenado, y por lo tanto ni él ni nadie debía sufrir la pena de muerte.
      Al oír esto, el Magistrado expresó su escepticismo sobre la capacidad del Condenado de generar un mundo entero. Aceptando el reto, el Condenado empezó a contar la historia de un mundo que había imaginado y a relatar las historias de sus dioses, héroes y reyes. Esto consumió el día entero, por lo que el Magistrado dio un receso a su corte, pero también advirtió al Condenado que su destino estaba aún en riesgo porque el mundo que había inventado parecía estar tan lleno de guerras, crímenes y crueldad como aquel en el que ambos vivían. La conmutación de la sentencia del Condenado sólo sería tan buena como el mundo que estaba inventando. Si los varios problemas de ese mundo no llegaban a una conclusión satisfactoria en la sesión del día siguiente, él sería ejecutado al anochecer.
      Al día siguiente el Condenado intentó satisfacer al Magistrado, y avanzó un poco en su historia, pero al hacerlo introdujo nuevos problemas y dio vida a nuevos personajes de moralidad no menos ambigua que los primeros. El Magistrado no pudo hallar causa suficiente para ejecutarlo, así que el juicio continuó al día siguiente, y al siguiente, y al siguiente.
      [Nuestro mundo] era justamente el mundo que se creaba día a día en la mente del Condenado en ese tribunal. Tarde o temprano todo acabaría en un juicio final por parte del Magistrado. Si ese mundo le parecía al final un sitio decente, dejaría vivir al Condenado y el mundo (nuestro mundo) seguiría existiendo en su mente. Pero si el mundo, por el contrario, sólo reflejaba la depravación del Condenado, el Magistrado lo haría ejecutar y nosotros dejaríamos de existir. Nosotros podíamos ayudar a mantener con vida al Condenado, y así preservar nuestra existencia y la de nuestro mundo, esforzándonos todo el tiempo en convertirlo en un lugar mejor.[...]
      El Condenado representaba un principio creativo pero defectuoso. El Magistrado representaba el juicio y la bondad. La Inocente era la inspiración con el poder de redimir al Condenado.

Este mito parece arbitrario, aunque no faltan algunos que se le parecen en las historias antiguas. En todo caso, la propuesta es simplemente que los interesados inventen su propia cosmogonía: su propia historia del origen de Todo –tan extraña o caprichosa como deseen–, y la coloquen en los comentarios de esta nota.
      Mientras se animan, felices fiestas.

Anathem

Retazos del 11 de diciembre

 
 

Fotograma de Pontypool

Gracias al blog Reek of Putrefaction descubrí la existencia de Pontypool, una película canadiense de 2008 dirigida por Bruce McDonald. Y es una película excelente.
      Si la buscan la encontrarán descrita como un filme de zombis, y lo es, o al menos tiene que ver con la aparición y propagación de una extraña enfermedad que convierte a grandes masas en autómatas asesinos y desprovistos de razón, al modo tantas otras películas. Pontypool se distancia de todas ellas, por una parte, gracias a la economía de su hechura, pues se filmó prácticamente en un solo escenario y con tres actores (todo sucede en un estudio de radio, durante un turno de locución en el que no se ven, pero sí se escuchan, todos los detalles espeluznantes); por otra parte –y es la mejor– debido a la “explicación” del contagio, que no tiene que ver con los clichés habituales (virus mutantes, contenedores de sustancias tóxicas, etcétera) y cuya rareza ha hecho enojar a más de uno: en el mundo de Pontypool la locura se propaga a través del lenguaje. El acto de entender algunas palabras, nadie sabe cuáles, ocasiona que la locura se apodere del cerebro humano. ¡El propio idioma está infectado! La idea no ha sido entendida cabalmente por ninguno de los reseñistas que se ha ocupado de la película, y que en cambio se han dedicado a darle lecturas superficiales (la reducen a una metáfora del conflicto entre canadienses de habla francesa y de habla inglesa) o a quejarse de su falta de elementos gore. Pero la idea apunta a la crisis –que apenas podemos ver y no digamos articular– del pensamiento simbólico, sobre la que ha escrito, muy provocadoramente, John Zerzan. ¿Qué hacemos cuando las representaciones se vuelven contra nosotros?

James McHattie en Pontypool

Los personajes de Pontypool intentan eludir el contagio repitiendo las palabras hasta que las des-entienden: hasta que les quitan todo sentido. Pero ¿podríamos hacer eso todos, todo el tiempo? Si el lenguaje fue un error de la especie (el error crucial), ¿sería posible repararlo?

Cartel de Pontypool (clic para ampliar)

Cartel de Pontypool (clic para ampliar)

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Enlaces surtidos:

(Muchas gracias, por supuesto, a Guillermo, a Araceli Otamendi, a José Israel Carranza y Silvia Eugenia Castillero de Luvina, a Faro Viejo y a la gente de Cultura Pirata, en especial a Tania Ochoa… Ahora, a trabajar otra vez.)

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No: antes, un hallazgo. El que sigue es un fragmento de una función de Apocalypsis Cum Figuris (1969), la última puesta en escena del Teatr Laboratorium de Jerzy Grotowski (quien sale a relucir en “La Pasión…”). Grotowski y su compañía, luego de tres años de ensayos, llevaron su propuesta de una recreación de textos bíblicos hacia una investigación del ritual –de otra forma de representación, cuyos resultados finales fueron tal vez inciertos– de un modo que nadie ha continuado cabalmente. Nunca había visto ninguna grabación ni filmación del trabajo de Grotowski…, y ésta, como verán, deja más dudas que certezas debido a su falta de resolución. Es como si ese teatro –la obra se considera una de las cumbres del teatro del siglo XX– se resistiera a quedar en la memoria de quienes no lo vieron directamente. Si no conocen la historia completa de la puesta y el director, dense un momento para investigarla: es un ejemplo abrumador de la altura y la fragilidad de las obras humanas.

* * *

(Paréntesis:

Ayer tuve un breve momento de pánico: un desperfecto del servidor dio al traste con el sistema de categorías de esta bitácora. Ya está arreglado, pero por varias horas llegué a temer que no hubiese remedio. Casi nadie se ha planteado seriamente esta pregunta desde 1997: ¿qué tanto, realmente, de la vida virtual que uno se ha ido construyendo se vuelve parte de la vida a secas? La respuesta podría parecer obvia; no lo es al considerar la posibilidad de desprenderse de una parte de esa vida. ¿Qué tanto de todos esos mensajes hechos a la carrera, con caracteres intangibles, referidos a contextos tan frágiles, es de verdad desechable?
      Respuesta posible: es tan desechable, o tan precioso, como todo lo demás. Como escribió Margaret Atwood, los objetos más preciados de uno son la basura de quien llega después.)

Descompostura y cuento

Actualización de las 3:25: al parecer el problema se ha resuelto.

No sé por qué, la base de datos de esta bitácora se descompuso, con lo que la plantilla que había estado utilizando dejó de funcionar. Todos los textos publicados siguen aquí pero sus categorías se borraron. De ahí que esté utilizando esta plantilla básica en lo que averiguo qué hacer. Se aceptan y agradecen sugerencias. Mientras, el que iba a ser el aviso de hoy: he subido al sitio un cuento de Grey, titulado “La Pasión según la Sombra”. Acá seguimos, pues.

La ciudad imaginada en la ciudad de México

El próximo miércoles 16 de diciembre, a las 19:00 horas, en la sala Adamo Boari del Palacio de Bellas Artes, se presenta en la ciudad de México mi libro La ciudad imaginada.

Moderará la mesa el escritor y editor Gabriel Bernal Granados, quien cuidó hermosamente el libro para la colección “Narradores de la ciudad” de Libros Magenta, y comentarán el texto dos amigos queridos: Erika Mergruen y Fernando de León.

La entrada será libre. El Palacio de Bellas Artes está en Juárez y Eje Central, en el Centro Histórico (cerca del metro Bellas Artes, por supuesto). Más tarde esa misma noche, espero, habrá ocasión de continuar celebrando. Están invitados.

La ciudad imaginada (clic para ampliar)

La ciudad imaginada (clic para ampliar)

(Una rareza: ésta será la primera vez que un libro mío se presenta en Bellas Artes desde 2001. ¡Qué raro hacer esta clase de cuentas…!)

El infierno

En 1964, el cineasta francés Henri-Georges Clouzot intentó realizar la que iba a ser su película más ambiciosa: L’enfer (El infierno). El filme trataría de los celos enfermizos de un hombre (Serge Reggiani) por su esposa (Romy Schneider); a tal punto llegaría el trastorno del personaje que su percepción de la realidad comenzaría a cambiar y esto se reflejaría en imágenes extrañas como éstas:

La película nunca se realizó por numerosos problemas durante el rodaje, incluyendo la renuncia del actor principal y un infarto sufrido por el propio Clouzot. Hasta este año, 45 después de que el proyecto fuese abortado, se estrenó un documental sobre lo que L’enfer podría haber sido, dirigido por Serge Bromberg y Ruxandra Medea, que incluye el pietaje que coloqué arriba y mucho más. Pero todo esto viene a cuento aquí por lo siguiente.

Se puede sospechar que lo que se ve en las imágenes es lo que el marido percibe: por medio de las luces cambiantes se sugiere, tal vez, o la desesperación, o la paranoia, o la incapacidad del hombre para asir a su esposa, para comprenderla o hacerse una idea precisa o firme de ella. La propuesta del ejercicio: ¿cómo lograr esta misma impresión delirante exclusivamente por escrito? ¿Cómo sugerir este trastorno, profundo, de un hombre celoso?

El espacio de comentarios queda abierto, como siempre, para quien quiera dejar alguna propuesta.

Fotograma de L'enfer

(Nota: el video utilizado en esta ocasión y los datos sobre L’enfer los encontré en Day-book, la bitácora de Stuart Heath.)

Presentación de La noche será negra y blanca

Ediciones Era y la Dirección de Literatura de la UNAM, así como La Casa del Poeta “Ramón López Velarde”, invitan a la presentación del libro La noche será blanca y negra de Socorro Venegas, que se llevará a cabo el miércoles 9 de diciembre a las 19:30 hrs. en el Café-Bar “Las Hormigas” de la Casa (Álvaro Obregón 73, colonia Roma, en la ciudad de México).

Ésta es la primera novela de Socorro, quien es una amiga querida de mucho tiempo atrás y, creo, uno de los secretos mejor guardados (hasta ahora) de la literatura mexicana. Ganadora de diversos premios, becaria del venerable Centro Mexicano de Escritores y autora de varios libros muy interesantes, Socorro se ha mantenido relativamente lejos de la “vida literaria”…, pero estoy seguro de que con esta novela –que presentaremos Eduardo Antonio Parra y yo– su obra empezará a recibir la atención que merece. No dejen de acompañarnos.

(Más informes en la Casa del Poeta, en los teléfonos 55-33-54-56 y 52-07-93-36.)

Invitación: La noche será negra y blanca

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Secciones

Concurso:  Concurso #58
1/9/2010

Esta bitácora convoca a su concurso de minificción para septiembre de 2010. Todos están invitados a participar.

El cuento del mes:  Declaración de Randolph Carter
20/8/2010

Como un pequeño homenaje en el aniversario 120 de H. P. Lovecraft, uno de sus cuentos tempranos: las aventuras de su primer “investigador de lo extraño”.

Taller literario:  Operaciones y reducciones
2/9/2010

Dos ejercicios de taller en vez de uno, ambos a partir de una descripción breve y extraña.



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